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Blog de Horacio Duque Giraldo

Horacio Duque Giraldo

Horacio Duque Giraldo

Académico y periodista alternativo

Archivo de columnas en ANNCOL 

La paz se torna en algo tangible para las comunidades agrarias de Palmira, Valle del Cauca.

Se organizan y promueven Aldeas integrales para la paz en el Corregimiento de Potrerillo, con el fin de materializar los acuerdos agrarios y democraticos de la Mesa de dialogos de paz de La Habana.

Las veredas de localizacion y los campamentos de ubicacion de los integrantes de las Farc, deben ser puntos de movilizacion popular, campesina, indigena y afro.

Cerca de 400 familias campesinas, indígenas y afros, del Corregimiento de Potrerillo, en el municipio de Palmira (Valle del Cauca), han realizado el sábado 13 de agosto del 2016, una concurrida asamblea para presentar un proyecto de Aldea Integral para la paz.

El propósito de dicho plan comunitario es organizar un modelo de aldea comunitaria en los términos de la seguridad alimentaria, productiva, de la paz, la convivencia y el ejercicio pleno de los derechos fundamentales como el de la vivienda, el trabajo, la educación, la salud, los de las mujeres, los LGTBI, los indígenas, afros y otras comunidades afectadas por la discriminación y exclusión.

Todo ello se da en el marco del proceso de paz que adelanta el gobierno del Presidente Santos con las Farc, en la Mesa de diálogos de La Habana, específicamente en lo relacionado con el Desarrollo Rural Integral, el acceso a la tierra y el derecho a la vivienda y la seguridad alimentaria. Igualmente en lo atiente a la democracia ampliada, la participación y los derechos políticos democráticos.

El Corregimiento de Potrerillo se encuentra localizado al oriente del municipio de  Palmira, que cuenta con más de 320 mil habitantes, en la región sur del departamento del Valle del Cauca.

Dicha Aldea Integral para la paz se convierte en un punto de referencia y en un modelo para los esquemas de organización comunitaria ubicados en las proximidades de las 23 zonas veredales y los 8 campamentos en los que se localizaran los integrantes de las Farc en su transición a la movilización política que incluye la dejación de las armas.

Los puntos de concentración estarán ubicados en 12 departamentos, entre los que se encuentran Cesar, Norte de Santander, Antioquia, Tolima, Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá, Arauca, Meta, Vichada y Guaviare.

Los municipios en los que se establecerán son: La Paz (Cesar), Tibú (Norte de Santander), Remedios (Antioquia), Ituango (Antioquia), Dabeiba (Antioquia), Planadas (Tolima), Villarica (Tolima), Buenos Aires (Cauca), Caldono (Cauca), Policarpa (Nariño), Tumaco (Nariño), Puerto Asís (Putumayo), Montañita (Caquetá), Cartagena del Chairá (Caquetá), Arauquita (Arauca), Tame (Arauca), Macarena (Meta), Mapiripán (Meta), Mesetas (Meta), Vistahermosa (Meta), Cumaribo (Vichada), San José del Guaviare (este) y San José del Guaviare (oeste).

Los ocho campamentos son los siguientes:

La Guajira: Fonseca

Antioquia: Vigía del Fuerte

Chocó: Riosucio

Córdoba: Tierralta

Cauca: Corinto

Caquetá: San Vicente

Meta: Losada y Macarena

Guainía: Puerto Colombia

Se trata de la nueva geografía de la paz que surge con el fin de la guerra en la que lo fundamental es la construcción de un nuevo campo político y social en que prevalecerán los derechos de los campesinos y las comunidades de base de la nación.

En Cali, Jamundí y los municipios del Norte del Cauca, avanzan procesos de articulación de cientos de familias que se proponen regresar al campo para trasformar el agro que fue azotado por la violencia de los grupos terroristas del paramiliatrismo.

Con el Plebiscito agonico, la casta politiquera colombiana pela el cobre con sus salidas en falso y llenas de cinismo.

La casta política que domina en el Estado y el actual gobierno consideran a millones de colombianos unos discapacitados mentales y pendejos. Son unos campeones del cinismo y la manipulación

Veamos casos.

Esa casta asalto el plebiscito de la paz y el proceso de terminación del conflicto social y armado con el fin de acomodarlo a las lógicas de su reproducción política para mantener el control absoluto sobre las entidades públicas y sus recursos presupuestales. Por ese camino la legitimación de los acuerdos de La Habana morirá de “muerte repentina” en razón del rechazo popular a las desacertadas gestiones gubernamentales en la parte central del fin del conflicto.

La misma camarilla, después de que se apropió de billones de pesos de las regalías petroleras, mediante la conocida mermelada, ahora, en el mayor desparpajo, nos viene con el cuento de que presentaran proyecto de Ley para acabar con la mermelada, cuando la misma ha desaparecido con la caída de los precios del barril del petróleo. Nos creen tontos. Lo peor. A ese juego se presta la senadora Claudia López, tan proclive al espectáculo y la grandilocuencia con este tema.

Sigamos. Ahora resulta que los adalides de la resistencia contra Electricaribe y su cáncer corruptor, en la Costa Norte, son David Barguil, el jefe conservador, y Efraín Cepeda, senador de la misma cuerda, los artífices de este desastre regional, pues han sido socios de todos los capitales extranjeros y nacionales que llevaron a la región al borde de un apagón generalizado.

Peor. Nos proponen desde la Casa de Nariño, una terna del señor Santos para nuevo Defensor del Pueblo, donde se incluye el nombre de Carlos Alonso Negret, una ficha de Vargas Lleras, conocida por sus posiciones reaccionarias contra los Derechos Humanos y los derechos de los indígenas y afrodescendientes. Qué vergüenza de gestos los del Presidente con la tolerancia y la paz.

