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Blog de Alberto Pinzon Sánchez

Alberto Pinzón Sánchez

Alberto Pinzón Sánchez

médico, antropólogo y ensayista colombiano.

Libros :

1. “Monopolios misioneros y destrucción de indígenas”. Libro sobre el departamento de Vaupés y su experiencia antropológica en 1973. 1a edición Diciembre 1979. Leer más.

2. El EncuentroUn relato de ficción del encuentro entre Manuel Marulanda Vélez y Ernesto ‘Che’ Guevara, que marcó un giro en el proceso de la revolución en América Latina y, donde se imagina el pasado para interrogar el futuro.

3. Salvo la ilusión todo es el poder  Breve ensayo autibiografico en: 

http://www.cronicon.net/fica/pdf/pinzon.pdf

4. Simón Bolívar conductor político y militar de la guerra anti colonial. Biografía integral sobre nuestro padre fundador 

 5-Archivo de columnas en ANNCOL: http://2014.anncol.eu/index.php/opinion/2012-09-09-22-19-25

6-RELATO:  LA LEGITIMA DEFENSA  en : http://anncol.eu/index.php/colombia/cultura-sociedad/item/347-del-companero-alberto-pinzon-sanchez

7-RELATO: El empedrado del Carare en:  http://anncol.eu/index.php/opinion/item/1080-alberto-pinzon-sanchez

8- Realato: El Mazamorral (relato de historia y fratricidio) en:  http://anncol.eu/index.php/opinion/item/1929-alberto-pinzon-sanchez

9- Librillo. Cuentos de Provincia en : http://es.scribd.com/doc/282070307/Cuentos-de-Provincia-APS

10 Relato:  Los Cimarrones Comuneros en: https://anncol.eu/opinion/item/3641-alberto-pinzon-sanchez

El apretón de manos del 23 S /2015, entre JM Santos y Timoshenko sostenido enérgicamente por el presidente del Concejo de Estado cubano Raül Castro, afortunadamente ha soltado la imaginación ilimitada de los colombianos y bueno, también de algunos otros “estrategas” del Marxismo nuestroamericano. Es un hecho muy positivo que la imaginación se tome el espacio de un “post acuerdo de la Habana” para Colombia y además, que ese acuerdo se dé ya por firmado.

Un análisis bastante realista y objetivo de los 4 puntos, hasta ahora pactados entre el Gobierno de JM Santos y las Farc, realizado por el economista y profesor universitario Jairo Estrada, le permite plantear la sugestiva hipótesis de que:

“……..) La alta probabilidad de transitar hacia escenarios de paz en Colombia incidirá favorablemente sobre el actual campo de fuerzas, imprimiéndole un nuevo impulso al proceso de cambio político, socioeconómico y cultural democrático en Nuestra América, en momentos en que éste muestra signos de agotamiento en unos casos y de declive en otros, como resultado de los límites que en forma desigual y diferenciada registran los proyectos políticos de contenido popular, reivindicatorios de la soberanía y la autodeterminación, emprendidos hace un poco más de tres lustros en diferentes países de la Región y también de aquellos definidos como progresistas. Todo ello, desde luego, sin dejar de considerar que lo que suceda en Colombia podría tener los alcances de una “revolución pasiva”, si no se logra desatar - con un importante respaldo social y popular - la potencia transformadora que tiene un (eventual) Acuerdo de paz  En ese sentido, la tendencia del proceso político colombiano no difiere sustancialmente de lo que es válido para el conjunto de los países de Nuestra América y para la Región en general: se encuentra en disputa(………)   https://anncol.eu/index.php/colombia/politica-economia/item/2139-algunas-consideraciones-sobre-el-momento-actual-los-alcances-y-la-potencia-transformadora-del-proceso-de-paz-en-colombia

Hipótesis que involucra dos conceptos complejos profundamente imbricados: Uno, el de revolución pasiva y otro, el de potencia trasformadora, ambos apoyados en un condicional básico e hipotético de “si se logra un importante respaldo social y popular”.

Considero que el profesor Estrada es consciente de que tomado el acuerdo de la Habana en su “totalidad” de 6 puntos pactados como agenda (no como lo están analizando algunos solamente por el último punto en cuestión de la Justicia Transicional) se abrirá una etapa “reformista” de adecuación, reacomodo y modernización de la dominación en la formación social capitalista dependiente de Colombia, en donde muy probablemente y pese a las limitaciones persistentes los sectores democrático-populares tendrían una mayor posibilidad de participar activamente .

Sin embargo no hay que olvidar,  como el mismo Estrada lo dice en breve, que:

 (…..)“La clase dirigente y dominante considera que la guerra ya cumplió su función de expropiación violenta para apuntalar el régimen extractivista de acumulación y lo que continúa es su institucionalización, la cual se presenta además como democrática y modernizante del capitalismo” (….)

Pues precisamente esta consideración es lo que hoy mantiene dividida y enfrentada a las diferentes fracciones del capitalismo trasnacional existentes dentro de lo que genéricamente se ha dado en denominar como “la clase dominante y dirigente colombiana apuntalada por los EEUU”:

-El sector Santista (que aglutina financistas y terratenientes no exaltados) considera que la guerra ya cumplió el objetivo mencionado y prefiere continuar avanzando sin guerra. Mientras el sector extremista de Uribe Vélez (que así mismo aglutina financistas y terratenientes exaltados) sostiene la necesidad de continuar la guerra de despojo y avance capitalista hasta la destrucción final o exterminio total del campesinado pobre y los trabajadores agrícolas, clases sociales que han soportado y resistido con un verdadero espíritu heroico los más de 70 años de guerra capitalista exterminadora en su contra. Este es el almendrón de todo el asunto en discusión.

¿Cuál de estos dos sectores de la Oligarquía se impondrá en un próximo futuro? De momento parece ser que a pesar de las fluctuaciones, indecisiones y bandazos y  tartamudeos típicos del presidente Santos, y gracias también a la flexibilidad de la comandancia de las Farc para no dejarlo patear la mesa de la Habana, el sector Uribista apoyado también por un sector político de los EEUU, está algo frenado aunque sigue intacto en su empecinamiento militarista y leguleyo.

Y es entonces cuando para profundizar en el análisis de la coyuntura, debemos recurrir a la especificidad  de la experiencia en la historia de la lucha de clases de Colombia (no de Guatemala, Salvador o Suráfrica, ect que quieren ponernos como modelos a seguir) para poner en relieve tres hechos fundamentales que, posiblemente sean irrepetibles en cualquiera otra historia de la lucha de clases mundial:  

  1-Más de 70 años de lucha armada de resistencia del campesinado pobre y trabajadores agrícolas al exterminio capitalista, impulsado por la Oligarquía colombiana con el sostén irrestricto en todos los niveles de parte del gobierno de los EEUU; que ha maravillado al mundo no tanto por su duración como por su extensión y profundidad. (Hobsbawm. 1994)

 2-La necesidad (histórica y social como clases sociales) del campesinado pobre y los trabajadores del campo como sostenes fundamentales y más numerosos de esta confrontación armada, quienes han tomado conciencia a lo largo de esta espantosa y cruel forma de la lucha de clases, para seguir adelante sosteniendo su Programa Democrático, no el de la democracia genocida de la oligarquía pro Yanqui, sino de esa Democracia Popular que antecede (así sea por minutos) al socialismo puro soñado por el destacado jefe bolchevique creador del ejército rojo .  

  Y 3- La trasformación durante todo este sanguinario  proceso de sus tradicionales enemigos; “la Oligarquía y el Imperialismo”, en un compacto y muy soldado Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi)  concepto científico sustentado en el riguroso y prolijo libro de 567 páginas de Vilma Liliana Franco “Orden contrainsurgente y dominación.2009” (y cuyos 10 componentes o ruedas dentadas no me cansaré de repetir, pues parece que no se le ha dado importancia analítica como fenómeno excepcional en el Mundo), el cual está conformado sobre el eje de acero de la dominación geo estratégica Imperialista norteamericana; sobre el cual giran las ruedas dentadas del ejército del medio millón de hombres y el 5,5% del PIB. Los 80 grupos de Paramilitares oficiales. Los grupos económicos o cacaos. Las multinacionales. La economía subterránea de lavadores de dólares y narcotraficantes. El oligopolio mediático. La “Justicia impune” del contrato para mis amigos y la ley para mis enemigos. Y los cooptaditos de las clases subalternas.

Definitivamente, "la peor ineptitud de un ser humano es no aprender de la experiencia", sentenciaba en el siglo XVI el filósofo inglés Francis Bacon y, pasar por alto esta sentencia que no ha sido revaluada del todo, puede inducirnos a equivocarnos en las conclusiones y en la prospectiva.

El proceso de paz de la Habana, según lo expresa la última declaración de la delegación de las Farc en la isla; ha entrado en una etapa decisiva para la paz debido al brusco cambio de opinión del presidente Santos y al burdo desconocimiento de la palabra pactada internacionalmente.  

¿Se trata de una última maniobra “electorera” de JM Santos, quien equivocadamente supone que echándose para atrás en la Habana, le va a quitar votos a su rival Uribe en las elecciones de octubre?

¿O es acaso una imposición del apacible comisionado de paz Humberto de la Calle, quien personalmente tiene “ciertas preocupaciones” por sus “omisiones” como ministro de  gobierno de Cesar Gaviria entre 1990 y 1993, cuando se realizaron las peores masacres Paramilitares reconocidas por fallos judiciales como la de Trujillo Valle del Cauca (marzo y abril de 1990) o las ocurridas en el Urabá?

¿O acaso es que el sector de Uribe ha logrado su objetivo de destruir la mesa de la Habana?

No lo sabemos aún. Lo que sí sabemos con certeza  es que según la experiencia democrático popular referida arriba, se debe y se tiene que continuar (con quien sea el gobernante de Colombia) en la mesa de la Habana hasta concluir el acuerdo general de los 6 puntos pactados  con el Estado colombiano en la agenda inicial, para que la prolífica imaginación de los colombianos y nuestroamericanos con sus esperanzas e ilusiones vuelvan a ponerse en marcha. Lo demás; la combinación del marxismo de maniobras y el marxismo de posiciones, ya se comprobará en la praxis.  

Fuente imagen: Internet           

 

 

  

     

          

  

 

 

 

Los colombianos, con escasa o ninguna tradición marítima y poco familiarizados con el pez rémora, un pequeño pez cartilaginoso que se adhieren en multitud fuertemente al casco de las naves, y según los antiguos latinos (de donde procede esta palabra) impedían el correcto fluir de los barcos sobre el mar; la remplazaron por algo más cercano a su cotidianidad y significaron un obstáculo al libre paso de los caminos que de las Provincias conducían a la capital Bogotá, con la imagen de un mortecino de una mula muerta.

“Está atravesado en el camino como una mula muerta”,  es un dicho generalizado del habla colombiana, y eso son el dúo solitario y aislado de Uribe –Ordoñez”, empeñados fanáticamente en que la justicia verdadera y moderna no los alcance, convirtiéndose en el último obstáculo para que el acuerdo definitivo para finalizar el conflicto social y armado de Colombia se alcance. 

Y decimos último obstáculo, porque las otras dos vallas impuestas por JM Santos al iniciar el proceso de la Habana con el fin táctico de generar “incertidumbre” :1- El de negociar en medio de la guerra y 2- el de que nada está acordado hasta que todo esté acordado;  venturosamente han sido saltadas con gran habilidad política por los delegados de paz de la Insurgencia, responsables de la tarea (táctica y estratégica) a ellos encomendada por la Fuerza Social que representan de sacar adelante y con éxito la Solución Política al conflicto interno y finiquitar el proceso de paz iniciado: Con ceses de fuegos unilaterales, propuestas concretas para pasar los impases, y conquistar acuerdos en los puntos “tacos o tapones” que han atrancado el fluir de la vida económica y social de Colombia durante todos estos años de crisis generalizada y conflictividad social que permitieron el rebosamiento de materia fecal de la taza del inodoro con la que se intentó enquistar y contener el llamado conflicto interno colombiano:  

En la base económica: uno, la “cuestión Agraria” verdadera madre del cordero y otro, el asunto de las Drogas”, pretexto geo político para la dominación absoluta de los EEUU sobre Colombia y la Región, y cuya cadena comercial se inicia precisamente en la miseria en el campo y de los campesinos pobres y despojados (a quienes siguiendo la lógica acumulativa del capital se les ha intentado infructuosamente exterminar) y concluye en el lavado internacional de dólares y en el problema de salud de millones de personas adictas en el mundo.

Y en la supra-estructura Jurídico Política: Uno, el llamado  “asunto de la Política” (denominado en el acuerdo participación política) para resolver 70 años de “democracia genocida” (200 mil ajusticiamientos políticos, 50 mil desaparecidos, 7 millones de desplazados, 8 millones de hectáreas despojadas, ect) mostrada  falazmente al mundo, durante todo esas décadas por el oligopolio mediático contrainsurgente, como la democracia más antigua de América.

