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Después de la batalla todos somos mariscales

Así, según el antiguo refrán, después del último día de la guerra contrainsurgente en Colombia pactada, (no negociada) este 23 de junio del 2016 en la Habana, entre el Estado y la Insurgencia de las FARC-Ep, cada quien convertido en un Mariscal después de la batalla, saca sus propias conclusiones y más en un país, donde por efectos de la misma guerra contrainsurgente, apéndice impuesto de la Guerra Fría Imperial, tres generaciones de colombianos: La generación del Estado de Sitio, la de la apertura neoliberal gavirista del apagón, y la del octenio de la seguridad democrática, vivimos durante los últimos 70 años, sus efectos deletéreos.

Pueda ser que sí, parodiando al marrullero Vargas Lleras y sí  el Estado cumple lo pactado, la generación que vienen sea a de la de los colombianos en paz, buscando desesperadamente la Verdad y la Democracia. Es natural y se debe estimular esa proliferación de interpretaciones de todo tipo como un elemento más de esa búsqueda angustiosa, como parte esencial de la batalla de ideas y su correlato de Movilización Social que viene a continuación en este periodo social de transición denominado post acuerdos: Batalla de ideas y Movilización Social. Dos caras de una misma medalla.  

Dos grandes concepciones sociales profundamente arraigadas que han estado en combate durante todos estos años, seguirán enfrentadas por un largo periodo, motivando a los colombianos en su práctica social y en su movilización:

Una, la tradicional ideología retardataria anclada en el pasado de la contrainsurgencia anticomunista y sobre todo exterminadora, propia de las dos clases sociales dominantes coaligadas de burgueses y latifundistas, que desde 1830 hasta hoy se han alternado el reparto del Estado y, configuró el conflicto moderno actual con la expedición de la Ley Heroica de 1928, promulgada por el cipayo de Abadía Méndez y le sirviera al experimentado general Cortés Vargas, para ejecutar un año después la imborrable herida de la Masacre de las Bananeras de la Yunai, además de la posterior brutal represión militar de las huelgas obreras de Barrancabermeja y en las riveras del rio Magdalena.

Y otra, en contradicción permanente con ella, la insurgente, popular y social, en lucha desigual por resistir el filo acerado de la espada exterminadora del Estado, blandida con la destreza y experiencia acumuladas de 9 guerras civiles del siglo 19 por generales tan destacados en las montañas de Corea como en las colombianas como el general-escritor Valencia Tovar, junto con la pléyade de brillantes oficiales contrainsurgentes que bajo órdenes del US Army lo acompañaron en 1952 a contener a los comunistas en el paralelo 38, y luego en 1958, a consolidar el pacto político de Lleras Camargo con las Fuerzas Armadas que bajo la tutela directa del gobierno de los EEUU conformó definitivamente el Bloque de Poder Contrainsurgente, dominante actualmente en Colombia.

Dos concepciones cuya suerte sin ninguna dudad será definida por la movilización social y popular en desarrollo y NO, por los maravillosos análisis “de coyuntura” que por un lado hagan los intoxicadores de opinión desde las trincheras mediáticas ampliamente conocidas del oligopolio contrainsurgente, o de otro, los maoístas del MOIR que en Colombia a pesar de su blablablá de la guerra popular y su actual zalamería unitaria previa a las elecciones, nacieron, siguen y seguirán siendo enemigos de la Insurgencia de las Farc y del ELN, por considerarlas (al igual que los militares del Estado) un brazo armado del social imperialismo ruso-cubano en Colombia. Tampoco de los Trotskistas, quienes con su típico “solipsismo” señalado por Gramsci, continúan viendo a las Insurgencias colombianas como “unas guerrillas campesinas no proletarias, mezcla macondiana de Pancho Villa con Stalin”.

Los acuerdos del “último día de la guerra”, (¿paz negociada o pactada?) más allá de las reacciones emocionales de alegría o ira herida, ampliamente publicitados, dejan ver una “inevitable y necesaria recomposición” en ambas partes enfrentadas:

El Bloque de Poder Contrainsurgente dominante, se prepara para mantenerse cohesionado y cementado, como hasta ahora lo ha hecho, con su doctrina o ideología-cemento  contrainsurgente, francamente dividida y para ello está en la búsqueda frenética de alguna “figura bisagra” que ya empiezan a presentar bajo el rótulo de “centro-derecha”, como el recién operado del cerebro y ambiguo Dr Vargas Lleras (un día partidario de la palomita paz y al otro su detractor) quien se supone unirá nuevamente al Santismo con el Uribismo, pero sin mirar el piso apolillado y carcomido que muestra el Bloque de Clases donde está parado, ni el sinnúmero de rivales más saludables cerebralmente o menos ambiguos, que le están saliendo en competencia.

Enfrente, en el campo Popular sigue la discusión que viene de muchos años atrás; entre los partidarios de la movilización social “con miras a ganar las próximas elecciones presidenciales”, que prematuramente han interpretado el melodioso canto de sirenas de sus aduladores cercanos con un próximo y cercano triunfo electoral arrollador, en debate abierto con los partidarios de la Movilización Social y Popular Amplia y Democrática para consolidar la Paz con Justicia social, Democracia y Soberanía, pero con miras a continuar acumulando fuerzas y experiencias Sociales y Populares para la Paz Democrática que se ha iniciado., y permita salir airosos de esta batalla de ideas para desmontar  verdaderamente la Contrainsurgencia con sus poderes fácticos, sin la cual no habrá avance posible.

De la correcta interpretación del momento político, ideológico, económico y social y de su dinámica de clases enfrentadas, es como se tendrá la charretera de Mariscal antes de comenzar la batalla, no después de esta.

Que al campo Popular de Colombia no le pase lo que recientemente le sucedió en España al muy nuevo grupo “Unidos Podemos”:  Primero que se creyó el cuento inflado   de la falsimedia de las encuestas triunfadoras. Segundo que menospreció 35 años de anticomunismo Franquista dictatorial y 42 años del mismo anticomunismo pero neo-franquista del bipartidismo, que a la hora de la verdad (tanto el PP como el socialdemócrata PSOE) mediante la falsimedia que controlan férreamente EL Mundo, ABC, El País,  unidos “venezolanizaron” y satanizaron la campaña electoral de Unidos Podemos; crecieron el fantasma del comunismo ad portas inadmisible para la mentalidad religiosa de la mayoría de los españoles, lo que les quitó más de un millón y medio de votos amigos y, no les permitió tomar el cielo por asalto. Y tercero, que en su afán electoral abandonaron el programa único general, adaptándolo en cada provincia o región a las demandas locales particulares.

Hoy el mapa de España se ve todo azul con tres punticos rojos: Uno en Cataluña, otro en el país vasco y algo en la zona de Sevilla, mientras continúa la incertidumbre (Ay la amarga pesadumbre del post modernismo) para pactar coaliciones de agua y aceite que permitan formar un nuevo gobierno en el reino español.

Imagen Internet                                 

  

     

   

 

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