Colombia atraviesa una grave crisis, no solo económica sino social y de descomposición y putrefacción moral, debido a la corrupción en el gobierno y sus las altas cortes judiciales, a lo que se le suma la crisis por la que atraviesa el Proceso de paz causado por el incumplimiento total por parte del gobierno de Juan Manuel Santos, que ha incumplido todos los acuerdos pactados con las guerrillas y ahora, con su ex vicepresidente Vargas Lleras que es su “gallo tapao” para ganar las elecciones presidenciales en 2018, y con la ficha política del Vargas Llerismo en la Fiscalía se han unido para renegociar lo que ha sido pactado con tantos esfuerzos y dificultades.

En esta situación social tan enredada, han saltado a la opinión publica una multitud de candidat@s presidenciales, ofreciendo soluciones mágicas por si llegan al poder. Dentro de ese pintoresco mosaico, de los 40 monos en el pesebre, se han ido decantando dos grandes bloques electorales:

El que encabezan la alianza de los expresidentes Uribe Vélez y Pastrana que agrupa una coalición conservadora, anticomunista y religiosa, formada con los sectores que apoyaron el No en el pasado plebiscito contra la paz realizado hace un año el 03 de octubre del 2016, y a la que ahora se le agrega el “candidato secreto de Santos”, su ex vicepresidente y delfín mafioso de la oligarquía bogotana y jefe de la mafia de Cambio Radical Vargas Lleras, con quien ahora Santos “finge una pelea para despistar a los pobres calentanos”. Este bloque reaccionario, que tiene como estandarte religioso la propuesta del corrupto “héroe de invercolsa” Londoño Hoyos, de volver trizas el libro del Acuerdo de paz firmado por última vez en el teatro Colon de Bogotá, y cuenta con el apoyo de los poderes mafiosos y paramilitares regionales y las antiguas clientelas de los partidos políticos tradicionales; tiene grandes posibilidades de poner presidente en el 2018.

El otro lo constituye el sinnúmero de candidatos que proponen de palabra, una amplia convergencia política y social que defienda la implementación del Acuerdo de paz, y desarrolle un combate contra la corrupción oficial. Sectores políticos que en el fondo siempre han tenido una política anticomunista y hostil a la RESISTENCIA anti oligárquica y anti imperialista del pueblo trabajador colombiano, como por ejemplo; el Partido Liberal, el Moir, los llamados Verdes, los llamados Progresistas, y otros grupos cooptados menores. Cristo, De la calle, Velasco, o el delfín Galán dentro de los Liberales. Robledo, Claudia López, Fajardo, Navarro, Petro, Mockus, etc, dentro del llamado centroizquierda, siempre han sido y serán anticomunistas por convicción.

⇑Talvez, dentro de este sector se puedan excluir las candidaturas minoritarias de Clara López y Piedad Córdoba, quienes han dado muestras de amplitud política y no sectarismo anticomunista.

Es por esto que los sectores comprometidos con la larga y exterminada Resistencia del pueblo colombiano a la larga contrainsurgencia del “régimen”, no pueden ir de vagón de cola de ninguno de estos personajes que de dientes para afuera dicen defender los Acuerdos de Paz y luchar contra la corrupción; ni esperar a que ellos implementen las trizas que salgan de sus corruptas maquinaciones burocráticas en el Parlamento para “renegociar” lo Acordado y pactado entre el Estado y las Guerrillas, como se está viendo en estos días.

La Resistencia del pueblo trabajador colombiano debe desmarcarse de tales sectores y dejar nítida o clara su posición, así no se gane ninguna elección. La implementación del Acuerdo de paz es un asunto de Estado que le corresponde implementar a quien reemplace a Santos en la ‘Casa de Nari’ y en la dirección del Estado. Es el Estado colombiano el único responsable de implementar SU PARTE de lo acordado, y nadie más podrá reemplazarlo.