Y otro, el “asunto de las Victimas”, uno de cuyos puntos más importantes es el acuerdo sobre Justicia Transicional recientemente logrado, con el cual se pretende superar el crónico estado de impunidad oficial que forma parte de la estructura de dominación ejercida durante  estas 7 décadas de conflicto por el Bloque de Poder Contrainsurgente, conformado sobre el eje de acero de la dominación geo estratégica Imperialista norteamericana, sobre el cual giran las ruedas dentadas del ejército del medio millón de hombres y el 5,5% del PIB, los 80 grupo de Paramilitares oficiales, los grupos económicos o cacaos, las multinacionales, la economía subterránea de lavadores de dólares y narcotraficantes, el oligopolio mediático, la justicia impune del contrato para mis amigos y la ley para mis enemigos, y los cooptaditos de las clases subalternas.   

Los otros dos pactos como refrendar los acuerdos alcanzados y permitir a las FARC convertirse en un Partido Político moderno, forman parte de lo que se ha dado en denominar los mecanismos para la finalización del conflicto.

El proceso de paz de la Habana y gracias a la flexibilidad mostrada por los delegados de la insurgencia y a su madurez política que ha sabido superar las alevosas y cobardes provocaciones de JM Santos como la muerte de Alfonso Cano y de Jairo Martínez; con lo que se ganado el respeto del gobierno de los EEUU (sin el cual es imposible finalizar la guerra en Colombia) y de sus más importantes  aliados de Europa, así como también de los gobiernos latinoamericanos y caribeños y en general de la Comunidad Mundial y la ONU; habiendo llevado al gobierno de J M Santos a un verdadera situación en donde le saldrá más costoso recular o echarse para atrás que avanzar hacia el acuerdo final. Es el momento en el que estamos.

La entendible pataleta de Uribe Vélez y su nefasto alter ego leguleyo-religioso Ordoñez, no es más que la incapacidad de comprender el “momento concreto de la situación concreta” y tratar de atravesarse en el camino de la finalización del conflicto interno colombiano como mulas muertas (prefiero llamarlos rémoras) para contener con las manos la peña de las responsabilidad objetivas que se les vino encima y frente a las cuales tarde o temprano de acuerdo al Derecho Internacional Humanitario (DIH) incorporado al acuerdo de Justicia Transicional rige para las DOS PARTES en conflicto. La comparecencia ante el tribunal correspondiente ya se dará y no podrá ser abortado por la sospechosa precipitud actual del Fiscal Montealegre.

Sin embargo, “no hay nada más cobarde que un dólar” y esa es la base objetiva y subjetiva que impregna los titubeos, indecisiones, vacilaciones y los bandazos que está dando el presidente de los colombianos JM Santos,  en estos momentos cuando se requiere de un temple contrario: resolución y valentía para avanzar en la única senda posible para el futuro de Colombia y los colombianos, en una Región geográfica destinada como la soñó nuestro Padre Simón Bolívar a la paz  soberana y la esperanza.   

Fuente Imagen Internet. elespectador.com : Ordoñez jura ante Uribe

“Chichipato” es una de esas palabras creadas  caprichosamente por los colombianos, y que actualmente  se usa popularmente para designar un narcotraficante menor o de pequeña o mediana escala dentro de las jerarquías de la Mafia narcotraficante de Colombia, que proliferó en nuestro país a raíz de la fracasada “American War on Drugs” y su componente geoestratégico el Plan Colombia.

Parece, ser como se ha dicho, una derivación caprichosa de la palabra castellana antigua “pichicato” de bastante uso en toda Hispanoamérica y que significa avaro, mezquino, cicatero y regateador. Precisamente este último sentido el de regateador mezquino o de a pocos, es el que se usa en el chichipato colombiano y le da su sentido.

Bueno, eso era el guerrillero alias “Megateo” originariamente combatiente de una pequeña fracción del maoísta Ejército Popular de Liberación o EPL  (al cual entre otras cosas perteneció el asesor de Uribe Vélez José Obdulio Gaviria primo hermano de Pablo Escobar) y quien no se desmovilizó en el 90 para incorporarse de lleno a las centurias negras Paramilitares de los hermanos de Carlos Castaño y don Berna.

”Megateo” se quedó en su zona de origen en el Catatumbo y allí (si hemos de creer al Oligopolio Mediático Contrainsurgente dominante en Colombia que publica la información del Ministerio de Defensa) parece ser se convirtió en un “chichipato” regional que utilizó las limitadas estructuras armadas del EPL sobre las que tenía influencia, para realizar sus actividades financieras como subordinado de alguien mayor.  

Ayer (02.10.2015) su “presunta” muerte magnificada por el Presidente Santos como si de verdad se hubiera dado muerte a un gran Capo mafioso y se hubieran  exterminado a sus “sucesores”, ha sido utilizada habilidosamente por el Oligopolio Mediático Contrainsurgente como “cortina de humo” (valga el lugar común) para tapar, disimular, o disminuir el verdadero golpe sufrido por la Oligarquía Política dominante cual es la captura del corrompido ingeniero de la Universidad Javeriana, ex gobernador, ex diputado, ex concejal y alto cargo de innumerables corporaciones constructoras de mega-proyectos y grandes contrataciones del Estado,  Álvaro Cruz Vargas.           

Y de quien, el candidato del vicepresidente Vargas Lleras a la alcaldía de Bogotá Enrique (bolardo) Peñalosa, ya tuvo que salir a negar sus vínculos de amistad política,  financieros y de contratación corrupta (ver http://www.rcnradio.com/nacional/penalosa-niega-nexos-con-esposa-de-exgobernador-cruz-acusada-de-corrupcion/)

O de los delitos electorales y de trasteos de votos en el 2001, en pleno ascenso del Narco paramilitarismo en la captura del Estado colombiano, que se dio entre lo íntimos amigos Cruz, Peñalosa y Uribe Vélez (ver denuncia del diario EL Tiempo en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-581455 )

Así pues que la caída del “chichipato Megateo” que entre otras cosas duró “por fuera de la Ley” todo este tiempo (según lo informa la falsimedia oficial) en virtud a la corrupción alcanzada con dineros del narcotráfico en agencias de inteligencia del Estado, no es el gran golpe que anuncia con extraño alborozo el presidente Santos.

El gran golpe que amenaza desmoronar la estructura del Estado colombiano corroída por el comején de la corrupción; es la captura del Gran Capo de la gigantesca contratación oficial Álvaro Cruz Vargas que indudablemente impactará a sus amigos Peñalosa y Vargas Lleras, y quien con el cinismo típico de quien se sabe IMPUNE ha reconocido sus enjuagues corrompidos.

Una vez más la lucha entre las fracciones de la clase dominante, esta vez centrada en la alcaldía de Bogotá entre el Uribista “vergonzante” Peñalosa y el “Liberal Gavirista” Pardo Rueda, inicia un nuevo episodio de sordidez asqueante.  

¿Cuántos más “tamales podridos” irán a sacarse entre sí, en esta típica campaña electoral colombiana por la elección  del alcalde de Bogotá, verdadera “gallina de los tres huevitos de oro” de la  multimillonaria contratación del Estado?

De momento el humo que sale del campamento de Megateo está tapando la verdadera dimensión y el significado de la captura de Álvaro Cruz Vargas, aunque no se sabe si podrá seguirlo haciendo durante mucho más tiempo.

En corto, Presidente Santos: No se “de-patrasée”, o se eche para atrás. Urge la publicación del texto total del acuerdo sobre Justicia Transicional alcanzado recientemente en la Habana, y, avanzar acelerada y resueltamente  el Acuerdo Final. Mire que “el palo (como decimos en mi tierrita) no está para hacer cucharas”.

Fuente Imagen Internet. Foto. JJUribe. Septiembre 18 de 2011.        

 

Uno de los más grandes hallazgos de la historia política colombiana y que se remonta a la llamada revolución del medio siglo (1848), según lo relata Germán Colmenares en su excelente, condensado, visionario e insuperable ensayo, “Partidos Políticos y Clases Sociales” 1968; es cuando la actual clase dominante toma “conciencia de clase”, se cubre con el manto de la representación general de la sociedad (sus intereses son los de toda la sociedad) conforma los dos partidos políticos tradicionales actuales y despliega todo el Poder para sí.

Los dos partidos políticos hegemónicos, tanto el Liberal como en el Conservador, a lo largo de todo el acontecer político colombiano hasta hoy, es decir durante 167 años, siempre han interactuado e imbricado dos fracciones con concepciones y nombres distintos, pero que en el fondo corresponden a una tipología básica:   

Unos “guerreristas” o exasperados liberales o conservadores, y otros “pacifistas” o moderados liberales o conservadores. Unos impulsadores de la guerra, solos o coaligados, mientras los otros acumulaban capital y se enriquecían con esta, solos o en coalición.

Es la historia de las 9 guerras civiles seguidas de los varios   pactos bipartidistas en las alturas ocurridas durante el siglo XIX. De los conflictos sangrientos de los años 30 con sus acuerdos políticos bipartidistas. De la llamada Violencia Bipartidista del medio siglo XX cuyos 300 mil muertos fueron saldados con el pacto liberal conservador de Sitges: historia de la infamia suficientemente aclarada en extenso por Fernando Guillen Martínez en su ya clásica obra “El Poder Político en Colombia” 1979.

Luego la transformación del conflicto social y político en la guerra contrainsurgente prolongada hasta la actualidad, que por razones de su mismo desarrollo durante 60 años, ha tenido que llegar a una Solución Política del mismo, es decir a un Pacto Político pero ya no  en las alturas del Poder y entre las fracciones guerreristas y pacifistas de Liberales y Conservadoras de los dominantes como se venía haciendo, sino mediante un Pacto Vertical con un amplio sector social subordinado, cuyo tamaño aún no ha sido cuantificado a pesar de las cifras de la desinformación mediática.

Y este es el QUÉ, el CUANDO y el POR QUÉ, en el cual nos encontramos actualmente. Situación que no se ha entendido o mejor no se ha querido entender por el sector “guerrerista” de la clase dominante.

Con el proceso de paz de la Habana, cuyo fin se vislumbra, hemos ido llegando paulatinamente a un “compromiso” social verdaderamente novedoso y de muy amplio y serio reconocimiento Mundial e Internacional; que con el acuerdo sobre la Justicia Transicional alcanzado el 24. 09.2015, se ha destapado el antihigiénico y destartalado inodoro, encharcado y rebosante de materia fecal del conflicto social y armado colombiano, para ponerlo a fluir y a correr. Posiblemente el inodoro continúe siendo el mismo durante un tiempo, pero una vez destapado es indudable que se ha generado una nueva situación general.

 ¿Cuál es la estrategia política actual de los guerreristas dominantes en su acre disputa por la hegemonía del control de toda la maquinaria del Bloque de Poder Contrainsurgente dominante, montada durante todos estos largos años de conflicto? La misma de siempre: El Miedo más visceral y su compañero inseparable la vil Mentira, sintetizados en los trinos y declaraciones de Uribe Vélez, enfurecidos por unas declaraciones imprudentes y provocadoras del Fiscal Montealegre que rápidamente el Oligopolio Mediático Contrainsurgente se apresuró a publicar (¿Dónde está la costosísima Springer que no los asesora bien?):

Le van a entregar el país a las Farc por meterme a la cárcel” tuitea AUV  (ver  http://www.elespectador.com/noticias/politica/le-van-entregar-el-pais-farc-meterme-carcel-uribe-al-fi-articulo-589358 )

Que deja clara su intención de largo alcance por no aceptar nunca lo que significa para la Colombia actual la palabra internacional o diplomática “Compromiso”, en donde las partes en conflicto, por razones de que ninguna pudo derrotar a la contraparte (ni la guerrilla derrotó al Estado; ni este a pesar de los falsos positivos y todo el Terror de Estado contrainsurgente desplegado durante 60 años pudo derrotar a los insurgentes) se han visto obligados a llegar a un Compromiso en donde ambos ganan, pero también ambos pierden. Hay que basarse estrictamente en lo escrito y pactado.

Discrepo amigablemente de quienes desde la llamada  Izquierda colombiana creen que Uribe Vélez “muerde la derrota” o que su destino es la cárcel. O incluso el clamor de algunos “liberales pacifistas” quienes reproduciendo el cuento del embajador de Los EEUU en Bogotá de que  este tenebroso personaje tantos años a su servicio es “necesario para la paz de Colombia”, suplican por una alianza entre JM Santos y Uribe Vélez, cuando no hay tal.

En un horizonte de mediano plazo que no subestime la fuerza social que representa AUV con sus poderosos apoyos Trasnacionales que tiene, tanto en el gobierno de los EEUU como en Europa, lo que se ve es un reagrupamiento peligroso del sector partidario de continuar la guerra contrainsurgente que está trayéndose a su lado a un viejo y ducho militarista liberal como el vicepresidente Vargas Lleras, con su nuevo figurón Peñalosa como bisagra de unión.

Creo que Uribe Vélez así como está y con todo el viento  caliente que sopla y sus trinos flatulentos, es benéfico para que la cometa de la paz definitiva, digna y perdurable en Colombia se eleve en el firmamento donde pueda ser vista desde cualquier parte del Mundo. Este es uno de los logros del proceso de paz de la Habana: La irremediable e irreversible ruptura entre las dos fracciones de la Oligarquía (la guerrerista y la pacifista de que hablábamos al comienzo) en su encarnizada disputa entre JM Santos y Uribe Vélez por hegemonizar el Bloque de Poder Contrainsurgente dominante en Colombia, que sigue todavía intacto y que nos exige seguir pensando en cómo incidir como tercera fuerza para desmontar o trasformar semejante inodoro, y para que una nueva práctica de Justicia Social con Democracia y Soberanía  fluya nuevamente por los cauces de un Estado social de derecho.

