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10 poemas de Nezahualcóyotl que todo mexicano debe llevar en el corazón

El pensamiento complejo (y profundo) en tierras mexicanas es posible de rastrear hasta épocas prehispánicas; la filosofía de México y su proyección cercana a disciplinas artísticas, antecede incluso a la constitución formal de este país en un sentido de visión y trasformación del mundo. Códices, textos e inscripciones, marcan notoriamente el inicio de un sistema ideológico que ha heredado desde su gestación a la psique del mexicano, el camino a seguir para sentimientos y perspectivas que se han fundido a la perfección con el avance de los años.

En esta estructura prehispánica que refleja un duro, pero sensible ejercicio del pensar, los tlamatinime, encargados de la enseñanza en el pueblo, son las principales figuras responsables de una sociedad capaz de cuestionar sus alrededores y su existencia, su realidad, en términos abarcantes, aun cuando esta educación fuera en muchos sentidos restrictiva, poniendo a los hijos de las familias acomodadas en primer lugar.

En esa lid, ubicamos a Nezahualcóyotl más cercano a estos sabios encargados de la reflexión y la acción poética que a esa personificación del soberano guerrero que otros gobernantes sí (re)presentaban. La faceta poética de este gran emperador, quien también se desempeñaba como arquitecto y erudito en ciencias, comprende la red de creencias y especulaciones que se desarrollan en la mente de un clásico sabio náhuatl.

Nezahualcóyotl explora el tiempo, el devenir, la naturaleza y lo divino; sus escritos son composiciones en torno al hombre y su universo. Son una especulación pura y dura del andar humano. Su poesía es evidencia de una declaración ante la vida que debe ser vivida, ante la plenitud y la conexión con los dioses; es un trabajo de belleza extraordinaria que sabe manejar todas las posibilidades de la forma y del contenido en una construcción de individualidad y razón.

El legado artístico de Nezahualcóyotl es, al día de hoy, un planteamiento intelectual que todo mexicano, y quizás aquél que no lo sea, debe llevar siempre en su corazón; siguiendo el viejo, pero vigente, precepto del tlamatini “para ayudar a formar un rostro sabio y un corazón firme en el hombre”.

Soy rico,
yo, el señor Nezahualcóyotl.
Reúno el collar,
los anchos plumajes de quetzal,
por experiencia conozco los jades,
¡son los príncipes amigos!
Me fijo en sus rostros,
por todas partes águilas y tigres,
por experiencia conozco los jades,
las ajorcas preciosas…

*****


¿Eres tú verdadero, tienes raíz?
Sólo quien todas las cosas domina,
el dador de la vida.
¿Es esto verdad?
¿Acaso no lo es, como dicen?
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero,
lo que tiene raíz,
dicen que no es verdadero
que no tiene raíz.
El dador de la vida
sólo se muestra arbitrario.
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

 

No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aun cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.

*****


¿A dónde iremos
donde la muerte no exista?
Más, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.

Aun los príncipes a morir vinieron,
los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.

*****


Solamente él,
el dador de la vida.
Vana sabiduría tenía yo,
¿acaso alguien no lo sabía?
¿acaso alguien?
No tenía yo contento al lado de la gente.

Realidades preciosas haces llover,
de ti proviene tu felicidad,
¡dador de la vida!,
olorosas flores, flores preciosas,
con ansia yo las deseaba,
vana sabiduría tenía yo.

*****


¿Es que en verdad se vive aquí en la tierra?
¡No para siempre aquí!
Un momento en la tierra,
si es de jade se hace astillas,
si es de oro se destruye,
si es plumaje de ketzalli se rasga,
¡No para siempre aquí!
Un momento en la tierra.

*****


¿Con qué he de irme?
¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
Dejemos al menos flores
Dejemos al menos cantos

*****


En vano he nacido,
en vano he venido a salir
de la casa del dios a la tierra,
¡yo soy menesteroso!
Ojalá en verdad no hubiera salido,
que de verdad no hubiera venido a la tierra.
No lo digo, pero…
¿qué es lo que haré?,
¡oh príncipes que aquí habéis venido!,
¿vivo frente al rostro de la gente?
¿qué podrá ser?,
¡reflexiona!

¿Habré de erguirme sobre la tierra?
¿Cuál es mi destino?,
yo soy menesteroso,
mi corazón padece,
tú eres apenas mi amigo
en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?
¿Obra desconsideradamente,
vive, el que sostiene y eleva a los hombres?

¡Vive en paz,
pasa la vida en calma!
Me he doblegado,
sólo vivo con la cabeza inclinada
al lado de la gente.
Por ésto me aflijo,
¡soy desdichado!,
he quedado abandonado
al lado de la gente en la tierra.

¿Cómo lo determina tu corazón,
Dador de la Vida?
¡Salga ya tu disgusto!
Extiende tu compasión,
estoy a tu lado, tú eres dios.
¿Acaso quieres darme la muerte?

¿Es verdad que nos alegramos,
que vivimos sobre la tierra?
No es cierto que vivimos.
Y hemos venido a alegrarnos en la tierra.
Todos aquí somos menesterosos.
La amargura predice el destino
aquí, al lado de la gente.

Que no se angustie mi corazón.
No reflexiones ya más
verdaderamente apenas
de mí mismo tengo compasión en la tierra.

Ha venido a crecer la amargura,
junto a ti a tu lado, Dador de la Vida.
Solamente yo busco,
recuerdo a nuestros amigos.
¿Acaso vendrán una vez más,
acaso volverán a vivir;
sólo una vez perecemos,
sólo una vez aquí en la tierra.
¡Qué no sufran sus corazones,
junto y al lado del Dador de la Vida!

*****


Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
de cuatro en cuatro nosotros los hombres,
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra.

Nadie en jade,
nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado.
Todos nos iremos
allá, de igual modo.
Nadie quedará,
conjuntamente habrá que perecer,
nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura
nos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
de la preciosa ave de cuello de hule,
nos iremos acabando
nos vamos a su casa.

Se acercó aquí.
Hace giros la tristeza
de los que en su interior viven.
Meditadlo, señores,
águilas y tigres,
aunque fuérais de jade,
aunque fuérais de oro,
también allá iréis,
al lugar de los descarnados.
Tendremos que desaparecer,
nadie habrá de quedar.

******


Por fin lo comprende mi corazón:
escucho un canto,
contemplo una flor:
¡Ojalá no se marchiten!

 

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