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¡Démosle tiempo al gobierno de Juan Manuel Santos, sin bajar la guardia!

Además de los obstáculos de sectores dentro y fuera del gobierno en aplicar el Acuerdo con la guerrilla de las Farc, debemos de tener en cuenta la ceguera y la falta de gestión del poder dominante en Colombia, al menos en haber desarrollado lo plasmado en la carta política del 91. Y es fundamentalmente por la intolerancia política, la corrupción y el manejo electorero y clientelista, históricos en el país.

En consecuencia, era de esperarse esa lentitud en la ejecución de lo re-firmado el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón de Bogotá. Se puede prever que la dirección de la guerrilla de las Farc, su Estado Mayor Central en cabeza de Rodrigo Londoño, conocen mas que nadie el talante del poder fáctico en Colombia y sus consabidas mañas, que a barreras infranqueables mirándolas a simple vista como para 'meter la reversa', han logrado con tesón y perseverancia mantener e impulsar la fase de la Implementación. Componente clave en el Acuerdo Final de 310 paginas, trayecto que ha ocasionado fracasos en otros procesos de Paz.

Para nadie es un secreto, la improvisación del gobierno central en entregar las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN debidamente instaladas y en avituallar oportunamente con alimentos sanos y no con "caracoles venenosos y carne de caballo descompuesta", la resistencia de los jueces en ejecutar y darle salida a la Ley de Amnistia e Indulto -1820- ya aprobada en las dos camaras y sancionada por el presidente JMSantos el 30 de diciembre de 2016 y la ausencia de voluntad en poner en cintura el paramilitarismo, escollo de un enorme peligro para el transito de la guerrilla y de la sociedad colombiana hacia una Paz Estable y Duradera.

No se le puede pedir "peras al olmo". Los inquilinos de la Casa de Nariño, en pasados muy pasados gobiernos, destellos de hacer las cosas más o menos, IDEMA, ISS, FNC, Hospitales del orden regional y municipal, entidades funcionales para el servicio de toda la sociedad, desmontados gradualmente en el recetario impuesto por el FMI y el BM sin chistar por la clase dirigente. Sobresale en este empeño antipatriota y postrero, el ex presidente Cesar Gaviria -1990-1994-.

Casi cincuenta y tres años de conflicto armado y social, y más si se quiere, en paralelo una clase dominante, al usufructo del presupuesto nacional -lease: pillaje «e. g.» ODEBRECHT/REFICAR/GrupoNule- carente de liderazgo y visión de patria. Absurdo pretender achacarle al movimiento insurgente las calamidades en que vivimos las mayorias nacionales, no solo porque nunca han gobernado la nación sino tambien hasta el presente su lucha ha estado en, fundamentalmente en el sector rural. Entonces ¿porqué en las grandes ciudades sus citadinos viven del rebusque y en miserables condiciones peor que en el campo? Deberían tener mejor vivir por estar lejos del plomo y la metralla, pero no, todo lo contrario o peor. Es decir, la dejación de armas por si sola no garantiza una Paz con Justicia Social.

El Acuerdo Final y su Implementación, no sólo va a posibilitar a los miembros de la guerrilla retomar sus plenos derechos políticos económicos sociales y culturales -como algunos perversos pretender sembrar en la conciencia de los colombian@s- también abre las esperanzas de construir una nueva nación incluyente para todos y todas, hecha pedazos por una oligarquía parasítaria y sin rumbo.

Es una oportunidad que no hay que desperdiciar. Este mensaje lanzan los dirigentes de las Farc en sus correrias por toda la geografía nacional educando a sus unidades guerrilleras en el espiritu del Acuerdo y sobre todo en la vigilancia y seguimiento en la Implementación de lo acordado.

No obstante, si nos mamamos un conflicto sangriento durante 52 años:  ¡Démosle tiempo al gobierno de Juan Manuel Santos, sin bajar la guardia!

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