Fuente Imagen: Internet. Familia Obama y Uribe Vélez     

Para Quito

Uribe Vélez pregunta a uno de sus asistentes para donde han viajado sus enconados enemigos Santos y Maduro. El asistente un poco azorado le responde que para Quito. Entonces AUV con toda la ira, malaleche o bilis de que es dueño responde:

-“Paraquito será su madre”.

Esta es una de las formas más colombianas de “mamarle gallo” a la oprobiosa y terrible realidad violenta de todos los días, que nos agobia desde hace dos siglos, y una forma ingeniosa y popular (no de trivializar la realidad) sino de sacarle el cuerpo al falso enfrentamiento que empezó a promover el Oligopolio Mediático Contrainsurgente dominante en Colombia y sus “pajólogos” o mejor pazólogos profesionales y pelechadores (tipo Springer), sobre quien ganó en la reunión realizada en Quito este 21.09.2015, para zanjar diplomáticamente la situación en la frontera colombo venezolana:

Si ganó Santos o ganó Maduro o quien perdió, como si se tratara de seguir con el viejo y desastroso sistema tradicional de “la gallera nacional”, cuando en una reunión de esas características no puede haber personas ganadoras ni perdedoras, porque nunca se trató de un problema personal sino económico, social y diplomático regional.

En sentido estricto quien ganó fue la Diplomacia y en esa misma lógica quien perdió fue su contrario dialectico la Guerra.

Esa guerra socio económica, tórpida, silenciosa y encubierta de infiltración y consolidación Paramilitar,  promovida desde Colombia por conocidos  “Cipayos” y estimulada por el “US Southern Command” (posiblemente y como dijo el mismo presidente Maduro sin el consentimiento “explícito” del presidente Santos) para darle el “golpe de gracia” al proceso bolivariano de Venezuela.

Era otro famoso “fin del fin” para el gobierno bolivariano anunciado desde hace varios meses por todos los “pajólogos” de la falsimedia colombiana y, por diversas coaliciones neo liberales y ultra reaccionarias de expresidentes del mundo orquestada por el español Felipe González.

Por ejemplo, el doctor Hernando Gómez Buendía uno de los más autorizados, documentados y serios analistas o  comentaristas sobre la realidad colombiana, escribió en si columna semanal “No es para Tanto”  del diario  contrainsurgente El Espectador, este 04.09.2015 lo siguiente:    

  (…….) ”Y es porque ni la OEA, ni Unasur, ni la ONU, ni la CPI, ni la   CIDH, ni ninguna de las instancias a donde acuden las patéticas autoridades de Colombia (la canciller, el fiscal, el procurador…) quieren ni pueden hacer nada de fondo. Como tampoco servirían las movidas patéticas que con tanto oportunismo ha sugerido cada uno de los expresidentes: Samper, Gaviria, Pastrana, Uribe.

Lo que en cambio tendríamos que hacer es prepararnos para que la caída inevitable del socialismo del siglo XXI no nos golpee demasiado duro”. http://www.elespectador.com/opinion/no-tanto

Pero la realidad, la odiosa realidad, es que la reacción defensiva oportuna y preventiva del gobierno venezolano echó por tierra tan prometedora profecía del oráculo Liberal colombiano. Hasta el momento no se ha cumplido el augurio y por el contrario, lo que el mundo ha visto es que el proceso bolivariano de Venezuela ha puesto una vez más en el orden del día aquella vieja frase de Lenin: 

“Una revolución sólo tiene valor cuando es capaz de defenderse

Y esa es la chilladera del liberal Cesar Gaviria, el segundo gran beneficiario después de Lleras Camargo, de los favores de la OEA o Ministerio de Colonias Yanqui, quien como buen fariseo se rasga las vestiduras ante la posible violación de los DDHH en la operación venezolana de cierre de la frontera, pero nunca, óigase bien nunca, alzó su chillona y desagradable voz para pronunciarse sobre la violación por parte del Estado de los DDHH en Colombia, no ya durante su desastroso gobierno que nos condujo al futuro, sino de los gobiernos de Pastrana o de Uribe Vélez, o de la parrillada de Belisario Betancur, o de Felipe González con el GAL, a quienes está convocando en santa ira o en santa alianza para continuar por otras vías la agresión a Venezuela, ya que la guerra directa parece haber dado un paso hacia atrás, ante el avance de la Diplomacia autónoma latinoamericana y caribeña que ha dejado obsoleta, definitivamente, a la OEA yanqui.

Santos no ha perdido nada. Acogiendo la sugerencia que le hizo ANNCOL en su último editorial (http://anncol.eu/index.php/editorial/item/2013-la-economia-colombia-en-profunda-crisis-ilusiones-sin-expectativas)  y dando muestreas de un realismo sorprendente frente a los hechos en la frontera colombo venezolana y sus repercusiones en toda la región,  venturosamente se ha apresurado a convocar una reunión definitiva y concluyente para el proceso de paz de la Habana, lo cual celebramos y apoyamos sin dubitaciones, porque vuelve a poner el centro en el centro.  

Por lo demás; le encimamos a Cesar Gaviria para su aquelarre a los expresidentes Aznar, a Tony Blair y a Bush, para ver si por fin logra alguna legitimidad mundial a su chilladera.

Lapidarium: Todos los subrayados son de mi autoría

Fuente imagen: Internet

 

 

    

 

         

 

 

 

       

      

El Atentado: El sol inicia su ascenso por entre la bruma que sale de los caballetes de los techos de teja de barro de las casonas bogotanas, y aún se oye el repique de las campanas de las iglesias cercanas llamado a misa matutina. En la casa del presidente don Rafael Reyes, el rustico campesino boyacense, viejo empresario y aventurero exportador de caucho, quien ha recuperado su fortuna de negociante en la guerra civil del 1885, y ha sido elegido presidente de Colombia, 8 meses atrás, con tan solo los 12 votos de mayoría que el cacique Iguarán de Riohacha le entregó previamente firmados en blanco para que los llenara a voluntad; mira tras el cristal de la ventana el cielo celeste de la luminosa mañana, antes de sentarse a firmar los “decretos ejecutivos” de ese día 10 de febrero de 1905. Hace 2 meses, en diciembre de 1904, ha cerrado el congreso de la república y convocado a una Asamblea Nacional y ahora gobierna dictatorialmente mediante “decretos ejecutivos”.   

Mañana 11 de febrero, será la boda de su hija Amalia Reyes Angulo, con el prestante miembro de la alta sociedad capitalina, Don Daniel Holguín Arboleda. El Sr presidente se soba las manos de regocijo por el entronque venidero. Pasa revista a los demás papeles: El decreto ejecutivo por el cual se nombra al comandante general de la policía, Juan C Ramírez, a quien apodan “toto” como cónsul colombiano en el gran puerto alemán de Hamburgo, se ha comunicado ayer y no quedan conspiradores en su contra sueltos o en libertad. Los doctores y generales conservadores que se reunían en el exclusivo Jockey Club de la carrera séptima bogotana a tomar Wiski, jugar naipe y conspirar con el jefe policial “toto”  Ramírez  para tumbarlo, están siendo procesados y son defendidos por quienes lo iban a remplazar con una junta de gobierno:

Al doctor Felipe Angulo llamado el tuerto, lo defiende con latinajos, citas bíblicas y versos chuscos su amigo el expresidente Miguel Antonio Caro. Al general Eutimio Sánchez lo asiste ese dechado de humildad republicana llamado Marco Fidel Suárez. Al doctor Luís Martínez Silva  don Nicolás Esguerra, y a los generales Jorge Moya Vázquez y Manuel María Valdivieso, don Antonio José Cadavid. No hay contratiempos. Todo fluye

A las 11 de la mañana, hora de costumbre, de ese 10 de febrero de 1906, el presidente con la escolta del capitán Faustino Pomar, llama a su hija Sofía, para que lo acompañe a dar el rutinario paseo de exhibición cotidiana en la carroza presidencial, por la carretera que conduce a Usaquén hasta la casa quinta del industrial cervecero alemán Leo Kopp, ubicada en lo que hoy es la calle 72. Al pasar por la iglesia de San Diego en un ventorrillo del camino, tres jinetes “enruanados”, veteranos de la guerra civil de los mil días que acaba de terminar, beben chica fermentada en totuma, montados sobre sus caballos. No hay dinero para la cerveza alemana fabricada por Herr Kopp. Miran con atención el paso del carruaje, lanzan entre los dientes imprecaciones campesinas, se limpian con el dorso del brazo la boca y dan vuelta a sus cabalgaduras para seguir de cerca el carruaje. Apuran el trote y lo alcanzan en el sitio barranco colorado justo donde hoy está la universidad de la Compañía de Jesús. Se ubican uno atrás y los otros a los lados de la carroza presidencial.

 A la media hora de paseo, según el horario establecido, el presidente entorchándose sus bigotes da por concluida la exhibición. Ordena al cochero dar vuelta para regresar a la casa de gobierno, pero uno de los jinetes que venía detrás  se adelanta y trata de detener los caballos del coche, mientras   los otros dos por un lado de la carroza, descargan apresuradamente sus revólveres contra sus ocupantes. El escolta Pomar responde el fuego y los rústicos jinetes huyen atropellados por la ruta de Chapinero. Nadie sufre un rasguño. Y en medio de las varias manifestaciones de desagravio que de inmediato la alta sociedad bogotana y el cuerpo diplomático ofrecen en la casa al presidente; la alta autoridad eclesiástica y rector vitalicio de la universidad del Rosario monseñor Carrasquilla, hace un típico chascarrillo bogotano: -“¡Dios, protege a Reyes de manera descarada!

El habilidoso comisario Marcelino Gilibert puesto en reemplazo del conspirador “toto Ramírez, se mueve con rapidez. El 13 de febrero son detenidos varios

sospechosos de haber fraguado el atentado, entre ellos el ex ministro y poeta José Joaquín Casas. El  célebre y sanguinario vengador conservador y jefe de la policía nacional, ex ministro del gobierno conservador anterior de Marroquín general Arístides Fernández. Los doctores Benjamín Uribe, Joaquín Uribe y Pantaleón Camacho. Se ofrece una recompensa de cien mil pesos-oro de la época, por los informes que permitan la captura de los rústicos jinetes que dispararon, Roberto González, Marco Arturo Salgar, Juan Ortiz y Fernando Aguilar, más doscientos mil por el instigador don Pedro León Acosta.

El ex jefe de la policía “toto”  Ramírez, para evadir las miradas acusadoras, conoce la finca en Suba donde se esconden los jinetes y se lo comunica al general Carlos Sarria jefe del estado mayor del ejército de Colombia, quien disfrazado de sacerdote y al mando de una patrulla armada, 19 días después, los captura.

-“Señores, les dice el general- sacerdote a los ignorantes y crédulos campesinos. Ustedes intentaron cometer un magnicidio horripilante que a los ojos de Dios no tiene ningún perdón. Así que lo único que puedo es oírlos en confesión y darles la absolución espiritual para aminorar el castigo eterno que se han ganado”. Luego en un falso rito católico los confiesa, detalladamente, uno a uno, para proceder a entregarlos a la patrulla armada que los conduce a los cuarteles de Bogotá. Cuando llegan, el general Sarria vistiendo nuevamente sus arreos militares  le dice a su amigo el Sr presidente: -“Listo Don Rafael, todos confesaron todo”.

Ese dos de marzo de 1906, al atardecer sabanero, cuando la luz de la mañana bogotana empezaba a disminuir, don Rafael redacta otro de sus famosos “memorándums”, con los que también se conocieron sus decretos ejecutivos,  convocando una corte marcial inapelable cuyo veredicto debe ser el fusilamiento público de los magnicidas en el sitio mismo donde se realizó el atentado. Lo más pronto posible. Los detalles dados al general Sarria son la base del implacable fiscal y los cuatro autores materiales del atentado son condenados a muerte y ejecutados tres días después el 5 de marzo de 1905. En el mismo sitio donde perpetraron el atentado. Amarrados a un botalón y sin miramientos ni contemplaciones. Como deben ser los escarmientos públicos:

Aún no hay explicación del porqué los encumbrados conservadores, autores intelectuales capturados no sufrieron ningún castigo y quedaron impunes. Ni cómo Pedro León Acosta el instigador directo del atentado, alquilado como peón de estribo del conocido presbítero Pedro María Rebollo, pudo viajar con él hasta Cartagena y embarcarse allí hacia Panamá, en un barco bananero de la United Fruit Company. Menos aún cómo el ex jefe de la policía colombiana “toto” Ramírez hizo efectivo su nombramiento de cónsul en Hamburgo y con un adelanto de los viáticos oficiales llegó a Venezuela para continuar sus conspiraciones contra el Sr presidente.

