Por Alberto Pinzón Sánchez

Como Marx lo enseña, todo fenómeno tiene dialécticamente materia e idea. Esto que parece un lugar común, no lo es a la hora de analizar fenómenos sociales de los cuales, y por granjearse simpatías, se ha expulsado del corpus analítico a Marx, a Lenin, así como a Bolívar, y se les ha reemplazado por una desabrida y etérea formulación de “pensamiento crítico”.  

El proceso de terminación de la confrontación militar entre el Estado colombiano con una de las guerrillas, la de las Farc-Ep; confundido adrede por los ideólogos del régimen con el concepto vacío de “paz negociada”, tiene dos niveles que también, por granjearse simpatías, no se ha querido separar para analizar sus implicaciones particulares en todo el proceso: Uno, lo económico y otro, lo supra-estructural  

En lo económico, las trasformaciones en la esfera de la economía dominante en Colombia, quiero decir los cargos presupuestales y los costos que generan las trasformaciones agrarias, la sustitución de cultivos, la reincorporación de combatientes, la reparación de víctimas, la implementación de los acuerdos y la creación desarrollo de los varios entes administrativos e instituciones que van a ejecutar lo Acordado, etc, etc.  Todo lo cual genera una gran demanda presupuestal en una economía quebrada por la corrupción institucional y los negociados neoliberales que se ven todos los días, día por medio, y, cuyo presupuesto público es completamente limitado excepto para el rubro militar que, para 2018 ha sido aumentado en un 8,2% con respecto al anterior (Defensa y Policía recibirán ($ 32,4 billones) es decir más de 10.700 millones de dólares

 Sencillamente no hay plata o dinero público para “implementar” (palabra que se volvió totalizante) los varios puntos sociales y políticos acordados entre el Estado y las Farc-EP para terminar la confrontación armada.

Y en lo jurídico-político, ideológico y moral, sí que menos hay insumos dentro de la oligarquía militarista (contrainsurgente) dominante, para “implementar” lo acordado. Todos los días surge desde cualquier institución, sea jurídica, política o religiosa, etc; una traba, un obstáculo, contra dicha “implementación”.

Por una sencilla razón, de que si desaparece el fantasma de “las fart” desaparece el caballito de batalla del sector más poderoso y dominante de la oligarquía contrainsurgente colombiana ligada al imperialismo trasnacional. Al extremo que, como ya se empieza a comentar, después del triunfo del No en el Plebiscito y la reunión en palacio presidencial de Bogotá sostenida el 06. 11.2016, entre el presidente Santos y su rival Uribe Vélez, se dio un pacto implícito para mantener “sin implementar” el Acuerdo de la Habana y dejarlo así, en la incertidumbre, hasta las elecciones presidenciales del 2018, cuando “democráticamente se decidirá para bien o para mal” si gana quien diga Uribe para destruirlo, o quien diga Santos para continuar lentamente su ejecución.

 ¿Cómo se le va a quitar la motivación política a Uribe Vélez, y a dejarlo sin argumentos en su camino a la presidencia de Colombia, sin que se produzca la “hecatombe” (el apocalipsis de su maestro monseñor Builes) que el mismo Uribe Vélez anunció?

El correlato, también empieza a murmurarse insidiosamente en las filas de la Farc: En su congreso de agosto/17, se expulsa de sus filas a Marx, Lenin y Bolívar; pero extrañamente se conserva el nombre de FARC. Con lo cual la estrecha ligazón entre el nuevo partido organizado, ya totalmente desvinculado de la lucha armada o desarmado, y las viejas estructuras político-militares se mantiene y persiste en el imaginario social para hacer posible continuar con la estigmatización. Y, quienes se separan de sus filas para seguir en la lucha armada, también extrañamente, no se les da el nombre religioso esperado de RENEGADOS tal y como monseñor Builes hubiera aconsejado, sino se les designa con el “prudente” y políticamente correcto nombre de “DISIDENTES.

¿Pero, de qué o quién?  Pues “disidentes de las Farc”. Por eso Uribe Vélez, una vez se supo que el señor Rodrigo Londoño se candidatizaba para Presidente de Colombia, escribió este trino inmediato:

 Álvaro Uribe Vélez @AlvaroUribeVel

 A elecciones con Farc, su dinero del narcotráfico, y brazo armado: “Disidencias”.

Reculando habilidosamente hacia el sambenito contrainsurgente “de la combinación de las formas de lucha” bajo el cual se cometieron las atrocidades de la guerra contrainsurgente como los 3,000 Falsos Positivos de su gobierno y su ministro de defensa Santos.

Así, de esta manera, las Farc-EP que han cumplido el 100% de lo pactado en el Acuerdo de la Habana; salen sin ser derrotados militarmente de la selva tropical húmeda, para hundirse en el fétido pantano estancado y podrido de la política dominante en Colombia: De Odebrecht al Paradise Papers

Y el señor Rodrigo Londoño, el 51° candidato presidencial para las elecciones del 2018, tendrá que conquistar millones de votos en ese “caos democrático” que significa competir con otros 50 candidatos presidenciales rivales, alzando su trémula voz solicitando que no le cambien más comas al Acuerdo firmado por él y que en cambio, se “implemente” lo que no se va a implementar. Primero porque no hay plata para implementaciones, y segundo, porque ya se ha pactado que no se le puede quitar el caballito de batalla a Uribe Vélez. Esa decisión (para bien o para mal) la tomará “el próximo inquilino de la Casa de Nariño”

Pero por sobre todo, porque la “paz negociada” resultó tener más de negocio, que de paz.

Fuente Imagen Internet: Santos y Uribe se reúnen después del plebiscito 06.11.2017