A la redacción de ANNCOL ha llegado el material crítico y sobre todo polémico, elaborado por un grupo de miembros de la dirección del  partido Comunista Colombiano Clandestino (PC3) sobre las "tesis de abril" presentadas por las FARC en abril 2017, para sustentar su trasformación en partido politico legal. Como nuestro compromiso es con la "Gente del Común", las publicamos para que sean ellas quienes den su opinión: 

  1. Lo primero que llama la atención de las Tesis es su nombre: Tesis de Abril. En la tradición marxista se entiende por “Tesis de Abril” todo documento que explica por qué hay que dar por finiquitada una fase revolucionaria caracterizada por alguna forma de apoyo a la burguesía “nacional”, “democrática”, “antiimperialistas”, etc., para dar el salto a la fase decisiva de preparación del asalto al poder burgués para destruir su Estado, sea en forma de insurrección armada, en forma de huelga general insurreccional, sea en forma de última ofensiva de la guerra prolonga de guerrillas que asalta al Estado con apoyo de la insurrección urbana o sin él.
  2. Las “Cartas desde lejos” o “Tesis de Abril” escritas por Lenin en ese mes de 1917 explican por qué ha terminado la fase de la revolución democrático-burguesa y debe comenzar la fase de la revolución socialista. Desde entonces, en la teoría revolucionaria, hablar de “tesis de abril” significa que ya llegado el momento de romper las alianzas tácticas con la burguesía “nacional” respetadas hasta ese momento, pero no fracciones de la pequeña burguesía y de las mal llamadas clases medias, y menos aún con el campesinado, para avanzar directamente a la destrucción del poder armado burgués y los fundamentales aparatos estatales, para y extraestatales del capitalismo, instaurando el poder popular y el Estado obrero.
  3. Pero, sin embargo, en el texto que comentamos las “tesis de abril” ya no significan esto sino todo lo contrario: reforzar las alianzas con las fracciones democráticas de la burguesía, como se explica en los Capítulos V y VI, que podemos ver resumido en la Tesis 59 sobre los contenidos básicos de un gobierno de transición. De esta forma, las tesis que aquí comentamos significan lo contrario que las Tesis de Abril de Lenin y que toda la teoría marxista expuesta en ellas y corroborada siempre por la historia de la lucha revolucionaria. Lo lógico hubiera sido que, para seguir dentro de la conceptualización marxista, en vez de “tesis de abril” se hubieran llamado “tesis eurocomunistas”, o “tesis de Podemos y de Syriza”, o “tesis de Allende”, etc.
  4. En el Capítulo I, sobre la crisis, el caos y la superficialidad conceptual es tremendo. La descripción de la crisis actual que se hace en la Tesis 1 no llega al fondo del problema, a sus raíces, sino que se limita a sólo cinco formas actuales ciertas e innegables –crisis socioambiental, energética, alimentaria, sociocultural, y crisis social del mundo del trabajo- pero no se explican de dónde y por qué surgen, cuáles son sus conexiones internas y, sobre todo, qué lugar ocupan en la teoría marxista de la crisis.
  5. Como es sabido, la teoría marxista de la crisis se basa en la dialéctica de cuatro contradicciones esenciales del modo de producción capitalista: la ley de la caída tendencial de la tasa media de beneficio; la tendencia a la sobreproducción, la tendencia al subconsumo, y la tendencia a la desproporción entre la producción de bienes de producción y la producción de bienes de consumo. A su vez, esta dialéctica se agudiza por otras tres contradicciones internas: una, los efectos de la lucha de clases sobre los beneficios del capital; las estrictamente económicas, que tienen su autonomía endógena relativa; y la ley de la competencia interburguesa.
  6. Esta dialéctica compleja, viva y en movimiento permanente, es la que explica las cinco crisis enunciadas en la Tesis 1, crisis que en realidad son subcrisis integradas en la crisis general del capitalismo. La Tesis 1 ofrece una imagen muy limitada de la actual crisis porque no llega al fondo del problema: padecemos la tercera Gran Crisis en la historia del capitalismo: la primera fue la de 1869-1900, la segunda la de 1929-1945, y la tercera es la actual que comenzó a gestarse en la década de 1970 y ha estallado mundialmente en 2007. Básicamente, el capitalismo superó las dos anteriores mediante atroces guerras mundiales y gigantescas destrucciones de riqueza; por ahora no ha estallado otra guerra mundial, pero sí proliferan cada vez más guerras locales.
  7. Hay dos grandes bloques de interpretaciones sobre la salida de la crisis: la burguesa y la marxista. La primera, la burguesa, dice que se saldrá de la crisis con trabajo duro y sacrificio, es decir, con sobreexplotación salvaje, logrando abrir otra fase de recuperación sostenida, etc.; la versión reformista de la tesis burguesa dice que la salida puede adelantarse y suavizarse si se aumenta la justicia social, la democracia y el interclasismo, y si la burguesía también se aprieta algo en cinturón. La marxista tiene dos vertientes, la que sostiene que la “salida” verdadera será un lento o rápido deterioro social permanente y un aumento de la pobreza y explotación, es decir, una especie de retroceso al pasado para la inmensa mayoría de la población, pero no para la gran burguesía a no ser que se acabe revolucionariamente con el capitalismo; la otra sostiene que antes estallarán guerras locales, conflictos de todo tipo, de modo que se derive de forma incontrolable a una nueva forma de guerra mundial que puede exterminar a la humanidad, puede reforzar al capitalismo más fascista, o puede abrir la vía definitiva al comunismo.
  8. Debemos partir de estas consideraciones a escala mundial, basadas en las lecciones de la historia capitalista, para poder hacernos una idea lo más acertada posible del contexto mundial que determina tanto a las cinco subcrisis de la Tesis 1 como las evoluciones posibles de las tensiones interimperialistas y, en especial, de la contradicción insoluble entre el capital y la humanidad trabajadora. Sin embargo, las tesis non profundizan en estas decisivas cuestiones sino que se limitan a hablar sobre la “previsible intensificación del conflicto social y de clase” en la Tesis 29, exclusivamente en Colombia y por razones internas a Colombia, separadas y aisladas de la dinámica mundial.
  9. Se refuerza así una de las grandes deficiencias del texto: su desconexión total de las contradicciones reales del capitalismo que, en cuanto esenciales, están activas en lo básico en Colombia como en cualquier otra parte, variando sólo sus intensidades y formas respectivas. Esta deficiencia es la base del error consistente en hablar primero de los fundamentos de la hegemonía capitalista en la Tesis 2 y de sus límites intrínsecos en la Tesis 3, que de la dominación imperialistas en la Tesis 6 y de sus contradicciones en la Tesis 4. Hacemos esta crítica porque, metodológica e históricamente hablando, el capital corrige, perfecciona, adecúa sus métodos de hegemonía según los cambios en la lucha de clases mundial y en las contradicciones interimperialistas: hay que estudiar primero éstas, en decir, las Tesis 6, 4 y 5, por este orden, para después y sobre esta base previa imprescindible, analizar las formas movibles y revisables de la hegemonía del capital, como se hace en la Tesis 2 y 3.
  10. Más aún, dada la importancia de esta problemática, la de las formas de dominación y sumisión, el documento debiera haber sido más preciso en la exposición de la teoría marxista. Dado que es imposible vencer si se desconoce qué poder tiene el enemigo, cómo lo emplea, cómo lo adapta y moderniza, por eso mismo el documento debiera haber explicado lo sustancial de la experiencia teórica elaborada por la izquierda revolucionaria, al menos en sus cuatro grandes momentos: uno, aunque Marx y Engels no usan el término de hegemonía siempre insistieron en que las alianzas con la pequeña burguesía debían ser tácticas y supeditadas a los intereses estratégicos de la clase trabajadora, aclarando una y otra vez dos cosas centrales: que el fin estratégico es acabar con la propiedad burguesa y que es imprescindible destruir el poder estatal. Y entre estos dos objetivos siempre intercalan la necesidad de la lucha teórico-política, ideológica, cultural orientada a la concienciación revolucionaria. La I Internacional y los primeros tiempos de la II Internacional, hasta antes de 1914 sin mayores precisiones ahora, expresan lo básico de esta primera concepción de la hegemonía aunque entonces no se emplease este término.
  11. El segundo momento de la construcción de la teoría de la hegemonía es el abierto por Lenin y el continuado luego por otros marxistas en el contexto de la lucha en una sociedad con alto componente campesino y artesano, y consiste en la alianza obrero-campesina bajo dirección obrera, que a su vez dirige a los pequeños propietarios campesinos y pequeño burgueses. Lenin sigue manteniendo los dos principios marxistas sobre la propiedad y el poder, y el de la lucha cultural pero haciendo una insistencia especial en este segundo: debe ser una “revolución cultural” sistemática que sólo podrá desarrollarse plenamente una vez conquistado el poder estatal y una vez que las experiencias concretas de las masas en su vida diaria les facilite la rápida culturización revolucionaria. La experiencia de las revoluciones que han seguido este modelo ha sido victoriosa al menos en sus impresionantes logros educativos y alfabetizadores realizados desde otro concepto de cultura contrario al burgués. La
  12. El tercer momento es el de las aportaciones del Gramsci de los consejos, del Gramsci anterior a su detención, concepto desarrollado en el fragor de la lucha de clases en el capitalismo italiano y en la lucha antifascista y contra el reformismo socialista. Las tomas de fábrica, los consejos obreros, la democracia directa y asamblearia, la formación teórica, etc., además de las anteriores aportaciones marxistas y leninistas, son desarrolladas por Gramsci antes de ser encarcelado. Después, bajo la censura carcelaria, tiene que suavizar su terminología para poder exponer sus ideas lo que le obliga a usar un lenguaje algo impreciso para superar esa censura. La victoria del fascismo, los errores del reformismo y de su partido, los pocos textos teóricos e informaciones políticas disponibles, le obligan a dejar muchas cosas en el tintero aunque sí puede desarrollar los fundamentos marxistas esenciales: la hegemonía consiste en que la clase obrera y la población explotada se vaya preparando mediante la culturización política radical –cultura popular-nacional contra cultura burguesa- para vencer a la dictadura fascista.