La caída: tres años después de los fusilamientos, el 12 de marzo de 1.909, en las calles bogotanas cercanas al palacio presidencial hay estridentes marchas estudiantiles y demostraciones de trabajadores contra los Tratados y el ambiente mefítico Nacional. El descontento va en aumento y se le pierde el miedo al dictador y a su policía. El viejo dictador de Colombia, sentado en la gran poltrona presidencial hace llamar al implacable jefe de la policía Marcelino Gilbert. Cuando este llega, atusándose su bigotico retorcido en las puntas hacia arriba, le clava penetrante su mirada glauca y le pregunta

“¿A qué se debe todo ese bochinche en la calle?”  El policía carraspea y tartamudea. –“General, le dice, los estudiantes, con algunos artesanos y, la plebe; protestan por los Tratados Internacionales que se presentaron a la Asamblea Nacional. Alguien filtró sus textos y se ha generado una gran repulsa incluso nacional. Además, vuelve a carraspear, el sr presidente sabe la cantidad de calumnias y barbaridades que sobre su gobierno dicen sus opositores”. Reyes, baja la mirada aparentando ignorarlo, responde secamente: -“No. Dígame de que se trata”. El jefe policial saca una pequeña libreta de bolsillo y lee:

Se dice que el sr presidente manda torturar a los presos políticos e incluso a los presos comunes que están en las cárceles de la nación. Que su Excelencia se entiende por debajo de cuerda con las potencias extranjeras para vender nuevos pedazos del territorio nacional; que manda depositar sumas fabulosas en bancos del exterior, que regala acciones del Banco Central a quienes le prestan sus servicios políticos caracterizados, que otorga concesiones para la construcciones públicas y se hace expedir acciones a nombre de su excelencia y sus hijos. Que su señoría, ha hecho cambiar el trazado del ferrocarril de Girardot para que los trenes pasen por frente a la finca de su compadre Aparicio; que ciertos allegados a la presidencia de la República, se enriquecen con el monopolio de la sal. Que las subvenciones concedidas a los contratistas de los ferrocarriles y a algunas industrias nacientes, son repartidas entre el sr presidente y sus beneficiarios, y que su secretario, el sr Camilo Torres Elicechea, maneja una chequera milagrosa con fondos inagotables, por medio de la cual el general presidente Rafael Reyes, a quien llaman el dictador, compra conciencias y doblega voluntades (1)

Hoy por ejemplo los ánimos se han exasperado, al saberse que en los Tratados Internacionales que se venían negociando en secreto y que en enero pasado fueron firmados en Cartagena, entre el Secretario de Estado Norteamericano Eliuh Root y Enrique Cortés y que han sido presentados a la Asamblea Nacional para su aprobación, figura que el gobierno de los Estados Unidos no da a Colombia ninguna indemnización por la separación de la provincia de Panamá y en cambio, si se obliga al gobierno colombiano a que reconozca las fronteras de ese nuevo país. Y a que acepte de ese gobierno la suma de 2 y medio millones de dólares, como aporte en pago a la deuda pública colombiana, renunciando a cincuenta mil acciones en litigio de la Compañía Francesa del Canal, que nunca Panamá ha poseído. (2) Reyes da por concluida la entrevista y se retira pensativo. -“Es un poco lo que percibí en mi última gira”, se dice.

En la Asamblea Nacional que él había conformado a su antojo en Marzo de 1.905, exactamente cuatro años atrás con el fin de legitimar su gobierno ejecutivo, ahora uno de sus turibularios y aduladores más reconocido Luis Cuervo Márquez, grita para la historia este docto aunque poco convincente argumento: “O imitamos a Grecia que solo vino a reconocer a Persia 2.000 años después de la invasión de Jerjes, o imitamos a Inglaterra que reconoció la separación de los Estados Unidos seis años después. Y concluyó: ¡Así proceden los pueblos grandes!”(3)

Sin embargo la repulsa popular continúa. Al dictador no le tiembla el pulso y ordena emplazar ametralladoras en palacio y detener a los dirigentes estudiantiles y populares “revoltosos”, como cuando en marzo de 1905 ordenó sin pestañear el fusilamiento de los atacantes que le habían disparado un mes atrás en barro colorado “en las goteras de Bogotá”.   

 Al día siguiente 13 de marzo de1.909, cita un concejo de ministros que encuentra la fórmula salvadora: Rafael Reyes presenta renuncia a su cargo de presidente de la república y deja encargado a su “compadre” Don Jorge Holguín, quien a su vez retirará los Tratados de la Asamblea Nacional y le dará tiempo para escabullirse a Santa Marta y tomar el primer barco con destino a Europa.

Días después durante su silencioso viaje hacia el mar que lo llevará a Europa, recordando sus peripecias en las selvas del Putumayo como cauchero exportador e inmisericorde explotador y esclavizador de indígenas; hace una única parada en Puerto Wilches con el fin de entrevistarse con su viejo amigo y copartidario el general conservador de la guerra de los mil días Ramón Gonzáles Valencia, con el fin de advertirlo y ponerlo al tanto de la situación, pero por sobre todo, para garantizar la continuidad del poder teocrático instaurado por su protector Rafael Núñez  .

Ya lo había advertido en la Asamblea Nacional, en una de esas discusiones sobre los Tratados, un asambleísta perspicaz, el diputado Tavera cuando gritó iracundo: “¿Qué quieren? Ya no son ni Andrés Bello, ni Calvo, ni Blunstchli quienes rigen en materia de intereses internacionales: Ahora son los cañones y las rémingtons” (4). Había descrito en pocas palabras la doctrina Monroe, bajo la cual se le amputaba a Colombia la provincia de Panamá, y, mediante “decretos ejecutivos” la introducía a la fuerza, en el actual capitalismo industrial y financiero internacional. (5).

Notas:

1) Eduardo Lemaitre. Rafael Reyes. Editorial Espiral Bogotá 1967. Pág. 356

2) Lemaitre, ob cit, pág. 370

3) Lemaitre, ob cit, pág. 372.

4) Lemaitre, ob cit, pág. 373.

5) Darío Mesa. La vida después de Panamá. (1903-1922). Manual de Historia de Colombia. Colcultura. Bogotá 1982. TIII.

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Gonzalo Jiménez de Quesada, el conquistador español de la actual Colombia es un miembro de una antigua familia de judíos conversos o “marranos” asentada en la morisca Córdoba, dedicada desde antaño a la fabricación de paños y textiles, y que por diversas actividades fraudulentas en los negocios y uso de tintes falsificados, ha sido expropiada por las autoridades de la ciudad al haber perdido el pleito, que él como letrado en leyes adelantó en defensa de su familia.

En la ruina, se embarca junto con sus dos hermanos para el nuevo mundo en busca de fortuna. Su madre y sus hermanas con síntomas objetivos de padecer la enfermedad de Hansen o lepra, se quedan en Andalucía.

El 5 de abril de 1.536 una expedición de 600 hombres de a pie y 70 de a caballo comandada por él, sale del recién fundado caserío colombiano de Santa Marta para remontar el río Magdalena rumbo al interior del país. Tras múltiples azares llega 6 meses después, con tan solo 170 hombres y 70 jamelgos a las cercanías de la actual Barranca bermeja, a un sitio que bautiza  “la Tora” en honor a sus ancestros judíos y que ahora oculta.

Descansa y tras reconocer el terreno remonta el río Opón en busca de la cordillera andina, en donde se ha enterado  vive una numerosa población indígena vestida y alimentada que utiliza sal en sus comidas y se adorna con figuras de oro y esmeraldas extraídas de la tierra. Pasado un año, el 9 de marzo 1.537, ya está en la Provincia de Vélez en donde saquea violentamente a los nativos de ese feraz y hermoso valle. El oro fino saqueado al fundirlo pesa 97 pesos, más 4 tomines.

Por el camino va dejando asentamientos de sus soldados rezagados o enfermos, uno de ellos enfermo de lepra de apellido Zárate se queda a vivir en el recién fundado caserío de Vélez. El 21 de Abril de 1537, el licenciado Jiménez de Quesada llega a la actual sabana de Bogotá,  la que denomina el valle de los alcázares. Mira hacia los cerros orientales y asocia el paisaje con el de la serranía andaluza de Granada. Ordena construir 12 bohíos en nombre de las doce tribus de Israel y esa noche anota en “el cuaderno de jornada” el ingreso de 4.619 pesos de oro fino y 527 esmeraldas obtenidos en la Nueva Granada”,  que desde ese día tendrá dueño y administrador.

Después de varias “guasábaras” sangrientas para los indígenas, el cacique de esa región llamado “Bacatá el viejo”  o Tizquesusa trata de esconderse en los pequeños montes que bordean los campos de Chía. Encontrado pero confundida su jerarquía es acuchillado y con él se va la información de los “supuestos” tesoros en oro fino y esmeraldas que previamente y mediante un acto legal escrito, Jiménez de Quesada había declarado propiedad de su majestad el rey de España. Tan solo ingresan a la caja del botín, 600 pesos de oro fino y 145 esmeraldas. Hay que buscar más y encontrar.

Envía expediciones sangrientas hacia Tunja, Sogamoso y Duitama que en octubre regresan a los ranchos de los alcázares de Bacatá con 185.536 pesos de oro fino, 29.806 pesos de oro bajo y 836 esmeraldas. Mientras tanto su hermano Hernán Pérez de Quesada sale a buscar en los valles del alto Magdalena a través del territorio de los Panches para regresar en febrero de 1.538, con 4.150 pesos de oro fino, 316 pesos de oro bajo y 28 esmeraldas, que se ingresan en “el cuaderno de la jornada”.

Dos años después del inicio de la expedición el 15 de junio de 1538, se escribe en Bogotá o Bacatá, uno de los documentos más patéticos y esclarecedores de lo que fue la empresa capitalista de la colonización española en la actual Colombia con su relación de producción básica: El saqueo. Documento rescatado para la Historia, por el gran historiador Juan Fride en su libro “Gonzalo Jiménez de Quesada a través de documentos históricos. Estudio biográfico”. Biblioteca de Historia Nacional volumen xcv. Bogotá 1960. Documento nº 12 Págs. 136 y ss, titulado, reparto del botín:

Se reparten según las estrictas leyes dictadas por la Corona, 191.259 pesos de oro fino, 37.288 pesos de oro bajo, 18.390 pesos de “chafalonía” (oro mezclado) y 1.818 esmeraldas. Descontado el quinto para el rey quedan 289 partes, de las cuales a Jiménez de Quesada le corresponden nueve. A los 179 hombres presentes de a pie o de a caballo, les corresponde una parte a cada uno, consistente en 510 pesos de oro fino, 57 pesos de oro bajo y 5 esmeraldas. No queda “chafalonía” para repartir.

Pero la codicia continúa corroyendo el alma del converso saqueador. En noviembre de ese 1.538, le instaura un pleito penal a Sajipa, el sobrino sucesor del cacicazgo de “Bacatá el viejo” o Tizquesusa, porque adeuda al rey soberano de España la suma de 10 millones de pesos oro y 10.000 esmeraldas que se hallan escondidos en el tesoro que no quiso entregar su tío materno al abogado Jiménez de Quesada y, debe devolver so pena de “tormento recio”.

Se busaca a Sajipa en todos los cercados hasta que  finalmente lo encuentran. Una vez apresado se le secuestra en un rancho y se utilizan todos los medios de presión para que entregue el tesoro de su tío. Sajipa no entrega nada y entonces el marrano saqueador, licenciado en leyes españolas condena en un acto formal, al cacique de los Chibchas “a tormento de cuerda porque por aquí no hay otro”.

Es simple: se amarra al secuestrado por las manos atrás y se va subiendo lentamente por una viga, sin producirle la muerte o de lo contrario se pierde la información del tesoro.

Tras varios meses de tortura continua y los brazos totalmente descoyuntados, Sajipa acepta saber de un sitio donde hay un posible entierro. En un acto que recuerda la noche septembrina de Santander en 1826, el converso leguleyo sabe que su presencia formaliza o legaliza lo actuado y se cuida de no asistir. Manda comisionados de confianza que van con el cacique, excavan y no hallan nada. Ya es febrero de 1539.

Los comisionados Juan de San Martín y Juan de Céspedes aplican a Sajipa más torturas. Cortan las plantas de los pies. Tampoco hallan nada. Calientan herraduras al rojo vivo y las aplican en las plantas sangrantes. Sajipa alucinando y moribundo es trasportado al real y muere tras un mes de delirios. Es el inicio de la Nueva Granada.

El licenciado Jiménez de Quesada, debe viajar a España a enfrentar ante la justicia real varios pleitos, por los cuales incluso estuvo brevemente en prisión: Estafas a sus compañeros y principalmente el robo en complicidad con su hermano de 12.000 pesos de oro al tesoro de la Corona. Debe también acallar los rumores sobre el secuestro, torturas y muerte de Sajipa. Habilidoso, disuelve todos los cargos con gran elocuencia, pericia procedimental y sobre todo con oro fino. Poco tiempo después, el fiscal de la Corona española califica el proceso de ficticio: el secuestro y muerte del cacique Sajipa es una ficción. Sin embargo, en Colombia, la realidad seguirá siempre superando la ficción.