Y en el colmo de la estupidez, Parody, la mayor gestora de los puertos marítimos en Colombia, donde su familia es patrón absoluto y socia de todas las mafias narcotraficantes, ordena publicar, desde el Ministerio de Educación, una Guía con disparates que desconocen los códigos culturales que organizan y prevalecen en lo profundo de la sociedad. Eso solo lo produce la soberbia y prepotencia de quien devino en otra prominente negociante del derecho a la educación de millones de colombianos, mediante el manejo discrecional de gigantescas partidas presupuestales como “ser pilo paga” y las autorizaciones discrecionales para montar universidades y centros educativos de garaje.

¿Por qué no se le ocurrió mejor a la señorona promover una intensa campaña por los medios y las escuelas contra la pedofilia de curas, obispos y pastores evangélicos, que al tiempo que dicen defender valores históricos como la familia, son los mayores corruptores de menores y niñas en edades iniciales de la vida?

 

La legitimacion y refrendacion de los acuerdos de paz pactados en la Mesa de dialogos de La Habana, no es un asunto de discursos, de narrativas y de pedagogias imposibles y toxicas. 

Ganar el apoyo del pueblo para la paz y la vida tiene que ver mas con una interpelacion sincera de las emociones, los afectos, los cuerpos, los habitos y de la multitud.

Aunque no es tan evidente para muchos, en la apertura democrática propiciada por el proceso de paz hay una intensa confrontación para la constitución de una nueva hegemonía nacional y popular. El Plebiscito no es ajeno a dicha dinámica.

Todo pareciera indicar que el discurso y las narrativas podrían ser el centro de la disputa entre el SI y el No en el plebiscito por la paz que se realizara en próximas semanas.  Para que triunfe el SI se necesitan buenas narrativas repetidas claramente, se sugiere (http://bit.ly/2b8uCe5 ).  Es lo que justifica el realce de la pedagogía de la paz y las campañas gubernamentales de propaganda en los medios masivos de comunicación. Todos demandan mayor pedagogía de los acuerdos de La Habana. El pueblo poco conoce de los consensos y permanece indiferente al fin de la guerra, se afirma.

Según Antonio Gramsci, el poder es un centauro: mitad coerción, mitad legitimidad. El Estado mantiene su dominación por medio del consenso de los dominados. Y sólo allí donde no se logra el consenso, se recurre a la represión. El poder, por tanto, no sólo es un asunto de fuerza, sino sobre todo de hegemonía: persuasión, convencimiento, creencia, seducción. En este enfoque, la lucha ideológica se vuelve fundamental: deslegitimar la explicación dominante del mundo, provocar su descrédito, proponer una nueva explicación (http://bit.ly/2biC3Ah ).

Hegemonía es hoy un concepto de moda en el debate político contemporáneo.

La lucha ideológica se desarrolla ahora en los platós de televisión donde se produce la opinión pública. Se trata de arruinar la legitimidad del relato que protegía al régimen de la violencia y ofrecer una nueva explicación y un nuevo pacto social de paz que se gane el consenso de la “mayoría social”.

Pero la cosa planteada en estos términos no es tan obvia, ni suficiente.

Para otros el Plebiscito es una cita ciudadana en la que florecen mil posibilidades para saturar la atmósfera política con los imaginarios de generosidad y de progreso, asociados con una paz negociada.

El punto clave para estas posibilidades radica precisamente en el hecho de si la firma de los acuerdos va a estar rodeada de sentimientos, simbolizables en representaciones positivas. A partir de las cuales llegue a levantarse una ola duradera de actitudes y percepciones esperanzadoras. En el sentido de que, en alguna medida, la vida puede ser mejor para los colombianos. De que sean posibles –como ya se está demostrando- una disminución sensible de la violencia; y no tantos miedos creados; y menores rencores de nivel subalterno.

En principio, la misma firma de la paz debiera traer una inmediata reorientación en las actitudes, las que ahora serían más favorables a consignar el SÍ respecto del Acuerdo. Que este flujo de nuevas reacciones en los individuos no se disipe pronto, dependerá de la eficacia simbólica con las que las fuerzas de la paz enfrenten la coyuntura (http://bit.ly/2aiBIx2 ).

La trascendencia de las emociones.

Colocados en este plano, las emociones se tornan esenciales en la movilización popular en favor de la paz y la vida. El odio, el miedo, la vergüenza, la esperanza son otros referentes en lo que se sugiere como un modelo post hegemónico.

Las emociones, los afectos, los cuerpos, los hábitos y la multitud serán elementos claves para alcanzar el consentimiento de los colombianos en el Plebiscito que se realizara para validar la paz. No todo será oratoria espectacular ni frases de cajón llenas de ridiculez.

Hay que entender que la clave del cambio social por la paz, hoy, no es solo la ideología, sino las emociones, los cuerpos, los afectos y los hábitos.

Hay que considerar que las emociones están presentes en todas las fases y aspectos de la movilización social; motivan a los individuos, se generan en la multitud, se expresan retóricamente y dan forma a los objetivos manifiestos y latentes de los movimientos. Las emociones pueden ser medios, también fines, y otras veces fusionan ambos; pueden favorecer o dificultar los esfuerzos de movilización, las estrategias y el éxito de los movimientos. La cooperación y la acción colectiva siempre han ofrecido la oportunidad de pensar la acción social de una forma más integral; el retorno de las emociones es la última fuente de inspiración para ello.

Durante las dos últimas décadas el péndulo intelectual ha oscilado desde las teorías estructurales hacia las teorías culturales sobre los movimientos sociales. Estas incluyen la motivación para la acción, el sentido de los acontecimientos para los participantes políticos, los dilemas estratégicos y procesos de toma de decisiones, y la necesidad de una teoría de la acción que complemente la teoría del contexto estructural desarrollada en los 70’s y 80’s. Prácticamente todos los modelos culturales y los conceptos usados hoy (por ejemplo: marcos, identidades, narrativas) estarían mal encuadrados si no admitieran explícitos mecanismos causales de tipo emocional. Aunque, sin embargo pocos de ellos efectivamente lo hacen.

