Por María Méndez /Colombia Soberana
 
Los recientes ataques contra las FARC se dan en primer lugar, como bien presentíamos, por sectores “cercanos” que no representan una línea ideológica dentro de la izquierda y mucho menos entre los  revolucionarios. 
 
Escritores venidos a menos, “revolucionarios” de cafetería y otros, cuyas posiciones, e incluso parte de su historia, son muy cuestionables, son el “ramillete” de autodenominados politólogos e ideólogos que hoy comienzan a atacar públicamente a un partido que nace de un movimiento político y armado que ha encarado al imperio, la oligarquía y ha defendido los sectores más oprimidos del país como ninguno de los críticos lo ha hecho.
 
El primer representante de este “movimiento crítico” es Horacio Duque, quien en su escrito, al mismo tiempo que posa de “fariano” y de revolucionario comprometido, arremete contra la dirección de las FARC simple y llanamente porque no quedó como a él le hubiera gustado. 
 
Debemos aclarar que en nuestro blog, Colombia Soberana, hemos publicado algunos escritos del “compañero”, así como de muchos otros, y eso no quiere decir que nos comprometamos a estar en “su línea política”. Cada uno de nosotros tenemos la libertad de pensar y defender nuestros ideales, en nuestro caso particular, la defensa del Proceso de Paz con miras a la construcción de la Nueva Colombia y del socialismo. 
 
En este escrito analizaremos dos documentos del mencionado autor publicados ambos el 7 de septiembre por los portales Las 2 Orillas y ANNCOL: “¿Quién quiere callar a Santrich en las FARC?” Y “¿Le quedó grande a Timochenko la democracia ampliada?” respectivamente.
 
Primero, se debe anotar la rapidez con que el autor hace dos columnas. Escribir no es tarea sencilla, y menos para un revolucionario, puesto que la investigación, la constante autocrítica y la revisión de los clásicos, permiten leer la realidad lo más acertadamente posible, despegarse de sus propios intereses y evitar que se cometan errores contra el proceso en el cual se participa o se apoya. 
 
Es por esto que la rapidez de Horacio Duque extraña, en lugar de despertar admiración. No son tiempos fáciles. Entramos a otra etapa del Proceso de Paz, en la cual cualquier palabra suelta o un análisis mal hecho hacen un daño político que tendremos que encarar en un camino que está lleno de espinas.
 
Como era de esperarse, ambos artículos son una copia. Nada distingue el uno del otro. Aunque la redacción es diferente el contenido es el mismo, un solo artículo era suficiente, eso le hubiera dado el tiempo para lograr una mejor redacción, pues gran parte de estos escritos está conformado por ideas sueltas, sin coherencia entre sí.
 
Con respecto al contenido, la falta de investigación y de claridad política ante la situación dejan huella negativa para los artículos. Un resumen muy corriente sobre el Congreso, sin mencionar la calidad de los debates de los militantes tan elogiada por más de 50 delegados internacionales de la talla de Pablo Monsanto (y eso que hay que “superar la soledad y el aislamiento político” dice Horacio).
 
Al abordar el punto fundamental de la crítica, lo  que Duque califica como “autoritarismo a ultranza”, es fácil captar que adopta su posición motivado por visiones (¿intereses?) personales, sin entrar a investigar cuestiones tales como los estatutos, las condiciones y la tradición. 
 
Le molesta al articulista que el camarada Jesús Santrich no haya sido asignado al Consejo Político Nacional y comienza, cifras en mano, a acusar al Plenario del Consejo de los Comunes de practicar la exclusión política, críticas dirigidas sobre todo a los Camaradas Carlos Antonio Lozada, Pastor Alape y Ricardo Téllez, que bien cabe decirlo, no se hicieron ni en el contexto ni en la forma que nos enseña el leninismo, sino en un lenguaje pedante, despectivo y típico del enemigo de clase.
 
Como ya dijimos, el compañero se basa solo en las cifras de las elecciones del Congreso, pero se le olvida una cosa, las FARC no es el único partido revolucionario en la historia en el cual el Congreso elije la dirección y el pleno los dignatarios, tal como ocurrió.
 
Para citar un ejemplo, nos permitimos recordarle al “compañero” que hace poco se realizó el XXII Congreso del Partido Comunista Colombiano, en el cual se eligieron 72 camaradas al Comité Central y el Pleno fue el encargado de escoger el Comité Ejecutivo Central.
 
¿Por qué hacerlo de esta manera? Porque las bases eligen sus direcciones y entre sus miembros se hacen los análisis político, social, económico y de capacidades de cada integrante, que permiten tener un organismo de dirección apto para responder a las necesidades y retos que tendrá que afrontar el partido, los cuales en este momento son muy complicados. 
 
A diferencia del articulista, no conozco los pormenores de las discusiones del pleno del Consejo Nacional del Común, ni los factores políticos que se tomaron en cuenta para elegir los integrantes del Consejo Político Nacional, cuestión que Horacio Duque, quien posa quizás de conocedor de lo ocurrido, obvió de plano al parecer intencionalmente.
 
Como ya dijimos, desconozco completamente esos debates internos porque por obvias razones no soy miembro de la dirección elegida por el Congreso y por tanto no asistí a su Pleno. Pero estoy segura, por pulcritud personal y política, que de haber participado allí no andaría divulgando lo presenciado, pues actuando así demostraría falta de conciencia, seriedad y compromiso revolucionario, para no hablar de caer en un comportamiento liberal e indisciplinado, haciéndole el favor al enemigo de clase. 
 
No se ve por parte alguna el nombre de Horacio Duque entre los 111 miembros de la dirección de FARC, y no queremos pensar que escribe por encargo de otros, así que desconocemos de qué fuente saca la supuesta información que dice tener sobre el pleno en cuestión.
 
Duque alardea de ser muy conocedor de las ideas y de los métodos revolucionarios. Por eso parece extraño que no acuda a las instancias respectivas para aclarar sus dudas, inquietudes y diferencias. En lugar de ello dota de herramientas a la derecha extrema a fin de que realice los ataques que él mismo predice y supuestamente repudia. Una actitud falta de coherencia y decencia.
 
Sabemos que vendrán más arremetidas como esta. En gracia de discusión queremos pensar que este tipo de ataques son movidos por intereses mezquinos de los otrora “pro Farianos” y “revolucionarios”. Sin embargo no podemos descartar que la mano del enemigo de clase esté metida en estos absurdos intentos de desestabilizar un partido que ha luchado por 53 años por la paz, y que a finales del año 2016 le dio al pueblo colombiano ese grandioso regalo de navidad: el Acuerdo de la Esperanza,  que puso fin al más largo conflicto armado del continente.
 
 http://colombiasoberanalavozdelosoprimidos.blogspot.de/2017/09/las-extranas-criticas-de-horacio-duque.html