Por Alberto Pinzón Sánchez

Comienzo por aclarar que me parece positiva la venida a Colombia de un dirigente (o según se mire) líder religioso global como el papa Bergoglio, sobre todo en este momento cuando toda la sociedad colombiana se encuentra sumida en una profundísima crisis moral y ética, y en el vecindario venezolano se lucha denodadamente por encontrar su propio camino para salir también de su crisis generalizada en la que la tiene sumida la intervención Imperialista Internacional. 

Pero también deseo decir que lo hago bajo aquella mirada sospechosa de “cartesiano” que, en aquellos primeros años de mi reciente ingreso a la juventud comunista de la UNal, por allá en 1967, mi amigo Lisandro Duque, también conmilitón y compañero de estudios de antropología, me espetó en una reunión donde decidíamos el nombre de nuestra célula originaria; si nos dábamos el nombre del legendario indio paéz José Gonzalo Sánchez propuesto por Guillermo Sáenz (quien después devino en Alfonso Cano) o, el del poeta germánico Bertolt Brecht propuesto por Jaime Caicedo.

Y cito aún bajo la niebla la memoria retrógrada aquella memorable o mejor inolvidable sentencia, que como a Adán cuando fue expulsado del paraíso, me ha acompañado a lo largo de la vida:

 “Es que usted no es creyente. Usted utiliza el método cartesiano de la duda metódica para demeritar de la propuesta de nuestro secretario general. ¡Usted es un cartesiano!”.

No sobra decir que con esto y hasta su disolución, la célula comunista de aquellos ilusos estudiantes universitarios se llamó “centro Bertol Brecht de antropología”.

Entonces. La visita del papa Bergoglio a nuestro país puede ser analizada tanto como un hecho sobrenatural como lo son los religiosos, o natural, como lo son los terrenales,analizables con el metodo cartesiano .

Como hecho religioso, me sostengo en la opinión actual imperante en el mundo desarrollado que sostiene y practica el principio de que, tanto la religión como el sexo son un asunto privado e íntimo de cada persona, prácticamente inviolable y protegido como derecho humano por la Ley, frente a lo cual no queda más que el respeto.

En el caso de la visita del papa Bergoglio a Colombia en donde su figura se ha convertido en un “amuleto” o tal vez un “talismán”, que sirve para todo, según la persona quien lo invoque, sus intereses y sus expectativas. Lo confirma la enorme cantidad de cartas (de todo tipo) y el sinnúmero de solicitudes la mayoría de ellas incumplibles e irrealizables (como por ejemplo la Carta de Uribe Vélez, o la del narco paramilitar Otoniel, etc.) que le han hecho llegar a “Su Santidad”, la mayoría publicadas profusamente por la prensa colombiana.

 Y Como hecho terrenal, la visita de papa Bergoglio puede tener más de una arista para mirar. Veamos:

Lo primero que se debe destacar es la dimensión histórica y por tanto material del acontecimiento presente, como de la historia pasada colombiana y que aporta un hito más a la compleja, contradictoria, y turbulenta historia terrenal de la Iglesia vaticana con el Estado colombino. Hay muy buenos, extensos y enjundiosos análisis históricos sobre este acontecer, bastante conocidos aunque poco mencionados; especialmente los realizados por el sacerdote jesuita Fernán González y el Centro de Pensamiento CINEP, donde se desentraña plenamente el comportamiento terrenal de la Iglesia colombiana, la que convertida en un beligerante Partido Político, en la defensa de sus privilegios coloniales y republicanos, contribuyó con su sectarismo y cerramiento espiritual al desencadenamiento de las 9 guerras civiles del Siglo 19. Impuso la constitución clerical , autoritaria y reaccionaria de 1886 (que duró vigente con algunos retoques cosméticos hasta 1991), el oprobioso concordato con el Estado terrenal del Vaticano y sirvió de sustento político e ideológico a los treinta años de hegemonía conservadora surgida de la post guerra de los mil días (tiempo durante el cual se formó  intelectualmente en los claustros jesuitas el tenebroso líder del nacional-catolicismo colombiano Laureano Gómez y se consolidó el pensamiento falangista más violento de los llamados “leopardos colombianos” como sustento posterior del más ultramontano anticomunismo)

Fue, además, un periodo vengativo y sectario antiliberal durante el cual se realizaron masivamente expropiaciones de haciendas y fusilamientos de liberales participantes en la última guerra civil. Odio, sectarismo y venganza antiliberal y contra los anticlericales que como lo ha demostrado fehacientemente el historiador Javier Guerrero Barón en sus varios libros sobre el origen de la llamada Violencia liberal-conservadora, etc, originó la contra-reacción también vengativa de los liberales cuando hubieron ganado las elecciones de 1930,y, que escaló al país hasta la orgía de muerte y destrucción sectaria pseudo religiosa bipartidista de los años 40 y 50; la que una década más tarde evolucionaría hacia la guerra anticomunista y contrainsurgente que hoy se está intentando concluir, mediante acuerdos de paz con las guerrillas insurgentes surgidas en aquella época .

