Editorial ANNCOL

Ha sido esperanzador para la redacción de ANNCOL, leer el artículo  “Un candidato del común para la nueva Colombia” escrito por María Aureliana Buendía, cuyo nombre damos por legalizado,  y que anexamos a continuación, pues basa su exposición en argumentos y no en los tradicionales epítetos del canibalismo de la Izquierda, especialmente la colombiana, tales como “disidentes”, extremo izquierdistas pequeñoburgueses, revolucionarios de cafetín, etc.

Sin embargo, su argumentación bien merece también una respetuosa y necesaria contra argumentación.  

Lo primero que hay que resaltar es que la  referencia de María Aureliana a los análisis que hacía Jacobo Arenas en la década de los 70, sobre la clase dirigente colombiana que caracterizaba como “una Burguesía Traganiquel”, hoy por hoy, como lo demostraron hasta la saciedad los más importantes análisis de la Comisión Histórica del Conflicto armado colombiano, aparecidos en febrero 2015 en el marco de los diálogos de paz de la Habana, ha sufrido una gran trasformación, en el sentido de que los “Traganiquel” se han Trasnacionalizado completamente y se ha fusionado con una burguesía lumpen y criminal surgida del próspero negocio del narcotráfico y lavado de dinero que, a finales del siglo xx e inicios del xxi, con sus poderes facticos narco-paramilitares y mediante una serie de alianzas entre las fracciones de la misma burguesía, cooptó completamente no solo la cultura colombiana, sino todo el aparato Estatal incluidas las llamadas Fuerzas Públicas, para afianzar mediante el Plan Colombia, el Bloque de Poder contrainsurgente dominante actual.  

 Una somera mención, para no alargarnos, que comprobaría totalmente nuestra afirmación anterior, sería el hecho visible de la corrupción oficial que embarga las tres ramas de la llamada democracia colombiana, empezando por la rama ejecutiva donde el dinero de la Trasnacional Odebrecht financió la campaña presidencial de Santos y su rival  de clase Zuluaga, pasando por la rama judicial donde “la sal está corrompida”; para llegar al Legislativo donde no es exagerado compararlo con el establo de Augías. Lo que constituye la parte más significativa de la actual crisis de descomposición y podredumbre institucional por la que atraviesa el Estado de Colombia.

Tener en cuenta esto, no es cuestión de pureza ideológica, ni de castidad, o afán de “marchar solos y puros pero derrotados”, sino un aspecto de la realidad social y política que al DESCONOCERLA produce el dolor de muelas diario que hoy estamos teniendo con la implementación del Acuerdo de paz firmado entre el Estado colombiano y las guerrillas de las FARC-EP.

Pacto mediante el cual, no es cierto se hubiera acabado el Conflicto colombiano, sino que acabó con la guerra entre estas dos Partes enfrentadas durante 52 años. Lo más revolucionario no son las frases de candela y el llamado casi nunca escuchado a las masas, sino una buena teoría revolucionaria: “Sin teoría revolucionaria, no hay practica revolucionaria”, solía decir el también el muy citado pero poco conocido Lenin, y parte de esta  teoría  está contenido en las conocidas “tesis de abril” presentadas para el congreso fundacional de la Fuerza Revolucionaria Alternativa del Común que hoy discute si lanza o no candidato presidencial a las elección es del 2018, y si se va sola  dejando clara su posición teórica antes mencionada, o concurre a las elecciones mal acompañado y disuelto entre sus acompañantes ocasionales, todos enemigos suyos, quienes a la menor oportunidad los expulsarán de sus alianzas tácticas argumentando que “respetan”, pero no comparten sus teorías revolucionarias.