Las emociones representan una forma de tratamiento de la información, a veces más veloz que nuestra mente consciente.

J. Beasley-Murray ha cuestionado la prelación del discurso en la constitución del orden social y la comprensión 'discursivista' de la hegemonía, muy basada en la capacidad de articulación comunicativa de los intelectuales. Y no sólo. A partir de un minucioso acercamiento a los movimientos políticos latinoamericanos del siglo XX (el peronismo, los movimientos de liberación nacional, etc.), propone otra lectura de lo que hace y deshace el orden de las cosas, de lo que sostiene la dominación y de lo que anima la protesta y rebelión (http://bit.ly/2baPPYi ).

Esa idea (de que "la ideología es el principal campo de batalla") implica que la tarea política más urgente es la de educar a la gente, mostrarles que las cosas no son cómo aparecen. Por eso los proyectos de hegemonía son siempre esencialmente proyectos pedagógicos y la teoría de la hegemonía otorga tantísima importancia y centralidad a los intelectuales. Es un error histórico de la izquierda dogmática y del liberalismo anacronico.

Más allá de la condescendencia implícita, lo que presupone esta actitud es que lo que cuenta en el fondo es la opinión y el saber. En ese sentido no se puede menos que estar de acuerdo con lo que dice Slavoj Zizek: en general, la gente ya sabe, sabe que el trabajo es una esclavitud, sabe que los políticos son unos mentirosos y los banqueros unos ladrones, que el dinero es una mierda y los ricos no lo son por una virtud propia, que la democracia liberal es un fraude y que el estado reprime más que libera, etc. Todo eso es parte del sentido común actual. Y aun así, cínicamente, actuamos como si estas ficciones fueran verdaderas.

Lo cual sugiere que la “lucha ideológica”, no sólo no tiene la centralidad que tenía antes, sino que en realidad nunca la tuvo. La lucha por la hegemonía siempre funcionó como una distracción o una cortina de humo que oscurecía poderes y luchas más fundamentales.

Sin embargo, la política no tiene tanto que ver con la ideología, como con la disposición de los cuerpos, su organización y potencias. Para entender esto, se proponen los conceptos de afecto, hábito y multitud.

Afecto.

Un afecto es el índice de la potencia de un cuerpo y del encuentro entre cuerpos. Cuanta más potencia tiene un cuerpo, más afectividad tiene, es decir, más capacidad para afectar y ser afectado. A la vez, los encuentros entre cuerpos se pueden dividir en buenos y malos encuentros: los buenos son los que aumentan la potencia de un cuerpo y se caracterizan por la producción de afectos positivos (como la alegría); los malos son los que disminuyen la potencia de cuerpo y se distinguen por la presencia de afectos negativos (como la tristeza). Deleuze hace una distinción importante entre afecto y emoción: mientras que el sentimiento es privado y personal, el afecto es una intensidad impersonal, colectiva.

Habito.

En segundo lugar, el hábito es un concepto elaborado por Bourdieu. Se pueden pensar los hábitos como “afectos congelados”. Son los encuentros cotidianos, rutinarios, de los cuerpos, sobre los cuales ni siquiera pensamos la mayor parte del tiempo, hasta el punto de que son casi completamente inconscientes. Son disposiciones corporales e inconscientes. Pero, a pesar o quizá gracias a esto, los hábitos tienen sus propias potencias. Y podemos diferenciar también entre hábitos buenos (por ejemplo, los que ayudan a constituir lo común, la comunidad) y hábitos malos (los auto-destructivos, los que nos restan potencias).

Multitud.

Por último, está la multitud (Negri) como el afecto en acción. Una red de cuerpos en conexión.

En términos abstractos, pero al mismo tiempo muy concretos y materiales, hay que pensar la política, no tanto como la misión de educar a los demás y explicarles cómo son las cosas, sino como el arte de facilitar encuentros y formar hábitos que construyan cuerpos colectivos más potentes (multitudes). De construir otras formas de sincronizar y orquestar cuerpos y ritmos; otras lógicas prácticas y encarnadas. No nos conformamos con el capitalismo porque nos convenza una trama ideológica súper-coherente y persuasiva, sino por los afectos y los hábitos (como el consumo, etc.).

Una lectura más cuidadosa del fenómeno peronista, por ejemplo, muestra que su éxito, cuando lo hubo, vino precisamente de su capacidad para movilizar y desmovilizar cuerpos -en la plaza, en las urnas- y de convertirse en hábito.

Claro está que  una lectura equivocada de un razonamiento posthegemonico sugiere que el lenguaje no cuenta. Pero es obvio que un discurso (en el sentido de un discurso político, pero también de una conversación entre amigos, un eslogan gritado en una manifestación, un libro leído en una biblioteca, etc.) puede ser un acontecimiento y tocar los cuerpos.

Pero, según Deleuze, Félix Guattari o Michel Foucault, no se explica un texto a través de lo que representa o significa, sino del modo en que funciona.

Lo más interesante está en otro lado o por debajo, en el discurso como forma de organizar y sincronizar la intuición, el instinto y el afecto.

No hay que poner mucha fe en el proceso de enseñanza. Como dijo Freud, la pedagogía, por su propia naturaleza, es una de las “profesiones imposibles”.

Está claro que la enseñanza y el aprendizaje dependen muchísimo de los afectos: desde la humillación ritual de estudiante que carece de “capital cultural” hasta las posibilidades de transformación que promete el profesor apasionado.

 

 

 

 

 

Varios errores explican el desplome del SI en el Plebiscito de la paz convocado arbitraria y unilateralmente por la elite politica de la Casa de Nariño, desconociendo el Acuerdo especial de agosto del 2012, entre las Farc y el Estado.

¿Cual es el afan de hacer un Plebiscito en 6 semanas, bajo la conduccion de una desacreditada clase politica de gamonales corruptos y desconociendo a la sociedad civil y a los movimientos sociales y populares?

