Por Nicole Jullian

Entrevista con el Profesor e historiador Ricardo Sánchez del departamento de Historia de la Universidad Nacional, profesor de la Facultad de Filosofía de la Universidad Libre y exdecano de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, sobre el nuevo camino de las FARC sin armas y la izquierda colombiana.

  1. NJ: La disolución de las FARC-EP como estructura guerrillera representa un acontecimiento histórico de grandes magnitudes. ¿Cuál es el análisis histórico que usted hace frente a este hecho?.

RS:  Es larga la historia del proceso de la guerra y de la violencia política en Colombia que involucra a las FARC, convertidas ahora en un nuevo partido político. Lo importante para destacar es que después de 50 años puedan hacer el tránsito a la vida legal del país. Eso pone de presente que el Estado colombiano fracasó en su intento de destruir a las FARC, y las FARC, por su parte, también fracasaron en su intento de hacer una revolución por la vía violenta. Eso es lo que explica, en el fondo histórico, porqué se llega a este encuentro, que fue propiciado por el Acuerdo de Paz. Acuerdo y encuentro que fueron impulsados principalmente por los movimientos de víctimas, por los movimientos de derechos humanos nacionales e internacionales. Se vio, en general, una presión muy fuerte hacia la guerrilla y hacia el Estado respecto a que la guerra estaba destruyendo las fibras más íntimas de la sociedad colombiana.

  1. NJ: El Congreso fundacional del nuevo partido de las FARC-EP arrancó con la frase »por un gobierno de transición para la reconciliación y la paz«.

¿No cree usted que es un poco apresurado proponer un gobierno de transición antes de formar el partido?

RS: Yo creo que el partido ya está formado. Lo que se está haciendo es más bien declarar la existencia del partido. Pues a lo que estamos asistiendo es al interesante fenómeno de la mutación de una organización guerrillera en una organización política. Lo que están haciendo es aprobar sus estatutos nuevos, la nueva línea política, definiendo el programa. No olvidemos que el asunto central para las FARC es el cumplimiento de los Acuerdos. Los Acuerdos son un logro mínimo. Eso forma parte del programa democrático que no sólo las FARC contemplan, sino que también la sociedad colombiana debe acoger y desarrollar, aunque sobre eso, sabemos muy bien, hay una división muy grande entre la derecha y la extrema derecha por una parte, y la izquierda por otra. De manera que es un nuevo partido, pero que ya está creado. Tal vez van a crecer y es deseable, tal vez van a hacer coaliciones y es deseable. Ahora, lo que intenta la consigna del »gobierno de transición« es mantener una vocación de poder y lograr así diálogos con otros sectores que puedan eventualmente coaligarse para ese logro. Esa es ya una fórmula que sólo se podrá resolver en la ecuación práctica de la correlación de fuerzas, si es que esa consigna llega realmente a encontrar eco en otras fuerzas políticas. En mi opinión, esa consigna no me parece apresurada. Eso se debe formular así. La discusión, me parece a mí, es partir de que estamos en un postacuerdo y no en un postconflicto. Cesó el conflicto armado con las FARC como guerra y se entra a una fase donde el conflicto social y político se va a manifestar, o se debe manifestar, pero sin violencia ni enfrentamiento armado. Entonces, lo de la reconciliación, que es una expresión que preocupa a muchos, está en ese contexto: ellos han dicho que no renuncian a su vocación revolucionaria del poder y que por lo tanto lo que van a hacer es cambiar de estilo, van a desarrollar políticas prácticas, de tal manera que sea posible concebir las alianzas y, sobre todo, decir adiós a las armas.

  1. NJ: Respecto a este cambio de estilo del que usted habla ¿por qué un movimiento armado revolucionario en su transición hacia la vida política legal propuso la construcción de un partido, y no más bien la construcción de un »movimiento político«?

RS: Es que ellos eran un movimiento político alzado en armas, más exactamente un movimiento político con expresión guerrillera, pero siempre han sido un movimiento político, son políticos armados, enfrentados a un régimen que consideran oligárquico y represivo. De manera que la mutación hacia un movimiento político es sin armas, se hace interpretando las nuevas realidades. Pero tengo por decir aún un aspecto muy preocupante, y es que aún no está resuelto el asunto de la represión contra las FARC, especialmente en contra de sus líderes campesinos y tampoco el asunto de la amenaza latente que existe sobre la vida de los componentes de esa organización. Desde el año pasado y hasta el día de hoy tenemos ciento cincuenta y tantos muertos, activistas de derechos humanos, activistas agrarios, indígenas, también por supuesto milicianos y gentes que tienen vínculos con la insurgencia. Esa es una cifra preocupante. Y esa preocupación está en el centro de la suerte que pueda correr esta experiencia, porque si esto es la reedición de la masacre de la Unión Patriótica, si el Estado no reconoce que existe un paramilitarismo efectivo que está detrás de estos crímenes, vamos a presenciar un enrarecimiento de toda la situación nacional entorno a la paz.

  1. NJ: Timochenko anunció en este congreso: »Seguiremos siendo tan revolucionarios como los marquetaleanos«. ¿Cuánta revolución es capaz de tolerar el sistema político colombiano?

