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Blog de Horacio Duque Giraldo

Horacio Duque Giraldo

Horacio Duque Giraldo

Académico y periodista alternativo

Archivo de columnas en ANNCOL 

Horacio Duque.

La defensa y proteccion de los Acuerdos de paz de Cartagena requiere una accion agil y urgente de las partes involucradas.

Hay que profundizar la accion de masas en defensa de la paz, con tomas agrarias, indigenas y afros de los grandes centros urbanos del pais, en esta primera quincena del mes de octubre

Hay que consolidar el Cese bilateral del fuego y hostilidades, aplicando de inmediato los protocolos correspondientes.

La política vive de contragolpes. De maniobras sorpresivas. Quien esté involucrado en dicho mundo sabe a qué atenerse y construye sus propias estrategias para alcanzar unos objetivos concretos en la disputa por el poder para materializar determinadas ideas.

Tengase en cuenta para ilustrar esta afirmacion lo ocurrido con el plebiscito del pasado 2 de octubre.

Gramsci, en un modelo que comparto plenamente, decía que se pueden encontrar en el arte de la política dos tipos de estrategia: la guerra de movimientos como lucha frontal y armada para la conquista directa del poder y la guerra de posiciones, o de trincheras, si se quiere,  como una lucha hegemónica para ganar posiciones.

En gran medida, las conversaciones de paz entre el gobierno de Santos y las Farc, nos han dibujado un gradual tránsito hacia la guerra de posiciones, hacia la lucha de trincheras contra hegemónica.

El transito no luce pacífico y tendrá muchos traumatismos, pues la ultraderecha más retrograda pretenderá hacer prevalecer sus posturas intransigentes.

Esa es la conducta normal de tales facciones políticas. Mírese sino a España, en la actual coyuntura, con el bloqueo e interinidad institucional provocada por Mariano Rajoy y el Partido Popular. Su rechazo a las demandas de cambio planteadas por los indignados y Podemos son de una ferocidad implacable. No ahorran recurso para obstaculizar los cambios urgentes en el Estado y la sociedad.

En nuestro caso, superar el atascamiento generado por los resultados del plebiscito, implica comprometer mucho tino y olfato por las partes comprometidas en la construcción del Acuerdo de paz de Cartagena. Nada de dogmatismos y rigideces que afecten las salidas adecuadas. Mucha iniciativa, flexibilidad y resiliencia.

Uribe y su bloque reaccionario, trabajan para destruir lo avanzado y consolidar su estrategia de regreso a la cabeza de la Presidencia de la Republica. Su plan es convertir los consensos de La Habana en otro caballito de batalla de una campaña electoral prematura. En igual sentido se mueven Vargas Lleras y Ordoñez, estimulados por la idea de llegar, en el 2018, a la Casa de Nariño.

Es lo que obliga a los otros actores a definir rutas de protección de la paz. Hay que actuar con celeridad y rapidez, adoptando los esquemas correspondientes. Claro está, sobre la premisa de escuchar las inquietudes de los opositores, a las diversas tendencias que promovieron el No en las votaciones del 2 de octubre, sin dilaciones y debates desgastantes.

Debe haber un límite prudente y tomar las determinaciones necesarias que partan del reconocimiento de la integralidad de los consensos de paz, firmados por Santos en virtud de las facultades concedidas por las votaciones que lo escogieron como Presidente de la Republica.

Hay salidas.

Santos no ha perdido sus facultades constitucionales y legales, y las Farc se han consolidado como un actor central del campo político para hacer prevalecer las conquistas alcanzadas, que son las de una potente mayoría social y agraria

Punto clave en todo esto es la movilización de la sociedad civil. Están en curso grandes acciones de masas como las protagonizadas en Bogotá, Medellín, Cali, Armenia,  pero se requiere la presencia contundente de los campesinos, indígenas y afros con huelgas, paros, bloqueos de autopistas, como las registradas hace unos meses con la Minga étnica.

Hay que reforzar las tomas agrarias de los grandes centros urbanos, previstas para esta primera quincena de octubre.

Hay que comprometer a los educadores, a Fecode, a la CUT, a los pensionados, a las organizaciones de mujeres, de desempleados y otras manifestaciones del mundo popular y la multitud para que hagan sentir la potencia de su compromiso con la paz.

Hay que dar forma ya a una masiva resistencia civil contra la guerra y la violencia promovida por la ultraderecha violenta, fascista y paramilitar.

Entre tanto hay que afincar aspectos nodales de las negociaciones.

Me refiero al Cese bilateral del Fuego y hostilidades, al funcionamiento del Mecanismo tripartito de Verificación en el que participa la ONU y a la revisión de la situación de las personas detenidas por sus vínculos con las Farc.

Respecto del Cese Bilateral del Fuego y Hostilidades deben las partes proceder con los correspondientes Protocolos diseñados para hacer efectivo tal evento.

El Señor Ministro de la Defensa, Doctor Luis Carlos Villegas, ha dicho que ese es su compromiso y ha dado órdenes para que se avance en acciones muy concretas. Eso es serio y responsable y merece el apoyo de la sociedad.

Como parte del tratamiento de tal mecanismo, me permito hacer una relación de dichos protocolos.

Protocolo y Anexo del capítulo de Introducción del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Dicho Protocolo está integrado por las fases de planeamiento y ejecución, que permite: el despliegue del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) a nivel nacional, regional y local para que pueda realizar su labor; la adaptación de los dispositivos en el terreno; el funcionamiento de las 20 Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN) y los 7 Puntos Transitorios de Normalización (PTN) que se han definido de común acuerdo.

Protocolo con las reglas que rigen el Cese al Fuego y de hostilidades bilateral y definitivo.

Las conductas que se describen en el mismo son el núcleo principal de la actividad que tendrá el mecanismo de monitoreo y verificación (MM&V). Son reglas que buscan evitar situaciones que pongan en riesgo el cumplimiento del acuerdo de CFHBD. Son conductas que NO deben ser realizadas, y que buscan que la población civil no sea afectada en sus derechos.

El Gobierno Nacional y las FARC-EP se comprometen a no realizar en virtud de dicho Protocolo las siguientes acciones: 1. Entrar en contacto armado. 2. Impedir u obstaculizar la labor del MM&V. 3. Ocultar información que sea relevante para el funcionamiento del MM&V y la implementación del acuerdo del CFHBD. 4. Desplegar unidades armadas y personal no autorizado en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (ZVTN) - Puntos Transitorios de Normalización (PTN) y Zonas de Seguridad (ZS), bajo las condiciones definidas en el Acuerdo del CFHBD. 5. Adelantar acciones que impidan la protección o asistencia humanitaria. 6. Utilizar lenguaje difamatorio por cualquier medio. 7. Ejecutar actos de violencia o cualquier amenaza que ponga en riesgo la vida e integridad personal contra la población civil, especialmente aquellos por razón de género. 8. Realizar acciones que atenten contra la integridad física o moral de la contraparte. 9. Realizar acciones que vayan en contra de la integridad y seguridad física del personal que conforma el MM&V. 10. Interferir en la labor del CI-MM&V frente a los procedimientos técnicos de registro, identificación, monitoreo y verificación de la tenencia, recolección, almacenamiento, extracción y disposición final del armamento de las FARC-EP. 11. Usar las Rutas de Desplazamiento, la adecuación de los dispositivos en el terreno, las ZVTN, los PTN y las Zonas de Seguridad para fines o propósitos diferentes a los acordados en el marco del CFHBD. 12. Transgredir los acuerdos y protocolos relacionados con el ingreso y salida de las ZVTN y los PTN. 13. Hacer presencia temporal ó permanente en las zonas de seguridad delimitadas previamente de común acuerdo. 14. Transgredir los compromisos adquiridos en el Acuerdo sobre CFHBD. 15. Afectar los derechos y libertades de la población civil. 16. La Fuerza Pública mantendrá el cumplimiento de la Ley y en especial de la sentencia –T-455 de 2014- de la Corte Constitucional sobre la incorporación de integrantes a sus filas; y por su parte las FARCEP no incorporará nuevos hombres y mujeres en sus filas (guerrillas y milicias).