¿No sera el momento de proyectar la Asamblea Constituyente de la paz, soberana y popular?

La legitimación de la paz mediante el Plebiscito que se ideo el señor Santos a su manera, no parece convencer a la mayoría de los colombianos según lo indican las más recientes encuestas sobre las votaciones por el SI o el No en la fecha que se establezca en su momento para definir este delicado tema que produce grandes tensiones y controversias.

La frialdad e indiferencia de millones de personas es la nota más sobresaliente en la cultura política de los colombianos frente a los avances del proceso de paz y la eventual realización de una refrendación.

La Revista Semana ha hecho pública una encuesta de Ipsos para RCN Radio y Televisión, La F.m. y SEMANA en la que se evidencia que la mayoría de los colombianos están afectados por el derrotismo y el escepticismo. Solo tres de cada diez personas tienen esperanzas en que los diálogos de paz lleguen a buen término, y siete de cada diez sienten que las cosas van por mal camino (http://bit.ly/2aSmsXZ) .

Por primera vez los ciudadanos que afirman que votarían No al plebiscito con el que se busca refrendar los acuerdos de paz son más que los que votarían por el Sí. Mientras en junio el 39 por ciento señalaba que votaría No, ahora, cuando la convocatoria al plebiscito es una realidad, la cifra de los opositores asciende al 50 por ciento. En cuanto al número de personas que respaldan el Sí, en las últimas seis semanas esta cifra pasó del 56 al 39 por ciento, es decir, 17 puntos. El número de indecisos se duplicó, al pasar del 5 al 11 por ciento (http://bit.ly/2aSmsXZ) .

¿Cómo explicar esta tendencia coyuntural de la ciudadanía?.

Mi reflexión intenta dar respuesta a tal cuestión en los siguientes términos:

Primero. El lanzamiento del Plebiscito por la paz por parte de la Casa de Nariño, es un acto unilateral y precipitado que afecta negativamente una decisión de la magnitud implicada en el proceso para terminar la guerra. Aún están pendientes un gran cumulo de asuntos en la Agenda de conversaciones de La Mesa de La Habana, que requieren más tiempo y ponderación como las reformas del Estado, la convocatoria de la Asamblea Constituyente, las garantías sociales, políticas y jurídicas para las Farc, la eliminación del latifundio ganadero, la amnistía y el indulto, la revisión de los TLC, la reformas militares y la superación de los esquemas neoliberales que afectan el bienestar de la sociedad. Estos temas no se pueden evacuar a las patadas y consensuarlos demanda meses que bien pueden extenderse hasta el segundo semestre del 2017, momento en que ahí sí debería convocarse una consulta popular y una Constituyente para sentar las bases sólidas de la paz.

Segundo. El desconocimiento de la sociedad civil y de los movimientos sociales y populares independientes de las cúpulas feudales, en la refrendación de la paz, es otro craso error en la alocada campaña plebiscitaria que se promueve desde las altas esferas oficiales.

Tercero. Colocar la campaña del plebiscito en cabeza del artífice de la implantación del neoliberalismo en Colombia en los años 90 del siglo XX, y el responsable del más reciente ciclo de la guerra en Colombia por el bombardeo de los campamentos de la Uribe en 1990, es otra monumental metida de patas de los organizadores del plebiscito santista.

Cuarto. Dejar el Plebiscito en manos de las maquinarias clientelares de las organizaciones politiqueras del oficialismo (liberales, U, CR, conservadores y seudoizquierdistas con olor paramilitar), artífices del mas descomunal saqueo de los presupuestos estatales, mediante el sistema de las regalías y los cupos indicativos, es una afrenta desproporcionada a las nuevas generaciones de colombianos que repudian las cúpulas de gamonales. El Plebiscito lo maneja Santos y la comparsa de Gaviria como si se tratara de una de esas campañas en las que prevalece la compra venta de sufragios, la lechona, el cemento, el ladrillo y el soborno, desconociendo la potente opinión pública y el voto independiente.   

Quinto. Pretender capitalizar la paz para las campañas presidenciales del 2018, mediante el realce de los nombres preferidos del señor Gaviria.

Sexto. Querer imponer la paz mediante la propaganda y una distorsionada pedagogía que confunde en vez de convencer.

Séptimo. Desconocer que la paz es fundamentalmente una construcción emocional que convoca con la esperanza, la convivencia, el perdón y  no con el miedo, la amenaza y la corrupción.

Octavo. Ligar la paz a la imagen de Santos y sus desacertadas políticas prioritarias como la reforma tributaria, la ley zidres, la megamineria y la exportación de 5 mil soldados para que sigan en la masacre de Afganistán.

Lo cierto es que aun la nación no está preparada para ese equivocado plebiscito que se quiere imponer de manera irracional.

Se necesita que este tema de la refrendación de los acuerdos se consensue adecuadamente en el marco de la Mesa de conversaciones de paz en La Habana, sin imponer formulas caprichosas.

Nota. A estas alturas el que va a resultar más favorecido con el umbral del 13% en el plebiscito es el No de la ultraderecha uribista, bien escasa en votos y acogida ciudadana con sus propuestas de guerra y mas violencia. Este umbral le cae como anillo al dedo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De no corregirse a tiempo la serie de errores que se presentan en la promocion del SI a la paz en el Plebiscito, el resultado puede ser adverso y favorable al NO.

Hay que reenfocar la participacion de la sociedad y los movimientos sociales en la campaña por la paz. La casta politiquera y el gamonalato bipartidista estan destruyendo el mensaje de paz.

A nadie escapa la trascendencia del Plebiscito de la paz que se convocara próximamente para legitimar y refrendar los consensos de paz de la Mesa de diálogos de La Habana.

El triunfo del SI, que respaldamos con entusiasmo y convicción, es determinante para poner fin a una cruel guerra y construir un futuro de prosperidad y democracia para las nuevas generaciones de colombianos. Esta es una gesta que no se puede malograr.