Y esta implementación no puede estar sometida a la buena voluntad de ningún personaje por respetable que sea; ni estar sujeto a los sobornos, las coimas de la mermelada, las componendas de la gobernanza con sus renegociaciones, en un parlamento corrompido hasta los tuétanos como el colombiano; ni sometido a fallos de cortes constitucionales corrompidas; ni de fiscales politizados y corruptos, fichas políticas de Varga Lleras, y cómplices de los corruptos. Así no se gane ninguna elección.

El acuerdo de paz es un Tratado Internacional que debemos luchar masivamente durante mucho tiempo, para hacerlo implementar, en su totalidad, por ese Estado capturado por la mafia corrupta criminal y contrainsurgente, que espera perpetuarse en el poder en las elecciones del 2018.

Se equivocan “algunos” comunistas y demócratas bien intencionados, que proponen un “voto práctico de convergencia” por alguno de estos figurones anticomunistas, porque una vez más serán traicionados, expulsados de sus tales “convergencias” y conejiados por quien suba a la presidencia.

Es por esto que ANNCOL, considerando las posibilidades que han surgido con la fundación y organización del partido de la rosa blindada o Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común y sus potencialidades constituyentes, no solo para exigir al Estado su parte en la total implementación del Acuerdo de paz, sino para profundizar en la Solución Política del conflicto interno colombiano y en la raíz de los problemas estructurales que lo han causado, propone que uno de su dirigentes, el jurista Jesús Santrich, sea candidatizado como la figura que lo represente en las próximas elecciones presidenciales del 2018, y así se establezca la independencia política e ideológica propia de la Resistencia popular, separada de proyecto de la burguesía lumpen y contrainsurgente dominante, que pretende cooptar el proyecto popular y ponerlo como su vagón de cola.

Santrich es un licenciado estudioso conocedor profundo de las causas del conflicto interno colombino que estudió y conoció en su práctica como dirigente de la lucha política armada, desarrollada por las entonces FARC.

Estuvo desde el inicio de los diálogos entre el Estado y el gobierno de Santos, en Noruega y luego en La Habana sosteniendo siempre una línea independiente, franca y critica: “Tranquilo Bobby, que esto es largo”, le dijo al colérico de la Calle en Oslo al inicio de los diálogos, mostrando su temple crítico y honesto.

Ha sido quien más honestamente ha representado a sus camaradas aún encarcelados y secuestrados por la contrainsurgencia en las mazmorras del régimen, incluso poniendo en riesgo su vida con una huelga de hambre, la que a pesar de todo logró sacar unos cuantos prisioneros de las cárceles. Además, es quien ha defendido la inclusión como víctimas a los Exiliados por el Terror del Estado colombiano, así como ha defendido en todos los escenarios a las minorías étnicas y de género.

Se opuso a “comerle cuento a Santos” y, por ejemplo, no creyó en el éxito de su propuesta Santista del “plebiscito como mecanismo refrendatorio del Acuerdo de Paz”, porque sabía que era una trampa contrainsurgente tendida para no implementar, diferir y conejiar el Acuerdo de paz, como en efecto está sucediendo.

Santrich no es “Santista” porque a pesar de estar casi ciego es una persona que ve mucho más allá, y por eso, no cree en la paz de los sepulcros de Santos, que describió con esta lapidaria frase: “La única garantía que tenemos los de las FARC, es la de un par de tiros en la cabeza”.

Santrich, tampoco ha tenido dudas al momento de denunciar el carácter narco para militar de la Familia de los 12 Apóstoles, que aún sigue impune por la cobertura cómplice del “régimen”, y por esto se ha ganado el odio de todos los contrainsurgentes dominantes.

Además, Santrich es un internacionalista que nunca ha dudado en aclarar, sin ninguna timidez u oportunismo momentáneo, el vínculo existente entre los planes Geo estratégicos que tiene el Imperialismo para Colombia y Venezuela.

Por todo esto y por mucho más, Santrich debe ser el candidato presidencial alternativo y revolucionario de la rosa blindada para las elecciones presidenciales del 2018, y representar a la Resistencia cívico popular al corrompido régimen colombiano.

Esa es nuestra propuesta consecuente, y por eso, esperamos su pronta acogida.