El Gobierno Nacional se compromete a NO realizar en virtud del Protocolo las siguientes acciones: 1. Tener trato discriminatorio con el personal objeto de este acuerdo. 2. Diseñar, planear y ejecutar vuelos militares, por debajo de 5.000 pies de los niveles de vuelo. 3. Diseñar, planear y ejecutar operaciones de acción ofensiva contra los integrantes de las FARC-EP (guerrilla – milicias) que se encuentren en cumplimiento del acuerdo de CFHBD. 4. Controlar el suministro de alimentos y medicamentos destinados a las áreas definidas en las ZVTN y los PTN. 5. Afectar o dañar las instalaciones adecuadas en las ZVTN y PTN. 6. Ingresar a las ZVTN, PTN y a las franjas de seguridad sin informar o coordinar con el MM&V. 7. Hacer propaganda hostil en contra de las FARC-EP. 8. Obstaculizar el desplazamiento de los integrantes de las FARC-EP hacia las ZVTN y los PTN. 9. Obstaculizar la atención médica a los integrantes de las FARC-EP.

Las FARC-EP se comprometen a NO realizar en virtud del Protocolo las siguientes acciones: 1. Hacer presencia armada y uniformada en cualquier lugar diferente a los campamentos. 2. Salir de las ZVTN o de los PTN sin cumplir los procedimientos acordados en materia de seguridad para los desplazamientos. 3. Adquirir, fabricar, portar o transportar armas municiones y explosivos no autorizados en el acuerdo del CFHBD. 4. Interferir en el normal desarrollo de las funciones de las autoridades civiles, militares y de policía. 5. Cometer actos de destrucción o de daño material, de las obras e instalaciones, infraestructura, instalaciones gubernamentales y de la Fuerza Pública. 6. Realizar actividades ilícitas para la financiación de la organización. 7. Incrementar su capacidad de combate. 8. Comercializar o preparar depósitos clandestinos de armas y pertrechos. 9. Modificar sin justificación la cantidad y relación de personas y armas autorizadas para permanecer en los Campamentos. 10. Incumplir el procedimiento técnico acordado de registro y almacenamiento de las armas correspondiente a los y las integrantes de las FARC-EP que salen al cumplimiento de las tareas del proceso de paz y de los y las integrantes de esta organización asignados al MM&V.

Protocolo del capítulo sobre el despliegue del Mecanismo de Monitoreo y Verificación del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Alistamiento y despliegue del Mecanismo de Monitoreo y Verificación del Cese al fuego bilateral.

El Gobierno Nacional y las FARC-EP, acordaron este protocolo que consigna el cronograma para el alistamiento y el despliegue del MM&V del CFHBD. Contempla la adecuación de las instalaciones, la capacitación del personal, el acoplamiento de los equipos en las tres instancias y el despliegue del MM&V.

Protocolo del capítulo Monitoreo y Verificación: flujo de la información del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Protocolo del capítulo de Monitoreo y Verificación: Comunicaciones estratégicas del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Este protocolo consigna un procedimiento uniforme sobre cómo optimizar las acciones y productos de comunicación fruto de las actividades del MM&V. El documento orienta esfuerzos hacia las principales audiencias o públicos de interés: la población civil nacional e internacional, las y los integrantes del Gobierno Nacional y de las FARC-EP.

Protocolo del capítulo de Monitoreo y Verificación: Observación y registro del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Objetivos del monitoreo. La información tiene un papel determinante, la forma como se obtiene, se acopia y se procesa es fundamental para el buen desempeño del Mecanismo. Una información mal obtenida, con sesgos o que genere baja confianza no tiene la calidad requerida para un efectivo proceso de validación. Las tareas principales del monitoreo son la observación, búsqueda, acopio y sistematización de la información relacionada con hechos que constituyan una violación del Acuerdo de CFHBD, o que representen una amenaza para el correcto cumplimiento del mismo. Los monitores documentan hechos por iniciativa propia o tras recibir una solicitud o denuncia de un hecho que se presume violatorio o amenaza al Acuerdo de Cese bilateral del fuego.

Coordinación del Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) por parte del Componente Internacional.

Protocolo del capítulo de Monitoreo y Verificación: Código de conducta para las y los integrantes  del Mecanismo de Verificación.

El Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) está integrado por representantes del Gobierno Nacional, de las FARC-EP y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), incluyendo observadores internacionales, en particular de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe. (CELAC). Para el Gobierno Nacional, para las FARC-EP, y para la población colombiana, el MM&V es una garantía de cumplimiento de los compromisos adquiridos en el Acuerdo de CFHBD.

La composición tripartita del MM&V facilita la solución de controversias e incidentes que puedan surgir en la implementación del Acuerdo de CFHBD; y mediante la cooperación y buena comunicación entre las y los integrantes del Mecanismo se fortalece la confianza entre la ONU, Gobierno Nacional y las FARCEP para la consolidación del proceso de paz. Teniendo en cuenta estas responsabilidades, los códigos de conducta que cada parte del componente del MM&V aplica a sus integrantes, deben llenar las expectativas que la población colombiana y la comunidad internacional albergan acerca de nuestras acciones y nuestro comportamiento.

De común acuerdo se establece el siguiente código de conducta para las y los integrantes de los tres componentes del MM&V así:

Protocolo del capítulo de Monitoreo y Verificación: solución de controversias del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

Protocolo del capítulo de Monitoreo y Verificación: mandato del MM&V del Acuerdo de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo (CFHBD).

El Gobierno colombiano y las FARC-EP acuerdan constituir el Mecanismo de Monitoreo y Verificación (MM&V) para el Cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo (CFHBD), enmarcado en el “Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera” del 26 de agosto de 2012 y en función de lo establecido en el Acuerdo del Cese al fuego y hostilidades bilateral y definitivo y Dejación de las armas. Su instalación se efectúa de acuerdo a las condiciones definidas por el Gobierno Nacional y las FARC-EP. El seguimiento al MM&V es acordado entre el Gobierno Nacional y las FARC-EP.

 

 

 

 

Horacio Duque.

Santos busca una salida desesperada a su complicada situacion derivada de la derrota del plebiscito.

Va a competir con Uribe y Pastrana para destruir, via ataques aereos y bombardeos continuados, a las Farc y sus frentes guerrilleros.

Lo que quiere Santos (y Uribe/Pastrana, obviamente) es el exterminio de las Farc.

De Santos se puede esperar todo.

Suficiente con recordar la acción militar que líquido a Alfonso Cano en medio de las conversaciones reservadas para establecer una Mesa de diálogos.

Su juego es perverso e implacable. Son frías sus lógicas de poder.

Así como te da cuchillo, bien puede insinuarte, a través de un atolondrado emisario, que tienes tu vida a su disposición porque ejerce pleno control sobre todos tus movimientos. Que importa si el artefacto es una BlackBerry intervenida desde la Dirección de Inteligencia. Aquí todo vale y mejor te pones a salvo con mi acto “amigable” generador de confianza. Esas son las reglas de la negociación de conflictos.

Santos no es ninguna alma de Dios. Ninguna perita en dulce.

Es tan, o peor, de perverso que todos los de la patota que dominan esta desventurada nación. Nada que envidiarle a un forajido como Uribe, a un malandro perfumado como Pastrana o a un ave de rapiña como Vargas Lleras.

Se trata de un muy sofisticado tahúr, de un compulsivo jugador de póker, como correctamente lo percibe Alberto Pinzón, el psiquiatra.

Es su talento y su pericia. Toda canalizada para acumular poder y riqueza.

Así llego hasta el sito en que esta.

Morirá en ese mundo áspero de las jugadas de mano.

En lo atinente a su paz neoliberal no hay ninguna intención magnánima de por medio.

Primero los negocios. Primero el capital y las ganancias. Los demás que se jodan. Ese cuento de los pobres y la patria no es con él.

Su cacareada paz es para profundizar el modelo neoliberal con la megamineria y el agro negocio en la Altillanura de la Orinoquia.

Es para ese objetivo que quiere extirpar la guerrilla, eliminarla de las geografías ricas en minerales, en oro, en petróleo, en agua, en biodiversidad y en potenciales para la producción agrícola.

Nada de afanes altruistas y humanistas para hacerse con un nobel. Aunque ese no era un premio desestimable. Un trofeo para sumar a su adorno y boceleria.

Pero como la vida no es un camino de rosas, construir el mundo dorado del neoliberalismo le exigía  dialogar y negociar con un contendor de quilates.

Con las Farc.

Con un movimiento cargado de historia, resistencia y potencia transformadora. Con un movimiento social y político programático, conformado durante décadas para promover cambios estructurales en la arcaica sociedad imperante en Colombia. Para darle la tierra a los campesinos, la democracia a los excluidos, la tolerancia al adversario, la palabra al opositor, la convivencia a la comunidad, los derechos a las víctimas, la rectitud al compromiso establecido y la ilusión del socialismo a las mayorías.

En suma, con un movimiento cargado de conciencia, ética, disciplina y responsabilidad histórica.