Así, con la realidad negada con oro y de manera legal, nuestro primer Gobernante; el abogado regidor de Bogotá, Mariscal y Adelantado de la Nueva Granada, encomendero de hecho, perpetuo y por dos vidas, sin linderos, ni número de los indios de Fontibón, Sogamoso y Guatavita; repartidor de indios a sus compañeros de armas, fundador de la “nación” colombiana y quien convirtió en supremo principio de su gobierno la consigna leguleya de “pleito que no gano lo enredo para siempre”, pudo continuar intrigando y pleiteando desde su encomienda de Mariquita, cubriendo sus llagas con ceniza hasta morir lentamente en 1.579, a los 70 años, de vejez y de lepra benigna; pero dejando instaurado como herencia perdurable en Colombia la enfermedad de la lepra y el leguleyismo. Tambien el secuestro, la tortura y la extorsión oficiales, como delitos impunes.

La principal avenida de Bogotá, hoy ostenta su nombre y como recordatorio o ejemplo perpetuo, en su inicio, exhibe la estatua del Licenciado de cuerpo entero,  armado con su espada jurídica, justo a la entrada de una de las más importantes universidades de Colombia.

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La reelección en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de Luis Alberto Moreno, el gran amigo del ex presidente Pastrana, ha sido una oportunidad de excepción para que el capital trasnacional con intereses en el hemisferio americano, hiciera un buen análisis de la  coyuntura colombiana, y con voz autorizada planteara prioridades y acciones a futuro.

En una entrevista a la casa editorial de la Familia Santos, el Tiempo.com  15.09. 2015, el doctor Moreno dice, entre varias cosas, las  siguientes realidades:

1…..”“Nuestros sistemas tributarios son inadecuados e inequitativos, la educación es de mala calidad, el acceso al sistema financiero todavía es bajo, la infraestructura necesita mejorar, el mercado laboral es poco flexible y la justicia, poco eficaz. En todos esos campos y en varios más hay que hacer reformas que obviamente se deben ajustar a las realidades nacionales”…..

2….” Sacar adelante los cambios requiere liderazgo, que es lo que cualquier ciudadano espera de sus gobernantes….. Lo que la gente quiere es que le digan la verdad y le presenten fórmulas. Lo que más deslegitima a cualquier gobernante es la falta de transparencia y de propuestas.”.  

3…..” El proceso de paz se ha tomado su tiempo, pero cada vez veo más probable que termine con un acuerdo. Dicho lo anterior, a partir de ahí comienza un trabajo inmenso que tomará años de esfuerzos. Pero eso no es lo que más preocupa…Pienso que la agenda nacional no puede estar supeditada a lo que pasa en Cuba. Es incuestionable que acabar con el conflicto interno es algo que nos conviene a todos, pues mejora el clima de inversión y ahorra recursos que hoy se destinan a la seguridad, además de evitar la pérdida de centenares de vidas anuales. Pero las reformas en múltiples áreas tienen que avanzar cuanto antes”.

4…”La polarización (entre Uribe Vélez y JM Santos) sigue, y eso nos hace mucho daño. Más de uno me ha escuchado decir que no solo necesitamos un pacto en La Habana, sino uno en Bogotá. Es increíble que no podamos ponernos de acuerdo en los temas grandes como la mejora en la educación o la disminución de la desigualdad, por la falta de visión, enemistades personales y rencillas políticas. A ambos los conozco bien y para ellos solo tengo palabras de agradecimiento. Doy fe de todo lo que aman a Colombia y aspiro a que se puedan entender en reformas que beneficien a las próximas generaciones. Pero también me refiero a los empresarios o los académicos. No podemos seguir como perros y gatos, mientras la gente exige que la justicia o la salud funcionen y que la inseguridad disminuya.

5….…..”Con Venezuela: seguir intentando la vía de la diplomacia. Al mismo tiempo, usar esta situación para trabajar en temas de desarrollo fronterizo, una asignatura en la que venimos fallando desde hace tiempo, comenzando por Cúcuta, que en más de una ocasión no hemos tenido en cuenta, pero también pensando en Paraguachón, Arauca o Puerto Carreño. De lo que se trata es de ocupar el espacio para que no le quede espacio a la ilegalidad.”

 

6….”Los empresarios tienen velas en este entierro. Me impresiona que el nivel de pesimismo que encuentro cuando voy es mayor del que uno espera, sobre todo por parte de un sector privado al que le ha ido muy bien en lo que va de este siglo y que sería el primer ganador de un país más pacífico y con menores niveles de pobreza.  (En: http://www.eltiempo.com/economia/sectores/entrevista-con-luis-alberto-moreno-presidente-reelecto-del-banco-interamericano-de-desarrollo/16373460)

Como lo dijimos al inicio: Es la voz de la “racionalidad capitalista” en este caso hemisférica,que le hace sonar la  campana de la advertencia a quien pusiera como presidente de Colombia para que le manejara sus intereses globales.

¿Qué se puede sacar en claro de las advertencias del doctor L.A. Moreno?

Primero que todo que,  JM Santos como se dice en Colombia “está crudo” en todas las materias que el  pequeño- gran-burócrata-trasnacional le señala. No hay necesidad de repetir cuales son. Basta mirar arriba el primer punto de la entrevista que requieren de inaplazables reformas.  

En segundo lugar que. el liderazgo presidencial no ha correspondido con las expectativas a él asignadas. No hay sino que leer el terrible señalamiento que se le hace en el segundo punto: falta de liderazgo, falta de propuestas, insinceridad y opacidad. En fin, que por estar enfrascado en la riña mediática y sobre todo electorera con AUV, el presidente ha quedado pegado en la telaraña viscosa y envenenada contra el proceso de paz que le puso AUV desde el momento mismo de la posesión presidencial para paralizarlo. Hoy se ven los resultados de esta parálisis.

Tercero que el proceso de paz no ha sido producto de una derrota de la insurgencia como lo pregona Santos, sino como dice el doctor Moreno “algo que nos beneficia a todos” pero muchísimo más a sus intereses (obviamente trasnacionales) “pues mejora el clima de inversión y ahorra recursos que hoy se destinan a la seguridad (léase millonario presupuesto para el ministerio de defensa y  gasto militar en general 6.5% del PIB) además de evitar la pérdida de centenares de vidas (léase de  colombianos de ambos bandos) anuales” .

Cuarto: Bueno, lo de la riña de peros y gatos entre AUV -JM Santos, así como la solución diplomática del asunto fronterizo con Venezuela, tratadas en los puntos 4 y 5 de  su entrevista; según las últimas iniciativas “diplomáticas” del embajador USA en Colombia señor Kevin Whitaker, parece ser que la diplomacia americana desconfiando del tropicalismo de la diplomacia colombiana de pasarela y cruzadita de pierna, ha resuelto tomarlas bajo su propia responsabilidad:  Santos ha quedado  reducido a decirles a los héroes de la patria, tan eficientes para combatir el enemigo interno comunista, que está vez “ni provoquen ni se dejen provocar de los Venezolanos”. Nada más.

Quinto Que la crisis de la justicia y sobre todo del enorme y costoso  barril sin fondo en que se ha convertido actualmente la Fiscalía colombiana con el prospecto santista de Montealegre y quien pretende juzgar a los rebeldes de la Insurgencia guerrillera, forma parte de la reforma a la justicia  y de las demás reformas inaplazables mencionadas en el primer punto de la entrevista. Pero que por aquel viejo mandato del neo liberalismo de “dejad hacer, dejad pasar”, tendrá que esperar a ver qué sucede en las próximas elecciones que están en marcha.

En resumen; que el presidente de “todos” los colombianos JM Santos no se ha dado cuenta, por aquello del perro y el gato, ni por un minuto que: 1) El país necesita un liderazgo fuerte desde las alturas del poder que presente y ejecute verdaderos proyectos estructurales de reformas que el país necesita, incluidas las que se pacten en el proceso de paz de la Habana el cual, con la batalla de ideas y las dinámicas sociales generadas en favor de un proceso constituyente popular y democrático, puede ser una solución real y cierta para la coyuntura de mediano y largo plazo analizada por el doctor Moreno. 2- Tampoco se ha dado cuenta JM Santos, por andar sirviéndole de jefe de debate electorero a Roy Barreras que, el conflicto colombiano ha desbordado o roto el quiste aislado en donde lo quiso mantener durante mucho tiempo todos los componentes del Bloque de Poder Contrainsurgente (Imperialismo, Oligarquía, Empresarios, Gremios, Multinacionales, Ejercito, Paramilitares, Oligopolio Mediático y demás etcéteras) y que por aquello de la dialéctica, Venezuela ha entrado dentro de él. Es decir, lo externo se ha tornado interno y ha entrado a formar parte del llamado por el presidente Santos “conflicto interno colombiano”, pues sin una solución diplomática bilateral y de largo alcance  en toda la frontera colombo venezolana como la descrita arriba en el punto 5 de la entrevista ¿cómo se podrá hablar de paz interna en Colombia?  

Lapidarium: debo decir que todos los subrayados y énfasis puestos son de mi autoría.

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Apolinar Murillo Pinzón a quien sus conocidos llamaban Polo, era un muchacho de unos quince años, callado o reconcentrado y un poco arisco, delgado, pelo rubio, frente amplia y con ojos vivaces de color flor de borraja. Vivía todavía con sus padres en una casa colonial grande de teja y adobe con un gran solar ubicada a la salida de Puentenacional, donde su padre Zenón Murillo había habilitado un cuarto a la entrada como bodega para comprar café al menudeo y luego venderlo al por mayor ya encostalado.

Polo, como lo llamaban familiarmente, ayudaba a su padre en la bodega y asistía a la escuela municipal el último año de secundaria. Durante las vacaciones, su tío Isidoro quien conocía sus habilidades, innatas talvez, como rastreador y su certera puntería, le mandaba un caballo desde la finca la Asunción en Guavatá, para que lo asistiera o lo acompañara en las cacerías, especialmente de zorros, que solía realizar en esa propiedad y en la región aledaña. Isidoro tenía una pequeña jauría de 4 perros, tres hembras y un cachorro, marrones a manchas blancas, pelo corto y orejas no muy largas caídas, cazadores de raza alemana pero de varias generaciones en Colombia, adaptados y entrenados al sonido de un cuerno para perseguir zorros, zorros-perrunos y otros cánidos similares, que cuidaba con gran esmero en un gran corral caseta construido para tal fin no muy lejos de la casona principal.

Fueron bastantes las cacerías que compartieron, talvez pocas exitosas, pero más que la misma cacería del zorro,  era la marcha a pie casi siempre de todo un día, de la tropilla de cazadores y peones ayudantes, por potreros y bosques frondosos, cañadas y quebradas, colinas y llanadas y hasta cerros montañosos y descensos, siguiendo a los perros aullando detrás de las huellas y rastros dejados por el astuto animal perseguido, que se daba la maña de entrecruzarlas o sobreponerlas o saltarlas y desorientar a sus ruidosos perseguidores. Una verdadera relación familiar respetuosa de compañerismo surgida en estas correrías, los aproximaba.

El domingo de primera semana de Octubre de 1899, después de la acostumbrada misa dominical, el activo y emprendedor párroco de Vélez padre José Nepomuceno Riaño, como era costumbre después de saludar personalmente en el atrio de la iglesia a los feligreses más notables e intercambiar algunas opiniones, le dijo a don Isidoro que deseaba hablar con él. En el camino a la casa cural tomándolo del brazo le expuso que había recibido la noticia desde Bogotá de que los liberales harían el pronunciamiento de guerra contra el gobierno a más tardar el 20 de ese mes en Bucaramanga o en Socorro. No era todo, el párroco de Puentenacional había sabido que su sobrino Apolinar junto con unos pocos jóvenes rebeldes de esa parroquia, se incorporarían en las tropas liberales. Convenía ir urgentemente a convencer a ese joven de su error y recupéralo para la patria cristiana. – “No se preocupe padre, hablaré con Polo tan pronto pueda y lo recuperaremos”, respondió Isidoro añadiendo que le avisaría.  

En efecto dos días después, unas mañana aún fresca antes de la canícula solar, Isidoro llegó a la casa de su hermana Eulalia, madre de Apolinar y después de saludar también a su esposo Zenón Murillo, hermano de la esposa de Isidoro y tener una pequeña conversación, les pidió el favor que le prestaran a su hijo Apolinar porque tenía pensado realizar una cacería de zorro y lo necesitaba. Le dieron su consentimiento y Apolinar que llegó a la casa un poco más tarde al enterarse de la solicitud de su tío, estuvo de acuerdo en acompañarlo.

Iniciaron el viaje hacia la Asunción por el camino a Guavatá, al principio ambos bastante silenciosos, pero pronto Isidoro le comentó a su sobrino en tono bastante familiar que había sabido se marcharía a la guerra. Apolinar detuvo el caballo y mirando fijamente a su tío le preguntó como lo había sabido. Isidoro le respondió con sinceridad que el párroco de Vélez había sido informado por el de aquí, de las intenciones de él y de sus amigos de irse a hacerle la guerra al gobierno y, por esa razón estaba tratando de explicarle el error en el que  se encontraba.