  13. Bajo el terror fascista hay que desarrollar primero la “guerra de posiciones”, de resistencia que cohesione al pueblo trabajador y atraiga a sectores de la pequeña burguesía, para saltar luego a la “guerra de movimientos”, es decir, al asalto revolucionario del poder. En el interior de este proceso de avance de la “guerra de posiciones” bajo el fascismo, a la “guerra de movimientos” como derrota del fascismo e instauración del socialismo, en esta dinámica no desaparecen sin embargo los principios fundamentales del poder consejista, de la democracia soviética y del papel del partido revolucionario en su interior, sino que se mantienen incólumes.
  14. El cuarto momento es el del debate sobre el fascismo y el nazismo que estalla en los años ’30 estando Gramsci en la cárcel y que se libra dentro de la III Internacional y fuera de ella, en los grupos marxistas fundamentalmente trotskistas aunque también de otras corrientes. En un principio, hasta 1933, la III internacional desarrolla la idea de “clase contra clase” en la que el proletariado ha de enfrentarse a la socialdemocracia al considerarla incluso como peor que el nazismo y que el fascismo, llegando en Alemania a hacer mítines conjuntos con los nazis para derrotar a la socialdemocracia. A esta idea se oponen fundamentalmente los trotskistas que defienden que hay que estrechar las alianzas con los socialistas y demócratas radicales para contener el avance nazi entre las masas. Una aportación muy importante de esta cuarta fase fue la de integrar el estudio crítico de la psicología de masas del fascismo y las formas de lucha psicopolítica contra ella desde la misma militancia comunista, desde las relaciones personales y familiares, para descubrir los mecanismos de autoridad irracional y sumisión colaboracionista que facilitan el auge del fascismo entre las masas explotadas y en la pequeña burguesía.
  15. Desde 1934-35 la III Internacional gira espectacularmente al centro proponiendo los “frentes populares” aliados con las “burguesías nacionales y democráticas”. En la práctica resulta siendo una alianza supeditada a la burguesía “democrática” que, una vez contenido el fascismo, se vuelve contra el proletariado como es el caso de Francia, en el que la cobardía del Frente Popular de 1936 dirigido por los socialistas con apoyo del PCF termina desanimando al proletariado y devolviendo el poder a la burguesía reaccionaria al poco tiempo; y peor aún en España en la que el Frente Popular, con fuerte presencia del PCE, dirige la guerra antifascista iniciada en verano de 1936 pero la encorseta y ata a la defensa de la propiedad burguesa y del retraso de la revolución socialista, momento crítico que aparece en las masacres de la izquierda revolucionaria en mayo de 1937 por el propio Gobierno del Frente Popular: a partir de ahí empieza el desplome de la moral de combate de la clase trabajadora facilitando la victoria del fascismo dos años después.
  16. Como vemos, los cuatro momentos están insertos en sus respectivos contextos económicos y políticos, y de ahí sus diferencias formales, pero tienen un hilo rojo que los identifica teórica y estratégicamente, mostrando su vigencia básica permanente. Aunque el término de “hegemonía” no aparezca en la mayoría de los textos de esta larga época –desde 1848 hasta la década de 1960, aproximadamente- es innegable la unidad coherente de la línea roja que la recorre en su interior. Sin embargo, se desprecia el principio de concreción y de precaución metodológica, es decir la exigencia de no repetición mecánica y atemporal estas fases despreciando los cambios espacio-temporales, por ejemplo copiar dogmáticamente al Gramsci de la cárcel sin tener en cuenta que escribió para combatir al fascismo, error que cometen muchos intelectuales. Este error craso lo comenten muchos intelectuales desligados de la lucha práctica, que dejan volar sus deseos hasta la estratosfera de las elucubraciones.
  17. ¿Por qué ponemos la fecha de la década de 1960 como límite aproximado? Porque es entonces cuando el reformismo del PC de Italia y de la casta intelectual europea inicia la tarea de desvirtuar el tercer momento, el de Gramsci, para justificar su ostentoso giro al centrismo político en un Estado decisivo en ese momento para los intereses del imperialismo y la OTAN como era Italia, en el que la democracia cristiana, la Iglesia Católica, la Mafia y la CIA, acogotan la fuerza socioelectoral de PCI y desarrollan terrorismo fascistas y de guerra sucia de los brazos secretos de la OTAN.
  18. En estas condiciones, el PCI recurre a los textos carcelarios de Gramsci que, por su obligada ambigüedad terminológica, a diferencia de los del “Gramsci consejista” anterior al encarcelamiento, permiten al PCI manipular esas ambigüedades y antinomias para crear otro quinto modelo de hegemonía interclasista contrario a los cuatro anteriores en todo: ahora ya no se trata de que la dirección estratégica de la hegemonía sea la marcada por el proletariado sino de una “alianza de bloque histórico” poli e interclasista orientada a obtener la fuerza electoral e institucional suficiente para lograr una “democracia avanzada” que mediante la “reconciliación nacional” desplace lenta pero imparablemente del poder a las fracciones más reaccionarias de la burguesía, siempre por métodos pacíficos y legales, es decir, por los métodos impuestos y tolerados por la burguesía a la que se pretende vencer con sus propias armas.
  19. La versión eurocomunista de la hegemonía elaborada por el PCI, que es la que subyace en el documento que analizamos y que en determinadas tesis suyas aparece explícitamente expuesta, gira alrededor de la “movilización civil, democrática y pacífica” como el método único posible de concienciación; alrededor de un concepto abstracto y reformista de “cultura”, de “política”, de “Estado”, etc., que no tiene en cuenta la existencia de la propiedad privada en todos sus aspectos, fundamentalmente en la propiedad monopólica de la violencia represiva y del terror en todas sus formas en manos del capital. La hegemonía eurocomunista rechazó airadamente el derecho a la rebelión, derecho humano básico reconocido como tal nada menos que en el Preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos realizada por la ONU en 1948. No sólo rechazó ese derecho básico que sino que estructuró el Partido únicamente para la acción electoral e institucional.
  20. Los días más gloriosos de la hegemonía eurocomunista en Europa fueron aquellos en los que combatió a la izquierda revolucionaria y a las gigantescas lucha obrera en la Francia de la primavera de 1968 –el “mayo francés-, hasta estabilizar el orden burgués a comienzos de los ‘70; en los “años calientes” de finales de los ’60 y ’70 en la Italia de las luchas armadas y de las huelgas obreras, hasta estabilizar el orden burgués en un período crítico para el imperialismo en el que la OTAN incluso preparó un golpe de estado que no fue necesario al final entre otras razones por la tarea represiva y desmovilizadora del PCI; y en la imperdonable “traición de clase” del PC de España entre 1974-78 aceptando la constitución monárquica impuesta por el franquismo “democrático”, la II Internacional y el imperialismo, claudicando ante las exigencias de la gran patronal con los antiobreros y antipopulares “pactos de la Moncloa”, aceptando el recorte de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos, no combatiendo las duras leyes represivas contra las organizaciones armadas, etcétera.
  21. Y si del rapidísimo reparo europeo pasamos a otro rapidísimo de Nuestra América nos encontramos con el comportamiento del PC argentino durante la dictadura militar, con el “descuido” de todo lo militar por el PC chileno lo que facilitó la victoria de Pinochet, etc., por no extendernos al Partido Comunista “legal” colombiano en estos largos lustros de lucha heroica, terror y horror.
  22. La efectividad de la versión eurocomunista de la hegemonía es muy gratificante para el imperialismo: el PCI ha desaparecido, ya no existe; los PCs español y francés están reducidos a una ínfima minoría en espasmos agónicos y el eurocomunismo como tal ha desaparecido para reencarnarse aún más reformista en el interclasismo de Podemos español, de Syriza griego, etc.: la Europa capitalista superó la crisis prerrevolucionaria de finales de los ’60 a comienzos de los ’80 gracias entre otras cosas al eurocomunismo. Ahora, la juventud obrera y popular revolucionaria europea se pregunta cómo fue posible semejante colaboracionismo mientras que busca recomponer las fuerzas de choque para parar el avance neofascista, racista y autoritario; mientras que la juventud pequeño burguesa y burguesa “juega a la política” feliz y pasivamente.
  23. ¿Y en Nuestra América? No hay duda de que este pacifismo interclasista infectó desde hace mucho tiempo a las fuerzas política de “izquierda” formadas política, teórica e intelectualmente en la doctrina de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo del XX Congreso del PCUS, en su idea de la “emulación socialista pacífica”, en su tesis de que había que apoyar siempre a las “burguesías nacionales” hasta que existiesen las “condiciones objetivas y subjetivas” para el socialismo, etc. Estas ideas penetraron en muchos partidos comunistas y organizaciones de izquierda, movimientos populares y sociales, etc., que por ello mismo no pudieron o quisieron advertir de los riesgos de parálisis, burocratización y corrupción inherentes al llamado “socialismo del siglo XXI” visibles ya en los días de auge de este reformismo, e inocultables desde 2010 como mínimo.
  24. Pues bien, en el documento que analizamos reaparece esta concepción de la hegemonía pero con el agravante de toques postmodernistas, de desprecio a los “grandes relatos” al decir de este reformismo, es decir, de desprecio del conocimiento crítico acumulado a lo largo de casi dos siglos de lucha de clases. En la Tesis 48, que trata sobre la forma-partido, se lee: “No tendremos modelos de referencia”, en medio de un parágrafo polisémico que puede interpretarse de varios modos, al gusto de la lectora y del lector, pero que dice textualmente lo que quiere dejar en claro: “No tendremos modelos de referencia”. Es muy significativo el que sea en estas Tesis donde más abunda otra terminología de moda, la del reformismo de Podemos, con expresiones como “proceso constituyente y detituyente” en la Tesis 50, o “movimiento de movimientos” en la Tesis 55, etc.