Técnicamente no había alternativa. Una guerra prolongada es insostenible. Un gasto militar descomunal como el del Estado colombiano diezma cualquier economía. Si los imperios caen (como le ocurrió a la ex URSS y le ocurre hoy a USA), según la brillante tesis de Paul Kennedy, por causa de un gasto militar asfixiante y depredador, con mayor razón un pequeño Estado como el Colombiano, sin recursos y carcomido por el burocratismo clientelar. 500 mil soldados son una pesada carga que termina arruinando cualquier presupuesto.

Pasaran décadas y ese monstruo burocrático militar nunca podrá destruir una deletérea guerra de guerrillas que tiende a cobrar formas cuasi estatales para dar sustento a sus bases de apoyo. ¿O acaso es que la guerrilla, tanto la de las Farc como la del ELN, no tiene formas estatales en muchas regiones de la geografía nacional?

Y bien.

Tomada la decisión de negociar, el resultado que a la fecha de hoy tenemos es un importante documento programático conocido como Acuerdo de paz de Cartagena. Es el fruto de varios años de arduos trabajos y complejas reuniones. Un documento de 297 páginas, que así no le agrade a la ultraderecha y a otras almas intolerantes, será el referente de sentido para el movimiento popular y la multitud que articula múltiples tendencias de la diversidad social.

Con un plus adicional. La comunidad internacional en sus referentes de peso (ONU, gobiernos, UE, partidos, movimientos) lo conoce y sabe de sus nada desproporcionados alcances. Es lo que regularía una sociedad medianamente moderna, al decir de Barrington Moore en sus estudios sobre los orígenes sociales de la dictadura y la democracia.

Pero, se presentó el tropiezo del plebiscito del 2 de octubre.

Las mentes se confunden y cunde el desespero.

Es cuando hay que estar más atentos para evitar fugas suicidas y golpes de mano.

Santos dice que no hay tiempo. Lo expresa en momentos en que se ve obligado a conversar con su contrincante intraclase. Con la facción oligárquica más recalcitrante y obtusa. Con la insolencia despótica del latifundio feudal. Con la patanería provinciana, acostumbrada al desafío y la pistola.

El riesgo de la aventura es muy grande.

Colocado a la deriva y hecho una ruina política, bien puede Santos querer picar en punta para demostrar fuerza.

Lo de un nuevo Frente Nacional o una manguala 3.0 bien podría ser un juego de niños. Un artilugio para calmar la galería.

Lo peor. Lo más grave es un Plan B santista para adelantar una guerra relámpago, una  blitzkrieg hitleriana, para copar campamentos y asesinar en masa a líderes y combatientes guerrilleros. Una operación tipo Tamil para exterminar toda existencia guerrillera.

Ese es el escenario perfecto codiciado por la elite oligárquica dominante, local e internacional.

No es fantasía.

Los riesgos son muy grandes.

Hay mucha información e inteligencia acumulada por los aparatos militares del gobierno para proceder a una masacre apocalíptica.

Me parece que se ha pecado y se peca por ingenuos.

Renunciar a la esencia móvil de la guerrilla es un craso error.

Lo que no quiere decir renunciar al Cese Bilateral del juego. Es la conquista efectiva más importante alcanzada hasta el momento.

La hipótesis de las zonas veredales y campamentarias, tan codiciadas por Pastrana, el artífice del plan Colombia, junto con una precipitada y anárquica dejación de las armas es una peligrosa y perfecta entelequia acariciada por el militarismo golpista de los Kfir.

En todo caso, es necesario regresar a la política o a lo político.

Téngase en cuenta que con la cruel derrota del 2 de octubre, Santos ceso sus competencias regulares, quedo a la deriva y los próximos meses, 20 pienso yo, hasta la elección del próximo jefe de la Casa de Nariño, serán una pista sintética para el protagonismo electoral de Uribe y sus tres pollitos (Duque, Zuluaga y Holmes), de Vargas Lleras, Sergio Fajardo, Ordoñez, Jorge Robledo y de pronto Cepeda, sino es que lo inhabilitan esta semana que viene.

Parece ser la conjetura más probable sin descartar cualquier pataleta violenta de Santos y sus generales de confianza, dotados de mucho dato delicado de la guerra de guerrillas.

Nota. No todo es malo en el resultado de las votaciones del plebiscito. Lo mejor fue la esplendorosa derrota de Cesar Gavira y su comparsa de sirvientes bien pagados. Cuando Santos puso al frente de la campaña del plebiscito a Gavira, emblema del neoliberalismo, y le agregó toda la clase politiquera de gamonales emermelados, la derrota era previsible. La vieja clase politiquera de caciques electorales se metió al plebiscito para seguir robando y para reencaucharse. Pero les salió el tiro por la culata.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Horacio Duque.

La oligarquia busca un pacto tipo frente nacional para intentar solventar la crisis desatada por el triunfo del No a la paz en el plebiscito del pasado 2 de octubre.

Santos, Uribe y Pastrana se reunen para enterrar la  apertura democratica y la paz con justicia social.

Se quiere desconocer el Acuerdo de paz de Cartagena para imponer una paz neoliberal, de los sepulcros y los falsos positivos.

Es difícil agotar la reflexión sobre el significado, el sentido y las implicaciones del plebiscito del pasado 2 de octubre y la derrota del Acuerdo de paz firmado en Cartagena para poner fin al conflicto armado, por el triunfo de la campaña del NO promovida por el  ex presidente Uribe Vélez y su partido el Centro democrático.

Las derivaciones serán diversas y el campo político y social, sentirá gradualmente los impactos correspondientes.

Ofrezco algunas valoraciones de mi propia cosecha con el fin de contribuir al debate en curso, enfocado en interpretar las probables rutas de la historia futura de Colombia.

Primera.

El pasado 2 de octubre llego a su fin el segundo periodo presidencial de Juan Manuel Santos. Su desgaste llego al máximo nivel con la derrota plebiscitaria de su principal bandera, la de la paz neoliberal. La baja aceptación que arrastraba Santos entre los colombianos, desde hace más de dos años, como resultado de su impopular gobierno, al servicio de las oligarquías, prácticamente quedo en ceros con la reciente debacle electoral. El Jefe de la Casa de Nariño perdió su gobernabilidad, agudizando la crisis del sistema político que seguirá a la deriva. Los próximos 20 meses de Santos serán completamente irrelevantes. Sera como un corcho en un remolino dando vueltas sin llegar al fondo y sin avanzar a ninguna parte.

Las renuncias de los Ministros seran el pan de cada dia y la inestabilidad sera cronica.

En este desorden y anarquía, los militares anticomunistas seguirán desafiando con sus vuelos rasantes de Kfir sobre la Casa de Nariño para notificar que ellos son el verdadero poder.

Regresara el autoritarismo y los estados de excepcion para aplastar la rebelion popular.

Dos.

El triunfo del NO, por un escaso margen, más que una solución a nuestros problemas, es igualmente el reflejo de la profunda crisis sistémica que carcome el sistema político. La manipulación antropológica con mentiras y miedos de la campaña contra la paz promovida por Uribe Vélez, es un síntoma de la crisis generalizada de nuestra sociedad que se margino ampliamente de las votaciones, pues la abstención fue del 63% y la baja participación se consiguió mediante una absurda agitación del miedo, el resentimiento y el soborno clientelar desde el oficialismo santista.

Tercero.

El fiasco del SI y la motivación del No, debe buscar una explicación clave en la manipulación clientelar y la corrupción de las campañas gubernamentales sustentadas en la mermelada, la contratación a dedo y una falsa pedagogía que disfrazaba la propaganda oficial. Haber colocado al frente de la maquinaria del SI, al señor Cesar Gaviria, emblema del neoliberalismo más salvaje, y a la camarilla de los gamonales fue fatal. Un anuncio anticipado de la derrota del domingo pasado. Muchos de los votos por el NO fueron más bien una protesta contra esta mafia saqueadora del presupuesto público.

Cuarto.

La Izquierda postplebiscito se consolida como una colcha de retazos y un ente descuadernado que, de no replantearse rápidamente en todos los aspectos, políticos, programáticos y organizativos, tendera a desaparecer en su actual versión. Los movimientos y tendencias que se presentan como de izquierda fueron y serán marginales por causa de su prepotencia, engreimiento, dogmatismo y sectarismo. Por causa de sus pequeños y cómicos caudillos de vereda. Sus prácticas son aberrantes, por no decir ridículas. Delirantes y desfasadas de nuestra realidad popular y cultural. Necesitamos una Nueva Izquierda, acorde con el Acuerdo de Paz y la transición a un nuevo ciclo político. Necesitamos una izquierda dispuesta a asumir los retos de la construcción de una nueva hegemonía en la batalla de las ideas.

Quinto.