El No que promueve el uribismo y la ultraderecha fanática es una alternativa absurda que pretende mantener incendiada la sociedad con más penalidades y tristezas.

Sin embargo, el mecanismo promovido por el gobierno para alcanzar el consentimiento de la sociedad civil en la materia no parece marchar por buen camino y todos los días es más evidente su desventura. Su suerte es adversa y aciaga.

Lo cierto es que con los errores y desaciertos en que ha incurrido el gobierno en su diseño y organización todo se puede ir al traste, con bastante probabilidad.

Primero fue el abierto y repugnante triunfalismo de ciertas facciones que nos anunciaron de entrada 10 millones de votos por el si. Delirantes.

Seguidamente, la siguiente metida de patas consistió en entregarle el Plebiscito a quien fue el principal gestor del modelo neoliberal en Colombia y causante del reciente ciclo de violencia por los bombardeos a los campamentos de la guerrilla en la Uribe Meta y haberle confiado todo a la vieja y corrupta clase politiquera identificada por la sociedad como la principal contaminadora de la acción política, lo que genero de manera inmediata una negativa  reacción de la ciudadanía que en las recientes encuestas ofrece una fuerte inclinación por el No en las votaciones del Plebiscito.

Agréguele a lo anterior el anuncio de una reforma tributaria con medidas que agravaran bruscamente las precarias condiciones de vida de millones de colombianos, súmele los escándalos de Reficar, lo del asalto a los restaurantes escolares en la Guajira y la Costa, el robo de Saludcoop y otros casos escandalosos de saqueo de los dineros públicos, y el escenario salta a un verdadero apocalipsis político para la Casa de Nariño.

Los primeros sondeos sobre la materia le están dando una ventaja muy alta y demoledora al no.

Según Datexco, la opción por el SI sólo alcanza el 27% mientras las abstención suma el 29.1% y el NO gana con el 35.9% (http://bit.ly/2b8usDf ).

Por desgracia, dice Sanín,  “hay muchas fuentes de falsa confianza que están haciendo de la campaña por el sí un espectáculo amateur al que duele contemplar. Primero, los políticos profesionales (en el fraude electoral), que saben muy bien cómo conseguir un voto pero cuya experiencia en plebiscitos es escasa o nula, creen que pueden ganar esto con sus viejas rutinas (prácticas viciadas de clientelismo con compra y venta de votos, agrego). El Gobierno parece atrapado por dos pulsiones: por un lado, un afán irreflexivo que nos empuja a una campaña cortísima, que castiga brutalmente a los partidarios del sí, y por el otro una incomprensión fundamental del uribismo y de la naturaleza de su oposición a la paz. Una parte sustancial de la izquierda sigue enquistada en su práctica tradicional de convencer al convencido. Los publicistas del sí siguen mandándonos abrazos genéricos de reconciliación, que no agreden a nadie pero tampoco convencen a nadie. Y varios líderes se están ya repartiendo el botín del triunfo, sin que éste esté garantizado. De hecho, si la elección fuera hoy la paz sería derrotada, afirma” (http://bit.ly/2b8uCe5 ).

De acuerdo, estamos aun con tiempo para adelantar bien esta tarea que, por supuesto, no se puede malograr en manos de los conocidos gamonales de la politiquería regional,  que desconocen cinicamente el peso de la sociedad civil y los movimientos sociales en un evento en el que el peso más importante lo tiene una poderosa opinión pública y no las maquinarias clientelares de los directorios de garaje, en los que parece sustentarse la elite de la Casa de Nariño.

 

 

 

 

 

 

 

Fueron suficientes un par de dias para que la camarilla de la politiqueria manipulara el Plebiscito y el proceso de legitimacion de la paz, en favor de sus ambiciones personales y procesos de acumulacion.

El santogavirismo y los conocidos gamonales, incluidos parapoliticos, se proponen canalizar los sueños de paz de millones de colombianos para darle continuidad a su podrido regimen clientelar.

Luchemos por la Asamblea Constitutuyente de la paz soberana y popular.

Se necesita estar muy despistado como para no darse cuenta que una paz viable demanda la aquiescencia ciudadana, la aceptación del pueblo y la legitimación social correspondiente. Refrendar la paz es una condición esencial de su construcción futura como expresión de una sólida voluntad colectiva.

Como eso no ocurre y lo que prevalece es la demagogia oficial y la mentira uribista, el pueblo esta indiferente frente a la paz. Por momentos, incluso, la repudia pues la asocia a mayores penalidades, como la reforma tributaria que se cocina en las oscuras oficinas del ministro Cárdenas y acorde con los protocolos neoliberales del Fondo Monetario Internacional.

Igualmente, se requiere vivir en la luna como para no enterarse que la elite política asociada con la corrupción y el despojo de los bienes públicos no desaprovecha cualquier oportunidad para proseguir en su tarea de acumulación de riqueza y poder para mantener las cosas tal como están.

Es lo que ha sucedido con el mentado Plebiscito de la paz, gestionado de manera unilateral por la Casa de Nariño e implementado según las ultimas noticias, por la vieja y podrida camarilla de gamonales, que disponen de las instituciones públicas de acuerdo con sus intereses privados.

Muy entusiasmados y eufóricos Gaviria y su comparsa de gamonales se han lanzado a promover un plebiscito a la medida de sus ambiciones y sus proyectos antidemocráticos. Así ocurrió ayer en Cali, ante la mirada escéptica de la sociedad civil (http://bit.ly/2ay3IeI ).

Toda esta cúpula protagonizo un bochornoso espectáculo en la ciudad de Cali para anunciarles a los colombianos que la paz será la del viejo establecimiento liberal conservador focalizado en garantizar el control de cada una de las piezas del decadente y arruinado régimen político feudal.