Un segundo aspecto a tener en cuenta, mencionado en la argumentación de María Aureliana, es la discusión sobre el mencionado Acuerdo de paz en sus tres versiones, La Habana, Cartagena y Bogotá, al que muchos le han atribuido poderes casi mágicos más allá de lo escrito y han mistificado e idealizado, convirtiéndolo en un “Deus ex machina”, que ha dividido a las Fuerzas Armadas Contrainsurgentes, y a la Clase Dominante, la que desde 1830 ha estado dividida y en guerra durante dos siglos, en dos fracciones la liberal y la conservadora, ambas igual de guerreristas, las que ahora rivalizan por la hegemonía de clase: Santos y Uribe son rivales no enemigos, enfrentados en la forma de terminar la guerra interna (obviamente cuando María Aureliana escribió su artículo, no había ocurrido la Masacre de Tumaco 05.oct 2017 realizada por las Fuerzas Publicas oficiales del Ejército y la Policía combinadas y suponemos, no había escuchado la mentirosa defensa de los genocidas hecha por el pacifista presidente Santos)

Que ha abierto las puertas de la democracia al Pueblo colombiano deseoso no solo de acabar la guerra fratricida sino de alcanzar la paz algún día. Algo así como la salvación de Colombia: Ni tanto, ni menos. La realidad es que, SI es un instrumento, una herramienta de la lucha de clases. Lo demás, está por desarrollar. Por hacerse realidad.  

 Y aquí es donde debemos resaltar, cómo la antigua dicotomía y separación que ha hecho por siglos la burguesía entre la teoría y la práctica para desvirtuar o negar la solución dialéctica entre estas dos categorías de la realidad propuestas por Marx, ha hecho mella entre nosotros:

Una cosa es el libro del Acuerdo de Paz, visto teóricamente. “El mejor acuerdo posible” dijo el presidente Santos. Una posibilidad teórica. Una potencialidad largamente discutida y acordada para resolver los asuntos básicos de la confrontación armada interna y los “collateral damage” o daños colaterales causados en la misma.

Y otra cosa bien distinta, tal y como lo estamos experimentando diriamente, es la puesta en práctica de lo escrito en el libro:  su Implementación en los hechos reales, que a un año de haberse firmado no llega a un 10% de ejecución y que cada día tropieza con una nueva dificultad, como si se tratara de la película “la pesadilla sin fin”.

¿Por qué ha sido posible para el Estado y regocijo interno de su presidente Santos, este paso calculado de tortuga para implementar lo acordado?  

Respuesta: Por la incertidumbre, limbo dicen otros, en el que se sumió el Acuerdo de paz, después del plebiscito refrendatorio impuesto por el presidente Santos como línea roja a la delegación de las Farc-EP en la Habana, derrotado por los partidarios del No (02.10.2017). Y que impidió que dicho Acuerdo fuera incluido en la Constitución de Colombia como era lo esperado, y se le diera valor como Tratado Internacional entre dos Partes avalado por la comunidad internacional acompañante en la firma. Hoy después del fallo de la honorable Corte Constitucional del 12.10.2017 llamado “blindaje del acuerdo de paz”; dicho Acuerdo ni es parte de la Constitución, ni es considerado Tratado Internacional ¿Es este “un ejemplo internacional para la solución negociada de conflictos bélicos”, como lo menciona María Aureliana en su respuesta a ANNCOL?

Y sobre los dos últimos párrafos del artículo mencionado, donde se dan algunas de las características “personales” del candidato presidencial de la Fuerza del Común que ella propone, ANNCOL se abstiene de discutirlas o cuestionarlas. Solamente recordar como tema de reflexión, el viejo lema marxista de que “los hombres no se valoran por lo que dicen” y mucho menos cuando lo que dicen, es desde la ausencia mental y la lejana.

A continuación, ANNCOL anexa el artículo de María Aureliana en discusión:

Un candidato del común para la nueva Colombia

Por María Aureliana Buendía

http://irreverenciasmonas.blogspot.se/2017/10/un-candidato-del-comun-para-la-nueva.html?m=1

Magnífica oportunidad la que brinda ANNCOL, agencia colombiana de prensa radicada en Europa, para expresarle a la opinión colombiana e internacional criterios que desde tiempos históricos manejábamos en las FARC-EP y que hereda el Partido del Común (FARC), sobre la política en general como estrategia de la toma del poder.

