La redacción de ANNCOL publica, en otra entrega, el capítulo 7 del libro inédito titulado “Gilberto Viera: Memoria a muchas manos” Colciencias-Corpos. Bogotá.2002. Mimeo. Protegido por derechos de Autor y de publicación NO autorizada; insistiendo en que es un libro inédito, protegido y de publicación no autorizada, que exige la responsabilidad correspondiente a quien los utilice.

Capitulo 7

El Frente Nacional

Nohora Parra

El Frente Nacional, periodo de la historia política de Colombia entre 1958 y 1974, fue una fórmula política inventada por el expresidente liberal Alberto Lleras Camargo y aceptada por los jefes de los dos partidos tradicionales, el liberal y el conservador, para gobernar paritaria y alternativamente durante esos 16 años. Tenía el propósito de devolverle a la patria la paz perdida desde 1946, con dos gobiernos hegemónicos conservadores y con las instituciones republicanas abolidas, por la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla desde 1953 y la Junta Militar de Gobierno desde 1957.

Se trató de un régimen político muy especial para el cual se tuvo que celebrar un Plebiscito con el fin de restaurar la Constitución de 1886, eliminada por una Asamblea Nacional Constituyente en 1954, que también declaró ilegal el Partido Comunista Colombiano, PCC. Una vez restaurada la Carta, se la reformaría para establecer, únicamente entre los dos partidos tradicionales, la paridad en las corporaciones legislativas, ministerios y demás organismos públicos y la alternancia en la Presidencia de la República.

La jugada política del expresidente liberal, Alberto Lleras Camargo, de crear y gestar el Frente Nacional, además de audaz, fue calificada de magistral por la gran mayoría de los colombianos. Era el año de 1956 y el país no aguantaba más la dictadura militar de tres años largos con todos sus rigores y excesos políticos, sociales y económicos. Tres años que se sumaban a los siete de los gobiernos de Mariano Ospina Pérez y de Laureano Gómez, que desataron, a través de la policía, el más grande exterminio de sus adversarios, los liberales, con 300 mil muertos, en la más monstruosa violencia del siglo 20.

Había que tumbar a Rojas Pinilla y había que hacerlo, quizá como fórmula salvadora de la democracia, con el jefe del partido conservador: el expresidente Laureano Gómez, exiliado en España, desprestigiado por sus desmanes, debilitado por haber abandonado el poder en manos de su sucesor natural, Roberto Urdaneta Arbeláez, antes de terminar su periodo presidencial, y repudiado por los liberales y por la izquierda a los que les había declarado la política de “Sangre y fuego”. Se trataba de recuperar el poder perdido por los dos partidos políticos.

Origen

Para Gilberto Vieira, secretario general del Partido Comunista Colombiano, a diferencia de lo que pensó y creyó la mayoría de los colombianos, el engendro del Frente Nacional representó una salida antidemocrática. A él se opuso desde que supo de la visita de Alberto Lleras al expresidente Gómez en su destierro de Benidorm en julio de 1956 y de los resultados del encuentro cuando, un año después, firmaron y divulgaron la Declaración de Sitges, uno de cuyos apartes dice: “Ninguna ocasión mejor para ir al fondo de la conciencia de nuestro pueblo a pedir su apoyo para una vasta empresa conjunta de los partidos. Ella ofrece la convivencia por una generación y la democracia ordenada y respetable para las que están por venir”. Vieira, a pesar de haber estado en ese año 56, como en los anteriores, en la clandestinidad, sufriendo los rigores de un auto destierro forzado, se opuso. Lo dijo entonces y lo sostiene hoy.

“Pensé que la simple idea de la creación de un Frente Nacional iba a ser fatal para Colombia. Era una salida antidemocrática que trataba de perpetuar el monopolio de los dos partidos tradicionales sobre toda la vida política del país. En esa época, en la época de la junta militar que sucedió a Rojas Pinilla, se elaboró la teoría del Frente Nacional. Se nombró una comisión para sentar las bases constitucionales y legales. En esa comisión estaba el doctor Alfonso López Michelsen, con quien después nos aliamos políticamente en la lucha contra ese sistema. Tuve varias conversaciones con él, me acuerdo, en el apartamento de Jaime Quijano Caballero, en las que le hice ver la gravedad de lo que se iba a implantar en el país como norma de exclusión. No solamente contra el partido comunista, sino contra toda persona independiente de los partidos tradicionales, contra cualquier proyecto de formación de nuevos partidos en Colombia. Posteriormente López Michelsen me informó que había planteado su oposición a ciertos aspectos del Frente Nacional, especialmente lo de la exclusión electoral de todos los grupos o partidos distintos a los tradicionales. Y me dijo que el doctor Eduardo Santos, que era miembro de la comisión, había dicho: ‘No, eso no es problema. Que los comunistas inscriban sus listas como liberales’. A mí me pareció el colmo de la inmoralidad política. Se invitaba a los comunistas a que se declararan liberales únicamente con fines electorales, cosa que yo no podía aceptar.