  25. No es cierto que no existan modelos de referencia para el debate sobre la forma-partido, como veremos más adelante, al contrario existen muchos de ellos. Pero ahora debemos profundizar en lo peligroso que resulta sostener esto. En la cuestión del partido, el debate sobre los modelos de referencia deben ser previamente encuadrados en las referencias teóricas sobre las luchas políticas prácticas porque la forma-partido siempre dependen de las necesidades de la lucha política y no a la inversa: sin referente teórico que explique la estrategia política no puede solucionarse la forma del partido, porque esta debe estar supeditada a las anteriores.
  26. ¿No son el Manifiesto Comunista, El Capital, la Crítica del Programa de Gotha, etc., un modelo de referencia también respecto al partido? ¿No lo es la Comuna de 1871? No son el feminismo utópico de Floran Tristán, del feminismo socialista desde 1848 y 1866, de Clara Zetkin, Inessa Arman, Alexandra Kolontay? ¿No lo son los estudios de Marx sobre el modo de producción asiático o tributario o incaico, o germánico, o sobre el potencial revolucionario de las comunas campesinas y de los “modos nacionales de producción precapitalista” que resistieron bravamente al colonialismo hasta que éste les venció? ¿No lo es el Qué Hacer de Lenin y los permanentes debates a su favor o en contra? ¿No lo son los debates de Rosa Luxemburgo de 1906 con el reformismo socialdemócrata sobre el parlamentarismo y la reforma y/o revolución? ¿No lo son la teoría del imperialismo, del Estado, de la filosofía dialéctica de entre 1913-14 y 1918? ¿No lo son las luchas de Lenin y de otros y otras marxistas contra la degeneración burocrática desde 1918?
  27. ¿No lo son los debates sobre la NEP, la ley del valor, el llamado “socialismo de mercado”, etc., desde 1921 en adelante y reabiertos internacionalmente desde 1960, 1982 y 2005, por poner unas fechas? ¿No lo son los debates sobre el derrumbe del capitalismo actualizados por Grossman en 1929? ¿No lo son los debates sobre el freudo-marxismo y la psicología de masas fascista y las tesis reformistas en el fondo de buena parte de la Escuela de Fráncfort? ¿No los son los permanentes debates sobre la filosofía dialéctica, la ciencia, el idealismo, etc., y las recientes investigaciones sobre el pensamiento descolonizado y la epistemología del sur? ¿No lo son los debates sobre la teoría de la crisis y de la hegemonía que tan sucintamente hemos resumido aquí? Incluso tenemos básicos modelos de referencia en las cinco subcrisis descriticas en la Tesis 1 –ecológica, energética, alimentaria, sanitaria y del trabajo- que ya se anunciaban en germen en el socialismo revolucionario desde mediados del siglo XIX.
  28. Se envuelva como se envuelva con la palabrería pseudo revolucionaria del parágrafo de la Tesis 48, la postmoderna frase de “No tendremos modelos de referencia” contradice directamente la teoría marxista del conocimiento y la misma epistemología científica, abriendo la puerta al idealismo en su generalidad y también al solipsismo más reaccionario ya que podemos hacernos la pregunta: ¿no será que carecemos de modelos de referencia porque no existe la realidad objetiva? Al margen de nuestra capacidad subjetiva de entendimiento, las contradicciones de la realidad objetiva siempre brindan la posibilidad y la probabilidad de que terminemos descubriendo y creando modelos de referencia acertados y correctos para los problemas concretos a los que nos enfrentamos.
  29. Es el “criterio de la práctica” el que los critica, corrige, enriquece y valida en una espiral expansiva inacabable porque la materia objetiva, como categoría filosófica, es inagotable en su permanente movimiento de las contradicciones de las cuales emerge lo nuevo. Son las condiciones sociales, la lucha de clases en última instancia, las que hacen que se culmine o no, y en qué dirección, el proceso que va de lo posible a lo probable hasta culminar en lo dialécticamente necesario: entonces surgen los modelos de referencia, es decir, el conocimiento científico y teórico corroborado mediante el “criterio de la práctica”. En las llamadas “ciencias sociales”, los modelos de referencia siempre llevan en su interior la lucha de clases, y también las “ciencias naturales” aunque de una forma más difusa, débil e imprecisa, por ejemplo, el peso de la opresión de clase, racista y patriarcal en el desarrollo de las “ciencias naturales”.
  30. Aún y todo así, y a pesar de estas realidades innegables, los modelos de referencia siquiera como reflejo mental de la realidad objetiva existen desde los primeros instantes de la ontogenia y filogenia de los mamíferos como mínimo, de manera segura desde los primates e innegablemente en la antropogenia. A lo largo de estos millones de años se sentaron las condiciones materiales para que, más tarde, los humanos elaboraran la fundamental categoría de la verdad concreta, relativa, absoluta y objetiva. Los modelos de referencia existen a pesar de que el documento que analizamos los niegue, o ponga en duda y suspenso, o sólo admita algunos de ellos.
  31. En la experiencia pre y proto socialista utópica y comunista utópica, podemos encontrar los primeros modelos de referencia ya en las más antiguas tradiciones orales, mitos y epopeyas que recorren el desarrollo que va del chamanismo al monoteísmo pasando por la magia, el totemismo, el fetichismo, el politeísmo, y las religiones tribales y nacionales precapitalistas, todas ellas surgidas a partir de las primeras tensiones y conflictos intragrupales aparecidos en el momento de repartir social y equitativamente el excedente social colectivo. Sabemos que este proceso de escisión social va unido al surgimiento de la propiedad privada, del Estado y del sistema patriarcal: desde entonces los modelos de referencia reflejan, exponen y expresan los intereses antagónicos que se resuelven en la lucha de clases entre la minoría propietaria y explotadora y la mayoría explotada y carente de la propiedad.
  32. Uno de los primeros campos de batalla intelectual que aparecen en el inicio mismo de y en esta lucha de clases por el conocimiento, si no el primero, es el control y el uso dogmático o revolucionario del lenguaje, de las palabras, de la terminología, de la producción de conocimientos. Las “ciencias sociales” son mucho más complejas que las “ciencias naturales” y aunque las dos exigen el método dialéctico y el uso controlado del “sentido común”, de la lógica formal, por sus tramposas limitaciones, es en las “ciencias sociales” donde más urgente resulta la dialéctica materialista y su categoría de verdad arriba expuesta. Pero la dialéctica está ausente en el documento que analizamos porque sus desarrollos se detienen, se paran y retroceden justo en el momento del salto cualitativo a lo nuevo, a la revolución, como iremos viendo.
  33. Nos hemos extendido un poco en la teoría marxista del conocimiento –que es lo que verdaderamente está en juego ahora- por el escoramiento del documento hacia la ideología burguesa en general y, peligrosamente, hacia su versión postmoderna. Hemos visto cómo el documento no profundiza a las causas radicales de la crisis, quedándose en la superficie por amenazante que sea; hemos visto que en el tema de la hegemonía tampoco profundiza en la rica historia al respecto sino que empieza sentando cátedra sin hacer la necesaria explicación histórica; hemos visto que se acerca inquietantemente al postmodernismo al negar la existencia de modelos de referencia. En estos tres casos, el documento se detiene en el momento decisivo de saltar a la nueva realidad cualitativa, la que surge de la unidad y lucha de los contrarios: El documento sólo propone generalidades reformistas al responder a estas preguntas ¿qué modelo oponer a la crisis capitalista? ¿Cómo combatir la hegemonía burguesa? ¿Qué modelos de referencia siguen siendo válidos y cómo aplicarlos?
  34. Más adelante volveremos al proyecto reformista en lo socioeconómico, ahora debemos concluir con el debate de la hegemonía y de los referentes históricos porque sin ellos no podemos seguir avanzando. Las cuatro fases de y en la elaboración de la teoría marxista de la hegemonía nos aleccionan, además de en otras cosas, en la constante de que la burguesía mejora y amplía sus sistemas de dominio, sumisión y cooptación de manera permanente, con carácter preventivo cuando puede o inmediatamente después de una crisis concreta. Tenemos el caso norteamericano, paradigma de la capacidad de adaptación de las formas de hegemonía burguesa en respuesta a los cambios sociales globales. El capital yanqui, consciente del agotamiento de las formas de hegemonía republicana, impulsó a Obama como alternativa; y tras sus mandatos, una parte de ese poder capitalista logró cambiar de sistema hegemónico nombrando a Trump. Decimos que lo primero que debemos hacer es estudiar el capitalismo concreto, y luego precisar los cambios en sus formas de dominación y no a la inversa, como hace el documento.
  35. Los efectos negativos de este método consisten en ofrecer una imagen irreal del poder capitalista en el tema de la hegemonía, como se ha ofrecido antes una imagen irreal de la crisis al no profundizar en sus causas estructurales, reales, sino a la inversa, hablando sólo de lo superficial por muy importante que sea. Más aún, incluso en su abstracción, las Tesis 2 y 3 sobre la hegemonía y sus límites flotan en un vacío insuperable: no se refieren en ningún momento al núcleo de la teoría marxista de la dominación del capital sobre el trabajo: el fetichismo de la mercancía. Es cierto que se habla de la subsunción real del trabajo en el capital, pero no llegan a la raíz que no es otra que el fetichismo.
  36. Pero para hablar del fetichismo de la mercancía y de sus efectos, es necesario hablar antes de las leyes del desarrollo del capitalismo, exactamente igual a como debía haberse hablado de esas leyes al analizar las cinco subcrisis vistas. Es decir, el texto que comentamos rehúye toda exposición radical en los cuestiones decisivas como son la crisis y las formas de dominación. Es verdad que ofrece algunas explicaciones sueltas pero están separadas de una visión teórico-política. Peor aún ¿cómo va a poder exponer esa visión cuando niega la existencia de modelos de referencia? La lucha contra el fetichismo, contra la ley del valor, contra la mercancía y el valor de cambio y el valor, contra el trabajo abstracto, etc., es el requisito previo para minar desde dentro la hegemonía del capital en sus pilares raizales. Enfrentarse al fetichismo es enfrentarse a muerte a la propiedad capitalista y en ninguna parte del documento que analizamos se dice algo concreto sobre esta necesidad, excepto palabrería reformista.