En el postplebiscito se destapara la gigantesca crisis económica, fiscal y financiera que ha sido maquillada por la mentira santista. Tendremos un cataclismo económico, presupuestal y financiero. La reforma tributaria, que ha proyectado el Fondo Monetario, azotara con severidad a millones de colombianos pobres, con el incremento del IVA y otros tributos diseñados para afectar a la población y exonerar a los ricos. Estas medidas, obviamente, desataran la ira y el rechazo social que se manifestara en acciones de protesta y huelgas.

Sexto.

La paz se sostendrá en sus elementos más importantes como el Cese Bilateral del Fuego y hostilidades. No habrá desplazamiento de la guerrilla a las mencionadas zonas veredales y menos dejación de las armas en los próximos meses. El movimiento guerrillero avanzara con nuevos referentes de inserción en la movilización política y social sin renunciar a sus principales conquistas y acumulados. En tal sentido no es descartable nuevas conferencias y encuentros guerrilleros para definir colectivamente las rutas a seguir.

Séptimo.

El texto del Acuerdo final de paz, construido en la Mesa de diálogos de La Habana, en los  últimos años será defendido en su integridad por un potente movimiento social y popular que se construirá como sujeto central del campo político.

Manifestaciones, marchas, plantones, agitación en los medios, conferencias, mesas redondas, debates, redes sociales y otros repertorios de los movimientos sociales harán parte de una potente campaña que demandara el fin de la guerra y el inicio de la construcción de la paz.

Octavo.

Los intentos por revivir un frente nacional o un pacto oligárquico para reconducir el proceso de paz en los términos de la impunidad y la visión retrograda del uribismo y la ultraderecha fascista serán resistido por el pueblo y las fuerzas democráticas. Un acuerdo Santos-Uribe-Pastrana esta en contravía de la apertura democrática y la paz con justicia social consignada en el Pacto final de paz firmado el 26 de septiembre en Cartagena entre Santos y el Comandante de las Farc Timoleon Jiménez.

Noveno.

Ayer 3 de octubre quedo dibujada la campaña electoral para escoger el próximo Presidente del gobierno. Serán casi 20 meses de ese sainete. Uribe y su candidato (Duque, Holmes o Zuluaga), Vargas Lleras, Sergio Fajardo, De La Calle, serán los personajes más mencionados en la vida pública y sus imágenes y discursos intentaran engañar, nuevamente a la sociedad. Entre tanto, como en los últimos 30 años, las guerrillas revolucionarias representadas por las Farc, el ELN y el EPL, serán el caballito de batalla de todos para el momento de hablar o vincularse con los demás.

La paz y las guerrillas, será el tema que utilicen estos candidatos para estigmatizar o definir, con golpes de sorpresa, un eventual triunfo presidencial

Decimo.

La hipótesis de convocar y organizar una Asamblea Constituyente soberana y popular cobrara forma para darle una salida al Acuerdo de paz.

Once.

La comunidad internacional no saldrá de su sorpresa y confusión con  los resultados tan absurdos del plebiscito. Nos verán como unos locos y desadaptados. Como una sociedad arcaica y confesional. Como unos trogloditas jurásicos que votamos para que una guerra continúe y la paz no prospere.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Horacio Duque.

Ante los resultados adversos en el plebiscito de la paz, lo conveniente no es precipitarse con formulas confusas e improvisadas.

Lo que procede es defender El Acuerdo de paz consolidado, fruto de un intenso trabajo de la Mesa de dialogos de La Habana. 

Unos meses mas de conversaciones, con la reapertura de los dialogos de paz, para tratar los temas propuestos por los del NO, es la ruta sensata para el proyecto orientado a poner fin al mas prolongado conflicto armado de la historia colombiana.

Las votaciones del plebiscito no han sido el mejor momento para la paz en Colombia. Un núcleo de fuerzas bastante conservadoras, lideradas por Uribe Vélez, que reúne expresiones políticas retardatarias, militares y oscurantistas, ha logrado unas precarias mayorías en favor del NO para desconocer los pactos de paz consolidados entre el gobierno de Santos y las Farc.

Por el SI a la paz votaron millones de colombianos, defendiendo la ruta del fin de la guerra y la violencia que por décadas ha azotado a la sociedad colombiana.

Al término de los escrutinios emerge un cuadro político bastante nítido, que no debe ser omitido en la proyección de los escenarios futuros.

Obviamente no se trata de desconocer el peso y significado de la votación contraria a los resultados de las conversaciones de paz.

Tampoco es realista ignorar los más de seis millones de votos que ofrecieron su respaldo a los consensos alcanzados en los diálogos de La Habana.

Los tres actores relevantes involucrados –Santos, Uribe, Farc- han emitido sus discursos y el saldo neto es la hipótesis de un gran pacto político para proseguir en la búsqueda de la terminación de la guerra.

Ya no vale llorar sobre la leche derramada ni destruir lo avanzado.

Es probable que una Asamblea Constituyente se avizore por algunos como un escenario pertinente a los efectos de terminar el tejido de una institucionalidad y un modelo acorde con la reconciliación. Pero, a la luz de los resultados plebiscitarios, favorables, por donde se les mire, a las fuerzas del establishment (uribistas y santistas), una corporación de esas características no sería claramente un escenario amigo de las transformaciones prioritarias que demanda la crisis sistémica vigente, que seguramente se complicara con el destape del calamitoso diagnostico económico, con múltiples proyecciones en la bancarrota fiscal, el desbalance internacional, la mediocridad del PIB, el auge del desempleo, el aumento de la inflación y el escepticismo de los capitales internacionales.

¿Que tal una Constituyente controlado muy probablemente en un 95% por el santismo de la Unidad nacional y el uribismo catolicomilitarista y anticomunista? 

Ahi si, apague y vamonos. Seria el apocalipsis total. El fin de la historia.

Lo realista es considerar los avances logrados en más de cinco años de conversaciones.

Hay un Acuerdo de paz, con cerca de 297 páginas, que ya ha sido firmado por las partes correspondientes y con elementos concretos para superar las causas de la guerra en el ámbito agrario, político, de las víctimas, los actores del conflicto, los cultivos de uso ilícito, los derechos de las víctimas y la implementación de los consensos.

Lo sensato es proteger dicho Tratado y proceder a reabrir los diálogos para escuchar las demandas de las franjas adversas que promovieron el NO.

Que se analicen las propuestas uribistas en lo relacionado con los temas de justicia, elegibilidad política, cultivos de uso ilícito, seguridad jurídica de los consensos, conexidad para los efectos de la amnistía y la constitucionalidad de la paz.

Que se reabra la Mesa de La Habana así eso signifique unos meses más de trabajos e intercambios entre las partes.

Es mejor avanzar con calma y ponderación.

Queda probado que la precipitud y los apremios del Señor Santos son la vía perfecta para el desastre.

Para el fracaso y el estropicio.

Tanto fregar con el Plebiscito. Tanto presionar para cerrar a las carreras los diálogos de La Mesa de La Habana quedaron reflejados en el resultado adverso de ayer domingo.

Lo mejor es no entrar en pánico y coger el toro por los cachos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Horacio Duque.

La paz puede hacerse una realidad a condicion de que la reclamada depuracion de las Fuerzas Armadas y el cambio de sus manuales contrainsurgentes y anticomunistas se de rapidamente.

La Fuerza Aerea Colombiana, ejecutora de las mas siniestras acciones contra la resistencia campesina revolucionaria, se erige en la punta de lanza del sabotaje de la ultraderecha militarista contra los tratados de paz.

La provocadora y arbitraria presencia  de los aviones Kfir de la Fuerza Aérea colombiana en los cielos de Cartagena en momentos en que el Comandante Timoleon Jiménez pronunciaba su histórico discurso para dar acogida a los Acuerdos de paz que ponen termino al prolongado conflicto armado nacional, es un clarísimo síntoma de lo que nos espera en la transición hacia la paz para impedir que la misma se haga realidad mediante la aplicación de los pactos alcanzados en materia política, agraria, cese bilateral del fuego y justicia.

Un potente bloque de ultraderecha se está reorganizando para sabotear e impedir que la paz cobre forma, para mantener el miedo, la violencia, la intimidación y el atropello a los más débiles de la sociedad.

Dicho bloque retardatario tiene como eje articulador el denominado Centro Democrático de Uribe Velez, conocido caballista y parapolítico de vieja data.

Pero allí concurren otras facciones y pandillas violentas que se identifican en prácticas sangrientas.  

En este caso concreto me refiero a núcleos muy poderosos de las Fuerzas Armadas, con oficiales fascistas y anticomunistas, que, en el simulado y obligado  reposo actual, preparan el zarpazo a la paz.

