Daniel Roldán Zarazo

En tal sentido, urge construir y posicionar nuevos liderazgos de cara a una sociedad que ya se cansó de los Gerlein, los Lleras, los Uribes, los Santos, Los Pastranas (y demás políticos de tradición), y su aferramiento en las esferas del poder público, que por derecho pertenece al pueblo y no a unas cuantas familias

 

En una reciente entrevista, el académico y analista Francisco Gutiérrez Sanín argumentó que existe una polarización asimétrica en el país. Esto significa que no existen dos polos que jalonen al país hacia los extremos políticos –derecha e izquierda–, sino que es la extrema derecha la única que se radicaliza y su contraparte de izquierda –según él– se encuentra moderada y confundida: no presenta una alternativa viable para el país. Su reflexión es acertada en el sentido que advierte que la extrema derecha está adquiriendo una personalidad cada vez más definida y una agenda más retrograda y extrema, que mezcla una suerte de fundamentalismo católico, una denuncia al delirio fantasmagórico del “castrochavismo” –que pasa por Maduro y las FARC, hasta por Obama o el Papa–  y una “oposición”1 –por demás cínica–, al “modelo económico” y corrupto del gobierno Santos.

Si bien las analogías en política serán, en cierto sentido, incompletas o arbitrarias, pareciera que esta polarización política ha sido una tendencia en múltiples elecciones a nivel mundial, han aparecido “extremos” que se presentan como alternativas contra-establecimiento. Las más conocidas: Los excandidatos presidenciales Le Pen y Mélenchon en Francia, Sanders y Trump en EEUU, Podemos  en España, la arremetida del partido  ultraderechista AfD en Alemania, etc.

Esto no solamente devela una sensación de descontento y  desconfianza en las instituciones y la política tradicional a nivel global, sino que es además la respuesta de trabajadores, jóvenes, mujeres, ancianos, a la pauperización de sus condiciones de vida, impuestas por la crisis del capital a nivel global. Es en este marco en el que debe comprenderse la radicalización de la extrema derecha colombiana, encabezada por Uribe, y la emergencia de otras figuras como Ordoñez, Arrázola, la diputada de Santander Ángela Hernández, Martha Lucía Ramírez, Viviane Morales y parte de algunas organizaciones cristianas que impulsaron la victoria del “NO” el 2 de octubre.

El descontento: ¿Un primer paso para el cambio?

Este descontento popular se refleja en parte en las cifras de la última encuesta Gallup, donde pueden vislumbrarse tres puntos neurálgicos:

  1. Existe un descontento generalizado frente a las condiciones de vida: más del 80% de las personas piensan que la economía del país está empeorando (este descontento aumentó casi 30% en los últimos 3 años); el 90% de las personas en la actualidad opinan que el costo de vida ha aumentado y va por mal camino.
  2. Una desesperanza y desconfianza con respecto al proceso de paz: el 61% de las personas opinan que la implementación va por un mal camino; el 71% de la ciudadanía no cree que se vaya a redistribuir de mejor manera la riqueza en el campo con el Acuerdo de paz; de igual manera el 70% de colombianos y colombianas no creen que a través del acuerdo vaya a dejar de existir violencia por causas ideológicas y el 64% de las personas opinan que van por mal camino los diálogos del gobierno de Santos con el ELN.
  3. Una creciente desconfianza en las instituciones de nuestra desvalijada democracia y su justicia: el 90% de las personas opinan que el problema de la corrupción está empeorando cada vez más; de 3 años para acá, una de las instituciones más respetadas, la Corte Constitucional, pasó de una favorabilidad del 55% al 29%; desde hace 7 años el sistema judicial colombiano ha perdido 30% de imagen positiva, y la Corte Suprema de Justicia ha pasado de una favorabilidad del 47% al 23% en 3 años.

En este punto deberíamos preguntarnos: ¿Qué o quién se presenta como una alternativa política viable a este sistema capturado por una clase política sin proyecto de nación, del cual ya es innegable un descontento popular? ¿Es esta la oportunidad para el cambio de la clase dirigente del país?