Una intensa tensión surgió entre ambos en ese momento. Apolinar tomando aire, frunciendo el ceño y atirantando las riendas de su cabalgadura respondió: - “Tío Isidoro, con todo respeto le digo que precisamente por esa tiranía que tiene montada los curas, es que me voy a combatirlos. He tomado esa resolución y no pienso cambiarla. Además le digo otra cosa tío; toda mi familia lo sabe y me apoya. Estamos en ruina. Desde hace más de un año nadie compra ni vende un grano de café y todo el mundo dice que para acabar con el mal gobierno de ese viejo loco de Anapoima, no hay otra salida que la guerra”. Luego dando la vuelta a su caballo y sin mediar más palabras se regresó por el mismo camino por donde habían venido. Isidoro perplejo ante esta sorpresa guardó silencio y con un gesto evidente de disgusto, reconcentró su pensamiento. Era una situación muy difícil para la familia, pero realmente había avanzado demasiado y se presentaba de manera sorpresiva. – Bueno, se dijo a sí mismo, si el muchacho en su rebeldía quiere probar esa suerte será difícil detenerlo ya, pero que toda la familia, como le había dicho, lo apoyaba en esa aventura, era una situación más complicada de lo esperado. Resolvió poner tierra y tiempo de por medio y espoleando al caballo marchó a paso ligero hasta la finca de Guavatá.

Una semana después, el 18 de octubre de 1899, Apolinar, junto con otros nueve muchachos amigos entre quienes se hallaban los hermanos Olarte, se enrolaron   voluntariamente en la plaza de Puentenacional a la montonera organizada de 1.500 hombres armados llegados por el camino de Chiquinquirá, comandados por los generales Ramón Neira y Soler Martínez. Apolinar por su raza y apellidos fue designado comandante de un escuadrón nombrado como el de los Puentanos, dentro del batallón comandado por el coronel Temístocles Luengas: le dieron como dotación militar especial un machete de acero y un rifle Remington con 50 cartuchos que cargó a la espalda junto con la capotera con sus pocas pertenencias; para los demás, pesados fusiles comunes con un puñado de tiros. Sin demoras ni aspavientos a paso forzado, tomaron el camino hacia el Socorro a unirse a las tropas de Juan Francisco Gómez Pinzón levantadas contra el gobierno en su finca la Peña, quien junto con su amigo Francisco Albornoz, se habían  proclamados ambos como generales.

Bordeando el rio Saravita por un camino no muy transitado, esa noche acamparon en las afueras del pueblo de Guepsa, en la finca denominada la Teja. Al otro día casi al amanecer continuaron pasando por la aldea de San Benito, hasta alcanzar el pueblo de Suaita donde acamparon, y al otro día, unidos con los voluntarios levantados en esta plaza recomenzaron la marcha. Hacía calor y el camino ya no cruzaba por un paisaje temperado, verde, frondoso y ondulado, sino por peñascos áridos de matojos, tierra rojiza dura y pedregosa que seguía la ruta del rio Saravita hacia Socorro. Aunque era un poco más amplio estaba reseco por la canícula y las pisadas de hombres y animales de carga levantaban un polvero blanco que hacía difícil la marcha; pero debían alcanzar a la mayor brevedad las tropas del general Gómez Pinzón que según se comentaba entre la tropa iba rumbo a Bucaramanga a deponer el gobierno de esa ciudad y a constituir uno nuevo, se decía, sin la tiranía de los curas y del viejo loco de Anapoima que firmaba los decretos presidenciales con un sello de caucho.  

En marchas continuas acamparon en los caseríos de  Guadalupe, Guapotá y Palmas del Socorro. Subieron varias cuestas y en medio  de un repentino y torrencial aguacero llegaron a la ciudad comunera del Socorro. De allí se dirigieron luego a la Ciudad de San Gil y como la mayoría de jóvenes liberales habían marchado con el general Gómez Pinzón no hubo nuevas incorporaciones. Siguieron el camino de Pinchote, hasta que finalmente después de ocho agotadoras jornadas de marcha, alimentándose con las gallinas, pavos, yucas, plátanos,  víveres despojados violentamente a los pobladores, más uno que otro novillo cebado, llegaron a la Mesa de los Santos, al sitio de la Granja, donde se encontraba el general Gómez Pinzón recuperándose de las grandes pérdidas humanas sufridas el 29 de Octubre pasado en un  apresurado, desorganizado e infructuoso intento de tomarse el pueblo de Piedecuesta.

El 8 de noviembre se realizó la fusión de tropas: unos tres mil combatientes, y Uribe-Uribe recientemente llegado al campamento fue proclamado como jefe, designándose como segundo al general Neira. Acordado un rudimentario plan de ataque sobre Piedecuesta y Bucaramanga, se les ordenó a los soldados como medida de identificación, remangarse el pantalón de la pierna Izquierda hasta la rodilla y ponerse una ramita de hojas en la cinta del sombrero. Iniciaron la marcha por el boquerón de la Mesa de los Santos y el sitio de Corralejas hacia Piedecuesta, que se interponía en la toma de Bucaramanga, por lo que debía ser tomada a como diera lugar. Listos ya para el ataque más masivo que el anterior pero igual de desorganizado, los soldados liberales recibieron la alegre noticia de que el ejército gobiernista, unos 2.500 soldados, se habían retirado para hacerse fuertes en la capital departamental. La marcha continuó entonces hasta la población de Florida, donde acamparon esa noche, para entrar en el combate por Bucaramanga al otro día.

Bucaramanga era una ciudad  mediana de cerca de 20. 000, habitantes entre rurales y urbanos, con un núcleo citadino aproximado de 11.500 pobladores, 2.000 casas, tres iglesias, 102 talleres artesanales e innumerables casas comerciales y tiendas: punto estratégico para los intercambios con el río Magdalena, la costa caribe y la vecina Venezuela y, donde los comandantes liberales esperaban un levantamiento popular sobre la base de la vieja rivalidad, pico de oro, entre artesanos con los grandes comerciantes que evitara la batalla, y  que no ocurrió.  

El gobernador de Santander general Alejandro Peña Solano y los generales Vicente Villamizar junto con el defensor de Piedecuesta Juan B Tovar, habían dispuesto, parapetado y atrincherado sus 2.500 soldados gobiernistas en bardas, muros, tapias de adobe, casonas y torres de las iglesias, con vigilantes y francotiradores armados de buenos rifles y abundante munición.

Para cumplir su función de centro comercial cafetero, Bucaramanga había adquirido la forma de una cometa o papelote, acostada en una meseta soleada, cálida y arbolada, bordeada de altos barrancos terrosos de tierra rojiza, cuya cola llegaba por el sur hasta la Puerta del Sol en el camino a Florida y por sus lados; hacia el occidente por el camino hacia Girón, por el oriente la calle del comercio prolongada en el camino hacia Pamplona, por el Nororiente el barrio Payacuá con el camino de Lebrija y por el norte, después de la quebrada seca con el camino de Rionegro el que se bifurcaba en los llamados llanos de Don Andrés (Serrano) y la quebrada de Chapinero, en el camino hacia Matanza.              

El 12 de noviembre, después de que el general Uribe-Uribe solicitara infructuosamente en dos ocasiones a las autoridades civiles y militares de Santander, la rendición de la ciudad; el coronel Liberal Emilio Matiz en una embestida impetuosa, imprevista, desorganizada, es decir en montonera; imprudentemente implicó un asalto por el sur en la quebrada de la Iglesia y el caserío de la Pedregosa. Comprometiendo en combate a todo el ejército durante todo ese día. Los liberales pretendieron al día siguiente 13 llegar a toda costa al norte, a los llanos de Don Andrés para contactarse con los refuerzos liberales que venían por el camino de Matanza; pero fueron detenidos en los  barrios aledaños a la Puerta del Sol por las tropas gobiernistas, que al grito unánime de viva la inmaculada concepción, viva la republica cristiana de Colombia, vociferada como incitación al combate,  desde las torres de la iglesia de san Laureano por el sacristán Florencio Torres, con una inmensa bocina de latón previamente elaborada en la fundición de Bautista Penagos; rechazaron con muy buena puntería las cargas de machete desesperadas de los bisoños jóvenes liberales, en un encarnizado combate que resultó desastroso para los atacantes quienes al final tuvieron  innumerables prisioneros, cerca de 500 heridos y más de mil muertos; entre ellos, despanzurrados, los impetuosos comandantes generales Gómez Pinzón y Agustín Neira.

Apolinar recibió el golpe seco seguido del quemonazo de un tiro de máuser, frontal en la cara externa del muslo Izquierdo que sin comprometer grandes vasos, si fracturó el hueso fémur en su tercio medio; era una herida fea, anfractuosa, descarnada, sangrante y abierta, muy dolorosa y aterrorizante, que le impedía moverse. Sus compañeros del escuadrón de los Puentanos, había quedado desintegrado totalmente. Un vecino de combate  a quien no conocía se acercó donde Apolinar yacía quejumbroso, le rasgó a lo largo con un puñal la manga del pantalón y le sopló en la herida un buche de aguardiente que dejó inconsciente al herido durante algunos minutos, cuando volvió en si la herida tenía un trapo blanco que a manera de una banda le sujetaba el muslo ensangrentado. Apoyado en los hombros del compañero y saltando en un pie fue cojeando a los gritos hasta un sitio atrás de la línea de fuegos donde malamente en medio de lamentos, alaridos y entre una apretada masa sanguinolenta inidentificable, yacían sobre el suelo de tierra sus compañeros sangrantes, mutilados y destripados, algunos ya agonizantes. Cuando sonó la corneta tocando retirada Apolinar vio que su herida estaba cubierta por un coagulo que empezaba a endurecerse y la hemorragia empezaba a disminuir. Vino un médico medio calvo de bigote grande, silencioso, con cara ojerosa y desencajada que vestía un levitón largo embarrado y le vació directamente en la herida un chorro de ácido fénico; luego les dijo a sus auxiliares acompañantes que le entablillaran lo mejor posible toda la pierna y lo sacaran hacia la retaguardia.

 Allí estaban los heridos no tan graves lo que dio a Apolinar un poco más de confianza. Uno de los auxiliares del médico le dio una pequeña botella llena de ácido fenico y le dijo que todos los días de ahora en adelante y  preferiblemente en horas de la mañana tenía que destapar la herida y echarle un pequeño chorrito de ese líquido: debía administrarlo muy bien porque esa era su salvación. Las tablas con que le habían inmovilizado la pierna dejando la herida al descubierto debían siempre estar muy bien amarradas sujetando la pierna. Luego desapareció para regresar un poco más tarde con una horqueta de un palo grueso. Calculó el tamaño desde la axila hasta el borde del pie, cortó el tronco con el machete y se la entregó a Apolinar. Ese era su medio para caminar

En medio de los más imposibles dolores, con una sed abrasadora y una fiebre que empezaba a atormentarlo, se unió a la marcha de cerca de 100 espectros heridos, sangrosos y quejumbrosos que tomaron el camino hacia Piedecuesta. Lentamente a salticos, apoyándose en la horqueta debajo de la axila izquierda pudo avanzar en una marcha de ansiedad aterrorizante, un dolor profundo persistente, el sofoco de la sed y la fiebre, además del polvo, hacían un camino sin final. Extrañamente sin ser perseguidos por las tropas del gobierno, llegaron a Piedecuesta donde con los demás heridos afiebrados, baldados y mutilados, improvisaron un descanso en el atrio de la Iglesia. Personas misericordiosas o caritativas les llevaban panes y calabazos con agua fresca. Una, se la terció Apolinar a manera de cantimplora para él y sus compañeros de viaje.  

 A la mañana siguiente el responsable del grupo ordenó seguir: no era posible quedarse si querían seguir con vida. Todos haciendo un supremo esfuerzo continuaron la marcha hacia los caseríos de Bore y Umpalá. Pesadamente, haciendo breves paradas para mitigar la sed, pasaron por el cañón ardiente y reseco del río Chicamocha, el camino ahora de piedras blanquecinas, subía un cerro macizo serpenteando y haciendo enormes curvas por entre barrancos y cañadas erosionadas de árboles raquíticos, rastrojos y matorrales espinosos; luego bordeando difícilmente un pequeño rio, llegaron finalmente al caserío silencioso de Umpalá. También allí, en el espacio amplio de una especie de plaza central a la entrada de una pequeña iglesia o capilla, personas conmovidas ante la visión de tanto dolor y sufrimiento juntos, les ofrecieron algunas comidas y bebidas endulzadas con panela.

Un señor de mediana edad con cierta apariencia, mirando fijamente a Apolinar se le acercó y directamente le pregunto si era de Puentenacional. Apolinar movió la cabeza afirmativamente y el hombre agregó:- “Ya lo decía yo que lo conocía a Usted. Yo he hecho negocios de café con su papá y ahí lo miré a usted”. Luego agregó:- “Quédese donde está que ya regreso por usted”. Un rato después llegó nuevamente esta vez con cuatro peones quienes muy rápido armaron un guando con dos varas de madera y una hamaca para trasportar a Apolinar.

Después de despedirse tristemente de sus compañeros de dolor, fue trasportado en turnos por los peones durante una media hora, subiendo por un camino un poco más cómodo y fresco llegaron a una casa colonial de un piso, techo de teja roja y un gran alero salido  sostenido por varias vigas de madera como columnas, que cubría un zaguán de baldosines rojos de ladrillo y puertas de madera vieja altas y estrechas.