Razón tiene la delegación plenipotenciaria de la resistencia campesina revolucionaria en la mesa de diálogos de La Habana cuando señala que: no es el plebiscito un mecanismo apto para producir normas, o para modificarlas, refrendarlas o derogarlas. Mucho menos constituye tal instrumento, camino alguno para reformar la Carta. Por eso no  se acepta la aplicación del llamado plebiscito (http://bit.ly/2axCkNF ).

En su opinión el plebiscito refrendatorio desconoce el Acuerdo General, la Constitución, el Estado de Derecho y las normas de funcionamiento del Estado colombiano.

Por eso invitan al Gobierno a trabajar de manera bilateral y reposada para resolver los puntos de la Agenda que aún quedan pendientes, que son de mucha complejidad y alcance.

Plantean que se deje de lado lo que no haya surgido de los textos del Acuerdo Especial y se busque  conjuntamente vías jurídicas que permitan la inmediata implementación de todo lo acordado en La Habana una vez se firme el Acuerdo Final. Manos a la obra. El país lo agradecerá.

Imponer un Plebiscito instrumentado por los gamonales de la politiquería no es ciertamente una manera correcta de trabajar por la paz.

 

 

 

 

 

Va de mal en peor el Plebiscito de la paz. La corrupcion politiquera lo asalto y extorsiona para obtener mas partidas presupuestales que paran en los bolsillos de los poderosos gamonales bipartidistas y parapoliticos.

Las mayorias ciudadanas repudian este atraco y miran con desconfianza la famosa pedagogia de la paz. Las mismas mentiras de siempre. Por la via de la paz regresaremos al pasado siniestro de guerra y robo del Estado.

Voy a votar el Si por la paz y la vida en el Plebiscito. Tengo la certeza que el No de la guerra que promueve la ultraderecha fascista será repudiado por la mayoría de los colombianos que rechazan la violencia y el terror.

Sin embargo, esa decisión no me impide ver la descomunal desviación que se está dando en el proceso del Plebiscito por la paz.

La vieja clase politiquera, la que habita en los espacios legislativos, la misma que ha organizado potentes maquinarias clientelares y politiqueras para realizar el saqueo y despojo del Estado, ha protagonizado el más vulgar asalto de las banderas del Plebiscito para acomodarlas a sus planes de reproducción y continuidad enquistada en el aparato estatal.

Tan letal como la violencia es la corrupción. Ya conocemos las cifras de los daños de la guerra e igual vamos conociendo los datos del saqueo al Estado mediante la mermelada petrolera, los cupos indicativos, la contratación fraudulenta en las 4G y las vías terciarias, lo de Reficar, lo de los PAE, lo de Fonade (entregado al paramilitarismo costeño http://bit.ly/2axIPQT ), lo de los niños de la Guajira, lo de la salud y lo del Fondo de Prestaciones del Magisterio.

Este descarado atraco le cuesta anualmente a los colombianos cerca de 13 billones de pesos, que se embolsillan senadores, ministros, gerentes, directores de institutos descentralizados, representantes, gobernadores, diputados, alcaldes, concejales, contratistas y gestores de proyectos de inversión.

Razón tiene quien le está proponiendo a la sociedad que la prioridad política de las mayorías ciudadanas es salirnos de esta banda delincuencial.

Pero está difícil.

Esa camarilla de nuevos multimillonarios se trepo en el Plebiscito, con Opción ciudadana parapolítica incluida (http://bit.ly/2avXz2z ), con el fin de renegociar un nuevo ciclo de repartija y apropiación del excedente canalizado en las planillas presupuestales.

Mal mensaje desde la cúpula oficial.

No habrá pedagogía, ni propaganda que contrarreste esta deriva hacia la cloaca politiquera. La pedagogía es un ejercicio imposible e inocuo si se ignoran las emociones, los afectos, los cuerpos y la multitud.

Don Cesar Gaviria, repudiado por los de su misma cuerda pero para negociar partidas fiscales,  escoge reunirse con las fichas liberales gobernantes del Atlántico y Bolívar para sobreaguar y fortalecer los enclaves clientelares de una desueta armadura electorera (http://bit.ly/2aFPPgh ).

Los otros, todos en masa, se van a Cali, a orquestar su farsa de la paz (http://bit.ly/2ay3IeI ).

Definitivamente así, el horizonte de la democracia ampliada  se llena de nubarrones cada día más. La paz se degrada como consecuencia de la piratería del gamonalato oficialista.

Entre tanto Santos se desploma con su tenebrosa reforma tributaria hecha a la medida del FMI.

Razón tiene la delegación plenipotenciaria de las Farc en La Habana al afirmar que si triunfa el No, la negociación y el dialogo para poner fin al conflicto sigue adelante. Esa es una decisión respaldada en la convicción (http://bit.ly/2auYvqB ).

Este cuadro es el que hace necesaria la previsión y la decisión de una Asamblea Constituyente por la paz como herramienta imprescindible para superar la guerra y corrupción,  y construir una paz que sea la  esperanza para todo el pueblo colombiano.

La paz no puede ser otro artefacto postizo en manos de las fichas conocidas del desastre ético que arrastra la política de las elites dominantes.

La paz tiene que ser un mensaje de esperanza, de ilusión, de justicia, de equidad y  utopía para millones de seres humanos azotados por la pobreza, el desempleo, la violencia y el timo de los estafadores especializados en recuas electoreras.

El Plebiscito de los gamonales es la Colombia del pasado, la de la guerra.

 

 

 

 

 

 

Contaminaron el Plebiscito de gamonales y mermelada y lo dañaron.

Hasta los parapoliticos de Opcion ciudadana aterrizaron alli. Ni se diga los conservadores y su adiccion al saqueo y despojo de los bienes publicos.

Veo dificil que triunfe el SI, asi.

 

El Plebiscito por la paz como mecanismo renovado de la democracia participativa tenía un corto pero saludable e innovador recorrido tanto en el campo político como en de la sociedad civil.

