Horacio Duque.

En medio de su agonía política, al señor Santos, jefe de la Casa de Nariño, le dio por adelantar una supuesta “ayuda humanitaria” a los venezolanos que emigran en masa desde su patria hacia la frontera con Colombia como consecuencia de la fuerte crisis social y económica que afecta a la República Bolivariana de Venezuela a raíz de la devastadora estrategia del imperio gringo para destruir la revolución chavista y sus importantes avances progresistas.

Plan que cuenta con la activa y beligerante participación del gobierno colombiano, identificado con los yanquis en su odio al socialismo bolivariano.

En Cúcuta, Santos ha anunciado hoy 8 de febrero (2018) un Plan de atención a los extranjeros con medidas de legalización y movilidad por el territorio nacional, además de la consabida militarización y paramilitarización de los territorios fronterizos.

Con la descomunal diáspora venezolana Santos está recogiendo lo que ha sembrado en los años recientes en desarrollo de pactos secretos con la administración norteamericana para socavar el gobierno chavista en los términos de los denominados “golpes blandos” y revoluciones de colores.

Santos juega con candela y lo que ocurre en gran medida es la reacción a su desafiante intervencionismo para derrocar al Presidente Maduro en complicidad con la ultraderecha guarimbera de Caracas agrupada en la opositora y violenta MUD.

Por lo demás, los venezolanos experimentan ya en carne propia que a este lado no existe el paraíso mágico prometido. Acá las cosas son bastante crueles, sin empleo, sin salud, sin educación, sin vivienda y en el imperio de la pobreza, la exclusión y el linchamiento xenofóbico y racista que ya se deja sentir.

La supuesta ayuda humanitaria de Santos no es más que la ejecución de un Plan gringo invasor, bastante similar al ejecutado en la antigua Yugoeslavia, Irak, Haití y Libia con los terribles resultados conocidos de muerte y diásporas descomunales. En Irak han desaparecido millones de seres humanos producto de estas estrategias de guerra geopolítica por el petróleo y otros recursos mineros y naturales.

En este caso el objetivo es desintegrar el Estado venezolano.

Recientemente el Congreso de los Estados Unidos aprobó una ley para dar sustento presupuestal a dicha acción bélica disfrazada de humanitaria.

En efecto, el Congreso gringo emitió hace pocos días una "Ley de asistencia humanitaria".

Con este instrumento legal los gringos pretenden reforzar el bloqueo financiero contra Venezuela impidiendo la importación de alimentos y medicinas.

El proyecto plantea llevar a la ONU una resolución que obligue al Estado venezolano a aceptar la "ayuda humanitaria" que ahora anuncia su socio colombiano con bombos y platillos.

La medida da al Departamento de Estado 90 días para definir un plan para distribuir la “ayuda humanitaria” a través de Organizaciones No Gubernamentales, Universidades y la Organización Mundial de la Salud.

El Plan describe cómo Washington logrará el apoyo de donantes internacionales y países en la región como Colombia, dispuestos a brindar supuesta ayuda técnica y financiera al pueblo de Venezuela.

Los parágrafos cuarto y quinto de la enmienda tocan el sensible tema de escasez de alimentos y medicinas en la nación, explicando que se proveerán los productos de salud pública a las instalaciones y servicios de salud de los venezolanos, incluidos los medicamentos de la Lista de Medicamentos Esenciales de la Organización Mundial de la Salud, así como también suministros y equipos médicos básicos.

La iniciativa ordena al Departamento de Estado a jugar un papel mucho más activo en la búsqueda de una transición en Venezuela para sacar a Maduro y el PSUV del poder.

El instrumento prevé que el secretario de Estado de Estados Unidos trabaje con organizaciones no gubernamentales que operan en Venezuela o en países vecinos, para aliviar el sufrimiento del pueblo venezolano a fin de suministrar productos de salud pública a los servicios de salud venezolanos.

La visita de Santos a Cúcuta y sus falaces anuncios se dan después de la reciente gira del Canciller imperial, Tillerson, quien dio en Bogotá la orden de acelerar la injerencia colombiana para derrocar a Maduro e impedir su segura elección el próximo 22 de abril del año en curso.

Seguro que todo esto será un completo fiasco acelerando la crisis del régimen político bogotano.

Seguro que con estas acciones violatorias del Derecho Internacional y la autonomía de los pueblos por parte de Santos, la extensa y rica frontera con Venezuela, con una economía cercana a los 100 mil millones de dólares, se transformará en un escenario de conflicto bastante álgido dada su gran importancia regional.