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La geopolítica de Grecia

Ubicada en el Mediterráneo Oriental y mirando a tres continentes, Grecia, el eslabón débil de la Unión Europea y la OTAN, tiene relaciones singulares con Rusia, China, Irán, Israel y Egipto. A la vez hace de Estado “tapón” en materia migratoria, y contribuye a la seguridad energética de la UE, acogiendo el oleoducto Trans Adriático desde el Mar Caspio. Cuando se llegue a comercializar el gas de la costa mediterránea de Chipre e Israel —que también es de Gaza, Líbano y Siria— consolidará aún más dicho estatus, ya que todos los gaseoductos de este espacio con destino a Europa deben cruzar Grecia. Pero a Berlín parece preocuparle más el euro que el valor geopolítico del país heleno. Cualquiera preguntaría: “Si por dinero linchan de este modo a un socio “europeo, cristiano y blanco”, ¿qué no habrán hecho en otras partes del planeta?”.  

 Mientras la Comisión Europea, con los aplausos de Amanecer Dorado, aplica a Grecia una suerte de “pedagogía del terror”, Syriza mueve fichas.

¿Jugar a la ruleta rusa?

Fue Alexis Tsipras quien viajó a Moscú y no Vladimir Putin a Atenas, tal y como se ocupó de matizar el líder ruso, negando querer aprovechar la tragedia griega para aumentar su influencia en Europa. El hecho de que Tsipras tampoco le haya pedido ayuda financiera puede ser por varios motivos:

a) Es consciente del poder de los enemigos, la UE y EEUU. Incluso cuando pudo vetar las sanciones contra Rusia, votó a favor.

b) No está confundiendo los BRICS con el Comecon de la era soviética. Aquí no hay una ideología común, y un buen trato con Moscú no significa una alianza política.

c) Su preocupación es “la deuda” y no cambiar de alianzas estratégicas. Por lo que  la ”alianza ortodoxa cristiana” es tan inexistente como la “alianza de los musulmanes contra Occidente”. Por otro lado, Putin tampoco rescataría “financieramente” a Grecia porque:

a) Europa es su socio económico más importante, y prefiere que Grecia resuelva sus dificultades dentro de la UE.

b) Intenta alcanzar un acuerdo de paz con la UE sobre Ucrania, y no convertir a Grecia en un nuevo espacio de conflictos.

c) El problema de Grecia se debe al sistema financiero del BCE y el FMI, y una inyección de rublos no lograría taponar la sangría que sufre el pueblo griego.

d) La política internacional del Kremlin es ambigua. Por ejemplo, su posición respecto al actual conflicto turco-sirio,  o la “cuestión nuclear iraní”. Quizás porque el Kremlin sigue construyendo su identidad.

Aun así, Moscú ayudará a Grecia pagando parte de sus préstamos mediante inversiones. Habrá un “gaseoducto griego” que recibiría gas desde Turquía. Así es como conseguirá rebajas en los precios del gas, crear empleo, y aumentar su peso dentro de la UE como suministrador de energía. Ahora la pregunta es: ¿Lo permitirá EEUU, a pesar de que el proyecto beneficia a la UE?

La UE, sin querer, propició una sólida alianza entre dos de sus  países repudiados, Turquía y Rusia, y en este proceso de autodestrucción agonizante, también repudia a uno de sus “hijos”.

China sigue su Ruta de la Seda

Pekín no va a soltar ni una migaja de sus ingentes reservas de divisas para dárselos a los helenos. Porque:

1. Considera la deuda griega un asunto interno de Europa.

2. La economía griega padece problemas estructurales.

3. La crisis es de la zona euro, y no solo de Grecia.

4. La UE es el mayor socio comercial de China. No le interesa perjudicar esta relación por un país con el que tampoco guarda lazos culturales, ideológicos o de otra índole.

Pekín también le ha ofrecido a Tsipras ayuda indirecta: integrarla en el Cinturón Económico de la Ruta de la Seda, invirtiendo en sus infraestructuras como en la renovación de los ferrocarriles griegos. China apuesta por los activos duros, como arrendar el puerto de El Pireo, otro enlace del llamado Collar de perlas china, por 5 mil millones de dólares y para 35 años.

Lo que preocupa a Washington

El Mediterráneo Oriental es uno de los patios traseros de EE.UU. En Grecia cuenta con cuatro bases militares en las que hasta 2001 guardaban incluso parte de su arsenal atómico. La gran base naval de Creta fue utilizada para bombardear Libia, Estado que junto con Siria han sido los dos únicos fuera de la OTAN. Además de “otanizar” el Mediterráneo Oriental, Washington ha apadrinado una alianza militar-económica entre Israel, Chipre y Grecia, con el fin de explotar el gas del mar, impidiendo que las empresas rusas participen en las labores de exploración. EEUU realiza anualmente las maniobras navales “Noble Dina” con Israel y Grecia, exhibiendo poderío. La del año pasado incluía una simulación del “escenario iraní”.

A Barak Obama le preocupa una mayor presencia económica china y otra militar rusa en este espacio y que  Grecia, el flanco sur de la OTAN, salga de su órbita. La exigencia de Obama a Berlín —que subestima las consecuencias geopolíticas de la “Greexit”—, a que ofrezca una solución a Sipras no es más que tensiones inter-imperialistas, como que

Turquía puede lanzar una acción militar contra Chipre por el gas del Mediterráneo, y poner a EEUU y la UE en un buen aprieto.

Grecia no quiere arriesgarlo todo. Se trata de una durísima lucha de clases entre la élite y los trabajadores, más que de un juego en el que todos los actores ganan. La realpolitik  acecha.

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