“Entonces, desde el principio, cuando se concibió la idea del Frente Nacional, comencé a criticarlo y me parece que los hechos me han dado toda la razón. El Frente Nacional representó la burocratización completa de los partidos tradicionales, especialmente del partido liberal. El partido liberal salía de la época de la Violencia de Laureano Gómez y compañía, con un gran capital político y lo malbarató completamente, aceptando el sistema del Frente Nacional, que era una repartija mecánica de posiciones entre liberales y conservadores. Cada ministerio, cada dependencia del Estado tenía que tener igual número de funcionarios o de empleados liberales y conservadores. Por eso sostuve, desde entonces, que el Frente Nacional era lo más antidemocrático que se había concebido en el mundo. Era la negación, en primer lugar, del derecho de las minorías, pero, en segundo lugar, también, el desconocimiento del derecho de la mayoría. O sea, el partido liberal era la mayoría y tenía que sujetarse a estar en condiciones milimétricamente iguales al partido conservador en el gobierno. Por eso lo dije y repito hoy: un sistema esencialmente antidemocrático, ni más ni menos, que es lo que ha llevado al país a la tremenda crisis política e ideológica en la que se debate actualmente”.

 

La junta militar: antesala de los acontecimientos

La Junta Militar de Gobierno, integrada por cinco oficiales de las fuerzas armadas y la Policía Nacional, los generales Deogracias Fonseca, Gabriel París, Rafael Navas Pardo, Gabriel Ordóñez y el almirante Rubén Piedrahita, junta que había dejado instalada el general Gustavo Rojas Pinilla el día de su caída el 10 de mayo de 1957, y que gobernó con civiles liberales y conservadores a manera de propuesta paritaria, convocó y realizó el Plebiscito el 1º de diciembre de 1957, cumpliendo así con el compromiso político que había adquirido con los jefes de los dos partidos.

Para tal efecto, decreta en un artículo único la convocatoria a hombres y mujeres mayores de 21 años que no estén privados de la libertad, a que aprueben o no el siguiente texto indivisible: “En nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad, y con el fin de afianzar la unidad nacional, una de cuyas bases es el reconocimiento hecho por los partidos políticos de que la religión católica, apostólica y romana es la de la nación y que como tal los poderes públicos la protegerán y harán que sea respetada como esencial elemento del orden social; y para asegurar los bienes de la justicia, la libertad y la paz, el pueblo colombiano, en plebiscito nacional, Decreta”.

Entre los catorce artículos que contiene el decreto está el reconocimiento de los derechos sociales y políticos a la mujer, la paridad y la forma de adjudicación en la elección de corporaciones públicas con las ataduras que demanda el pie de igualdad entre dos partidos políticos, el liberal y el conservador, y la distribución de todos los cargos públicos, respetando los de la carrera administrativa. El decreto deja al descubierto vicios como el de negar la libertad de cultos y la libertad política, limitar la libertad de elección, crear la corrupción en el manejo de votos para alcanzar los dos tercios aprobatorios para cualquier elección y acentúa el caudillaje y los ‘ismos’. Se puede anotar a favor el hecho de que protege la renovación del contrato a los empleados públicos.

De todas formas, la caudalosa votación demostró la necesidad ciudadana de expresarse en las urnas como signo vital de la democracia. Para Gilberto Vieira, significó recobrar la legalidad del partido y salir de la clandestinidad.

“Con la Junta Militar no tuve mala relación excepto con Ordóñez, que era un anticomunista feroz. Los demás eran figuras destacadas, gente por lo menos instruida. Recuerdo que estaba Jaime Santamaría en el grupo de los colaboradores civiles, muy respetable. Y estaba un político que todos conocemos que es turco y sinuoso. Sí, Turbay Ayala. Él aprovechó mucho ese período, ¡hasta se hizo nombrar ministro! Ahora bien, cuando el frustrado golpe militar a la misma junta militar el 2 de mayo de 1958, nosotros lo censuramos; yo mismo hablé por una emisora clandestina condenando ese nuevo intento de golpe de los ultra-rojistas, aunque no tenían perspectivas porque eran militares muy burdos. Claro que no dejó de ser preocupante cuando los alcanzaron a coger presos en sus residencias, a casi todos y a Alberto Lleras, que resultó muy hábil y muy afortunado al ser rescatado por una patrulla precisamente frente al Palacio de San Carlos.”