RS: Yo creo que Timochenko se está refiriendo al espíritu, a la motivación de las FARC cuando fueron fundadas en Marquetalia. Él se refiere a las conferencias guerrilleras, al hecho de que las FARC se definieron como un movimiento hacia la toma del poder. El sistema político colombiano no toleró a este movimiento por la vía armada. No obstante e . Las FARC plantean ahora ese espíritu de batalla y me parece importante que lo mantengan, como también que estén modernizando y adecuando sus programas a las nuevas circunstancias. ¿Lo lograron? Eso lo vamos a ver en los resultados de ese congreso que está en deliberación plena. El sistema político colombiano es muy cerrado, como usted bien lo sabe Nicole, es un sistema excluyente y represivo y justamente lo que busca este Acuerdo de Paz es destornillar maquinarias de violencia, ampliar los ámbitos de la vida y de la contienda civil. Lo que yo interpreto es que si se cumple con los acuerdos, si se impusiera un clima de reforma democrática y progresiva se estaría avanzando bastante en la maduración de nuevas condiciones políticas. Pero mi preocupación siempre ha sido que la ecuación paramilitar tiene que ser resuelta. No fue resuelta al comienzo de los diálogos, ni tampoco en el transcurso de los diálogos, y hoy sigue sin ser resuelta.  

  1. NJ: En el congreso Nacional de las FARC-EP Timochenko hizo referencia a un lugar y una fecha: Marquetalia, 27 de mayo de 1954.

¿Cree que estos 53 años de lucha armada le aportaron algo a la construcción de lo que es hoy Colombia?

RS: No. Yo creo que la sociedad se barbarizó enormemente. La Violencia se generalizó. La Violencia llegó a muchas partes, no sólo al campo, sino que a ciudades de tamaño intermedio y a ciudades grandes y significativas. La violencia hizo su papel destructivo. La violencia genera transformaciones, destruye estructuras tradicionales. Pero el balance es más negativo: la cantidad de muertos, de masacres, de violaciones a las mujeres, el éxodo interno en el país, millones de gentes en la diáspora errando aquí y en el extranjero, los presos políticos, las torturas. Todo esto les sirvió a las derechas terratenientes y a las clases dominantes colombianas para realizar la contrareforma agraria más potente que se haya dado en el hemisferio occidental. Sobre 7 millones de hectáreas fueron expropiadas a la agricultura tradicional y a los terrenos del Estado por parte de familias terratenientes, de las multinacionales y por parte de la burguesía agraria en desarrollo. Ahora todo eso no quiere decir que la resistencia armada no haya cumplido su papel. Esto no quiere decir que la resistencia armada no se justifique, pues no olvidemos que el campesinado fue sometido a una guerra. La guerra no la genera el campesinado. Este proceso de expropiación al que me refiero se hace con violencia. Organizaciones como las FARC, el ELN, en parte el EPL, luego el M-19 sólo se pueden explicar en un contexto de defensa y respuesta a la gran ofensiva de violencia política desde arriba. Con esto tampoco quiero decir que el conjunto de toda esa resistencia puede ser avalada, pues estas organizaciones guerrilleras también cometieron abusos, secuestros, ejecuciones a dirigentes sociales o políticos adversarios, masacres. Yo creo que no se puede abandonar la crítica al conjunto de la violencia y a los actores que concurrieron en ella. No obstante, esto está probando que las FARC no eran terroristas ni narcotraficantes, ni bandidos, sino gentes en armas, en guerra. Y la guerra es así, implacable.

  1. NJ: finalizando esta entrevista quisiera invitarlo a mirar un poco hacia el futuro. ¿Cuáles son las posibilidades de que se concretice definitivamente una gran colación de las fuerzas políticas de izquierda?

RS: Posibilidades existen. Lo que está mostrando este congreso es una fuerza organizada importante. Posibilidades existen porque la crisis nacional es muy profunda. Ahora el gran contra que tienen estas posibilidades son el paramilitarismo y la estructura mental tradicional de las clases dominantes en Colombia que promueve el ejercicio de la violencia. Esto no ha sido superado. Este elemento gravita como obstáculo central al desarrollo humanitario y democrático que tiene que tener el acuerdo. Condiciones existen, pero gravita sobre ello lo que para mí es algo clave, y es que desafortunadamente desde el mes de octubre y noviembre del año pasado donde fue derrotado el referendo por la paz, por pocos votos pero fue derrotado, al día de hoy el movimiento de opinión pública, el movimiento de campesinos y de trabajadores, las universidades, todos estos grupos decayeron a favor de una movilización por la paz porque surgió mucho desconcierto. Surgió, y usted estaba por estas calendas acá en Colombia, una angustia respecto a qué estaba pasando, qué había pasado y para dónde iba la cosa. Y la inexistencia de un movimiento de masas significativo, llamémoslo así, ciudadano, que impulse y respalde los acuerdos es un obstáculo para el desenvolvimiento y el crecimiento de movimientos políticos. Sobre si se va a unir la izquierda, pues, no se han podido unir las izquierdas comunistas. El Partido Comunista hizo su congreso, Marcha Patriótica hizo su congreso, las FARC están haciendo su congreso, el partido Marxista Leninista del EPL tiene su propia estructura, el ELN tiene sus propias negociaciones y su propia estructura política. Entonces, aunque hay fraternidad y propósitos de unidad de estos grupos, no se ve al mismo tiempo un aceleramiento de ese logro. Respecto a otras fuerzas democráticas, yo las veo muy galvanizadas. Hay muchísima confusión en el campo democrático. Las próximas elecciones están colocando en evidencia esta profunda crisis de los actores organizativos políticos.