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Santos: ¡Es el momento de convocar la Constituyente!

El sistema se hunde. ¡Hazle peso! Era el grafiti o pintada que adornaba los muros y paredes en aquel inolvidable, talvez memorable, mayo de 1968 en Paris, que marcó el quiebre de época mundial: la llamada “revolución del 68”, la que incluso llegó hasta la China de Mao con su sangrienta y destructiva revolución cultural y preparó el ascenso del “capitalismo comunista” de Deng Xiaoping, el que actualmente amenaza desplazar al “capitalismo texano expansivo made in USA”.   

Hoy, vuelve a tomar actualidad al recorrer las calles del mundo, pero ya no como grafiti escrito, sino como consigna movilizadora que está acompañando las grandes movilizaciones urbanas tanto en los EEUU como en Europa y Latinoamérica, en este otro quiebre iniciado con el ascenso de Trump al Poder, que también ha llegado a Latinoamérica más pronto de lo esperado, por intermedio del escándalo de la Trasnacional brasileña Odebrecht para descarnar la podredumbre capitalista del neo liberalismo Trasnacional.

 Dos fenómenos distintos; “Globalización Capitalista” iniciada hace 500 años descrita por Marx en el “Manifiesto Comunista”. Y “Transnacionalización de Neo-liberalismo”, de 70 años de edad, pero que los intoxicadores de opinión del establecimiento mezclan y luego, para hacer más oscuro y difícil la comprensión separada de los dos fenómenos, los presentan como uno solo, dentro del término indefinido y ambiguo (que no concepto) de “globalización” a secas.

El quiebre de época actual también ha llegado a Colombia (el llamado “país del sagrado corazón”) sencillamente porque a pesar de los tantos intentos de la oligarquía reaccionaria, pro imperialista y corrompida que lo domina y dirige desde hace dos cientos años, para mantener a Colombia como un país “banana” encapsulado y bajo su provinciano y localista concepto de Poder, no ha podido evitar la transnacionalización de su economía:

Finalmente, el llamado escándalo de la trasnacional brasileña Odebrecht, que ha demolido a las dos fracciones de dicha oligarquía colombiana en rivalidad y pugna por hacerse al control de tal Poder del Estado, así lo demuestra de manera brutal. La economía colombiana está más trasancionalizada de lo que se creía, o de lo que los Neo-liberales dominantes habían dejado saber.          

 Si la trasnacional brasileña Odebrecht, “es expulsada de Colombia”, como lo solicita formalmente el despistado procurador Carrillo, muy probablemente la llamada economía colombiana colapse, porque uno de los “verdaderos dueños del país”; el cacao Sarmiento Angulo, patrocinador y consocio del vicepresidente Vargas Lleras y jefe laboral del Fiscal Martínez, tiene invertido gran parte de su capital financiero en las obras de infraestructura contratadas con la trasnacional brasileña Odebrecht.

La clase dominante colombiana y su apéndice la casta política, que ya en las encuestas contratadas por ellos mismos (como la última de febrero de El Tiempo y la W radio) mostraban un desprestigio y un rechazo ciudadano cercano al 70%, ahora después del escándalo de la trasnacional Odebrecht y el ingreso de millones de dólares que dicha empresa colocó astutamente en financiar ambos candidatos presidenciales 2014, Santos y Zuluaga, con el fin de a ganar con cualquiera que fuese el ganador electoral;  ya no deja lugar a dudas en saber para quien trabajan.  

Cualquiera que sea el veredicto de la Fiscalía, del Tribunal Electoral, de cualquier juzgado, tribunal superior o Corte Suprema, o púlpito, o emisora (los colombianos todavía ignoran el dominio ejercido por la trasnacional de las comunicaciones Prisa-Murdoch, cuyo “motto” o lema es,  “dominando España dominamos Latinoamérica”, representado en Colombia primordialmente por Caracol Arizmendi), o cualquiera otra institución del Estado entre las cuales se están pasando la papa caliente del escándalo Odebrecht desatado, no cambiará el veredicto condenatorio inapelable, que ya ha emitido por la ciudadanía: Prieto es tan sospechoso como García Arizabaleta y tiene la misma credibilidad que el mismo Otto Bula o Duda Mendoza.

 ¿Para qué marear tan anticipadamente el pavo de nochebuena, diciendo que son dos versiones enfrentadas? ¿Una de los “buenos” creíble, contra otra de los “malos”, increíble?

Si la clase dominante (en sus dos fracciones la pro-Paz y, la  pro-Guerra social que viene) es atenta y sabe percibir el borde del abismo en la que se encuentra; para lo cual ya no valen los “apoyos” ambiguos del “vamos a analizar la situación colombiana con cuidado”, tal como le acaba de decir el presidente Trump al presidente Santos, en los pocos minutos de la breve y neutral conversación telefónica que sostuvieron (11.02.2017), debiera entender que a más del asunto de la implementación de los Acuerdos de Paz hechos con las Farc-EP y los que se hagan con el ELN, o, de su total desconocimiento por el nuevo gobierno que asuma el Poder en 2018 para desarrollar la guerra social  narco paramilitar en ciernes; está en juego es su dominio de clase, el que indudablemente será amenazado electoralmente por una coalición “anti corrupción y pro paz” que está en proceso de conformación y llenará el vacío político y de conducción o dirección en el que ha caído Colombia entera. La necesidad hará encontrar el camino.

Santos: abandone sus “perradas de Tahúr” que ya no le van a servir de gran cosa, lea con clama las encuestas en lo relativo a las instituciones del país y sobre todo las valoraciones que se hacen (antes del escándalo Odebrecht) de su mandato presidencial.  Mire las calidades de quienes son los candidatos más opcionados a ganar las elecciones presidenciales del 2018. Haga “cuentas con quien cuenta”. Confiésese con Monseñor Monsalve de Cali el que denunció el fusilamiento de Alfonso Cano, en lugar de estimular campañas “mediáticas” podridas en su contra, y después, convoque a una Asamblea Nacional Constituyente que definitivamente salve el proceso de paz cuyo futuro está seriamente amenazado, y, llene de una vez por todas el vacío de Poder y de credibilidad en el que ha caído la clase dirigente de Colombia.

Todavía hay tiempo. Hágame caso, hombre. No sea obstinado, que la rigidez mental es uno de los primeros signos del padecimiento de una enfermedad mental; no es, sino que mire a su rival para comprobarlo. Entonces, podrá pasar tranquilamente a la historia, como el hombre de paz que pretendió ser, y además, a lo bien.

Fuente imagen Internet

       

 

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