Cuando llegaron, el hombre que le había dado tal ayuda  se identificó: -“Me llamo Manuel Lamus y vivo aquí en esta finquita solo, porque mi esposa murió el año pasado, y mis dos hijos los mandé a estudiar a Bogotá. Aquí puede quedarse sin problemas mientras se mejora, porque nadie va a venir a buscarlo en estas soledades. Hay una familia de arrendatarios muy serviciales que vive en la casa y me hacen el oficio doméstico. Ellos le darán lo que necesite por si yo no estoy”.  

Luego, llamado al arrendatario lo presentó: “Él se llama Domingo Cubillos y la esposa es Marujita”. –“Mucho gusto. Mucho gusto”, dijeron quitándose el sombrero y enseguida ayudándole con la horqueta, lo llevaron a una habitación fresca y amplia con una cama tendida. Ya sobre la cama, Apolinar con dificultad se hizo la curación con el ácido fénico y le pidió a Marujita un trapo limpio para remplazar la banda sangrosa que traía y si fuera posible, una muda de ropa limpia cualquiera. Ella vino con su esposo y ambos le limpiaron la sangre, lo cambiaron y lo acomodaron. Domingo mirando la herida ya un poco más limpia le dijo que lo mejor era meterle diariamente un taco de panela raspada dentro y permanecer con las tablillas. Así había curado él un caballo con una herida muy profunda  y fea en un anca que le había hecho un toro al embestirlo. Como ya quedaba poco acido fénico en la botella, Apolinar aceptó sin mucha resistencia el tratamiento. Fue así como pronto empezó la fiebre a disminuir y el apetito regresó lentamente. Diariamente venía el señor Lamus y en medio de una charla muy corta se enteraba de la evolución de la herida. Pasadas unas semanas, Apolinar empezó a movilizarse primero en la habitación dando unos pocos pasos apoyado en la horqueta y luego hacia el zaguán para recibir unos minutos de sol. La herida comenzó a cicatrizar con una piel sonrosada y extraña cubriendo debajo una masa deforme, dura pero indolora lo que le permitió una mayor movilidad.

Dos meses después el señor Lamus le dijo que podía quitarse las tabillas e intentara mover la pierna, pero un calambre muy doloroso, lo tiró al piso en medio de un alarido. El arrendatario Domingo vino alarmado y al saber la causa de la caída le dijo:-“Mire patroncito, tiene que hacerse un sobijo diario con sebo de res para que se afloje nuevamente la carne que está tiesa. Mañana le traigo un poco”. Apolinar volvió a hacerle caso y empezó a frotarse la pierna varias veces al día sobre todo en la rodilla donde había sentido el calambre y a moverla lentamente. Pronto descubrió el beneficio del sobijo con el sebo de res. Ya podía asentar el pie en el piso pero notó que la pierna Izquierda deformada había quedado un poco más corta que la derecha y al tratar de caminar  debía cojear para no perder el equilibrio. Sin embargo siguió entrenado la nueva marcha coja. Se sintió más seguro y confiado y le dijo al señor Lamus que quería hacer algún trabajo para ganarse la comida y tratar de pagarle algo de lo que había hecho por él. El señor Lamus le dijo que lo había hecho por solidaridad y que no le debía nada, pero si quería hacer algún trabajo se pusiera de acuerdo con el arrendatario Domingo a quien él instruiría. Fue así como pronto terminó haciendo intensas faenas de ganadería que desconocía. Enlazar una res con un rejo de cuero desde una mula, tumbarla y maniatarla para curarla, destetar terneros de sus madres, ayudar en la castración de los toretes para convertirlos en novillos de ceba y poderlos vender en Piedecuesta. Ese era el negocio  con el que su protector el señor Lamus, había reemplazado los cultivos de café.

Un año largo, sin contar los meses de la recuperación, trabajó Apolinar en esas faenas sin cobrar un centavo. Se levantaba muy de madrugada y regresaba de noche rendido prácticamente a dormir, sin tiempo para mayores conversaciones con el señor Lamus, quien a pesar del poco intercambio le informaba del curso de la guerra que aún se estaba desarrollando allá afuera. Así se enteró Apolinar de la gran matazón humana y la derrota liberal definitiva, ocurrida en mayo del 900, en el cerro de Palonegro cercano a Girón, 6 meses después del desastre suyo en Bucaramanga, y de cómo la guerra de grandes batallas se había transformado en una guerra de guerrillas en casi todo el país, aunque sin lograr derrotar al gobierno conservador; por el contrario, con reveses muy grandes para los liberales. Entonces pensó que era hora de ir a visitar a sus padres que lo debían dar por muerto. Le pidió prestados al señor Lemus 10 pesos, que necesitaba de urgencia sin mayores aclaraciones, que él le dio sin hacer preguntas pero mirándolo fijamente a los ojos. Luego le dijo: -“Se los doy en monedas porque los billetes nadie los recibe. No valen nada”.

Una mañana muy de madrugada sin decir nada a nadie ni despedirse siquiera, Apolinar metió su puñal envainado dentro de la camisa, se terció una pequeña capotera con algunos enseres y tomó de regreso el mismo camino quebrado y pedregoso que por entre cerros pelados lo había traído desde Piedecuesta, a donde llegó al anochecer. Buscó la fonda caminera a la entrada del poblado y allí contrató posada por unos pocos cuartillos. Había varios arrieros y transeúntes. Tomó una sopa de harina de maíz con hojas de col que llaman mazamorra y se dispuso a reposar en el rincón asignado. Uno de los arrieros le pregunto por su cojera, a lo que Apolinar se limitó a decirle que la coz de una mula le había jodido la rodilla. Como el hombre mostró cierta curiosidad Apolinar le preguntó sobre los caminos hacia las ciudades del Socorro y Vélez. Le dijo que había muchos controles y vigilancia y que a los jóvenes solos o vagabundos de la guerra los amarraban para llevarlos a los combates, y en seguida le preguntó:- ¿”A dónde se dirige el amigo”?  Apolinar le respondió que a Vélez. El hombre, al parecer buen conocedor de caminos, entonces le aconsejó: -“Si no quiere que se lo lleven obligado a la guerra, es mejor que dé un rodeo grande y se vaya por el rio Magdalena. Es muy largo pero más seguro. Por aquí está muy difícil cruzar. No dejan pasar hacia Bogotá ni siquiera a los arrieros conocidos con sus recuas”.  – ¿“Y como sería ese camino”? Pregunto Apolinar. El hombre le explicó que pasando por Girón y sin detenerse buscara el embarcadero o puerto sobre el rio Sogamoso; allí en alguna canoa se hiciera llevar hasta Barrancabermeja, donde debía buscar otra canoa rio arriba hasta la desembocadura del rio Carare. Ahí comenzaba el camino que lo llevaría a Vélez. No hablaron más. Muy temprano, antes del alba, Apolinar silencioso emprendió la marcha con la ruta muy bien trazada en su cerebro. La que realizó en un mes de travesía, llenos de padecimientos y privaciones: plagas de mosquitos, hambre, sed y  cansancio insufribles, dolor de la pierna herida y un calor húmedo e irrespirable; finalmente, demacrado, casi esquelético y avejentado por dentro y por fuera, llegó a Vélez a mediados de 1901. Sin embargo aún le faltaban los pocos kilómetros del tramo hasta su casa paterna en Puentenacional,  los que caminó con su cojera característica. Al llegar a su casa, su madre al verlo no pudo contener el llanto; se abrazaron y lloraron juntos mientras entraban a la casa a reencontrarse con su padre y sus hermanos menores Manuel y Luis Carlos.

Apolinar se mantuvo muy discreto en la casa ayudando a su madre en pequeñas labores cotidianas, prácticamente sin hacerse notar o dejarse ver de nadie. Al atardecer hablaba con su padre sobre la guerra y su curso que empezaba a prolongarse demasiado, cuyos aspectos más destacados le fue relatando así:

Después de la desgraciada acción liberal en Bucaramanga, los pocos sobrevivientes del ejercito liberal se retiraron muy derrotados hacia la zona de la frontera con Venezuela buscando la ayuda en rifles y dinero prometida por el presidente Cipriano Castro a los jefes liberales. En Cúcuta se juntaron las tropas traídas del Casanare y Boyacá por el anciano gamonal llanero Vargas Santos con las de Ocaña de Justo Durán y las de Benjamín Herrera de Pamplona, en total unos 4. 000 hombres todavía mal armados, pero dispuestos a marchar sobre Bogotá y a derrocar el gobierno conservador. Pero, como siempre, una profunda rivalidad entre ellos por la jefatura única del Liberalismo echó a perder todos esos esfuerzos. El gobierno conservador del viejito achacoso Sanclemente, tal y como se vino a saber unos meses después, era manejado con un sello de caucho con la firma suya, por una camarilla a cargo del ministro de gobierno Rafael María Palacio y del ministro de guerra general José Santos, medio hermano del anciano jefe supremo de los ejércitos liberales generalísimo Vargas Santos; camarilla que estaba interesada en que la guerra se prolongara para sacar de la crisis al gobierno conservador y enriquecer aún más a sus partidarios, con emisiones desaforadas de dinero, contribuciones forzadas para la guerra y expropiaciones, y sobre todo, para negociar los beneficios de moneda extranjera del contrato internacional con la compañía del canal de Panamá.

En la historia de nuestro país y sus guerras, siempre ha sucedido lo mismo: En ambos partidos, tanto en el Liberal como en el conservador siempre han habido dos bandos; unos partidarios de la guerra que llaman guerreristas y otros partidarios de enriquecerse con los negocios que esta empresa genera llamados pacifistas. Esta ha sido la  eterna gran desgracia de la historia colombiana.

El ministro de guerra de Sanclemente José Santos de  acuerdo con su hermanastro el generalísimo liberal Vargas Santos, dio la orden a los generales conservadores que dejaran pasar a las tropas liberales que marchaban hacia Bogotá y así, en el rio Peralonso cerca de Cúcuta, a fines del 99, se dio un encuentro que terminó en una victoria militar muy bien utilizada por los jefes liberales para rearmarse con los pertrechos y prisioneros capturados y relanzar la guerra.

Sin embargo, pocos días después, los hacendados y jefes militares del gobierno conservador del bando guerrerista Manuel Casabianca, Prospero Pinzón y Arístides Fernández, percibieron el daño a sus intereses de las maniobras dobles del ministro de guerra José Santos;  lograron su destitución para ocupar ellos posiciones claves en las jerarquías militares y gobernativas y tratar de detener la marcha del ejercito liberal hacia la capital de la república:

El gamonal tolimense y general Casabianca asumió en diciembre del 99 la jefatura máxima del ejército oficial, en abril del 900 el gamonal boyacense y general Próspero Pinzón remplazó al gamonal vallecaucano general Jorge Holguín Mallarino, como jefe del estado mayor del ejército oficial y el plebeyo policía, trepador sin escrúpulos Arístides Fernández, afianzó su poder en Bogotá y Cundinamarca como director general de la policía nacional. Entonces el gobierno cambió de estrategia y decidió cercar a las tropas liberales para no dejarlas pasar del cañón montañoso del rio Chicamocha hacia el interior.

Así se forzó la inhumana y matazón ocurrida entre 11 y el 26 de mayo de 1900 en el cerro yermo de Palonegro cercano a la población de Girón, en donde en improvisadas y asquerosas trincheras con un enajenado  e inhumano furor fratricida se enfrentaron “a puchos” durante 15 días, entre misas, rezos e insultos cerca de 20.000 colombianos, es decir mediante pequeñas cargas a tiros de fusil y combate de machetes cuerpo a cuerpo, dejando tendidos en los campos aledaños para festín macabro de los gallinazos o chulos cerca de 1.700 soldados liberales y otros tantos heridos y, cerca de 1.600 soldados conservadores muertos y 2.300 heridos. Pero además, como los liberales dada la espantosa sustracción de materia debieron abandonar sus trincheras en precipitada retirada o fuga, el bando conservador logró hacer más de 1.000 prisioneros políticos, la mayoría de los cuales fueron a morir en las cárceles y panópticos del gobierno a manos del director  de la policía nacional general Arístides Fernández.           

Con esta trágica situación, el grupo guerrerista conservador endureció su posición y para fortalecer aún más sus poder, dos meses más tarde el 31 de julio de 1900, depuso en la población de Villeta mediante un golpe de cuartel humillantemente, al moribundo anciano Sanclemente, quien murió poco después sin dejar rastro, para colocar en su lugar al viejo gramático Bogotano Manuel María Marroquín, encargado de continuar las negociaciones internacionales sobre el canal de Panamá  y, junto con el nuevo ministro de guerra general de la policía Arístides Fernández, prolongar la guerra a muerte trasformada a pesar de la desautorización de los jefes liberales, en una guerra de guerrillas la mayor parte del  territorio colombiano, incluida la provincia de Panamá,  aunque con pocas posibilidades prácticas de triunfar.