  37. Sin embargo, el documento pretende combatir la hegemonía burguesa sobre todo con la cultura y con la paz, y a otra escala con la movilización social. La Tesis 18 dice que: “Se está frente a la perspectiva de emprender la transformación cultural más importante de la historia reciente: la construcción de una paz estable y duradera, de cara a las generaciones futuras”. La teoría marxista de la hegemonía, tal cual la hemos resumido en sus cuatro fases, insiste en la lucha cultural dentro del capitalismo, pero sostiene que es imposible la conquista del poder sólo por la acción cultural, que es necesaria pero insuficiente si no existe una práctica política revolucionaria orientada a la destrucción del poder burgués y la construcción del Estado obrero: sin éste nunca habrá victoria cultural popular, e incluso con él esa victoria no es automática ni segura. El socialismo utópico sí creía que sólo con la cultura podía lograrse lo que entendía por “socialismo” pero la historia ha demostrado que eso es imposible.
  38. Además, el documento apenas precisa qué entiende por “cultura” pese a que en la Tesis 22 se afirma “el papel central que debe desempeñar la cultura. No hay cambio político consistente si éste no va de la mano de un cambio cultural. La cultura ha sido una de las grandes víctimas de la guerra”. También habla del “fascismo cultural” desarrollado por el poder, para terminar con esta frase: “La idea de la reconciliación nacional posee una impronta cultural, que debe hacer parte de las preocupaciones de la implementación”. Como mínimo aparecen cuatro modelos de “cultura”: la que impulsa el acuerdo, la que ha sido víctima de la guerra, la fascista y la que impulsa la “reconciliación nacional”.
  39. No debemos confundir la cultura que impulsa en acuerdo con la cultura que impulsa la reconciliación nacional porque a pesar de sus similitudes son dos cosas diferente ya que el acuerdo es posible pero la reconciliación nacional es imposible, a no ser que por ella se entienda la claudicación del modelo nacional de la izquierda ante el modelo nacional capitalista, del que hablaremos luego. Pero incluso con claudicación, seguirá siendo imposible la “reconciliación nacional” por la misma contradicción que mina a toda nación, que la rompe entre la “nación trabajadora” y la “nación burguesa”.
  40. No se nos ofrecen más explicaciones de estas cuatro culturas, por lo que puede suponerse que la cultura que impulsa el acuerdo es el conjunto de normas y criterios de pensamiento democrático capaces de generar “poder social ‘desde abajo’” como se dice en la Tesis 50 y en otras más. Una cultura enfrentada a la burguesa e imperialista, autoritaria y fascista, que juega un papel destacado en la “dominación de espectro completo” según la Tesis 11. ¿Cuál es la cultura víctima de la guerra? No se nos dice aunque sería necesario saberlo para conocer sus posibles diferencias: ¿la del arte por el arte? ¿la de la convivencia democrática?
  41. En cuanto a la cultura de la “reconciliación nacional” hay que decir que no existe como tal, a no ser que sea la cultura-trampa creada por el reformismo para supeditar la “nación trabajadora” a la “nación burguesa”. Dentro de cada nación genérica existen dos naciones antagónicas: la del pueblo trabajador con su cultura popular machacada y/o reprimida, y la de la clase burguesa con su cultura dominante, la capitalista, además de las culturas de los pueblos oprimidos por ese capitalismo, cultura oprimidas que sólo sobrevivirán si se alían con la cultura del pueblo para luchar conjuntamente con la burguesía enemiga de ambos.
  42. Es imposible una “reconciliación nacional” entre ambos bloques porque es imposible una “reconciliación” entre el trabajo y el capital. La cultura del trabajo explotado es la alianza entre la cultura de las naciones indígenas y la cultura de la clase obrera, especialmente de la mujer trabajadora, alianza que se basa en que son explotadas por el capital. La cultura de la burguesía es la cultura patriarcal, blanca y racista común al imperialismo pero adecuada a las condiciones de Colombia para obtener la plusvalía, falsa legitimidad y hegemonía de dominación. Es imposible la “reconciliación nacional” a no ser que por ella se entienda la desaparición de la explotación capitalista y de la lucha de clases en sus formas patriarcal, nacional y de clase: una utopía idílica.
  43. Nosotros pensamos que no vale cualquier definición pobremente democraticista de cultura, porque no responde a nada del problema real: ¿qué dice esa cultura abstracta sobre el derecho de rebelión: lo fomenta o lo rechaza? ¿Es una “cultura de la resistencia” o es una “cultura de la convivencia”? ¿Una cultura que explica que hay que prepararse para la autodefensa justa frente a la opresión de modo que cuando se deba ejercerla se haga con el menor costo posible –si vis pacem para bellum- evitando males mayores, o es una cultura pacifista que fracasa siempre en el momento decisivo?
  44. La cultura, en su sentido marxista, es el proceso horizontal y democrático de producción y distribución de valores de uso. Desde este concepto de cultura, que no aparece en el documento, la cultura es incompatible con el capitalismo, es por tanto una cultura revolucionaria que sólo puede expandirse si a la vez retrocede la cultura alienante, burguesa, centrada en la industrialización autoritaria y vertical de producción y venta en el mercado de los valores de cambio. Por tanto, cualquier acto de cultura revolucionaria es un peligro para la cultura burguesa por dos razones: afecta a la propiedad privada de las fuerzas productivas y en especial de la industria de la cultura, y afecta al poder político, y en especial al del Estado en sus áreas de cultura, educación, arte, comunicación, ciencia y tecnología, sexualidad, ética, placer, creencias religiosas, etc., así como a los poderes extra y para estatales. Según sea la relación de fuerzas en la lucha cultural y política, la burguesía puede ceder y tolerar más o menos libertades culturales, o puede restringirlas.
  45. La experiencia muestra que en estas y otras pugnas es decisiva la conciencia combativa de las masas. Y muestra que la ideología pacifista, la difuminación de los conceptos y de los objetivos, terminan debilitando la lucha cultural y política contra la dominación. Cuanto mayor es el pacifismo y más inconcretos los argumentos y objetivos más débil es la lucha cultural; peor aún, entonces es cuando empiezan a llegar los arribistas y cuando la casta intelectual, anteriormente alejada y hasta enemiga, llama a las puertas para ser admitida.
  46. Uno de los problemas más importantes de la lucha cultural es el pedagógico, el saber hacer comprensible los valores profundos de la cultura de la resistencia a las franjas alienadas del pueblo. Hay dos visiones opuestas en la izquierda sobre cómo desarrollar la pedagogía político-cultural: el que cree que debe suavizarse su contenido radical y crítico, que deben aplicarse métodos blandos, melifluos, sentimentalistas –corazoncitos naranjas, flores, manos entrecruzadas, alusiones permanentes a la paz abstracta, a dios, a la concordia, sonrisas y optimismo acrítico…- para facilitar la comprensión; y el que piensa que la lucha político-cultural, que sí debe recurrir a los medios del poder, debe sin embargo centrarse en los propios medios y en especial en la movilización de masas, en el ejemplo práctico como la mejor pedagogía entre el pueblo.
  47. Si nos fijamos en la pedagogía cultural e ideológica, propagandística, que desde tres lustros se aplica en muchos “gobiernos progresistas” de Nuestra América, vemos que pertenece al primer bloque: pensamos que ahí radica una de las razones del retroceso, de la despolitización y de la recuperación de la derecha. Deberíamos hablar de los efectos nefastos del ascenso de la reacción cristiana al calor de las incoherencias de las fuerzas progresistas. Hay que saber que la gran mayoría del pueblo, sobre todo sus franjas más alienadas, se alimentan ideológicamente solo con la industria cultural. Si los mensajes de la izquierda no se diferencian apenas de los oficiales, entonces las grandes masas del pueblo seguirán dominadas por la ideología explotadora.
  48. La teoría marxista de la hegemonía, o de los medios de dominación, insiste en que la lucha cultural ha de basarse también en las prácticas sociales del pueblo, en su cotidianeidad más cercana e íntima; ha de actualizar las valiosas pero breves lecciones obtenidas por el llamado freudo-marxismo en la primera mitad de los ’30 y luego por algún sector de la Escuela de Fráncfort y otras corrientes; también hay que aplicar los métodos de la pedagogía popular y crítica desarrollados en las últimas décadas en Nuestra América y rechazados por las fuerzas progresistas, cuando no combatidos por ellas Ninguno de estos y otros métodos válidos se caracterizan por el rebaje de los principios ni por el rechazo del derecho a la rebelión.
  49. Pero la Tesis 19 razona sobre “la necesidad de una paz completa” lo que es objetivamente imposible. La multifacética “guerra social” es una constante identitaria en todo modo de producción basado en la explotación y en la propiedad privada. Hay tantas violencias injustas, dominantes, sean físicas y/o simbólicas, psicológicas, afectivas, culturales, racistas…, como opresiones concretas existan en esa sociedad injusta. Y hay tantas formas de paces concretas, transitorias, particulares como victorias fugaces logran las y los explotados por esas opresiones específicas. La propiedad privada de la clase dominante unifica a todas violencias en una sola: es un monstruo de múltiples tentáculos con gran autonomía propia sobre todo en la vida cotidiana: los micromachismos, por ejemplo, que llegan al extremo más brutal del terrorismo sexista: “la maté porque era mía”.
  50. Es imposible una “paz completa” en una sociedad estructurada por y para la “guerra social”, y menos en la colombiana donde la vida no tiene apenas valor para la clase dominante y para amplios sectores del pueblo alienado. La “guerra social” es estructurante porque, al margen de su visibilidad en momentos de crisis, o de invisibilidad en momentos “normales”, es el último recurso del poder explotador en lo general, en la sociedad en su conjunto, o en las múltiples formas de explotación particular en las que esas violencias injustas actúan como último garante de las dominaciones específicas. Así lo reconoce la Tesis 2, pero de forma general, sin entrar a los mecanismos profundos, irracionales y estructurales, que explican las altas dosis de violencias entre la familias, la juventud, contra las mujeres, en las disciplinas que atan las relaciones salariales al miedo al desempleo y a la precariedad vivencia, etc.