Por los hechos sombríos y prematuros de Cartagena, queda en evidencia que es en la Fuerza Aérea donde se mueven los mas peligrosos halcones adictos a la guerra y al ataque a las conquistas democráticas y progresistas incluidas en el Pacto de la paz firmado con las Farc.

La FAC, cuyo actual comandante es Carlos Eduardo Bueno Vargas, es una de las ramas de las Fuerzas Armadas de Colombia, protagónica en años recientes de las más siniestras operaciones de exterminio  y aniquilación de los dirigentes e integrantes de la resistencia campesina revolucionaria.

Está integrada por 14 mil unidades y está organizada en diversos comandos. En cada comando existen Grupos Aéreos que se encargan de la administración de Escuadrones con funciones específicas: Combate, Transporte, Formación, Inteligencia y Evacuación médica/CSAR.

La FAC es un nido de elementos anticomunistas y contrainsurgentes con amplia influencia de las doctrinas imperialistas difundidas en las escuelas militares gringas a las que tienen acceso permanente los militares colombianos, quienes regresan a darle aplicación a los catecismos impartidos por los gorilas del Norte.

Esa formación retardataria es la que nos explica el desempeño autoritario y antidemocrático de la Fuerza Aérea Colombiana y sus más altos oficiales.

No es de extrañar que desde tal referente institucional se alimenten grupos paramilitares extremistas, encaminados al exterminio de los dirigentes del nuevo movimiento que conformen las Farc en virtud de los consensos alcanzados recientemente.

La cosmovisión que prevalece en la FAC es la misma que está instalada en Brigadas, Batallones y comandos militares y policiales.

En esos términos se torna prioritario adelantar la más amplia depuración de los institutos armados del gobierno y modificar las doctrinas y manuales anticomunistas que apalancan el comportamiento contrainsurgente y ultraderechista de las unidades armadas.

De no darse esta trascendental medida es seguro que la paz no avanzara a los ritmos deseados y los obstáculos crecerán porque desde los espacios militares actúan potentes factores adversos al fin de la guerra.

A la luz de los graves hechos de Cartagena, debe ser la Fuerza Aérea el primer lugar en que se dé un revolcón estremecedor para excluir de allí los elementos provocadores que están dispuestos a  ejecutar operaciones demenciales que pongan en riesgo la paz ansiada por millones de colombianos.

Quien debería dar un paso al costado, en primer lugar, es el actual Comandante de la FAC, Carlos Eduardo Bueno Vargas y su camarilla de peligrosos asesores.

 

 

 

 

 

 

 

La presencia provocadora de los aviones Kafir en la ceremonia de la firma de los Acuerdos de Paz en Cartagena, el pasado 26 de septiembre constituye una clara advertencia de los enemigos agazapados y explicitos de la construccion de la paz.

Se trato de un grave hecho politico frente al cual el actual comandante de la Fuerza Aerea, Carlos Eduardo Bueno Vargas, debe asumir su responsabilidad apartandose del cargo que ostenta.

Bueno es un francotirador uribista que quiere perpeturar el negocio de la guerra y de las mafias paramilitares y narcotraficantes  anticomunistas.

Santos, no hay paz con generales fascistas y sin que se depuren y reformen a fondo las Fuerzas Armadas tal como quedo establecido en los Pactos de paz.

Fuera Bueno de la Fac!!!.

Que se vaya inmediatamente.!!

Horacio Duque.

La presencia amenazante, provocadora y grotesca de los aviones Kfir de la Fuerza Aérea Colombiana en la ceremonia de la firma de los Acuerdos de paz en Cartagena el día 26 de septiembre hay que evaluarla en sus correspondientes proporciones e intenciones.

El mensaje tiene varias aristas.

Se trató de intimidar el liderazgo guerrillero para advertir que los generales han triunfado en la guerra contrainsurgente y anticomunista adelantada por décadas contra el pueblo y los campesinos colombianos.

Se quería poner en evidencia que ha sido la infraestructura de la Fuerza Aérea, su sofisticado y oneroso arsenal, la pieza central de las campañas para aniquilar la resistencia campesina revolucionaria, mediante acciones sangrientas que afectaron a la población civil, asesinando a mansalva campesinos, niños, ancianos y mujeres, como en el sonado caso de  Santo Domingo, Arauca, en diciembre de 1998, que origino la condena penal internacional de varios oficiales de la Fac.

Se trata de advertir que entre los militares y en la Fuerza Aérea, existen poderosos enemigos de la paz y de su concreción mediante la aplicación de los acuerdos de paz consensuados en La Habana entre el Estado y las Farc.

Ha dicho el Innombrable AUV que no era él el conductor  de la máquina de guerra que insolente irrumpió en los cielos de Cartagena para afectar la histórica ceremonia con la presencia de muchos jefes de gobierno y Estado. Claro que sí. No lo era. Pero seguro si alguien muy de su cuerda fanatizado por el discurso sangriento de las guerras que promueve la ultraderecha fascista.

Alguien debe asumir la autoría de este acto irresponsable contra la paz.

No creo que semejante esperpento se haya dado sin el conocimiento del actual Comandante de la Fuerza Aérea Colombiana, Carlos Eduardo Bueno Vargas.

Que Carlos Eduardo Bueno asuma su responsabilidad y renuncie inmediatamente al cargo que ostenta en esa dirección de las Fuerzas Armadas.

No puede Santos hacerse el desentendido y omitir la desproporcionada afrenta al clima de paz que está viviendo Colombia. Que asuma sus obligaciones y compromisos.

En la cúpula militar deben estar oficiales comprometidos con los acuerdos de paz suscritos por su Comandante supremo, el Presidente Juan Manuel Santos.

En todo caso el daño hecho al proceso de construcción de la paz es notorio. Veremos las consecuencias en los ritmos de la implementación de los pactos.

Se alimenta la desconfianza y crecen los temores porque las fuerzas enemigas de la reconciliación siguen agazapadas esperando el momento para el correspondiente zarpazo.

Con razón los delegados del gobierno en La Mesa de La Habana han presentado sus disculpas a los líderes de las Farc.

Pero se necesita más que eso. Lo que procede es la depuración de los aparatos armados gubernamentales, particularmente la Fuerza Aérea, plagados de oficiales anticomunistas, proclives a promover el paramilitarismo que se financia por los capos del narcotráfico, con tantos amigos claves entre pilotos y administradores de las flotas aéreas de guerra, utilizadas frecuentemente para el trasiego de los narcoticos.

 

 

 

 

 

 

Atacar a las Farc y a su comandante, camarda Timoleon Jimez, con ocasion del perdon pedido a las victimas de errores durante el prolongado conflicto armado, como lo hace Isa Conde, es arbitrario y caprichoso.

Una critica de ese tono desconoce la realidad y la correlacion de fuerzas en que se dieron los dialogos y conversaciones de las Farc con el gobierno del señor Santos, en los ultimos seis años para poner fin al prolongado conflicto interno.

Acusar de traicion a la comandancia de las Farc por tal acto es delirante e injusto. 

Horacio Duque.

El pedido de perdón de las Farc a las víctimas de la guerra está siendo objeto de cuestionamientos desde algunos sectores de la izquierda, para descalificarlo y estigmatizarlo como una renuncia a los principios revolucionarios.

La dirección de la guerrilla ha dado un trascendental paso para admitir errores en la  prolongada confrontación irregular que ha lesionado a importantes segmentos de la población civil con eventos de guerra y confrontación bélica.

En efecto, en su discurso en Cartagena con ocasión de la firma de los Acuerdos de Paz, el Comandante Timoleon Jiménez ha dicho que en nombre de las FARC-EP, ofrezco sinceramente perdón a todas las víctimas del conflicto, por todo el dolor que hayamos podido ocasionar en esta guerra (http://bit.ly/2cGYnlg).

Con anterioridad, en una reunión desarrollada en La Habana, la delegación de la insurgencia se encontró con familiares de los diputados del Valle para pedirles perdón por los hechos en que murieron 11 diputados que habían sido retenidos por las Farc.

Hoy 30 de noviembre se han dado similares reuniones con las víctimas de la guerra en Apartado y Bojayá, para pedir perdón por las personas que perecieron en hechos macabros ocurridos en el barrio la Chinita y en la población del Choco.

Estos gestos están siendo duramente criticados por algunos militantes de la izquierda internacional.

Me refiero al caso de las observaciones y descalificaciones adelantadas por Narciso Isa Conde, un conocido líder de la Izquierda dominicana y latinoamericana, ciertamente compañero de las luchas revolucionarias de la resistencia campesina revolucionaria colombiana.