Millones de ciudadanos empezaban a sentirlo como una esperanzadora utopía de cambio y transformación de la violencia para iniciar la construcción de la paz como especial referente de una cultura de convivencia.

Sin embargo, en los últimos días se está dando un viraje muy negativo en la conducción de tal instrumento.

Desde la Casa de Nariño tomaron la decisión de entregarle dicha consulta ciudadana a la corrupción y politiquería.

El Plebiscito hoy es otra bandera de engaño y manipulación de quienes se robaron las regalías petroleras, de quienes, como las facciones conservadoras, viven al acecho de la burocracia y los presupuestos para apropiarse de los mismos, como viene sucediendo con la alimentación escolar y la salud.

Desde las altas esferas gubernamentales se dio la determinación de entregarles la campaña de promoción del SI en el Plebiscito a los conocidos gamonales de la politiquería que prevalece en las esferas legislativas. Lo peor es que por cuenta de esta desviación se están reviviendo las cloacas de la parapolítica como Opción ciudadana.

Con el gestor del neoliberalismo y causante del reciente ciclo de violencia por el ataque y bombardeos a la Uribe, como Jefe supremo de la toxica propaganda oficial, el Plebiscito va camino de convertirse en un verdadero desastre para la paz que se ha construido en la Mesa de diálogos de La Habana.

Por esta ruta, la refrendación de la paz se ha convertido en una grotesca campaña electoral para definir candidatos presidenciales, dejando de lado el sustancial desafío de poner fin a la guerra con la implementación de los acuerdos.

Para rematar, las organizaciones populares y sociales, no las que manipulan ciertas izquierdas dogmáticas, oportunistas y autoritarias, son desconocidas de manera rampante en la dinámica participativa del Plebiscito.

Nada bueno augura para la paz esta desviación de la consulta popular. Se está a tiempo de corregir. Ojala.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Voy a votar SI a la paz por la esperanza de millones de colombianos.

Votaré por el SÍ en el plebiscito de la paz porque su derrota sería una demencial regresión histórica que destruiría la esperanza de una nación.

No me digo mentiras. Sé muy bien qué cosas se lograran con el Plebiscito de la paz que se convocará próximamente para refrendar un Acuerdo final del gobierno con las Farc para poner fin al conflicto armado. No se acabara el neoliberalismo, ni se hará una reforma agraria completa, ni se hará una revolución socialista, ni se nacionalizarán los bancos, menos se expropiará a los grandes cacaos del capital. Tampoco se establecerá un gobierno de los trabajadores; menos se establecerá una democracia popular o se la dará empleo a todo el mundo; ni siquiera se podrá parar el calentamiento global y obviamente no se acabará la maldad humana ni con los borrachos responsables de los tremendos accidentes en la vía publica. Aunque muchas de esas cosas me parecen urgentes, no voy a votar por el SI en el Plebiscito para que se den acciones que no se pueden tomar en estos momentos y con la actual correlación de fuerzas; pero tampoco voy a dejar de votar SI porque no se vayan a lograr; o porque no se alcancen todas ni siquiera en el caso de una correlación de fuerzas mas favorable.

Voy a votar por el SI a la paz y la vida  en el Plebiscito porque es la salida más adecuada de la violencia y la guerra.

Lo más radical que se puede hacer con el lenguaje es mentir. Lo más radical que se puede hacer con los recursos públicos es robar. Lo más radical que se puede hacer con un ser humano es quitarle la vida. Lo más radical que se puede hacer con una nación es destruir su salud y educación. Lo más radical que se puede hacer con los principios es pronunciar su nombre en vano. Uribe Vélez y la ultraderecha que representa ha  sido el autor de los falsos positivos,  ha mentido, ha robado, ha desahuciado y ha pronunciado en vano no sólo el nombre de su propio dios, que no es el mío, sino también los nombres de la Democracia, la Justicia, los Derechos Humanos, el Bien Común y Colombia, que sí son de todos.

Los acuerdos de paz logrados en materia agraria, sobre democracia ampliada, víctimas, justicia, sobre las mujeres y los niños y sobre el desminado, es lo menos radical y lo más ajustado a la defensa de los bienes colectivos de 50 millones de seres humanos diezmados por la guerra y la violencia. Es lo único que puede parar la radicalidad rampante, política y económica, que se quiere imponer como regla en el mundo y en nuestra nación.

Voy a votar por el SÍ a la paz y a la vida en el Plebiscito porque defiendo la democracia y el Estado de Derecho, la división de poderes, la libertad de expresión y de prensa, la libertad sexual, la igualdad de género, el derecho al voto para todos, el imperio de la ley, el orden frente al mercado, la estabilidad frente a las reformas laborales, la normalidad frente a los recortes, la seguridad frente al ESMAD, la belleza frente a la corrupción de la mermelada y la Guajira, el realismo de Santos frente a la violencia de Uribe, el pragmatismo frente a la utopía de los ricos, la vida frente al gamonal, el error y la vacilación frente al tino infame de los mercados financieros.

Voy a votar Sí a la paz y a la vida en agradecimiento. En agradecimiento por los consensos conseguidos entre el gobierno y las Farc, que no son de “izquierda” ni de “derecha”; en agradecimiento por parar la feroz violencia entre guerrilleros y soldados; en agradecimiento por la esperanza dada a los campesinos; en agradecimiento por los derechos reconocidos a los movimientos sociales; en agradecimiento por las víctimas, las mujeres y los niños; en agradecimiento por la esperanza suscitada en millones; en agradecimiento, en definitiva, por haber regresado la historia al tiempo.