  51. Es incluso sarcástico hablar de “paz completa” es una sociedad estructuralmente violenta como la colombiana. Si ya lo es el plantearlo en cualquier sociedad burguesa actual, con los grados de angustia, ansiedad y miedo desarrollados por la precarización neoliberal y le racismo y el machismo inherente a ella, en la colombiana aún más. La vida empezará a ser valorada y respetada más de lo poco que lo es ahora no por la muy reducida presencia mediática de una cultura blanda y abstracta sino por la movilización concreta del pueblo en los problemas que le atañen y que tienen directa relación con el respeto a la vida. El documento insinúa esto varias veces pero siempre se detiene en el momento de plantear que la propiedad capitalista es antagónica con el respeto a la vida y sobre todo con la vida revolucionaria. Una vez más, el documento se niega a dar el salto cualitativo que abriría la solución del problema de la vida y de las paces: atacar directamente a la contradicción entre el capital y la vida.
  52. La negativa a dar este salto provoca muchas incongruencias en el documento, ya que debe reconocer de algún modo la extrema dureza del régimen pero otro ha de crear argumentos que justifiquen la línea del documento. Una de esas incongruencias aparece en la Tesis 14 en la que se sostiene que “la reforma se convirtió en necesidad para las propias clases dominantes, pues la persistencia de una organización actual del poder y de la dominación sólo puede tener como consecuencia la profundización de los signos de crisis que se advierten en toda la organización del Estado y en sus políticas”. Sin embargo, en la Tesis 16 se sostiene que “la Firma de Acuerdo Final sellaron la ruptura en el bloque de poder” y sigue explicando cuáles son esos bloques representados por Santos y Uribe, básicamente, y en la Tesis 17 se detalla “la debilidad del Gobierno Santos” planteando la posibilidad de que se deshaga la coalición de gobierno. En la Tesis 20 se detallan qué fuerzas derechistas se oponen a los acuerdos y por fin en la Tesis 21 se explican las amenazas del paramilitarismo y de la contrainsurgencia.
  53. No se entiende bien cómo primero se dice que la reforma es una necesidad para el capital en su conjunto y luego se sostenga que esa necesidad supuso la ruptura de su unidad de clase en lo político. Cabría la solución salomónica de decir que son simples diferencias tácticas, matices sin importancia que atañen más a espurios intereses clientelares que a grandes estrategias de futuro de distintas facciones del capital. Pero en las Tesis 16, 17 y 20 se insiste en que esas diferencias son grandes. ¿Entonces? Tal vez la solución aparezca en la Tesis 23 que dice que en lo económico “no hay diferencias sustanciales ente las facciones que conforman el bloque de poder. Si en el campo político se distinguen posturas encontradas, no ocurre lo mismo respecto al modelo económico”.
  54. El documento se caracteriza por la polisemia, por abusar de las dobles o triples posibilidades interpretativas sobre cuestiones fundamentales que requieren la mayor claridad conceptual. El rigor metodológico nos explica la necesidad de matizar entre lo diferente, lo opuesto y lo contrario. Hablar de “ruptura” entre facciones de la clase dominante es hablar de contradicción irresoluble que fuerza la ruptura en lo político. Hablar de visiones opuestas en la clase dominante indica que las diferencias iniciales se han agudizado hasta llegar a ser “encontradas” aunque no se han plasmado todavía en rupturas políticas.
  55. Crisis políticas como estas han sido y son muy frecuentes en la historia capitalista porque son forzadas por la ley de la competencia, la ley de la concentración y centralización de capitales, etc. En todas ellas, siempre las facciones más débiles de las clases dominantes han terminado y terminan cediendo en sus diferencias, oposiciones y sobre todo en sus contradicciones políticas para mantener la unidad económica, y sobre todo para mantener la propiedad privada y el Estado al ser amenazados por la creciente fuerza y unidad de la lucha del pueblo. La historia de las revoluciones burguesas es un ejemplo aplastante, como lo es ahora mismo la historia de la centralización y concentración del capital en la UE. El caso del Brexit, la salida de Gran Bretaña de la UE para estrechar su dependencia hacia los EEUU es otro ejemplo de libro sobre cómo, según los contextos, las facciones burguesas dominantes imponen el rumbo a las demás: por increíble que parezca, el Brexit refuerza al imperialismo yanqui, que es de lo que se trataba.
  56. Empezamos a resolver las incongruencias del documento cuando leemos las Tesis 23, 24, 25 y 26 la naturaleza, objetivos y efectos de la política económica del régimen, del bloque de clases dominantes que actúa unido sin fisuras. A lo dicho en estas páginas hay que unirle lo expuesto en la Tesis 15 sobre la acumulación ilícita y la corrupción como dinámicas internas necesarias para la reproducción del poder de clase pero también para la reproducción ampliada del capital. El narcocapitalismo es capitalismo.
  57. Desde hace un tercio de siglo, como mínimo, la burguesía ha optado ya abiertamente por sacrificar la industria y la agricultura en aras de los servicios financieros, comerciales y turísticos, de la economía del extrativismo, además por la militarización represiva. O sea, ha aceptado la dependencia global hacia el imperialismo en su conjunto, y en especial al yanqui, lo que no excluye que aún mantenga una independencia formal importante en determinadas áreas. La dependencia global hacia el imperialismo se combina con la independencia formal en algunos aspectos. Pero comparada con Venezuela, Bolivia y Cuba, por ejemplo, Colombia es globalmente más dependiente de los EEUU que las anteriores, que defienden más su independencia práctica.
  58. Las diferencias, oposiciones y contradicciones políticas entre facciones burguesas se esfuman en el aire cuando profundizamos en esta visión marxista: la unidad política de clase, que no sólo económica, se impone bajo las presiones de la lucha del pueblo colombiano y de toda Nuestra América, y bajo las presiones de la crisis mundial no explicitada en su gravedad última por el documento. En la Tesis 10 sobre el momento actual de Nuestra América se reconoce que hemos entrado en “un nuevo estadio de lucha de clases en el que se disputa intensamente el destino de Nuestra América”. En la Tesis 11, a la que ya nos hemos referido, se expone sólo una parte, la más suave, de la estrategia contrainsurgente del imperialismo contra Nuestra América.
  59. ¿Por qué la más suave? Porque lógicamente el documento silencia la imparable invasión militar yanqui en Nuestra América, empezando por las siete bases estratégicas de alta tecnología en la misma Colombia. ¿Por qué hablamos del imperialismo en general? Por la penetración de la OTAN en Colombia. Ahora mismo, los ejércitos de Brasil, Colombia y Perú realizan maniobras militares bajo dirección estadounidense en un espacio geoestratégico en todos los sentidos para dominar Nuestra América. ¿Por qué el documento silencia lógicamente esta realidad? Luego responderemos a esta pregunta.
  60. En este contexto de larga duración, el documento ofrece un caramelos a la burguesía colombiana y latinoamericana, y una posibilidad de enriquecimiento para el capital: el caramelo es la paz social y un sistema democrático tolerante e integrador, “de paz completa”, como se expone en la Tesis 13, garantía muy necesaria para reactivar la economía con poca lucha de clases. La posibilidad de enriquecimiento, que es una profundización del primero, es el conjunto de “consecuencias económicas del acuerdo de paz” como reza la Tesis 27. El documento reconoce el peligro de que esos beneficios se los apropie la burguesía, de que no vayan al pueblo si este no lucha por ellos.
  61. La posibilidad de enriquecimiento capitalista a partir de los acuerdos que se admite en la Tesis 27 puede tener dos efectos sobre el proceso de “paz”: uno es que fortalecerá la unidad burguesa para impedir que los beneficios se los lleve el pueblo y no ella; y otro, que la burguesía obstruya lo más posible el aumento del gasto público. La Tesis 27 dice que “el campo de la economía será otro campo de la lucha política”, como si no lo hubiera sido nunca antes. No perdemos el tiempo en la fácil crítica de esta frase. La burguesía siempre ha sabido que lo económico es político y por eso limará en lo posible sus diferencias y oposiciones –que no contradicciones- para ganar en los dos frentes de la batalla por el poder: el económico y el político. El frente cultural lo tiene ya casi ganado después de haber visto el programa cultural del documento.
  62. Sobre todo la burguesía tiene el arma definitiva: las fuerzas armadas, y la ocupación militar de Colombia por los EEUU con esas siete bases estratégicas de alta tecnología que cubre todo el país y grandes áreas de los países circundantes. Debemos hablar de ocupación militar porque el ocupante se rige por sus propias leyes y no por las del país ocupado, que es uno de los criterios que definen la ocupación militar. Por ejemplo, un soldado que viole a una niña colombiana no será juzgado por leyes colombianas y menos aún encarcelado en el país, sino llevado a los Estados Unidos, enjuiciado y encarcelado allí. Pero la omnipotencia yanqui en Colombia desborda ampliamente este ejemplo que ya se ha materializado concretamente.
  63. Hemos dicho arriba que el documento silencia lógicamente la ocupación militar yanqui que sufre Colombia porque esa ocultación es coherente con lo que sostenemos desde el principio de este comentario: la negativa a bucear hasta las raíces del capitalismo, la negativa a desarrollar las teorías marxistas de la crisis, de la hegemonía, de la verdad y del conocimiento, etc. La ocupación militar que padece Colombia confirma la verdad general del marxismo, y es por ello es un obstáculo insalvable para la “paz completa” propuesta por el documento que no puede desautorizarse totalmente a sí mismo sacando a la luz la cruda verdad de la ocupación militar extranjera que sufrimos.