A  comienzos de 1902, el coronel Nepomuceno Fajardo comandante de las guerrillas liberales en la provincia de Vélez hizo llegar a Apolinar en su casa, un mensaje personal con un mensajero de total confianza, donde le decía que conociendo su valentía y sus habilidades como  franco tirador mostradas en el combate de Bucaramanga lo invitaba a unirse a sus pequeña fuerza. En caso de que decidiera venir debía confiar en el mensajero. Apolinar no lo pensó demasiado, le dijo al mensajero que viniera al otro día muy de madrugada y con un silbido suave se hiciera notar. Así ocurrió y pronto, Apolinar con  su marcha característica seguía los pasos apresurados del  mensajero que por el camino que de Puentenacional lleva a Guavatá pasa por el cerro de Juyamuca. En un paraje más o menos boscoso y solitario cuando apenas comenzaba a clarear salieron del camino principal hacia el oriente y se internaron en un bosque más tupido y frondoso que bordeaba la montaña. Cruzaron varias colinas por una trocha casi invisible al ojo de un inexperto hasta encontrar un pequeño campamento para albergar unas 40 personas, hecho con toldos de lona y algunos refuerzos de troncos de madera que parecían muy provisionales. Allí estaba el coronel Fajardo quien le dio un abrazo de bienvenida a Apolinar y lo felicitó por su decisión le dio un fusil Gras francés de largo alcance con 150 cartuchos, y a continuación le dijo que con su puntería ahora más afinada, debían ser 150 sacristanes “godos”. Lo celebraron a carcajadas. Luego le dijo que bajando el cerro y en el camino hacia Vélez estaba acampado el famoso “batallón Somondoco”, terror de la provincia y encargado de cumplir las órdenes de Marroquín y su ministro de guerra general Arístides Fernández de  fusilar los prisioneros liberales capturados. Pensaba darle un escarmiento. Esperaba al fin de mes, cuando venían las mulas con las monedas para la paga oficial de los oficiales y soldados. Se necesitaba el dinero para comprar víveres y nuevos pertrechos en el rio Magdalena.

Como se planeó el asalto sucedió: Apolinar apostado a cierta distancia desde una loma que dominaba el camino, mato las tres mulas con tres disparos. Los demás compañeros cayeron sobre los cinco despavoridos guardas y a machete limpio, dieron cuenta de ellos. Luego, distribuyeron los bultos de monedas entre sus propias mulas de manera que estuvieran más livianas para aligerar el paso y se internaron nuevamente en el bosque en dirección opuesta al campamento hacia el camino de Guavatá con el fin de que si las tropas del gobierno seguían las huellas o el rastro, fueran a dar a otra parte donde no las podrían identificar por el tráfico que por allí se daba. El éxito fue total, sin persecución oficial mandaron dinero a las poblaciones de Jesús María y el Encenillo que les servían de retaguardia y, otras mulas salieron por el caserío de Bolívar en busca del camino del Carare hacia el rio Magdalena.

 El Padre Riaño esperó hasta el siguiente domingo para poner a Isidoro al corriente de la peligrosa situación que se estaba organizando precisamente en un territorio bastante cercano a su hacienda la Asunción de Guavatá. Informado completamente, le ofreció su concurso al Prefecto de Vélez y a los comandantes militares del “batallón Somondoco” para encontrar a los guerrilleros liberales. En la finca Isidoro llamó a Alipio su arrendatario de toda la vida y le dijo que había que enseñarles a los perros a seguir rastros humanos y lo más pronto posible. Una semana después los perros estaban listos dándoles a oler ropas sudadas y sucias de trabajadores, las escondían lejos entre los árboles y cuando las encontraban les daban un pequeño pedazo de carne cocinada.

Empezaron por el sitio donde ocurrió el asalto a las mulas. Los perros a pesar del tiempo trascurrido descubrieron el rastro y fueron a salir al camino de Guavatá, siguieron buscando por los bordes del camino, hacia arriba y hacia abajo hasta que finalmente  encontraron una pista.

La siguieron y llegaron al campamento pero este ya había sido abandonado. Ahora era más fácil;  con las huellas dejadas iniciaron la búsqueda pero esta vez mandaron llamar al comandante del batallón, quien convencido por la evidencia ordenó a su segundo al mando perseguir con cien hombres bien armados al grupo guerrillero. El rastro los fue llevando por el camino de Guavatá a Puentenacional y por un desvío continuaba por el camino hacia Santa Sofía en Boyacá. Era obvio que la guerrilla liberal daba un rodeo por Chiquinquirá para buscar el camino a Albania en Santander y nuevamente cerrar el círculo en Jesús María y el Encenillo.

Los alcanzaron en el alto del Mazamorral ya casi en los límites con Boyacá el 26 de febrero de 1902. El coronel Fajardo desde la altura del cerro los vio venir subiendo por el camino y ordenó a sus 40 hombres emboscarse en las colinas buscando el fuego ventajoso hacia abajo. A Apolinar le encomendó hacerse cargo de los dos comandantes que venían a caballo dirigiendo la operación. Cuando estuvieron a distancia de tiro hubo una descarga cerrada ordenada por el coronel Fajardo.  Con la señal Apolinar también disparó y los guerrilleros vieron caer varios soldados al piso y a uno de los comandantes desplomarse del caballo con la cabeza despedazada. Repuestos de la sorpresa y con más de 20 bajas el comandante militar ordenó con un nutrido fuego una maniobra dividida en cerco al grupo emboscado. El intercambio de fuegos duro cerca de dos horas, pero por la escasez de pertrechos y la superioridad táctica de las tropas del gobierno fueron copados. Algunos se rindieron. Apolinar y el coronel Fajardo aprovechando la distracción de las tropas capturando a los guerrilleros, lograron burlar el cerco y adentrarse en un bosque que les permitió escapar hacia abajo del cerro con rumbo al poblado de Jesús María. Al pasar cerca de donde estaban los cadáveres de los gobiernistas muertos, Apolinar, reconoció en la distancia los perros de su tío Isidoro que entre aullidos quejumbrosos le lamían la cara a un cadáver de su amo con la cabeza despedazada. APS. 13. 09.2015.  

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Tal pareciera que el único analista de todo el Oligopolio Mediático Contrainsurgente colombiano, quien ha calado sobre las apariencias emocionales y penetrado al fondo contradictorio que mueve el asunto de la llamada crisis de la frontera colombo-venezolana, es Alfonso Cuellar. Estratega contrainsurgente, educado primero en la sección internacional del diario el Tiempo de Bogotá, luego en Inglaterra por la British Petroleum BP (siempre el petróleo de por medio) en seguridad internacional y  después en los EEUU en guerra internacional contra el narcotráfico y manejo de crisis entre naciones, quien momentáneamente escribe interesantes y destacadas columnas de opinión en la revista del sobrino del Presidente Santos, Semana.com. No es sino mirarle los ojos en la foto para saber quién es.  

En su último análisis titulado “durmiendo con el enemigo” al analizar las tres decisiones que en un mediano plazo enfrenta el gobierno en la actual situación con Venezuela (se puede leer íntegramente en el siguiente enlace: http://www.semana.com/opinion/articulo/alfonso-cuellar/441277-3. La tercera decisión la describe así: ………”La tercera decisión, que en el momento parecía lógica, es hoy un lastre que restringe la capacidad de reacción del gobierno colombiano a los desmanes venezolanos: la participación oficial de Venezuela en las conversaciones de paz. Ha sido documentado el papel favorable que desempeñó Hugo Chávez en persuadir a las Farc de sentarse a negociar. Por ese rol y las aparentes relaciones amistosas entre los dos países –o por lo menos entre Santos y Chávez–, se acordó la designación de un delegado de Caracas como acompañante del proceso.

El involucramiento de Venezuela como observador es más sui géneris de lo que muchos se imaginan. Al consentir la presencia de numerosos comandantes de las FARC y campamentos guerrilleros en su territorio, el gobierno venezolano ha sido y es un actor del conflicto. La efectiva implementación de un acuerdo de paz depende en una altísima proporción a qué hace y qué deja de hacer el régimen de Maduro. Si las FARC pueden seguir utilizando al vecino país como su retaguardia estratégica, lo que se firme en La Habana quedará cojo, muy cojo.

Durante cinco años, la garantía de la buena voluntad y conducta de Venezuela estaba sustentada en la normalización de las relaciones entre las dos naciones y la solidaridad regional con Colombia. Esos dos pilares quedaron destrozados con los acontecimientos de estas semanas. Es ingenuo intentar disgregar el rol venezolano en el proceso de paz de la crisis bilateral, como han pregonado algunos. Son inseparables. El primer delegado venezolano a las negociaciones fue su embajador ante la OEA, Roy Chaderton, quien el lunes pasado dejó claro qué opinaba de los colombianos deportados a la fuerza.

Es evidente que la política de apaciguamiento con el gobierno de Caracas perdió su utilidad. Éste no correspondió a la confianza ofrecida por la administración Santos. La permanencia venezolana en la mesa de La Habana es una amenaza a la seguridad nacional de Colombia. Excluirla será costosa en el corto plazo –las Farc podrían incluso amenazar con levantarse de la mesa– pero peor es no hacer nada. El futuro de la República de Colombia no puede pender de los intereses de la República Bolivariana de Venezuela”.

Es decir, el llamado conflicto interno de Colombia, no solo es externo o Trasnacional como lo hemos sostenido desde hace mucho tiempo, sino que se ha encarnado finalmente en el conflicto colombo-venezolano. Claro,  como míster Cuellar no maneja la dialéctica material, no entiende aquello de la unidad y lucha de contrarios y por eso ve la contradicción en movimiento como una dicotomía estática en blanco y negro: Si Venezuela se va del proceso de paz, como lo desea el Comando Sur de los US Army y sus cipayos en Colombia, malo (y eso que míster Cuellar no menciona el papel esencial de Venezuela en los eventuales diálogos con el ELN) pero si se queda durmiendo en la cama como dice míster Cuellar, peor. Por eso su conclusión es incierta o equivocada, pues Venezuela, ha entrado a formar parte del futuro pacifico o guerrero de Colombia.

Y es que este es el problema de fondo que ha saltado como liebre en el camino, “patarribiando” o poniendo patas arriba toda la “morronguera” o desgano y apatía gatuna tan colombiana de dejar para última hora todo,  (nada está acordado hasta que todo esté acordado)  principio inamovible con el que JM Santos y sus plenipotenciarios de paz han pretendido conducir los acuerdos en la mesa de la Habana, con la errada pretensión o ilusión de que a última hora y después de una campaña masiva de desprestigio por los medios del Oligopolio Mediático Contrainsurgente, los insurgentes muy acosados y desprestigiados van a firmar lo que les pongan delante: La rendición y el sometimiento incondicional a la Fiscalía corrupta de Colombia, que en otra columna paralela de la misma revista Semana, desenmascara la periodista Jimena Duzán (ver denuncia en  http://www.semana.com/opinion/articulo/maria-jimena-duzan-la-nomina-paralela-del-fiscal/441276-3)

En Breve: los diálogos de la Habana han llegado, para usar una imagen gráfica, a la parte final de un muy largo  túnel, donde por fin se vislumbra la luz de su final y desde donde sería más que costoso recular o regresarse ,  y en donde es esencial entender que Venezuela ya entró a  formar parte constitutiva (querámoslo o no) de toda la situación conflictiva regional. Por esto las decisiones  del gobierno colombiano  analizadas por míster Cuellar, no  podrán ser otras que la diplomacia directa o Bilateral entre las dos naciones hermanas siamesas inseparables, para resolver el largo y complejo “problema” del hoyo negro en que se ha convertido la frontera, que para bien o para mal (para la paz o para la guerra) ha entrado a formar parte integral del llamado conflicto interno colombiano, sin cuya solución tampoco podrá haber paz en Colombia.

Es un sofisma politiquero de campaña, aquel desafortunado lema electoral que presionado por las “afugias” o dificultades electorales ha lanzado el jefe del glorioso partido Liberal: …”con Venezuela, sin Venezuela o contra Venezuela, haremos la paz”. La realidad-real está mostrando que solo contando activamente con Venezuela llegaremos a ese ansiado acuerdo de Paz.

Tampoco continuando la campaña mediática de ridiculización (no hay día en que no se caricaturice o insulte al presidente de Venezuela como burro, tonto, idiota, mal hablado, torpe, ect) se va a ganar el terreno perdido; pues lo que el presidente venezolano ha mostrado en los últimos días ha dejado en claro todo lo contrario: que se ha preparado muy inteligentemente.

Mientras la Inteligencia Militar de Colombia estaba con todos los fierros y tecnologías gringas imaginables buscando cabecillas guerrilleros o líderes sociales de la movilización popular para “neutralizarlos” en bolsas negras; la Inteligencia Militar venezolana preparaba un plan militar contundente ejecutado con precisión y eficacia, sin que los héroes colombianos se dieran cuenta para evitarlo o por lo menos tratar de pararlo. Lo demás ha sido plañir, con ira e intenso dolor y el callar otorgando de Mindefensa, responsable de la seguridad de todos los colombianos. Con esto, lo más conveniente es actuar racionalmente, en lugar de seguir llorando sobre la leche derramada.  

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  • Exiliados invisibilizados
  • Declaración final del II Encuentro de la Constituyente de Exiliadas y Exiliados Perseguidos por el Estado colombiano
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Föreningen Jaime Pardo Leal

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