Plantea Isa Conde que “en ese contexto y con esa realidad en cuanto a responsabilidad en el ejercicio de la violencia y del terror de Estado a nivel local y supranacional, me chocó y me provocó "vergüenza ajena", el perdón unilateral (que a su vez establece una culpa histórica irreal e unilateral en términos esenciales) proclamado por el ex -comandante Timoleón Jiménez (Timochenko), representante de una insurgencia excepcionalmente meritoria, que sin dejar de reconocer sus fallas y errores humanos en el curso de tan desigual, prolongada y compleja confrontación armada, a mi entender allí fundamentalmente debió expresar el orgullo de su heroicidad, la justeza y dignidad de su trayectoria, simbolizada en Manuel Marulanda Vélez ( Comandante "Tiro Fijo"), artífice de una hazaña guerrillera de dimensión planetaria que no deja espacio para avergonzarse o arrepentirse”.

“Esa inconsistente actitud del nuevo comandante en jefe de las FARC-EP - difícil de explicar sin la gravitación de una especie de "quiebra ideológica" en importantes componentes de su dirección colectiva- contrasta con la dureza extrema e implacable del Presidente-adversario, Juan Manuel Santos, que recibe con beneplácito y supuesta benevolencia la aceptación del desarme de esa fuerza insurgente ("el cambio del fusil por el voto") y la incorporación de las FARC a su "democracia" (abandonando su condición de "Ejercito del Pueblo" como garante de la paz por construir), algo enfáticamente prometido hasta la eternidad en esa solemne ocasión por Timochenko; dejando de paso la impresión de una culpabilidad fariana inexistente y sugiriendo indirectamente que la razón, la justicia, la democracia y el humanismo han estado del lado de los opresores y masacradores del pueblo colombiano”.

“Es penoso que lo que ese poderoso y perverso enemigo local y transnacional no pudo conquistar con su despliegue de violencia, ahora se la conceda sin necesidad y sin razón que lo fundamente; mientras, engolfado en el poder y sediento de oro y sangre, ese enemigo reitera su dureza implacable”(http://bit.ly/2cH8HJK )

Las afirmaciones de nuestro compañero son a todas luces desproporcionadas e injustificadas.

Pedir perdón a las víctimas de la guerra, como lo ha hecho nuestro camarada Timoleon Jiménez, no es una traición a los principios éticos y revolucionarios ni mucho menos una renuncia a los ideales y objetivos estratégicos de las Farc, defendidos por sus fundadores y por la actual dirigencia fariana.

Reconocer los errores es propio de los revolucionarios y eso en nada diezma la potencia y el compromiso emancipatorio de los combatientes comunistas colombianos comprometidos con la resistencia campesina y popular.

Los acuerdos alcanzados para la paz y las nuevas tareas planteadas por la X Conferencia realizada en los llanos del Yarí nos están confirmando que las Farc y sus principales dirigentes conservan intactos sus principios y sus banderas de cambios radicales de la sociedad y el Estado oligárquico.

Es muy fácil, compañero Isa Conde, omitir desde la ausencia que produce la falta de experiencia directa en la guerra, las condiciones concretas en que se desenvuelve la acción política y las correlaciones reales de fuerza en las que un potente enemigo aun dispone de importante capacidad de maniobra para  hacer prevalecer sus estructuras de poder.

Sus apreciaciones me parecen equivocadas además de injustas con una organización que se la ha jugado a fondo por los derechos esenciales de millones de colombianos.

Hacer comparaciones históricas en abstracto, sin considerar las especificidades de nuestra lucha revolucionaria y democrática, dejan ver cierta arbitrariedad en el análisis.

Lo digo desde mi consideracion personal. Misma que no compromete a nadie mas.

 

Horacio Duque.

"El analisis concreto de la situacion concreta", formula de linaje leninista planteada muchas veces por nuestro querido compañero Alberto Pinzon, es hoy mas necesaria que nunca a proposito de la dejacion de las armas por las Farc y la transicion a la paz.

El dia D y los 180 dias para dejar las armas a Naciones Unidas es una masa temporal ontologica, no cronologica, que depende de variadas circunstancias de tiempo, modo y lugar.

Viene una intensa disputa politica alrededor de este neuralgico asunto. La Ultraderecha entra a la ofensiva para impedir la cabal y correcta implementacion de los acuerdos de Cartagena.

La terminación de la guerra compromete un gran número de variables referidas a materias legales, constitucionales, militares y políticas que hacen de tal objetivo un fenómeno de altísima complejidad.

La construcción de la paz no será una tarea sencilla. Sera necesario atender diversos frentes al tiempo, dada la simultaneidad que acompaña la ejecución de los consensos y pactos alcanzados.

Adicionalmente, se deben asumir elementos de contexto ante los cuales de nada sirve taparse los ojos.

Pero, en los términos de la reiterada sugerencia de nuestro querido compañero Alberto Pinzón, lo que procede es “el análisis concreto de la situación concreta”, formula leninista de reconocido valor que permite concentrar la reflexión y la voluntad en los puntos críticos del curso político y social, teniendo siempre puesta la mira en la transformación revolucionaria sistémica. Sobre todo si consideramos que en los términos de la teoría de sistemas, el régimen político nacional se encuentra altamente desequilibrado, en una situación de bifurcación: la alteración más pequeña puede provocar grandes cambios sin que su sentido sea predecible (Ver La trama de la vida de Frittjof Capra en el siguiente enlace electrónico http://bit.ly/2dHb6cC ).

En tal sentido, la prioridad epistemológica debe tratar de comprender el proceso de transición en curso y su contenido, condicionado por la implementación inmediata, en los próximos tres meses, de aspectos sustantivos como el fin objetivo del conflicto armado, el cese bilateral del fuego y las hostilidades, la ubicación de las Farc en las áreas veredales y campamentarias, la organización de un nuevo movimiento político por la insurgencia revolucionaria, la erradicación del paramilitarismo, la seguridad para los integrantes de las Farc en el desarrollo de su movilización política y popular, la amnistía y el indulto, la concreción de las medidas agrarias, la organización de la jurisdicción especial de paz y el reconocimiento de los derechos de 8 millones de víctimas.

Con los actos de Cartagena y con el previsible triunfo del SI en el plebiscito del 2 de octubre, la transición toma cuerpo.

En la Ciencia política la transición como categoría analítica es de uso recurrente para indicar un proceso de cambio en el régimen de poder existente. Se trata de ir desde un punto A hacia un punto B. En este caso se trata del paso de la guerra (A) a la paz (B). Lo que llama la atención, en nuestro caso concreto, es que tal movimiento ocurre en momentos en que periclita un ciclo político, el iniciado con la Constituyente de 1991 y despega uno nuevo, probablemente de más de tres décadas.

Tanto la transición como el ciclo político en ciernes, toman su contenido del Acuerdo general de paz de Cartagena y de los discursos que emiten los actores más relevantes como el Presidente Santos, el comandante de las Farc, Timoleon Jiménez y los voceros de la oposición ultraderechista que encabeza Uribe Velez.

La primera fase de tal transición y del ciclo político mencionada tiene, por supuesto, un referente fundamental, me refiero a la dejación de las armas por parte de las Farc, acompañada del Cese bilateral del fuego y de hostilidades, del desplazamiento guerrillero a las zonas veredales y campamentarias, de las medidas de seguridad para los integrantes del nuevo sujeto político previsto, de la amnistía e indulto, del funcionamiento del mecanismo tripartito de verificación y de la erradicación eficaz del paramilitarismo.

Para las partes, la dejación de las armas, su entrega a la ONU, es la “joya de la corona”. El poder oligárquico quiere ver ya sin las armas a miles de partisanos que integran la resistencia campesina y popular. Es su pesadilla y tormento. Por eso exigen la marcha inmediata  de las Farc a las zonas de concentración y la conformación de los anillos asfixiantes que pretender ser utilizados para sofocar a los combatientes invictos.

Por supuesto, para el pueblo en armas no es tan fácil y cómodo desprenderse de su principal garantía de lucha contra el poder de las oligarquías y su Estado corrupto. Hay escepticismo, aprensión y la natural desconfianza, como consecuencia de la lectura de experiencias históricas anteriores en que los poderosos oligarcas desataron el exterminio de los guerrilleros, tal como sucedió en los años 60, en que uno a uno, fueron decapitados en Bogotá y otras ciudades, los desmovilizados y amnistiados líderes de las guerrillas liberales. Las elites dominantes y sus aparatos armados, Ejercito/FAC/Marina/Policía, tienen  un acumulado nada despreciable en esta materia y seguramente recurrirá a diversas estratagemas para degollar la comandancia fariana. Medellín y Antioquia serán lugares críticos en ese sentido, pues la alianza entre carteles de la droga y elites políticas locales parece en disposición sangrienta contra la paz.