  64. La burguesía colombiana tiene así la baza última, como también la tiene el imperialismo para el control de una zona estratégica en la amplia región que sirve de pivote de paso entre el Caribe y Centroamérica con Suramérica, como lo reconoce la Tesis 13. Las siete bases yanquis son claves en este sentido, pero la debilidad creciente por ahora de los EEUU, que plantea más problemas que los expuestos en las Tesis 7, 10 y 11, plantean más problemas una vez que profundicemos en la crisis mundial, tarea necesaria que el documento no realiza. Pues bien, la entrada de nuestra nación en la OTAN responde al agravamiento de la crisis de largo alcance que padece la humanidad y busca como mínimo garantizar tres grandes objetivos.
  65. Uno de ellos es el control de las decisivas vías de transporte de materias y recursos que ahorran decenas de miles de kilómetro al conectar el Caribe con el Océano Pacífico, no sólo por la muy controlada Panamás sino para las próximas vías, gaseoductos y oleoductos que se están planificando. Basta ver la expansión comercial, diplomática, científica y militar de China y de Rusia, y a menos escala de Irán, en la zona para comprenderlo inmediatamente.
  66. Otro es el control de los cuasi infinitos recursos de Nuestra América sobre los que no nos extendemos por su obviedad. Basta ver la escalada de ataques a Venezuela, las presiones sobre Bolivia y Ecuador, la atención permanente sobre las tensiones que se acumulan en Centroamérica y el Caribe, sobre el malestar en aumento en Brasil, el proyecto “secreto” de balcanizar México, etc., para comprenderlo de inmediato.
  67. El último, o el primero, es garantizar la “fidelidad” de Colombia al orden imperial que no sólo a su burguesía autóctona. Hay que saber que los Estados Unidos no tienen aliados sino siervos que usan y abandonan. La burguesía colombiana es un siervo utilizable para mantener a nuestra Colombia bajo el poder yanqui y desde ella golpear a otros pueblos hermanos. Si el avance a la “paz completa” se torna por la praxis popular en avance a la “revolución completa”, conforme esto suceda irán entrando el acción primero los criminales paramilitares, luego los militares si los primeros fracasan en la represión. Las tropas ocupantes entrarán en acción al final con la excusa de que el “territorio nacional de EEUU”, sus bases militares, están amenazados por atacantes extranjeros, las y los colombianos extranjerizados en nuestra nación, ahora propiedad gringa.
  68. Comprendemos ahora por qué el documento no dice ni palabra de la presencia de ejércitos extranjeros en nuestra Colombia, ocupación aplaudida por la burguesía del país consciente de que es su garantía última, a la que ha vendido nuestra independencia por treinta monedas, como Judas.
  69. Si esta y no otra es la realidad, ¿Cuál es el grado del antagonismo existente entre nuestro pueblo y la alianza burgueso/yanqui? La dialéctica materialista habla de contradicción antagónica que es la que expresa la imposibilidad de una solución parcial o reformista a la unidad y lucha de contrarios: la contradicción antagónica es la que enfrenta al trabajo con el capital, y en el plano de la cultura la que enfrenta a la cultura popular con la burguesa, como hemos visto arriba. Sin resolver la contradicción antagónica es imposible avanzar al socialismo, echar a las bases yanquis y a la OTAN de nuestro país, etc. Por esto siempre hay que tener muy claro cuál es la contradicción antagónica.
  70. Toda contradicción antagónica tiene una expresión principal de la contracción, la que en ese momento expresa el núcleo del antagonismo. La contradicción principal refleja la forma concreta en la que se presenta el antagonismo, lo esencial del conflicto, por eso mismo la contradicción principal tiene un contenido cualitativo que le define como más importante que cualquier reforma democrática. En Colombia, la contradicción principal es la que surge ahora mismo entre los altibajos del avance de la lucha obrera y popular y los frenos que le opone la burguesía para derrotarla. Esta contradicción principal es la expresión concreta actual del desarrollo de la contradicción antagónica: según sea el avance, estancamiento o retroceso de la fuerza obrera y popular, será la correspondiente agudización, freno o enquistamiento de la lucha de clases en su forma irreconciliable e inconciliable.
  71. La contradicción principal tiene a su vez un aspecto principal de esa contradicción, de manera que hay otros aspectos de ella que no son principales, que son secundarios en esa coyuntura, aunque en otra pueden llegar a serlo, pueden pasar de ser secundarios a ser principales dependiendo de la evolución de la lucha de clases. El aspecto principal de la contradicción principal es ahora mismo la profundización de la democracia real y el debilitamiento de las múltiples barreras que ralentizan los avances, o que los derrotan o integran. Una expresión parcial, particular, de ese aspecto principal es el acuerdo de paz expresado en el documento.
  72. En la Tesis 18 se dice que la contradicción principal es la que existe entre la paz, el Acuerdo Final, y la guerra. Se dice que su resolución positiva supone una “inflexión histórica” que cerraría una etapa y abriría “una transición política a la democratización del país”. Se introduce así sin explicación alguna previa el concepto de contradicción principal que para ser entendido plenamente requiere de una explicación previa. En realidad, como hemos dicho, la “paz” y la “democracia”, tal como se presentan en el documento, no son la contradicción principal porque su conquista no supone un cambio verdaderamente cualitativo en la lucha de clases, sino un avance táctico importante pero nada más: la democracia que se alcance no dejará de ser burguesa pese a que reconozca más derechos a las clases explotadas.
  73. Es muy peligroso decir que la contradicción principal es la que existe entre el Acuerdo Final y la guerra porque, de esa forma, se desvirtúa el debate sobre la forma necesaria de partido: si lo fundamental es la “paz” y la “democracia” el partido ha de estar en función de ello, pero si lo decisivo es la contradicción antagónica entre el capital y el trabajo, entonces el partido ha de ser un instrumento para la revolución. La Tesis 46 afirma que hay que “iniciar el proceso de construcción de la paz estable y duradera” para lo que debe crearse un partido legal,  que “se encontrará abierto a todos los hombres y mujeres, en los centros urbanos y zonas rurales, que sin distinción alguna se identifiquen con su programa y sus estatutos”.
  74. Una vez más el documento nos da una visión inconcreta, imprecisa, que puede ser entendida de una forma o de su contraria: ¿tendrá límites precisos esa abertura a la militancia? ¿cuáles será los principios de identificación de la militancia? Para responder a estas preguntas tenemos que volver a lo analizado arriba sobre la existencia o no de referentes teóricos que nos permitan desarrollar la teoría de la organización evitando errores cometidos en el pasado. Recordemos que en Tesis 48, hablando del partido, se afirma que “No tendremos modelos de referencia”. ¿Cómo vamos a responder entonces a las preguntas anteriores si carecemos de referentes teóricos?
  75. Pensamos que no es casual que el documento mantenga deliberadamente este nivel de ambigüedad e imprecisión teórica aunque, como se verá, luego abunden las frases en el sentido contrario, incluso se cite a “leninismo” de forma abstracta. Pensamos que el documento mantiene esta indefinición general en cuestiones centrales para disponer amplios espacios de maniobra para introducir aquellas ideas que aquí no aparecen o aparecen difusas sin levantar demasiadas críticas en las bases. Pero, en realidad, estas y otras cuestiones vienen debatiéndose en las izquierdas desde finales del siglo XVIII, y, con sus diferencias espacio-temporales, recorren la experiencia organizativa de las sectas, grupos y colectivos de resistencia en la lucha de clases durante el esclavismo y la edad media. Aquí mismo, en Nuestra América, nuestros pueblos se las plantearon siempre para lucha contra los primeros invasores europeos.
  76. Ya en la primera mitad del siglo XIX, por no retroceder en el pasado, la dialéctica entre legalidad y medidas de seguridad, ha recorrido todos los debates sobre el partido. Uno de los primeros colectivos de lucha obrera más eficaces fue el de los luditas ingleses que infringieron grandes daños al capital, que lograron victorias salariales y sociales, y que empezaron a crear las bases de lo que sería el comunismo utópico. Lograron todo eso porque se estructuraron clandestinamente y resistieron muchos golpes represivos, pero su final se produjo por dos factores: los cambios socioeconómicos rápidos de un capitalismo joven y expansivo y la infiltración policial que facilitó el fusilamiento de muchos de sus dirigentes. Aun así, la experiencia fue exitosa.
  77. El socialismo utópico priorizó la legalidad, los grupos abiertos, la acción pública, lo que permitía un contacto directo con las masas pero le impedía seleccionar la militancia con rigor. Se centró sobre todo en la lucha cultural e ideológica en base a las formas utópicas e interclasistas de proponer alianzas con los empresarios y banqueros “demócratas”, con el Estado burgués, etc., para que ayudasen con sus donativos a crear colectivos sociales que prefigurasen al sociedad del futuro en las condiciones de la primera mitad del siglo XIX. No hace falta decir que estas experiencias fracasaron siempre aunque algunas duraron en Nuestra América hasta bien entrado ese siglo XIX.
  78. El comunismo utópico aprendió de estos errores e insistió con razón en la necesidad de la lucha política destinada a la destrucción del Estado burgués. Comprendió que un “partido de cristal”, sin seguridad, sin conciencia revolucionaria, no aguantaba las presiones, los chantajes y las trampas integradoras en el sistema. Los hechos le dieron la razón. Pero en su fervor revolucionario, y porque aún no existían las suficientes experiencias prácticas de las que aprender, se escoraron hacia el lado contrario: se volcaron en la extrema clandestinidad, cortaron casi todas las relaciones con las masas y se especializaron en los golpes de insurreccionales dirigidos por minorías muy bien organizadas pero incapaces de vencer al Estado.
  79. La socialdemocracia intentó superar estos dos métodos, pero al no tener medidas de selección ni de funcionamiento se desarrollaron cuatro grandes fallas que desde entonces terminan pudriendo a todos los partidos que admiten exclusivamente la legalidad sin apenas medidas de selección y de seguridad teórica y política: una, la penetración de la ideología reformista; dos, una base militante que sólo sabe moverse en la normalidad democrática dominante pero se vuelve incapaz y hasta conservadora en las luchas serias y en especial en los ascensos de lucha de masas; tres, la creación de una burocracia que dirige verticalmente el partido; y cuatro, el giro al centro y a la derecha, incluso a la contrarrevolución, en los momentos críticos. Muy pocos, casi ninguno, han sido los partidos de esta índole que han mantenido sus fines revolucionarios iniciales. La socialdemocracia ya estaba infiltrada por los servicios burgueses en la década de 1860, que propagaban la ideología pacifista.