Voy a votar Sí a la paz por equilibrio, por democracia y por gratitud. Voy a votar el SÍ, con ilusión, a sabiendas de que, como mucho de lo acordado no se va a cumplir, me desilusionare. Me desilusionare seguro y, cuando ocurra lo diré. Pero ese es el orden: primero ilusionarse, luego desilusionarse. Habrá que desilusionarse. Pero para desilusionarse primero hay que ilusionarse. Quiero votar el SI ilusionado; tontamente, ridículamente ilusionado. Una victoria vencerá muy poco pero derrotará tanto que habrá que echar las campanas al vuelo y los sombreros al aire y el núcleo irradiador al viento. Ilusionémonos. No me gustan los ilusos. Pero tampoco me gustan los vivos que se reservan siempre un as negro en la manga, los que se avergüenzan de compartir pasiones y miran la fiesta por la cerradura o los que, conscientes de que acabarán desilusionándose, se ponen ya a cubierto, solemnes y autorizados, del inevitable, oracular y cuñadísimo “ya te lo decía yo”. Respetemos la secuencia. Votemos con ilusión y luego negociemos, razonemos, vigilemos y critiquemos con la cabeza fría y los principios enhiestos.

Votemos el SÍ a la paz y la vida. Votemos por moderación, democracia y gratitud. Votemos la paz  con ilusión porque es, de hecho, lo único que todavía pueden desilusionarnos.

De imponerse en el Plebiscito de la paz el No uribista, el retroceso politico para Colombia seria fatal. Seria el retorno a las epocas del Estatuto de Seguridad y los "falsos positivos".

No nos engañemos. Sin reservas, sin matices, sin paliativos, un triunfo del No uribista a la paz y a la vida en el Plebiscito sería una  catástrofe. No es una catástrofe para Santos o las Farc que han realizado un trabajo encomiable en La Mesa de diálogos en los últimos 60 meses.

Sería una catástrofe para Colombia, para América Latina y –no exageramos– para el mundo entero. Lo diré muchas veces y no lo hago porque me haya  vuelto de derechas o moderado. Nada de eso. Es doloroso realismo. La historia no es siempre más larga que la vida; hay veces en que la escala histórica es más corta que el curso de una biografía; más corta que un curso escolar; más corta que una primavera.

Hay que ser muy despistado para no inscribir una eventual victoria del NO uribista en un contexto mundial particularmente adverso, célere y explosivo: una América Latina en retroceso, un Oriente Próximo en llamas, una Europa y unos Estados Unidos en descomposición que se desplazan a todo vapor hacia la ultraderecha.

Sería un error interpretar esta deriva autoritaria en Colombia como la locura de un megalómano y, menos aún, como el resultado inexorable -por fin desenmascarado- de la estrategia del fascismo criollo. Una derrota de la paz habría que inscribirla al mismo tiempo en el nivel local, en el regional y en el global.

En el local, inseparable de los otros dos, un triunfo del No, que no hay que descartar, significaría el restablecimiento de la guerra antiterrorista y los “falsos positivos”, provisionalmente suspendidos o aliviados en los primeros años del gobierno de Santos. En términos regionales, significa el cierre definitivo del ciclo de cambios iniciado en 1999 con la revolución bolivariana. En cuanto a la dimensión global, el retorno ultraderechista se ajustaría a esa ola contra-revolucionaria -o de revolución negativa- que se extiende por todas partes y que no excluye ningún continente y ningún país.

En Colombia se impondría nuevamente el más crudo autoritarismo, tipo Estatuto de Seguridad y Seguridad Democrática, y ello en el marco de una contra-revolución global (o revolución negativa) que está desmantelando muy deprisa las esperanzas nacidas en 1999.

En un sector de la “izquierda” muy infantil y lumpenesca (trotskistas, maoístas y de ex magistrados lunáticos), de escritorio y mal informado, existe la tendencia a descalificar los Acuerdos  de paz de La Habana porque no son “socialistas”. Pero tampoco han sido socialistas los procesos chavista, el kichnerista y el lulista, y también han sido derrotados. Y lo mismo pasó en con el M15 de España y en Ocupy Wall Street y hasta Sanders es derrotado en EEUU en favor del radicalismo derechista de Clinton y Trump. En pocos años el retroceso ha sido brutal; tanto más brutal cuanto más parecía en 1999 que íbamos a emprender un gran salto adelante contra el neoliberalismo capitalista y en favor de la democracia global.

La contrarrevolución política, como el ser de Aristóteles, se expresa de muchas maneras. Es Uribe acá, PP en España, Le Pen en Francia, Erdogan en Turquía, Al-Sisi en Egipto, Al-Asad en Siria, PVV en Holanda, UKIP en Inglaterra, FPÖ en Austria, Macri en Argentina, Temer en Brasil etc. La batalla contra esas degradaciones políticas la vamos perdiendo, igual que la lucha de clases y por las mismas razones, pero sustituir un esquema campista ideológico, ya periclitado sobre el terreno, por uno cultural igualmente inválido sólo servirá, como quiere la contra-revolución en marcha, para que aceptemos ceder derechos y libertades en nombre de alineamientos identitarios, culturales y tribales. El radicalismo derechista de Macri o Temer puede adoptar  una forma  budista o laica. Sin embargo, es el conservadurismo social mayoritario el que legitima estas peligrosas derivas. Derechización institucional y populismo conservador van ganando terreno en todas partes y los enfrentamientos geoestratégicos, cada vez más volátiles y cruzados, no deberían engañarnos sobre lo que realmente está en juego. La tarea sigue siendo la misma que hace 15 años, hoy quizás un poco más difícil: hay que democratizar los conservadurismos sociales que atrapan a la multitud. El triunfo de Uribe y del No en el Plebiscito sería  una  pésima noticia para todos los  que luchamos por la plenitud de la democracia.

El triunfo de la paz en el contexto descrito no será  una revolución, por lo demás imposible: será un modesto dique a partir del cual se podrá revertir la tendencia rampante en nuestra sociedad y en la región.

Todo lo que no sea sumar votos para el SÍ a la paz y a la vida será un fracaso estrepitoso, no en términos numéricos sino políticos e históricos.

Colombia tiene  una oportunidad para frenar el precipicio y la puede perder. La historia a veces es más corta que la vida. Lo que falta ahora es tiempo.

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