Por su parte, en la izquierda, el debate de renovación no se encuentra en cómo construir movimiento popular que sea una opción para los millones de ciudadanos descontentos, sino en:

-Conservar su identidad política mediante símbolos, nombres y campañas hacia adentro, con poco o nulo diálogo hacia las subjetividades colombianas (un ejemplo puede ser el nombre que las FARC reafirmaron en el congreso del Nuevo Partido).

-Reafirmar modelos organizativos teórica y políticamente en desuso que no permiten crecer ni acumular políticamente, aún calcados de la tradición política soviética del siglo XX.

-Tener una visión “lineal” de la historia donde las reformas se convierten en un fin y no un medio para profundizar un modelo de sociedad más justo.

La Política como articulación

Para Gutiérrez Sanín, la alternativa teórica al problema que puede significar la victoria de la ultraderecha en las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, debería ser la defensa de ciertos principios liberales del Estado como la separación de poderes y la secularización de la política. El momento político requiere no solo de la defensa de unos principios básicos liberales y modernizantes del Estado, sino de la profundización de ciertas reformas que apunten a una transformación sustancial de las instituciones y del modelo económico hacia un proyecto de nación para las mayorías (muchas de ellas ya constituidas por el agua, contra la minería, por su derecho a la cultura, al trabajo, etc.) basadas en:

  1. Asegurar la implementación del Acuerdo de La Habana, suscrito entre el Gobierno y las FARC, y profundizar los cambios que permite el mismo en el agro, en la reparación a las víctimas, la sustitución de cultivos, entre otros, y blindar los acuerdos con el ELN.
  2. Una defensa radical de los derechos sociales e individuales en riesgo por las oleadas de neoconservadurismo político y moral explotadas por los partidos y políticos de derecha.
  3. La transición de un modelo de desarrollo extractivista y minero-energético, que genera afectaciones irremediables al medio ambiente y excluye a millones de ciudadanos de un trabajo digno, a un modelo de desarrollo industrial y un cambio de la matriz energética hacia energías renovables.

En tal sentido, urge construir y posicionar nuevos liderazgos de cara a una sociedad que ya se cansó de los Gerlein, los Lleras, los Uribes, los Santos, Los Pastranas (y demás políticos de tradición), y su aferramiento en las esferas del poder público, que por derecho pertenece al pueblo y no a unas cuantas familias. Estos nuevos liderazgos, no han de surgir de manera espontánea, sino que ya están en las organizaciones sociales, los territorios, comités, a lo largo y ancho del país, pero los liderazgos ya atornillados en el poder (de derechas o de izquierdas) les impiden surgir.

Es aquí donde la política debería adquirir el sentido que Laclau le atribuía: la articulación2 de estas demandas ya existentes, pero también de sus líderes y organizaciones ya constituidas. Cualquier otro ejercicio resultaría vanguardista (poniéndose jerárquicamente por encima de los movimientos sociales) o autista (al estar aislado y fuera de las luchas sociales). Esta forma de liderazgo político que podría denominarse como catalizador, debe posicionarse desde la juventud, no entendiéndola como una etapa específica correspondiente a una edad, sino desde ese espíritu de una nación que está en construcción y que además es inventiva, vigorosa, fresca, ecológica, responsable y humanista, y que es la única solución viable para salir de este atolladero en el que nos han dejado nuestras élites políticas.

El único punto de diferencia legislativa serio, es la implementación de los Acuerdos de paz. El resto de los proyectos del modelo económico, político y social resultan siempre en convergencias.
 
 1.El único punto de diferencia legislativa serio, es la implementación de los Acuerdos de paz. El resto de los proyectos del modelo económico, político y social resultan siempre en convergencias.

2. Laclau, E. La razón populista. Fondo de Cultura Económica. 2005.

palabrasalmargen.com/edicion-114/colombia-2018-hacia-otro-descalabro-politico/

Fuente Imagen Internet