No es por azar que el papa Bergoglio haya dicho tímidamente en Bogotá, (07.09.2017) frente al refinado y exclusivo monseñor Rubén Salazar y los 130 obispos colombianos que lo acompañaban: “Ustedes no son políticos. Son pastores”. Sentencia con la cual  no se podrán exorcizar o volver vapor, 200 años de historia colombiana  http://www.eltiempo.com/vida/religion/consejos-del-papa-francisco-a-los-obispos-colombianos-128154

 Lo segundo a considerar es que, el papa Bergoglio como lo ha ido demostrando a lo largo de su pastoreo religioso, es un hombre de conciliación y avenencia. Ha sabido equilibrar y armonizar, hasta donde le ha sido posible, las fuerzas ultramontanas, retrógradas y financieras globales, dominantes desde hace años en el Estado terrenal y el riquísimo Banco Vaticano, con las tendencias “modernizantes” y hasta tercermundistas que pujan por refrescar y liberar de las lacras paidofílicas la doctrina católica romana. Este es uno de los aspectos más importantes del viaje de Su Santidad a Colombia: Conciliar con la poderosa “conferencia episcopal colombiana”, un apoyo resuelto al proceso de paz que cursa, frente al cual los purpurados tienen serios reparos, con el gobierno de Santos: Formar parte comprometida de la gobernanza Santista. Obviamente a cambio de algunas prebendas y ventajas interesadas que no demorarán en salir a la luz pública.  

De donde se desprende una tercera consideración: La característica de espectáculo mediático que ha revestido su viaje pastoral a Colombia y que ha logrado un doble objetivo: Por un lado, como lo dice el portal liberal Ola Política servir de DISTRACTOR a los grandes y gravísimos problemas por lo que atraviesa el gobierno Santos, principalmente el de la corrupción generalizada del Estado colombiano. Digamos servir de densa y oscura cortina de humo y olvido que difumine la amenaza que nos agobia. ¡Santos ya no caerá por cuenta de la financiación de Odebrecht a su campaña presidencial!  El show político-religioso del papa Bergoglio por todo el territorio colombiano le ha dado el aire para que termine cómodamente su mandato presidencial y ha realizado también el milagro de hacer caer a Santos hacia arriba. Contra la gravedad de las cosas (http://olapolitica.com/analisis/la-visita-del-papa-el-distractor-perfecto/)

Por otro lado, un relanzamiento dentro de la mentalidad popular colombiana de la Iglesia vaticana, últimamente desplazada por las más de 3.000 sectas e iglesias protestantes que últimamente proliferan en Colombia y amenazan también con aparecer en el espectro político y electoral del país reclamando sus intereses.

Por último, algo que ha paso desapercibido o no tratado en extenso por la multimedia adicta: La reunión del papa Bergoglio (fuera de cámaras) con los principales obispos de Venezuela encabezados por monseñor Jorge Urosa, acompañado de Baltazar Porras, José Luis Azuaje, Mario Moronta y Jesús González, todos ellos reconocidos miembros de la “oposición política” contra el gobierno Bolivariano de Venezuela y la Asamblea Nacional Constituyente, quienes le informaron a Su Santidad  "acerca de la agudización de la crisis y la radicalización de la actitud del Gobierno de Maduro; la dictadura y la torpe y fraudulenta ANC". (http://anncol.eu/index.php/opinion-2/226-a-dios-rogando-pero-con-el-mazo-dando)

 Lo cual pone en evidencia dos cosas:

1- La íntima y dialéctica relación que tienen los acontecimientos venezolanos con los colombianos; es decir el carácter “regional” de la crisis donde el objetivo geoestratégico no es la paz de Colombia sino el petróleo venezolano. Y 2- El papel de centro conspirativo y agresor e intervencionista que tiene Bogotá contra Venezuela, tantas veces denunciado por el gobierno venezolano.

Mientras tanto, la llamada izquierda colombiana que aspira a liderar el Bloque Popular Alternativo que enfrente y desmonte el Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) dominante (metida en este torbellino mediático, el que una vez terminado mostrará que no ha resuelto ningún problema serio de la crisis y la transición en curso) sigue presa de la confusión y el desconcierto, sin saber si en el congreso de las FARC pasado se conformó un partido, un movimiento, un partido/ movimiento o todas las anteriores.

Si el enemigo a marginar y expulsar de las filas (de la misma manera que se expulsó a Marx, Lenin y Bolívar) es el incómodo (¿disidente?) Santrich.

Y mientras continua la salmodia de lamentos cada vez más sentidos y lastimeros para no molestar a nadie, se obvia tomar posición colectiva enérgica frente al problema venezolano y, se cede la defensa y “el reivindico” del histórico y universal derecho a la rebelión de los Pueblos, al grupo de los esclarecidos jesuitas liderados por el auténtico y consecuente sacerdote Javier Giraldo (ver más en  http://anncol.eu/index.php/opinion/216-el-papa-bergoglio-debiera-atender-mejor-al-sacerdote-jesuita-javier-giraldo-en-lo-que-dice-aqui) Algo debe estar fallando en la cabeza de tan escogida, selecta y experimentada dirección revolucionaria.

Fuente Imagen Internet.