El debate de este espinoso asunto se desenvuelve con el referente del día D y los 180 días pactados para dejar las armas guerrilleras en los contenedores de la ONU.

180 días son una masa temporal que no necesariamente debe transcurrir, como lo plantean los integrantes de la delegación gubernamental, en las fechas posteriores a la firma del Acuerdo de Cartagena. Esa es su interpretación amañada y su proyección es sesgada.

180 días son un trazo ontológico que bien puede localizarse en el año 2017, 2018 o 2024, dependiendo de las circunstancias de tiempo, modo y lugar. El asunto no es meramente cronológico o de lógica formal escolástica.

La entrega de las armas, en principio, debería ser la consecuencia de varios hechos. Por supuesto de la firma del Acuerdo general de paz, obviamente del resultado del plebiscito, desde luego del trámite de la ley de amnistía e indulto, claro está de la ubicación en las veredas y campamentos, de las medidas de seguridad para los líderes y miembros de las Farc, de la formalización constitucional de los consensos mediante su articulación efectiva al bloque de constitucionalidad, de las medidas concretas en materia agraria, de víctimas, de verdad, de justicia y erradicación de los cultivos de uso ilícito.

Obviamente tejer, articular y amarrar todos estos temas no es cosa que pueda se hacer velozmente, en 6 o 12 meses. Es todo una ciencia que requiere de paciencia y buen tino. Sin ninguna pretensión, la dejación de las armas es toda una disciplina analítica con los rigores y exigencias propias de la construcción epistemológica adecuada.

Agréguense al cuadro que propongo, dos factores de gran incidencia, propios de las disputas necesarias en curso.

Una es la contraofensiva de la ultraderecha, que se reagrupa con mayores bríos para el sabotaje de la transición a la paz. El bloque parapolítico de Uribe Velez está siendo reforzado con las peligrosas salidas del nuevo Fiscal, similares a las del defenestrado ex procurador Alejandro Ordoñez, quien con un discurso seudo jurídico e interpretaciones arbitrarias, quiere ponerle palos en la rueda a los acuerdos en lo relacionado con la fumigación de los cultivos de uso ilícito y la estructuración del movimiento político de las Farc, de acuerdo con sus intereses específicos, sugiriendo actuaciones criminales para darle curso al dispositivo sobre extinción de dominio y eventuales extradiciones.

Todo indica que el Vicepresidente Vargas Lleras será el punto de encuentro de esta masa retardaría empeñada en bloquear y abortar la construcción de la paz democrática.

La ambigüedad del Vicepresidente frente a la paz es notoria y su silente actitud no es más que un juego propiciador de nuevos encuadres políticos reaccionarios. El Fiscal refleja sus dudas jurídicas frente al Tribunal de Paz y sus competencias. Refleja, por lo demás, el ánimo de los enemigos agazapados de la paz en el poderoso y corrupto poder judicial, que sienten pasos de animal grande con el nuevo Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición, incluida su Justicia especial con magistrados de otros países de probada conducta ética y jurídica.

El NO contra la paz de reconocidas fichas de Vargas Lleras en las regiones, como la ex gobernadora del Quindío Sandra Paola Hurtado y su marido, Toto el Jefe del Cartel del Norte del Valle, no es un acto de insubordinación en la facción correspondiente sino por el contrario la materialización de una estrategia electoral global para ganar réditos en la campaña para escoger Presidente en el 2018.

Se está conformando un potente bloque ultraderechista contra la paz y de eso hay que tomar atenta nota para lidiar con tal fenómeno. Desde luego, eso no nos coge por sorpresa, es propio de coyunturas de cambio social y de procesos de transformación revolucionaria. Ha sido la experiencia histórica desde la revolución francesa, pasando por la revolución bolchevique, la china, la cubana, la sandinista, la vietnamita y otras como los recientes procesos antiimperialistas latinoamericanos.

Constatar eso no significa que nos tengamos que cruzar de brazos. Hay que proyectar las estrategias correspondientes y propiciar las más amplias alianzas como la insinuada por la X Conferencia de las Farc para darle curso a un Gran Pacto político constituyente.

Otro factor de coyuntura, no menos importante, es el asunto de la gigantesca crisis económica, financiera y fiscal que nos envuelve. La oligarquía pretende dar salida a la crisis económica derivada del colapso financiero global desatado desde el 2008, con la reforma tributaria y con recortes masivos en el gasto público y de las transferencias.

La paz quiere ser utilizada para remozar el modelo neoliberal con nuevos privilegios a las multinacionales en la extracción minera y el agro negocio de la altillanura en la Orinoquia.

La paz quiere ser proyectada como un gran negocio de los poderes empresariales y financieros.

Hay que tomar nota de esa ruta depredadora y en ese sentido el discurso del Comandante Timoleon Jiménez en Cartagena es una plataforma oportuna y conveniente para desatar la más amplia movilización social contra el paquete neoliberal en curso que complicara todavía más el desconocimiento de los derechos fundamentales a la salud, la educación, el empleo y la seguridad alimentaria.

Digamos, para concluir, que no es fácil la ruta transicional posterior al Plebiscito. Crecerá el conflicto y la disputa con los clanes oligárquicos que manipulan el Estado y la economía.

Dejemos que los hechos concretos sobre la dejación de las armas se pronuncien y actuemos en consecuencia. Con la pericia y el brillo que caracterizo a la delegación plenipotenciaria de las Farc en la Mesa de diálogos de La Habana. La experiencia del camarada Ivan Márquez y sus compañeros es histórica y un ejemplo para millones de colombianos que luchan y resisten el poder de la casta plutocratica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Horacio Duque.

Entender el significado de la X Conferencia de las Farc implica hacer un analisis desde el contenido de los discursos emitidos en tal evento y desde el contexto en que tal asamblea se ha realizado.

Una reflexion de este tenor converge en la interpretacion de la transicion en curso y la implementacion reciproca de los acuerdos alcanzados para terminar el conflicto social y armado.

La parte final de las conversaciones de paz entre el Estado y las Farc ha estado acompañada de un precipitado número de acontecimientos políticos estrechamente relacionados.

X Conferencia de las Farc, firma del Acuerdo global en Cartagena y realización del plebiscito para refrendar los consensos alcanzados el próximo 2 de octubre.

Bien podría decirse que el tono político ha subido, pues todo ocurre marcado por la prevalencia de la discursividad y la argumentación lógica de los actores que protagonizan la dinámica del campo sociopolítico.

La X Conferencia de las Farc ocurrida en los Llanos del Yari, entre el 17 y 23 de septiembre del año en curso, visibilizo el ingreso de los integrantes de la resistencia campesina revolucionaria agrupados en la organización guerrillera de mayor influencia, a la acción civil y legal, como parte de la materialización de las coincidencias alcanzadas entre las partes involucradas en los diálogos de La Habana.

Fue una Conferencia marcada por la presencia apabullante de los medios de comunicación, lo que hace un contraste con el ambiente clandestino y de sigilo de las nueve conferencias anteriores.  

Un análisis político de tal acontecimiento debe trascender la mera opinión y consideración noticiosa para adentrarse en la interpretación de mayor profundidad.

En tal sentido, de acuerdo con la sugerencia de Errejon (http://bit.ly/2dBdBx6), un cometido de tales dimensiones debe acudir a la discursividad emitida con ocasión de tal evento.

Por supuesto, tal propósito debe referirse a las expresiones dotadas de mayor coherencia e intención en la asignación de significado a los procesos que dan contenido al fin del conflicto y la construcción de la paz.

Obviamente no deberían ignorarse los elementos de contexto que influyen en el comportamiento y los trazos establecidos, por las Farc y sus dirigentes en este caso, para determinar nuevos planos de acción y objetivos estratégicos desde la base programática que da sustento a su conciencia e identidad.

Las tesis de la X Conferencia (http://bit.ly/2dpOdvk), las ruedas de prensa de la dirigencia fariana, la declaración política final (http://bit.ly/2d24K5I), las interlocuciones con periodistas y medios y el comunicado final (http://bit.ly/2dirQGE) son la gramática que permite entender el desempeño de este sujeto central del ciclo que ya ha cobrado forma en la construcción de la historicidad futura de Colombia.

El discurso del Comandante Timoleon Jiménez en Cartagena (http://bit.ly/2d85ZPR), redondea lenguajes, mensajes, hipótesis, signos, imágenes y símbolos de un actor que se ubica en escenarios complementarios de lo que fue su prolongada lucha armada rural y popular. Aparece con nitidez la base de la movilización popular contra el sistema capitalista y el régimen oligárquico de dominación.

