Por Horacio Duque.

Transcurrido un año de la firma de los Acuerdos de paz entre el gobierno del señor Santos y las Farc, el balance de su implementación y ejecución es objeto de diversos informes y varios análisis en los que se abordan los casi 600 compromisos plasmados en el documento central de los consensos alcanzados en la Mesa de diálogos a lo largo de casi cinco años de arduas labores de negociación en La Habana, Cuba.

Por supuesto un punto de referencia central en este debate es el balance dado a conocer por el Instituto Kroc para la paz (http://bit.ly/2z7PEbV), encargado por las partes para hacer el seguimiento al proceso de construcción de la paz y de entregar informes periódicos de acuerdo con su experiencia internacional de valoración de otros procesos de paz en el mundo.

El instituto Kroc ha recurrido a una metáfora para sintetizar su percepción de los 12 meses transcurridos en la implementación de cada uno de los puntos pactados.

El vaso está medio lleno, es el parte de dicha institución. No está medio vacío como lo quieren hacer ver los malquerientes de la estrategia de paz del actual gobierno colombiano.

Sin embargo, por los estudios de otros actores involucrados en la ejecución de los pactos, el dilema anterior parece muy simple y se trata de un artificio sofistico que le cae de perlas al señor Santos para esconder la patética realidad del bloqueo y destrucción del anhelo más profundo de la sociedad para hacer realidad la pacificación y eliminación de la violencia estructural.

Es curioso, ni los peores enemigos de la paz han llegado a tanto como si lo han hecho los supuestos defensores de los acuerdos que se las han arreglado para destrozar aspectos trascendentales de la misma en el escenario legislativo, en la Corte Constitucional, en el exterminio de los líderes sociales por el neo paramilitarismo aupado por las Fuerzas Armadas y en la Fiscalía general de la nación.

Es probable que algunos, incluso del lado no gubernamental de la Mesa de conversaciones, compartan la tan difundida metáfora del vaso medio lleno argumentando que se debe evitar el desespero (Ángel) en algo tan complejo como la terminación del conflicto. Afirmación de un simplismo descomunal que no hace sino ampliar el coro de la complacencia oficialista del santismo neoliberal.

Es lo que hace tan virtuosa y meritoria la reciente declaración de los delegados de las Farc en la reunión de Cartagena, leída por Iván Márquez y escuchada con atención por Mujica y el señor Gonzales de España; pero no tan del gusto del señor Santos quien se ocupó de difuminarla y banalizarla en la red mediática del régimen.

En síntesis, el documento de Márquez acopia en detalle cada una de las acciones gubernamentales y estatales para bloquear la vigencia de la paz, para hundirla en el foso de la podredumbre politiquera del régimen oligárquica.

Las Farc cumplen como lo evidencia la entrega de las armas y sus bienes, pero no así sucede del lado del gobierno que se ampara en el manido argumento de que construir la paz es más difícil que hacer la guerra, para justificar cada una de sus trampas y felonías políticas, en un juego a cuatro bandas en que desde diversos polígonos se usa la peor artillería para impedir que la paz sea una realidad.

El documento del Farc en Cartagena es una pieza maestra de la política de paz entendida en términos de la disputa entre contendientes que son portadores de enfoques disimiles en esta materia.

El señor Santos fue a Cartagena para darse vitrina internacional y para ocultar su bancarrota en momentos en que el país está en plena campaña electoral para escoger el próximo Presidente de la Republica en un escenario en el cual se cruzan diversas variables desestabilizadoras como la recesión económica, el déficit fiscal, los escándalos de corrupción, la crisis en las relaciones con el Estado venezolano, el deterioro de las condiciones sociales de millones de compatriotas sumidos en la pobreza y la miseria y el sistemático exterminio de los líderes sociales y los derechos humanos, cobardemente acribillados por grupos criminales que son orquestados, como en los últimos 30 años, desde los cuarteles y los gremios empresariales.

Por supuesto, el contundente y afilado texto de Márquez, poniendo los puntos sobre las íes, a pesar del disgusto de Santos, no debe leerse al margen de tal contexto político. Sería una estupidez desconocer ese anclaje en un sujeto sociopolítico que se abre paso en medio de la brutal campaña de la ultraderecha, la derecha y la moderación pseudo-izquierdista que se niega a reconocer las realidades políticas derivadas de las conversaciones para alcanzar la paz, para lo cual no se ahorra falsas verdades, montajes y violencia en todas sus manifestaciones.

No es con concesiones y silencios cómplices al y con el señor Santos, desde el campo revolucionario, como se construye la paz que necesita la nación en este nuevo ciclo de su historia política y social.

El nuevo partido político requiere este tipo de definiciones para ganar mayor credibilidad entre las masas populares que reaccionan airadas, como lo acabamos de registrar en el Cauca y en Urabá, frente a la violencia, el atropello, la corrupción y el despojo de las tierras que históricamente han pertenecido a los indígenas y arrebatadas por el delincuencial latifundio de los cañeros caucanos y vallunos.

Hay que salir de la comodidad burocrática y playera, y refundirse entre las masas para que sea su movimiento histórico el que marque el curso de la transformación radical de nuestra sociedad atrapada por el voraz neoliberalismo, el extractivismo minero energético, el “empresarialismo global” y la agroindustria de las Zidres.

Nota. Memoria imborrable de la vida de nuestro camarada Elías Isaza, fallecido el sábado en la ciudad de Cali como consecuencia de un demoledor cáncer hepático que lo llevo a la tumba, después de la triste despedida de su querida compañera Esther Lucia Arango. Nunca lo olvidaremos. Llevaremos siempre en alto su ejemplo y su lealtad con el pueblo y los trabajadores.

Cali, 8 de enero del 2018.