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Sin sus otrora aliados, Piedad Córdoba le apuesta a buscar a la gente en las regiones.

Cuando no estaba de moda hablar de paz y pocos en el país se atrevían a defender públicamente la salida negociada al conflicto, Piedad Córdoba soportaba silbatinas e insultos en la calle por hacerlo y por supuestamente ser de las Farc. Ahora que la ex guerrilla entró a la legalidad y esa presunta relación podría por fin destaparse, la exsenadora trata de sacar adelante una aspiración presidencial a la que los farianos decidieron no sumarse. Al menos, por ahora.

No sólo el partido de la Farc. La Marcha Patriótica, el Partido Comunista, el Congreso de los Pueblos, la UP y Juventud Rebelde, movimientos y colectividades con los que ella trabajó durante los últimos años y a los que les entregó buena parte de su patrimonio político, también se marginaron de acompañarla de manera oficial.

El dato nos lo confirmaron tanto fuentes de esos grupos como la propia Córdoba, quien nos aseguró: “(Ellos) están en todo su derecho de tomar las decisiones políticas que quieran, pero sí es cierto: a mí no me están acompañando. Entiendo que respaldarán a (el liberal Humberto) De la Calle, aunque no lo puedo confirmar”.

Aunque la aspirante no dijo nada al respecto, otras fuentes de su movimiento Poder Ciudadano agregaron fuera de micrófonos que el hecho la tiene a ella “muy sentida”, pues tras militar en la misma orilla respaldando marchas o iniciativas como la Cumbre Agraria, o haciendo gestiones para garantizar la salida del semanario Voz del Partido Comunista, Piedad esperaba que todo ese sector izquierdista se sumara sin dudar a su nueva empresa electoral. 

Que no lo hayan hecho es llamativo porque, además, en el imaginario colectivo sí quedó la idea de que Piedad es la candidata de varios de ellos. O al menos “la de las Farc”, como le siguen cuestionando algunos en la calle.

Las fuentes de esos partidos y movimientos a las que consultamos para esta historia coincidieron en responder que, aunque es cierto que Piedad quedó sola, eso no pasó por un rechazo a ella, sino porque el resto coincidió en apostarle mejor a un candidato presidencial de convergencia que agrupe a todas las aspiraciones que defienden el Acuerdo de Paz.

Eso, por ahora, no lo logra Córdoba, quien arrancó sin buscar consensos, no contempla alianzas y asegura que irá hasta el final de la contienda.

Carlos Lozano, dirigente comunista, nos lo explicó así: “Respeto la decisión de Piedad, pero no es el momento de candidaturas propias nuestras cerradas, sino de abrirse. La idea es sumar. Se impone la necesidad de un Gobierno de transición, en el que ella cabe por supuesto, que debe surgir de una coalición”.

Mientras que la presidenta de la UP, Aída Avella, añadió por su lado: “Yo creo que las candidaturas es mejor conversarlas. En la defensa de la paz, es mejor un candidato común que 20”. 

Parecida fue la versión del senador del Polo y dirigente del Congreso de los Pueblos, Alberto Castilla, quien nos aseguró que lo que están buscando en ese sector es una candidatura de convergencia y que por ahora las bases de su movimiento se sienten más identificadas con la propuesta de los NiNi.

“Necesitamos una candidatura que nos agrupe y que no sea ni cercana a Santos ni cercana a Uribe”, explicó.

Y, por último, en sentido similar se pronunció Andrés París, miembro de la Dirección Nacional de la Farc y de la comisión de estrategia política que dirige Iván Márquez en ese partido: “En este momento, no hay ningún vínculo con la campaña de ella, fuera del respaldo que le damos a todas las aspiraciones de los que defienden los acuerdos”.

París agregó que en la más reciente reunión de la Dirección Nacional fariana se ventiló la posibilidad de que la ex guerrilla fuera a las presidenciales con un candidato propio, pero que eso no se ha concretado ni hay nombres definidos aún.

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La posición de la Farc es la más particular en esta historia, dada que es esa relación la que más le ha costado a Piedad Córdoba, políticamente hablando.

Del amor al...

Dentro del hoy partido Farc a quien más ha sido cercana Piedad es a Iván Márquez y a Jesús Santrich, luego de que se los presentara el fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez, en la época de los acuerdos humanitarios que lideró Córdoba y gracias a los cuales recobraron su libertad 35 secuestrados de la guerrilla (entre uniformados y políticos).

De esa época es muy recordada (y criticada) la foto de Piedad junto a Márquez

  y a otros líderes farianos, sonriente y con unas rosas en la mano, en momentos en los que varios colombianos llevaban años pudriéndose en la selva a manos de las Farc.

Entonces, arreciaron en su contra los insultos en la calle y por redes y los cuestionamientos mediáticos. (Por ejemplo, un editor de Semana sacó una columna titulada ‘¿De qué se ríe Piedad Córdoba?’).http://www.semana.com/on-line/articulo/de-que-rie-piedad-cordoba/89484-3

Pero de esa imagen se pasó a la de unas flores solas que llegaron de parte de Córdoba al reciente congreso fundacional del partido Farc, al que la exsenadora no asistió porque ya en ese momento sabía que allí no consideraban respaldar su candidatura presidencial.