El frustrado golpe es memorable, además, porque justo dos días antes de las elecciones presidenciales, en las que se elige a Alberto Lleras primer presidente del Frente Nacional, éste, al ser rescatado por la patrulla, entra al Palacio de los presidentes y desde el micrófono de la Radio Nacional se dirige a los colombianos como si ya hubiera sido investido de la primera Magistratura, para dar parte de victoria sobre el conato de rebelión. Habla con atribuciones que nadie le había dado, pero que todos elogian y respaldan. Evidentemente, Alberto Lleras Camargo ejercía un poder admirable y asombroso sobre toda la sociedad colombiana. La misma Junta Militar de Gobierno, ante la inusual y sorpresiva ‘toma’ del Palacio de San Carlos, le da prácticamente tratamiento de héroe. Gilberto Vieira ve y califica a Lleras de manera bien diferente.

Francamente yo creo que Alberto Lleras representó desde la época del primer gobierno de López Pumarejo, aun cuando entonces tuvimos buenas relaciones, una tendencia derechista dentro del partido liberal, que se fue agravando hasta culminar con la Secretaría General de la OEA donde se convirtió en un instrumento de la política de los Estados Unidos. Ahora, que Lleras fue un tipo muy hábil, no se puede negar. Logró, en un momento de crisis muy grande para la Dirección Liberal, hacerse a una gran autoridad, con un gran prestigio. A tal punto que empezó a actuar como un autócrata, por su cuenta y riesgo. Ahí vino la fantástica historia de los viajes a las playas españolas de Benidorm y de Sitges, donde convienen las bases del Frente Nacional sólo dos personas: Alberto Lleras y Laureano. El único móvil de la política electoral en Colombia fue entonces el reparto de los puestos públicos, de las posiciones en el Estado. La crisis que estamos viviendo en Colombia, insisto, es consecuencia del Frente Nacional. Nadie, excepto López Michelsen, protestó. Protesta que da origen al Movimiento Revolucionario Liberal, MRL. Desgraciadamente los otros jefes liberales se sometieron a la dirección unipersonal de Lleras. Los medios de comunicación se limitaron a reflejar lo que pasaba, no opinaron siquiera, esa es la realidad. Era un momento realmente de desgaste, de crítica muy grande en el partido liberal. Había una desmoralización en los sectores dirigentes mientras que las masas, las bases del liberalismo que habían resistido semejante política de ‘sangre y fuego’ que practicaron los gobiernos conservadores, recordando las palabras del ministro de gobierno de esa época, José Antonio Montalvo, permanecían fuertes. No sucedió lo mismo con los dirigentes”.

Salida democrática

¿Por qué, entonces, Gilberto Vieira ordena al partido comunista votar por el primer presidente del Frente Nacional, Alberto Lleras Camargo? Resultaron más fuertes las amenazas y persecuciones de los once años anteriores de gobiernos de derecha con los que los comunistas fueron perdiendo progresivamente sus plenos derechos políticos, hasta llegar al del general Rojas Pinilla.

“Sí, es cierto. El partido comunista en ese momento consideró que había que votar por Lleras porque representaba una salida a la nefasta situación de la dictadura militar. Pero el apoyo fue sólo para el día de las elecciones. Inmediatamente entramos a la oposición. Aunque en determinados casos celebramos algunas actitudes, como haber levantado el estado de sitio al inicio de su gobierno. ¡Llevábamos once años en estado de sitio! Pero se habrían podido contemplar otras salidas. Hubiera sido perfectamente posible, y esa era mi tesis, que se desarrollara la libre competencia de los partidos y las opiniones. Era una salida sensata para la crisis que había en Colombia, que contra el monopolio de las ideas y del poder que se usaba contra la inmensa mayoría de la población, se restableciera siquiera el sistema democrático que existió en la época de López Pumarejo.

