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Opinion. El Plan Colombia

El Plan Colombia nació en inglés. Plan for Peace, Prosperity, and the Strengthening of the State (Plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado), es el título original del proyecto de Ley S1758 presentado por los senadores Mike DeWine, Grassley y Coverdell el 20 de octubre de 1999, ante la sesión 106 del Comité de Relaciones Exteriores del Congreso de EE.UU.

Su primer nombre (estrecho) también fue en inglés: Alianza Act. En español, sencillamente, se le conoce como Plan Colombia, aunque las políticas que entraña y las consecuencias de su aplicación trascienden extraordinariamente las fronteras territoriales, políticas, sociales y culturales de Colombia.

Es en realidad un Plan piloto para probar y ejercitar los pilares básicos de la geoestrategia de dominación que implementa Estados Unidos sobre el continente latinoamericano. Esta “iniciativa” yanqui constituye otra de las tenazas a través de las cuales el imperialismo ultraconservador, agresivo y fascista impone su fuerza en América Latina.

Colombia, cuya economía depende hoy en gran medida de la producción y distribución de drogas orientadas fundamentalmente al gran mercado consumidor de EE.UU. sufre desde hace varias décadas los devastadores resultados de este “negocio”, que se traducen en existencia de mafias y sus fórmulas de extorsión, incremento de la violencia y la corrupción, pauperización creciente de la economía legal y de la población, confrontaciones políticas insolubles, represión militar y paramilitar contra la población civil, etc.

Es, sin embargo, en EE.UU. donde se genera el estímulo básico (el consumo de drogas) que sostiene esta grave situación en Colombia. El Imperio ha utilizado la desestabilización sostenida del país como argumento para “certificar”, “condenar” y multiplicar la imagen de Colombia como un "país de riesgo". Sus propósitos reales han sido históricamente, desarticular cualquier residuo de la soberanía colombiana, profundizar su injerencismo y su hegemonía, a través de muchos recursos, entre ellos el de incrementar su presencia militar en Colombia, y practicar contra su pueblo una verdadera guerra de baja intensidad, que solo ha contribuido a perpetuar la crisis del país.

El Plan Colombia expresa total coherencia con esta estrategia y con sus fórmulas tradicionales, pero llevadas ahora a una escala superior de agresividad. Supuestamente los objetivos del Plan for Peace, Prosperity, and the Strengthening of the State --que en realidad debería llamerse Plan para la Guerra, el Subdesarrollo y la Militarización del Estado--, se dirigen a la lucha antidrogas. Es así que los puntos fundamentales que enuncia son:

• Establecer el control militar en el sur del país para erradicar los cultivos de droga. Destruir las instalaciones de procesamiento y mejorar la interceptación de narcóticos en las vías terrestres aéreas, marítimas y fluviales.

• Fortalecimiento del sistema judicial, la capacitación de cuerpos técnicos de investigación, la reforma del sistema carcelario, el apoyo a los grupos anticorrupción que investigan a los funcionarios públicos y la aplicación de leyes sobre extradición.

• Neutralizar las finanzas de los narcotraficantes tanto en Colombia como en el exterior, y fortalecer los esfuerzos anticontrabando con un programa agresivo de decomiso de activos, y congelamiento de cuentas.

• Combatir a los “aliados” con los narcotraficantes. Primero, con el refuerzo de las medidas en contra del secuestro, la extorsión y el terrorismo; y, segundo, con el bloqueo a la adquisición de armas de los grupos que se benefician del narcotráfico.

• La integración de las iniciativas y las operaciones nacionales a los esfuerzos regionales e internacionales para combatir el narcotráfico. Esto incluye compartir información y datos de inteligencia con agencias de seguridad de otros países.

• Y por último, el fortalecimiento y la implementación de planes de desarrollo para ofrecer oportunidades de empleo y servicios sociales en las regiones afectadas por los cultivos ilícitos.

Todos estos “puntos clave” deben ser ejecutados a través de más represión, mayor violencia y una recolonización de los organismos políticos, militares, judiciales y de seguridad colombianos. Las causas esenciales de la crisis colombiana no son abordados. No es casual que el último de los "puntos clave" del Plan sea el del desarrollo económico.

Según cifras del año 2000, recién estrenado el Plan Colombia, la distribución de los recursos asignados para este engendro se distribuirían de la siguiente forma:

704 millones de dólares están destinados al Ejército colombiano

205 millones más para la Policía y la Armada

410 millones para medidas de seguridad en los países vecinos, de los cuales, 325 serían para gastos adicionales de agencias de Estados Unidos y 85 para el mejoramiento de los programas en Perú, Bolivia, Panamá y Ecuador.

Y sólo 180 millones de dólares se invertirían en el desarrollo de alternativas económicas en las zonas de cultivos ilícitos: 50 para Colombia, 90 para Bolivia y 40 para el Perú.

100 millones estarían destinados para apoyar la aplicación de la ley, los derechos humanos y la paz.

¿Qué alcanzará de todo esto el campesino colombiano que participa en la siembra de coca o marihuana para sobrevivir? Lejos de beneficiarlo, la ejecución del Plan Colombia, en plena marcha, seguramente terminará dejándolo en peores circunstancias: frente a organismos represivos más fortalecidos y poderosos, asesorados por los mismos tutores que tuvieron todas y cada una de las dictaduras militares en América Latina; frente a la destrucción de sus cultivos --todos, los ilícitos y los lícitos--, que se malogran tras los efectos de las fumigaciones; frente a un país cuya soberanía languidece.

“Por eso la guerra contra las drogas es un mar de absurdos y contradicciones. Se transforma en enemigos frontales a los campesinos que cultivan las plantas precursoras y se llenan las cárceles con gente desesperada por la desocupación y la pobreza, que humilla el templo de su cuerpo, para transformarse en "mulas" que, al riesgo de sus vidas transportan drogas heroicas; pero las empresas químicas norteamericanas que producen más del 90% de los precursores necesarios para el procesamiento de la coca no tienen problemas y en las cárceles no están sino en mínima proporción los banqueros que amasan las grandes fortunas del negocio en los mercados de consumo.” ( Los contenidos geoestratégicos del Plan Colombia. Manuel Salgado Tamayo)

El verdadero Plan es macabro.

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