  80. Mientras tanto, otra cuarta corriente al principio minoritaria y organizada de forma secreta, la Liga de los Comunistas, aprendió de los contenidos positivos y negativos de todas las experiencias anteriores, en especial del comunismo utópico, y empezó a criticar a los socialistas reformistas y pequeño burgueses en la segunda mitad del siglo XIX. Esta corriente mantuvo sus métodos clandestinos decisivos en las cuestiones centrales en todos los años de su existencia, aunque los abandonó oficialmente para ir abriéndose a las múltiples formas de opresión, explotación y dominación ya existentes en aquella época. Esta flexibilidad le permitió salvar de la represión a muchos de sus miembros, mantener siempre una intensa acción teórica, política, social, cultural, gracias a la ágil y amplia red de miembros de “doble militancia” –legal e ilegal- esparcida por Europa y las Américas. Esta forma organizativa fue objeto de vigilancia y represión de todas las policías, pero siempre actuó dentro de las masas “como pez en el agua”, siendo la red de coordinación necesaria sin la cual no hubieran surgido la Primera y la Segunda Internacionales, por ejemplo, además de otros muchos logros. Esta red fue la que encargó, escribió, editó, difundió y prologó cada nueva edición importante del Manifiesto Comunista.
  81. Las lecciones sobre la organización que este movimiento revolucionario extrajo en su más de medio siglo de existencia, fueron sustancialmente cuatro: una, el partido ha de estar formado por la militancia más preparada, consciente y decidida, porque la lucha revolucionaria será larga, con vaivenes, derrotas y victorias; dos, debe vivir dentro de las clases explotadas y debe luchar contra todas las injusticias, defendiendo todos los derechos pero avisando siempre que el objetivo fundamental y decisivo es acabar con la propiedad privada; tres, para ello, la militancia debe ir un poco por delante de la conciencia media de las masas –“ser vanguardia”- avisando, proponiendo, dando ejemplo, debatiendo..., y cuatro, dado que el fin estratégico irrenunciable es acabar con la propiedad privada y el Estado que la protege, y crear una democracia socialista basada en la Comuna y el pueblo en armas, la militancia ha de ser consciente de que tarde o temprano tendrá que defenderse y atacas, es decir, el partido preparado para ese momento aunque durante muchos períodos actúe dentro de la legalidad burguesa, y por ello debe mantener un núcleo clandestino.
  82. Podemos leer en la Tesis 47 que “junto con las formas propias de la organización leninista, deberá reconocer y apropiar formas de organización desarrolladas históricamente en largas experiencias de lucha del campo popular, así como identificar nuevas formas organizativas que resulten apropiadas para el logro de sus propósitos”. Tras lo brevemente sintetizado hasta aquí, vuelve a surgirnos las dudas sobre los dobles o triples sentidos del documento. La Tesis 47 no dice nada nuevo porque, como hemos visto, la historia de los debates organizativos siempre ha girado sobre lo que plantea el documento con grandes aires de descubrimiento sorprendente e innovador. Tampoco lo dice la
  83. ¿Cuáles son las “formas propias de la organización leninista”? Lenin jamás dejó escrita esa norma, sino que la fue elaborando, autocriticando y mejorando según lo exigía la lucha revolucionaria, y casi siempre en debate con sectores de la dirección bolchevique que se aferraban a la falsa seguridad del dogmatismo y que no aceptaban las mejoras introducidas por Lenin sobre un modelo básico que recogía y actualizaba para Rusia las cuatro lecciones  generales sintetizadas por la organización que escribió y difundió el Manifiesto Comunista, arriba expuestas.
  84. En la Tesis 48 se afirma que el objetivo del partido es la construcción de una sociedad socialista/comunista. En la Tesis 51 se dice que la creación del nuevo partido legal debe preservar y desarrollar los métodos organizativos válidos creados por las luchas anteriores. Tampoco nada de esto es nuevo porque podemos encontrar tesis iguales en el fondo escritas mucho antes. Una vez más, y como es su costumbre, el documento intercala frases que ya son tópicas en la literatura marxista pero sin contenido de manera que muchas lectoras y lectores pueden quedarse contentas creyendo que el documento dice lo que creen que dice, cuando en realidad está enturbiando con humo lo que debe ser un debate claro y radical, que vaya a la raíz de los problemas.
  85. La cuestión crítica que hizo estallar el debate y luego la ruptura conforma las diferencias se hicieron oposiciones y luego contradicciones, entre bolcheviques y mencheviques fue la definición de militancia: los bolcheviques sostenían que los militantes tenían que ser seleccionados rigurosamente, muy formados en todas las disciplinas, serios y eficaces, aptos para moverse en la superficie legal como en el subsuelo ilegal según los altibajos de la lucha de clases, y con la obligación de actuar en los movimientos populares, sociales, sindicales, culturales, etc., simultáneamente a su militancia interna en el partido.
  86. Los mencheviques sostenían que el partido podía albergar a cualquier persona aunque no fuera militante en el sentido estricto, a cualquier persona que estuviera de acuerdo con los principios generales que eran bastante vagos y amplios para dar cabida a los “demócratas” y no sólo a los socialdemócratas, que era el nombre oficial entonces del partido. Además, no tenían las obligaciones asumidas conscientemente que proponían los bolcheviques: no tenían que pertenecer a movimientos, sindicatos, clubes, etc., como requisito necesario para pertenecer al partido. Pero en contrapartida, tampoco tenían los derechos del militante que se daban a sí mismos los bolcheviques: derecho de elección, de crítica, de debate, de carta de garantías interna, etc.
  87. Desde entonces, aquél debate que ya se presentó con otras palabras pero con el mismo contenido en la época de Marx y Engels y que se zanjó creando un método que luego fue definido como “centralismo democrático”, ha reaparecido siempre que se discute sobre el concepto de partido y de militancia. La forma del partido y de la militancia está en función del objetivo histórico por el que se lucha que deben ser escritos con nitidez. Si por razones de seguridad se aconseja cierta prudencia, el debate siempre tiene el recurso de usar la legalidad: ahora en nuestra Colombia está publicado legalmente casi la totalidad de la teoría marxista clásica, y en el debate pueden citarse estas obras publicadas legalmente. No hay por tanto excusa alguna para, en el plano teórico general que subyace a toda discusión seria, decir las cosas que se deben decir.
  88. En la Tesis 50, que ya hemos citado arriba, leemos: “Nuestra acción política deberá desarrollarse, por una parte, atendiendo al propósito de acceder a posiciones de gobierno y al poder del Estado. Por otra parte, contribuyendo a desencadenar el poder constituyente de las masas a través de la organización y la producción de poder ‘desde abajo’”. Y sigue esta Tesis 50: “el poder social no se limita al poder del Estado y a su institucionalidad, sino que éste también se encuentra en el conjunto de la formación socioeconómica y política y tiene que ser disputado igualmente”, planteando la necesidad de avanzar en la “democracia directa, asamblearia y comunitaria”.
  89. La Tesis 50 tampoco dice nada nuevo, aunque utilice terminología moderna. Podría citar a Lenin o a Rosa Luxemburgo para decir lo mismo, por nombrar dos casos. Pero la segunda frase que hemos entresacado de la Tesis 50 -“el poder social no se limita al poder del Estado y a su institucionalidad, sino que éste también se encuentra en el conjunto de la formación socioeconómica y política y tiene que ser disputado igualmente”- y otras idénticas que se repiten como en la Tesis 54, sí contiene un peligroso error: no saber o no querer discernir las cualitativas diferencias entre el “poder” que se encuentra en el conjunto de la sociedad, en sus colectivos y movimiento, en las luchas victoriosas que le obtienen, etc., y el verdadero poder centralizado estratégicamente en el Estado.
  90. Este error garrafal, o esta creencia, que en cierta forma es una derivación de la pobre teoría foucaultiana de los micropoderes extraestatales y del postmodernismo, no llega a comprender, o busca ocultarlo, que el poder del Estado es cualitativamente superior a todos los restantes “poderes sociales” por mucho que intenten fusionarse. Mao lo dijo con magistral pedagogía entendible por cualquier campesino autoorganizado en una comuna armada que se defendía de los bandoleros, de los burgueses chinos y de los invasores japoneses: “El poder nace del fusil”.
  91. En realidad no existen “poderes sociales” si por “poder social” entendemos lo mismo que poder estatal. A lo sumo que existen son contrapoderes defensivos creados por los colectivos en luchas concretas que se defienden contra las injusticias concretas que padecen. Son contrapoderes porque deben moverse bajo y en contra de la legalidad burguesa general, dominante aún en toda la sociedad, aunque ellos hayan logrado estabilizar durante un tiempo una conquista puntual, un pequeño espacio liberado que siempre está sometido al contraataque capitalista para liquidarlo. Los contradopederes, que ni remotamente se asemejan al poder del Estado, vienen a ser como islitas de precaria libertad parcial en un océano opresor.
  92. Cuando los contrapoderes empiezan a coordinarse y a actuar conjuntamente para conquistas más amplias, profundas y cada vez más abiertamente políticas, es decir, que ya empiezan a apuntar hacia la propiedad burguesa y su Estado, entonces y si todo va saliendo bien puede desencadenarse una situación de doble poder, una crisis de doble poder. ¿Qué quiere decir doble poder? Pues que en cuestiones importantes para la burguesía el pueblo ha creado fuerzas emancipadoras que deben ser tenidas en cuenta y/o que deben ser destruidas cuanto antes para que no sigan ampliándose. Aún y todo así, esas situaciones de doble poder nunca alcanzan la eficacia resolutiva del poder del Estado porque siguen existiendo bajo la dominación burguesa. En la medida en que el doble poder crece llega al momento decisivo de ser realmente un poder revolucionario que choca frontalmente con el poder estatal burgués.