De manera que yo considero que el gran error de los dirigentes liberales fue someterse al Pacto de Sitges. En ese momento les pareció que era la única opción que había para el problema, pero había que prever qué iba a suceder en su desarrollo y no se hizo. Lleras Camargo los obnubiló. Claro que el partido liberal hubiera podido tener otras opciones, por ejemplo, estaba, ante todo, Echandía, dirigente muy valioso, muy importante, que no se ponía en cónclaves y menos con quien no tocaba. Fue un hombre de ideas liberales, más avanzadas que las de los otros. A mí no se me puede olvidar lo que me dijo Jorge Eliécer Gaitán en una entrevista que me solicitó por medio de su hermano, el médico, poco más o menos un mes antes de que lo asesinaran. Le dije, ‘mire, los comunistas vamos a apoyar en esta ocasión su candidatura a la Presidencia’; se mostró muy agradecido y me dijo lo siguiente, que me sorprendió mucho: ‘lo que pasa es que a mí no me van a dejar llegar a la Presidencia los oligarcas liberales y conservadores’. Y agregó: ‘yo voy a lanzar en su momento la candidatura de Darío Echandía’. Esa hubiera sido la solución, indudablemente, como una opción, porque preveía que le iban a cerrar el paso como fuera. Con el crimen, finalmente. Desde luego, él no se imaginó que lo iban a asesinar, pero sí que iban a hacer toda clase de maquinaciones en su contra. Es, también, el origen de la gran tragedia que vivimos en Colombia. Así que la democracia se hubiera podido restaurar de nuevo con Echandía, o incluso con Alberto Lleras, pero con el sistema democrático sin amarres, pues el partido liberal, que salía más fuerte de la persecución, de lo que yo llamo insistentemente la política de ‘sangre y fuego’ que nos aplicaron los conservadores, hubiera podido responder con las masas.

Primera presidencia del Frente Nacional

Alberto Lleras Camargo 1958 -1962

Júbilo nacional

Colombia es prácticamente una fiesta el 7 de agosto de 1958 cuando Alberto Lleras Camargo asciende a la Presidencia de la República. Las expectativas son enormes y las promesas de cambio resultan efectivas. Se restablece la libertad de prensa y se vuelve a la democracia. El liberalismo, como dice Vieira, estaba muy contento y no tenía por qué no estarlo, pues el amarre de la paridad no se sentía aún en la manguala liberal-conservadora. Para la izquierda otra era la realidad, no tenía posibilidades electorales. Por eso entró a la oposición.

“El gobierno de Alberto Lleras fue bastante contradictorio. No se puede negar que restableció en cierto grado las libertades y garantías democráticas que habían sido abolidas por las dictaduras conservadoras. Eso es un hecho real. Por lo menos, la gente de izquierda se podía mover y no la asesinaban. Pero su posición de derecha y el compromiso incondicional con Estados Unidos no le permitían tener acercamientos con nosotros, a pesar de que él supo que le dimos el apoyo total para que saliera elegido. No lo volví a tratar desde la época en que era ministro de Gobierno de López Pumarejo y luego presidente encargado. Ya como presidente, no era posible ningún acuerdo. Cuando surge el MRL, de un sector liberal inconforme con el Frente Nacional, inmediatamente entramos en contacto con Alfonso López Michelsen y nos aliamos con su movimiento hasta que él le dio la espalda y lo traicionó, esa es la verdad. Y era imposible aprovechar espacios políticos porque los comunistas no tenían derechos electorales en el sistema del Frente Nacional. Tratamos, es cierto, de apoyar candidatos de izquierda aun cuando sabíamos que sin éxito real, entre otras razones porque hemos sido muy prevenidos contra las ilusiones, nada se puede realizar en forma relámpago. Comprendemos, desde siempre, que el cambio político en Colombia va por etapas y es muy complicado”.

Estado de Sitio

El presidente Alberto Lleras Camargo inicia su mandato levantando, después de diez años de dictaduras como dice Vieira, el estado de sitio en todo el país, excepto en los departamentos de Caldas, Tolima, Huila y el Valle del Cauca. Casi simultáneamente, Gilberto Vieira ordena a las guerrillas que orienta su partido, que retornen a la autodefensa. Desde los años treinta, en algunas regiones del centro y sur del país, el partido comunista venía agitando la lucha agraria y desarrollando con los campesinos y con los indígenas una política de posesión de tierras, unas de baldíos, otras de terratenientes. En varias oportunidades fueron desalojados con la fuerza pública, aplicándoles incluso métodos de guerra.

