Semana

Tras la fuga de Rodrigo Cadete, el exjefe guerrillero contó cómo vienen sorteando el tránsito a la vida civil en las 26 zonas donde siguen concentrados. ¿Qué funciona y qué no?

SEMANA: ¿Cómo ve la reincorporación de los excombatientes?

Mauricio Jaramillo: Primero, hay que decir que el proceso se terminó. Llegamos a un acuerdo con muchos altibajos, pero llegamos. Para no ser ave de mal agüero, hay que decir que las cosas están marchando hacia adelante. Eso sí, todo a último momento  y por eso hay mucha inconformidad y dispersión. Aunque no podemos olvidar que esa ha sido la historia de todos los países, por ejemplo, centroamericanos.

SEMANA: Siempre se ha hablado de ciertos guerrilleros que se perfilaban como posibles desertores, por ejemplo, ¿lo veían venir en el caso de Cadete?

M. J.: Esa información no la tengo. A mí no me han dicho sí, ya desertó. He leídos notas de prensa pero aún no está la confirmación.

SEMANA: Entonces, ¿ustedes qué información tienen?

M. J.: La versión que conocemos es que iba por una carretera y llegó una gente y lo retuvieron. El carro de la UNP lo devolvieron. Los escoltas dieron su versión, pero eso no es certificado todavía. Por eso todavía no me voy a sumar a esa teoría.

SEMANA: Aun así, se sabe que se vienen desgranando en las zonas. Poco a poco los excombatientes se están yendo, ¿Qué ésta pasando?

M. J.: Como el Gobierno no cumple hay una gente que ha entrado en una etapa de desazón. Ellos tienen sus familias, van a visitarlos a ver qué pasa. Muchos también vuelven. 

SEMANA: ¿Cuál es la situación de Rodrigo Cadete?

M. J.: Cadete es compañero nuestro. Él era jefe de Icononzo, estaba allí trabajando con Carlos Antonio Lozada. De hecho, estaba trabajando en una construcción que no se veía por ninguna parte, aunque ya se está viendo algunas cosas y era él quien estaba al frente de eso. Es un compañero reconocido por nosotros porque él fue comandante de una Unidad Móvil que tenía el Bloque Oriental. Luego de ese pueblo del Tolima empezó a trabajar en temas de seguridad a través de la UNP. 

SEMANA: ¿Usted cómo lo veía? ¿Tranquilo y contento?

M. J.: Normal. Pero también es que uno no habla mucho con ellos. De hecho el día del acto en la Plaza de Bolívar lo vi ahí y le dije: ‘Cadete es bueno que usted se asome y se apersone de una situación que se está presentando en el costado izquierdo del lugar. Mire qué es lo que está pasando para que eso se solucione‘, le dije. Eso fue lo único que vi.

SEMANA: ¿Cuál es la causa de esa desazón que usted siente?

M. J.: El incumplimiento del Gobierno.

SEMANA: ¿A qué se refiere? y ¿cómo se configura?

M. J.: Por ejemplo, cada uno de nosotros está en una zona y tiene una visión de cómo son las cosas. En ese contexto, muchos empiezan a ver que no está pasando nada: que no hay producción, que no hay trabajo y que se están metiendo otras cosas así como raras.

SEMANA: ¿A qué se refiere?

M. J.: Yo estoy en Colinas (Guaviare), nosotros desde el principio dijimos: ¡hay que meterle producción a esto! ¿Pero no hay tierra?, dijeron muchos. Hay que buscarla y hablar con los que alquilaron esto aquí, respondí para que nos dejaran cualquier rinconcito.

Tenemos 18 hectáreas para construir la zona. De eso, 16 son para las viviendas y 2 para la recepción. En principio nos propusieron unos cambuches. Sin embargo, les dijimos que tenían que pensar que ahí iban a vivir unas familias. Pero eso no se replicó en todos lados y en otras zonas no han construido nada o, en el mejor de los casos, lo que hay está mal construido.

SEMANA: ¿Qué más configura esa desazón?

M. J.: No hay tierras para trabajar, la gente no puede trabajar.

SEMANA: En ese sentido, para una cantidad de gente que está en la incertidumbre, ¿la tierra sería una contención para personas como Cadete?

M. J.: A muchas zonas el Gobierno llegó y dijo: -vea yo a usted no le voy a dar sino ocho hectáreas. Les dijeron a los compañeros ahí pueden hacer, esto y esto. Les llevaron un ingeniero y personas que dejaron a los guerrilleros atolondrados y les dieron poquita tierra donde hay tantas personas viviendo. De hecho, no les dieron una franja para poder cultivar como nosotros, que sí.

SEMANA: Entonces, ¿comparando lo que viene sucediendo en la zona de Colinas se puede decir que de allí se han ido pocas personas?

M. J.: Sí, pero esto tampoco es una garantía. Hay que tener en cuenta que es una población distinta. Por ejemplo, usted va allá y se topa con muchos indígenas. Nosotros somos 500 y hay por ahí unos 150. El día que dieron la bancarización, muchos se fueron todos locos al pueblo. A unos les robaron la tarjeta, la plata, otros quedaron endeudados. Al otro día empezaron a llegar poco a poco a la zona de nuevo. 

SEMANA: ¿Cómo ve el tema de los mandos medios?

M. J.: Yo fui mando y estoy ahora con el partido.

SEMANA: Cadete estuvo en La Habana,  involucrado con el proceso, ¿qué falló? ¿Cómo retenerlos?

M. J.: El proceso mismo era suficiente para todos, pero el Gobierno es muy michicato. Cuando comenzamos a hacer todos estos movimientos de construcción había un plan de diseño. Eran unas empresas, como fantasmas, que construyeron a paso de tortuga. Sin embargo nosotros, nos queremos convertir en la despensa de una región.

SEMANA: Pero, ¿cómo lo van a hacer sin tierra? Eso no lo cubre el acuerdo.

M. J.: En La Habana se habló de un Fondo de Tierras. Ahora a nosotros nos han hablado de 900 hectáreas que a decir verdad, no alcanzan para nada.

SEMANA: Y, ¿qué tienen en mente para esas tierras?

M. J.: Invernadero, por ejemplo, uno de 50 por 20 se le puede sembrar 3.600 matas de tomate. Nosotros les tenemos una estación meteorológica que le regula el agua.

SEMANA: Y eso, ¿qué salida comercial tiene?

M. J.: Toda. De hecho, se consume ahí mismo en San José del Guaviare. 

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