El análisis de la X Conferencia de las Farc nos sugiere priorizar los ejes de la transición a la paz en la que la implementación rigurosa y eficaz de lo pactado será la regla de oro en los meses inmediatos. No se puede pretender exigir a una de las partes que se concentre en determinados lugares y entregue inmediatamente las armas mientras la otra omite sus compromisos y obligaciones correspondientes.

Así como hay un cronograma de ubicación en veredas y de dejación de las armas debe establecerse, de manera correlativa, un plan con fechas concretas para que el Estado de cumplimiento a sus responsabilidades agrarias, políticas, electorales, presupuestales, con las víctimas, con la amnistía, con la erradicación del paramilitarismo, con los ajustes institucionales y la erradicación alternativa de los cultivos de uso ilícito.

La ontología política que surja no será un fruto espontaneo y anárquico. Se requerirá de una formidable convergencia democrática que asuma con contundencia la contraofensiva de la ultraderecha que encabeza Uribe Velez, a la que se suma la disfuncional actuación del nuevo Fiscal Nestor Humberto Martinez, quien parece estar llenando rápidamente el vacío dejado por el siniestro ex procurador Alejandro Ordoñez y su deliberado sabotaje a la paz.

El plebiscito del próximo 2 de octubre y la campaña previa constituyen un contexto de mucha intensidad cuyos ingredientes metabolizan todo lo formalizado en los textos del Pacto final de Cartagena.

Nota 1. Relevante la presencia del Partido Comunista Colombiano y de su Secretario General, Cda Jaime Caicedo, en la X Conferencia de las Farc. Los comunistas están en el origen y el alma de la lucha guerrillera colombiana. Sus ideas y programas han sido de gran influencia en la historia de la insurgencia revolucionaria. Extraña la descalificación anticomunista de algunos que dicen ser de izquierda y progresistas. Felicitaciones al Partido Comunista.

Nota 2. Profesional el cubrimiento de los medios y la prensa de la X Conferencia. Destaco la seriedad y ponderación de los reporteros de Caracol televisión. Activo y de calidad el cubrimiento de la prensa alternativa como Prensa  Rural, Voz y APA.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Horacio Duque.

Con la paz en curso sobreviene una necesaria disputa en el seno de las instituciones publicas que se conforman con la ejecucion de los Acuerdos consolidados.

Hay que profundizar la apertura democratica contenida en los pactos de reconciliacion.

Seguramente este sera un gran punto de la reflexion y la deliberacion de la X Conferencia de las Farc.

La apertura democrática cristalizada con los diálogos de la Mesa de paz de La Habana, plantea a la izquierda revolucionaria, la necesidad de proyectar estratégicamente los cambios de fondo en nuestra nación, en momentos en que transitamos un periodo histórico que exige un rearme analítico y conceptual.

La X Conferencia de las Farc que se reúne en estos días abordara las nuevas circunstancias que se desprenden de la firma del Acuerdo final para la paz.

Un punto nodal es el de los ajustes institucionales para la construcción de la convivencia.

Dichas reformas nos colocan delante de un aspecto critico en la hipótesis revolucionaria y la eliminación de las relaciones sociales de explotación asociadas con el modelo neoliberal.

Me refiero al tema del Estado.

Para algunas tendencias ultra autonomistas sugerir un escenario de disputa y confrontación en el seno de las instituciones del Estado oligárquico no es más que la manifestación de una concepción instrumental del mismo, el cual se ve como un dispositivo neutro que bien puede ser utilizado sin considerar su naturaleza esencial y de clase.

Pero al margen de una percepción de esa índole, para las fuerzas políticas que pretenden alcanzar la senda del socialismo, resulta necio enajenarse escenarios de confrontación y disputa con los grupos que representan las elites plutocráticas.

En tal sentido, es oportuno traer a colación la afirmación de Poulantzas para quien “Una lucha interna dentro del Estado, no simplemente en el sentido de una lucha encerrada en el espacio físico del Estado, sino de una lucha situada en el terreno del campo estratégico que es el Estado, lucha que no trata de sustituir el Estado burgués por el Estado obrero a base de acumular reformas, de tomar uno a uno los aparatos del Estado burgués y conquistar así el poder, sino una lucha que es, si quieres, una lucha de resistencia, una lucha de acentuación de las contradicciones internas del Estado, de transformación profunda del Estado; Y al mismo tiempo, una lucha paralela, una lucha fuera de los aparatos y las instituciones, engendrando toda una serie de dispositivos, de redes, de poderes populares de base, de estructuras de democracia directa de base, lucha que, aquí también, no puede estar dirigida a la centralización de un contra-Estado del tipo de doble poder, sino que debe articularse con la primera” (Poulantzas, 1977).

No se trata, por supuesto, de incurrir en un dualismo paralizante ni en un institucionalismo estéril. Más bien lo que se pretende es hablar de una “preparación democrática de la ruptura” con él, antes que de una “ruptura democrática con el capitalismo”.

Puesto este enfoque hay que aterrizar en lo que se consensuo en el Acuerdo de paz recientemente firmado.

El punto de partida, a mi juico es la Resolución (entendiendo las instituciones como lo sugiere D. North: reglas y dispositivos administrativos) 339 de septiembre de 2012 que  dispuso instalar la Mesa de diálogo en La Habana.

Sobre esa plataforma se proyectaron un conjunto de redes institucionales en las que debe operar la infraestructura de la movilización política y civil de las Farc.

Hago una relación de tales dispositivos para sugerir un campo de reflexión inmediato que propicie la acción de las masas populares y de la propia sociedad civil democrática.

Acto Legislativo de paz (N. 1 de 2016).

Acuerdo de paz como Acuerdo humanitario especial y en el bloque de constitucionalidad, que tendrá que ser tenido en cuenta como parámetro de interpretación y referente de desarrollo y validez de las Normas y las Leyes de Implementación y Desarrollo del Acuerdo Final.

Organismo paritario (3 del gobierno y 3 de las Farc o su partido), denominado “Comisión de Implementación, Seguimiento y Verificación del Acuerdo Final de Paz y de Resolución de Diferencias” (CSVR), que funcionará hasta por diez años, y que entre sus funciones tiene estas: “Resolver cualquier diferencia o situación imprevista que pueda surgir en la interpretación de los acuerdos…”; “Constatar que el contenido de todos los proyectos de decreto, ley o acto legislativo que sean necesarios para implementar el Acuerdo Final, corresponda a lo acordado, antes de que sean expedidos o presentados, según sea el caso, por el Presidente de la República”; y “Proponer borradores de normas que deban ser acordadas para la implementación del Acuerdo Final”.

Previsión de manejo bilateral de diversos problemas sociales como el tratamiento las minorías (étnicas, sociales, LGTBI, etc.); el diseño, aprobación y desarrollo de los planes de desarrollo a nivel local, regional y nacional; la política de derechos humanos; el combate a la corrupción; el manejo del presupuesto nacional; el desarrollo de la infraestructura; una amplia reforma del sistema electoral; la política de seguridad y el combate a organizaciones paramilitares.

La democracia ampliada.

Planes y programas agrarios que incluyen un Fondo de Tierras, un Sistema General de Información Catastral, Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), Planes Nacionales para la Reforma Rural Integral, Plan Nacional de Vías Terciarias, Plan Nacional de Riego y Drenaje, Plan Nacional de Salud Rural, Plan especial de Educación Rural, Plan Nacional de construcción y mejoramiento de la vivienda social rural, Plan Nacional de fomento a la economía solidaria y cooperativa rural (Ecomun), Plan Nacional de asistencia integral técnica, Plan para apoyar la generación de ingresos de la economía campesina, Plan Nacional para la comercialización de la producción campesina, Plan Progresivo de protección social, Sistema para la garantía progresiva del derecho a la alimentación de la población rural.

Comisión Electoral para estatuto de la Oposición, Sistema de Seguridad Integral para el ejercicio de la política, Consejo Nacional para la Reconciliación y la Convivencia, Centro de Pensamiento, canal de televisión, 31 emisoras comunitarias.

Tribunal Especial de paz y Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.

Plan de desarrollo para la paz.

Zonas de ubicación y campamentarias.

Estas nuevas instituciones, un Estado paralelo si se quiere, no pueden dejarse en manos de la politiquería corrupta, las mismas son una conquista en la paz que deben ser potenciadas en su capacidad de cambios radicales en la sociedad.

 

 

 

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  • Exiliados invisibilizados
  • Declaración final del II Encuentro de la Constituyente de Exiliadas y Exiliados Perseguidos por el Estado colombiano
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