Sobre las razones para que ese apoyo jamás se concretara hay dos hipótesis dentro de la campaña de Piedad.

Por un lado, dicen que debido a que ella viene del Partido Liberal “no es confiable y por eso no le podían entregar un proyecto tan grande como el de la candidatura presidencial; y por otro, creen que la distancia se concretó porque ella nunca les consultó sus planes de irse por firmas.

Cualquiera que sea la verdadera, o incluso si ninguna lo es (la Farc niegan que exista alguna resistencia a su aspiración), una fuente conocedora nos contó que ella se sigue hablando con amabilidad con sus amigos Márquez y Santrich, pero que la ruptura en términos de apuestas electorales por el momento “es total”.

La campaña

Desde que a mediados de junio lanzó formalmente su aspiración presidencial y dijo que recogería firmas para entrar en la carrera, Piedad Córdoba empezó a recorrer el país para hablar con sus bases.

Su plataforma política está basada en los colectivos de víctimas, comunidades afro, LGTBI, y minorías sobre las que empezó a ejercer una suerte de liderazgo desde que se acercó a Marcha Patriótica (movimiento que desde su creación ha sido afín políticamente a las Farc), luego de renunciar al Partido Liberal.  

Precisamente fue en Marcha que creó Poder Ciudadano, como el ala más progresista de ese movimiento y lo consolidó como su marca.

Una fuente que lo sabe de primera mano le dijo a La Silla que, aunque Piedad entró con cierta fuerza en ese movimiento y se convirtió en su cara más visible durante varios años, realmente la relación no fue tan fluida.

“El problema era de celos. Ellos decían que el grupo (de Piedad) había llegado para quedarse con Marcha y a robarle las bases, y eso no era verdad, simplemente era un trabajo que se hacía en conjunto”, explicó esa fuente.

Además, la comunicación tampoco funcionaba mucho porque en Poder Ciudadano existía la sensación de que una cosa era lo que se decía en las reuniones y otra la que las directivas de Marcha hacían.

Intentamos hablar con Marcha para conocer su posición, pero sus líderes no respondieron ni las llamadas ni los mensajes que les dejamos.

En el tiempo que lleva recorriendo el país, Piedad, según los reportes de su campaña, ha estado prácticamente en todos los departamentos, a excepción de Casanare, Guainía y el Amazonas.

En ellos, ha hecho pequeñas reuniones con los que -dice- son los amigos que ha sumado a lo largo de su carrera política.

“Yo tengo algo a mi favor y es que nunca dejé de hacer política a pesar de todo lo que sucedió (el entonces procurador Alejandro Ordóñez la destituyó e inhabilitó por 18 años, señalándola de ser alias “Teodora Bolívar” de las Farc; sanción que luego tumbó el Consejo de Estado al considerar que ésta se debió a “conjeturas que no fueron demostradas”). Eso ha hecho que sea fácil para mí la recolección de firmas”, le dijo a La Silla Córdoba sobre su precandidatura.

Dentro de sus apoyos en las regiones no hay figuras conocidas a excepción del nororiente del país, en donde, como contó La Silla, está respaldándola la ex congresista condenada por vender su voto para permitir la reelección de Álvaro Uribe, Yidis Medina, quien está encargada de dirigir la recolección de firmas en Santander, Norte de Santander y Cesar.

Sobre ese apoyo en particular, Córdoba dice que se conocen desde que coincidieron como víctimas en las chuzadas del DAS y que Yidis, fue la que la buscó para apoyarla en la aspiración presidencial.

Sin embargo, dado su distanciamiento con Marcha, Córdoba tiene en contra que, en regiones claves para su aspiración, como el Catatumbo en Norte de Santander, en Nariño, o en Caquetá, en las que figuró en momentos en los que las Farc estaban alzadas en armas gracias a su intermediación con los acuerdos agrarios y a las liberaciones de secuestrados, ya no tiene la puerta tan abierta.

En esos territorios Marcha tiene mucha influencia en organizaciones campesinas, y como no hay directriz para apoyarla no le están ayudando a recoger firmas, algo que puede mermarle el arranque.

Sobre la plata que ha gastado recorriendo el país hablando de la necesidad de reindustrializarlo para devolverle fuerza a la estructura económica nacional y de renegociar la deuda externa, así como los tratados de libre comercio para conseguir la plata para aterrizar los acuerdos de La Habana, Córdoba no da detalles.

“La mayoría son recursos propios y los aportes de los voluntarios. Nosotros solamente pagamos camisetas, gorras y fotocopias y para una gaseosa porque no tenemos más”, le dijo a La Silla la precandidata. “Aún no tenemos cuentas de cuánto hemos gastado o vamos a gastar”.

En la campaña de Piedad tienen la meta de recoger un millón de firmas (necesita al menos 370 mil). El tiempo dirá si sin el apoyo de la Farc y de los movimientos a los que en los últimos años se acercó, le alcanza la gasolina para hacerlo.

http://lasillavacia.com/la-soledad-de-piedad-63158?amp