  93. Semejantes momentos suelen ser cortos porque ninguno de los dos bandos en lucha puede permitirse el lujo de dudar, de esperar y menor de perder el tiempo: el que golpea primero golpea dos veces. En algunos casos, los menos, puede llegarse a esta situación combinando la lucha de clases en la calle con la lucha de clases en el parlamento, en las elecciones, como el Chile de Allende y la Venezuela de Chávez, o la Guatemala de Árbenz, por citar casos conocidos, pero ni incluso entonces deja de ser cierta la verdad de Mao de que “el poder nace del fusil” porque sólo cuando se han destruido las fuerzas armadas burguesas y sus restantes aparatos burocráticos centrales, sustituyéndolos por el Estado obrero garantizado por el pueblo en armas, sólo entonces pueden empezar a sentirse relativamente seguras las conquistas socialistas.
  94. La Tesis 50 frivoliza demasiado con la sangrienta historia humana, falsea la realidad, disuelve las contradicciones antagónicas y ofrece una visión idílica y utópica de una realidad que no existe por lado alguno. La militancia educada en la Tesis 50 y en el documento entero en realidad es mal-educada, no es formada sino de-formada. El partido y la militancia han de conocer qué es y cómo funciona el capitalismo, por qué es así y cómo combatirlo. Han de saber qué es el poder estatal, cómo se ramifica y se multiplica en miles de tentáculos diferentes que actúan con autonomía propia en todos y cada uno de los rincones cotidianos, aparentando ser diferentes unos de otros.
  95. Pero todos esos tentáculos aparentemente independientes giran alrededor de la defensa de la propiedad burguesa, estando sometidos en última instancia a la lógica del beneficio capitalista. ¿Quién les coordina y dirige estratégicamente? El poder del Estado burgués, y su fusil les protege del pueblo. Es el Estado el que regula estos micropoderes e incluso vigila que algunos de ellos no se excedan, no abusen, se mantengan dentro de los márgenes de la legalidad que el propio Estado dicta. Para mantener la ficción de democracia burguesa, incluso para integrar determinadas luchas mediante reformas concedidas, el Estado, la ley burguesa, puede restringir la autonomía de los más injustos micropoderes, los más combatidos por el pueblo: cambiar algo secundario para que nada importante cambie. Dicho rápidamente, el fascismo surge cuando el Estado permite e impulsa que los micropoderes autónomos golpeen con toda su ferocidad, sin restricción alguna, y cuando el mismo Estado anula toda democracia.
  96. Es suicida crear un partido legal y una militancia legalista que desconozca esta realidad histórica objetiva, o que conociéndola la desprecie, o que caiga en el fetichismo de la legalidad, del partido de cristal. Es suicida no aplicar en nuestra Colombia algunas o todas las recomendaciones expuestas en las 19 Condiciones para integrarse en la Internacional Comunista elaboradas en 1920. Es suicida que admitiéndose que “el desenlace posible de la transición en curso se encuentre en función de la tendencia que asuma la lucha de clases y, en concreto, de la correlación política y social de fuerzas”, como lo admite la Tesis 53, no sean tenidas en cuenta por el nuevo partido legal.
  97. Es suicida no preparar a la militancia para que sea consciente de la objetividad de esta tendencia histórica, que como tendencia depende de los resultados de la lucha de clases. Sin esta “ciencia histórica” la militancia creerá que el Bloque Popular Alternativo (BPA) expuesto en las Tesis 54 y 55 únicamente se enfrentará a obstáculos políticos resolubles mediante negociaciones en la medida de su avance, pero no a obstáculos de la misma legalidad burguesa que pueden dar paso a represiones legales y ataques ilegales de los brazos extra y paraestatales, paramilitares. La militancia ha de saber que conforme se avance en la “gran convergencia nacional” propuesta como objetivo y a la vez método de acumulación de fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias en la Tesis 55, más probables serán los ataques represivos teniendo en cuenta el muy reducido valor de la vida en la cultura dominante en Colombia, dominante también en las masas lumperizadas que forman la base del sicariato, paracos y malandros.
  98. La forma organizativa propuesta para el BPA en la Tesis 55 no resuelve el problema. Leamos: “un gran movimiento de movimientos de estructura flexible, descentralizada, que reconoce autonomía, pero se fundamenta en la articulación y coordinación, con capacidad de promover e impulsar un proceso constituyente abierto y continuo”. De entrada hay que volver a repetir que no añade nada nuevo a la teoría del partido porque lo mismo lo encontramos en otras y otros marxista de hace décadas pero con la terminología de su tiempo. Lo nuevo no lo añade el documento sino los avances en las nuevas telecomunicaciones, aunque las y los comunista de hace un siglo o siglo y medio ya utilizaban las más modernas comunicaciones de su época: el teléfono y el telégrafo respectivamente.
  99. Centrarse únicamente en el primer nivel, en el de la BPA y también en otro más laxo aún como el de la “gran coalición democrática” propuesta en la Tesis 56, sin atender a la tendencia objetiva hacia el endurecimiento de la lucha de clases en la medida de que ascienda a conquistas más altas, quedarse en esos niveles más elementales, es auto condenarse a la parálisis primero y al exterminio después. La experiencia muestra que la escala que va del control de amplios sectores de militantes a la vigilancia de los más activos, terminando en las detenciones o exterminios de los más comprometidos, que muchas veces actúa a la vez, se aplica también sobre los niveles menos comprometidos que realizan tareas políticas muy simples como en el nivel de la “gran coalición democrática” de la Tesis 56.
  100. Tenemos ya, por tanto, los dos espacios más amplios de militancia, además de un tercero, el del partido legal. Lo llamativo es que ya hace 115 años la teoría comunista de la organización estaba más adelantada teóricamente que el documento que comentamos porque además de proponer esta forma organizativa flexible y descentralizada que reaparece siempre que se reactiva la lucha de clases en su extrema complejidad, y que cumplía la misma función que los espacios de la BPA y de la “gran coalición democrática”, además de eso, también añadía otros dos niveles que no aparecen en el documento situados “debajo” del primero: uno era el nivel intermedio de organizaciones más conscientes, capaces de luchar por conquistas más serias y peligrosas para la burguesía y que por tanto exigían mayor seriedad organizativa, más nivel de “secreto” por ejemplo en el momento de hacer una huelga, etc., porque lo más probable es que la represión se lanzase contra ellas. Y el otro nivel era el de la organización, el del partido de vanguardia, comunista, que bajo la dictadura debía ser clandestino pero con la “doble militancia” para actuar con seguridad en los dos niveles superiores.
  101. La experiencia comunista sostiene que la democracia burguesa es el mejor medio posible en el capitalismo para combatir al capitalismo. Por esto, y por el propio valor de la democracia, el comunismo lucha por conquistarla cuanto antes. Sin embargo, esa misma experiencia también enseña que toda democracia burguesa tiene leyes represivas que se endurecen según se agudizan las contradicciones sociales. Es por esto que a los tres niveles ya existentes en el zarismo, hay que unir un cuarto que se activa cuando se conquistan más derechos democráticos y que desaparece cuando vuelve la represión: hablamos del partido legal.
  102. Por tanto, mucho antes del documento la teoría marxista había precisado cuatro niveles de militancia: uno, el más simple y menos arriesgado en apariencia, el que el documento presenta en las Tesis 54 y 55. Otro, el nivel de luchas con más peligro de represión, de multas, de represalias legales, etc., que requiere ya de un mínimo de “secreto”. Tres, el nivel de la acción legal del partido que pese a ello no debe descuidarse en su seguridad mínima y que debe “esconderse” cuando ataca la represión. Y cuatro, el nivel del núcleo ilegal, que debe “hibernar” en los períodos de “paz” para activarse cuando se acerca el temporal. No hace falta decir que son las condiciones concretas de cada país las que marcan las formas de estos niveles en la medida en que puedan aplicarse total o parcialmente.
  103. La militancia ha de saber que por muchas declaraciones de paz que haga la dirección de su partido legal, la posibilidad de los golpes represivos aumentará conforme aumenten las tensiones en el primer y más superficial nivel de acción social y política, porque ellos son las llaves que abren muchas conciencias. Otro tanto sucederá con el segundo nivel, el de las luchas más organizadas y más peligrosas para el poder, como las huelgas, las grandes marchas masivas, la autoorganización de base, la prensa crítica leída y escuchada cada vez más, todas las reivindicaciones ascendentes que atacan los pilares del poder establecido, etc. ¿Qué decir de la suerte del partido legal? ¿Cuántos de ellos han sido liquidados por sorpresa o en poco tiempo por olvidar o despreciar las lecciones de la historia?
  104. Aquí hemos expuesto la tendencia tantas veces repetida en la historia con ritmos e intensidades diferentes. Cuando leemos las Tesis 57, 58, 59, 60 y 61 sobre el Gobierno Provisional, comprendemos que lo más probable es que dicha tendencia se acelere. Solamente hay una forma relativamente segura de evitarlo: que el Gobierno Provisional no sea un peligro para la burguesía sino un medio de integración del pueblo en las redes del capital. Decimos que es una forma relativamente segura porque nadie debe fiarse de “nuestra” burguesía.
  105. No juzgamos aquí los contenidos del decálogo de Gobierno expuesto en la Tesis 59 porque desbordaríamos los límites de este texto. Insistimos en que su muy bajo perfil progresista no salvará al Gobierno Provisional si la burguesía y el imperialismo deciden acabar con él. Ahora mismo, por ejemplo, el Poder incumple sistemáticamente el grueso de los acuerdos de La Habana, ridiculizando con hechos el triunfalismo exacerbado del documento. La burguesía colombiana ya está incumpliendo los acuerdos ¿qué no hará cuando se vea verdaderamente en peligro? (Fuente Imagen Internet)