Esa estrategia acertadamente ha contemplado en primer lugar un gran movimiento de masas. No hay partido, ni movimiento, ni frente revolucionario, que no sueñe con millones del Común peleando, disputándole el poder a la clase capitalista. Y en esos millones están los verdes, los azules, los rosados, los morados, los rojos, los liberales y conservadores, los independientes, los sin partido.

Los conceptos excluyentes por las razones que sean son sinónimo de inmadurez y sectarismo. ¿Derrotados pero puros y castos? Esos era los argumentos de quienes en su momento se opusieron a la creación de la Unión Patriótica y posteriormente la ahogaron y aislaron, permitiendo su genocidio. Derrotados, puros, castos y muertos, esa es la propuesta. No es para los revolucionarios farianos hijos de Manuel y Jacobo.

A una “burguesía traganíquel” como decía Jacobo, que no ha cumplido ni su papel histórico de desarrollar las fuerzas productivas del país hay que obligarla a cumplir lo pactado, pero más allá, la implementación es tarea nuestra, de todos los colombianos. Construyendo poder popular, debatiendo los planes de desarrollo en todos los niveles, fiscalizando los bienes y dineros, proponiendo soluciones y alternativas a los problemas con audacia, responsabilidad y disciplina. Recurriendo fundamentalmente a la organización y a la movilización popular.

Partiendo de logros alcanzados por el Acuerdo de Paz, que ya han cambiado al país:

*  El acuerdo impone una política de paz de Estado.

* El acuerdo logra dividir al bloque de poder dominante, siempre unido alrededor de la guerra.

*   El acuerdo logra dividir a las FF.AA., instrumento de guerra contrainsurgente.

*   El acuerdo produce un movimiento popular que frente a la derrota en el referendo lo hace suyo y lo salva. El acuerdo de paz es aprobado por las mayorías en las calles, plazas, aulas, auditorios, centros laborales, universidades, pueblos y veredas de Colombia.

*   El acuerdo logra develar responsabilidades inequívocas frente a la prolongación de la guerra, saca a la luz a las víctimas, millones de desplazados y desterrados, miles de desaparecidos, centenares de masacres y asesinatos selectivos.

*  El acuerdo pone en evidencia la política estatal de exterminio del contrario por razones políticas y abre las compuertas a la democracia.

*   El acuerdo se convierte en ejemplo internacional para la solución negociada de conflictos bélicos.

*   El acuerdo es herramienta, instrumento para la lucha de clases.

La representación del Partido del Común (FARC) en cualquiera de sus niveles es cuestión de enorme seriedad y responsabilidad. En primer lugar, debe representar la línea política del partido (no una independiente y propia), es de Perogrullo, sin veleidades pequeñoburguesas. Si las revoluciones se hicieran insultando, echando discursos mediocres o en acciones aisladas y oportunistas, ésta ya hubiera triunfado.

Nuestro candidato debe parecerse a los colombianos del Común, sin pretensiones de grandeza, porque toda la gloria cabe en un grano de maíz, respetuoso, leal con el partido e incondicional con los intereses del pueblo, cumplidor de la palabra, audaz, interprete certero del momento histórico nacional e internacional, es decir -con los pies sobre la tierra.

Nuestro candidato es un gran organizador, porque las revoluciones no se hacen, se organizan, decía sabiamente Lenin. Es un visionario, que dirige con el corazón ardiente y cabeza fría. Es querido y respetado por los farianos, fundó frentes y bloques guerrilleros, organizó campañas militares, políticas  y sociales, enriqueció nuestra estrategia política y militar, defendió  a las masas contra el paramilitarismo y el terror del Estado, fundó organizaciones populares que resistieron todas las arremetidas fascistas; firmó el Acuerdo de Paz convertido en oportunidad histórica, se ha ganado el corazón de las gentes del común, el respeto de los adversarios, la admiración de líderes internacionales. Manuel y Jacobo acertaron con él.

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