“El estado de sitio se mantuvo en esas regiones (Caldas, Tolima, Huila y el Valle del Cauca) donde había todavía muchas luchas agrarias, y donde había comenzado otro problema, el de la lucha de un sector guerrillero liberal contra los comunistas. Se llamaban ‘los limpios’, reductos de guerrilleros liberales, movidos también, o respaldados en cierta forma, por el gobierno de Lleras. Esos guerrilleros liberales los encabezaba una familia de apellido Loaiza, en Chaparral. Eran gentes liberales pero muy atrasadas políticamente, manipuladas, entregadas por completo al ejército, al gobierno. Es que tan pronto se acaba la lucha guerrillera liberal, los latifundistas se apoyan en algunos de esos grupos y algunos se convierten en verdaderos bandidos: Sangrenegra, Tarzán, Nerón. De ahí que el partido ordene a las organizaciones campesinas que hagan resistencia, que vuelvan a la política de autodefensa. Ahí está el origen de la guerrilla. Las autodefensas del sur del Tolima y del Huila se convierten posteriormente, ya de hecho, en guerrilla.

Pero no hay que olvidar que las primeras guerrillas que surgieron en Colombia, como respuesta a la política sanguinaria, fueron liberales. La del Llano, la de Santander, la de Antioquia, la del Tolima. Eso lo cito simplemente para sostener la tesis de que las bases liberales sí respondieron para luchar contra la política ultra reaccionaria. Se les ha olvidado a los liberales el origen de esta política. Claro que las guerrillas comunistas habían surgido antes, pero se presenta el siguiente fenómeno, ya que estoy refiriéndome al movimiento guerrillero: en el primer período, digamos, las guerrillas eran liberales, pero cuando los jefes liberales resuelven apoyar a Rojas Pinilla y el general comienza a aplicar su tremenda política anticomunista, el movimiento guerrillero surge con orientación comunista y se llega a fortalecer y a ser tan importante que Rojas no pudo dominarlo militarmente. Se inicia entonces la resistencia en el campo, especialmente cuando el gobierno de Rojas decide atacar la región de Villarrica. Ahí comienza la gran lucha guerrillera, que finalmente se concreta en las Farc en 1966, como creación histórica de la lucha guerrillera y campesina de orientación comunista”.

 

El precio de la oposición

No habían pasado cuatro meses de su gobierno, cuando Lleras Camargo tiene que decretar el estado de sitio. Algunos exguerrilleros liberales de gran carisma, como Guadalupe Salcedo, fueron asesinados en Bogotá. La política de la Oficina de Rehabilitación Campesina, bajo la dirección de José Gómez Pinzón, no satisface a muchos sectores y los comunistas denuncian persecución a las Autodefensas Campesinas.

“José Gómez Pinzón fue prácticamente el fundador de una cosa que se llamó la Mano Negra. Él hizo una campaña anticomunista feroz de carácter político; en parte anticomunista, porque se volvió también contra el sector liberal de izquierda, en el momento en que estaba comenzando a surgir el MRL. El semanario La Calle, que es el que posteriormente levanta la candidatura de López Michelsen, denuncia todos los atropellos de que somos objeto por el simple hecho de hacer oposición. Criticábamos todo en lo que no estábamos de acuerdo: por ejemplo, nos pareció bien el juicio, pero no la condena del Senado a Rojas Pinilla. No lo condenaron por sus crímenes sino por un contrabando de ganado que había entrado por Buenaventura. No mencionaron la masacre de los estudiantes en Bogotá, ni la agresión contra el municipio de Villarrica. Hacíamos oposición frente a las medidas represivas que Lleras ejerció contra los sindicatos azucareros y textileros que reclamaban sus derechos violados permanentemente por sus patronos”.

Alberto Lleras gobernó unas veces en estado de sitio, otras parcialmente y en cortas temporadas, cuando los ánimos se apaciguaban en los sindicatos o las huelgas transcurrían pacíficamente, con garantías plenas ciudadanas. Hechos importantes en su política internacional fueron en 1961, la visita del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y su esposa Jackeline para el lanzamiento del programa de ayuda a América Latina, Alianza para el Progreso, con la instalación de la primera piedra del Barrio Kennedy en Bogotá, y el rompimiento de relaciones con Cuba, en el gobierno revolucionario del presidente Fidel Castro quien había ascendido al poder el 1º de enero de 1959.

“Nos opusimos a la Alianza para el Progreso por la penetración yanqui en nuestro país y por ser una de las tácticas del imperialismo para tratar de evitar la influencia de la revolución cubana en América Latina. Nosotros no desligamos los problemas internacionales de los nacionales, eso es imposible y es anticientífico. Así como entendemos que la represión espantosa y violenta desde el 46 en adelante está ligada, no solamente a problemas internos de Colombia - liberales y conservadores peleándose las posiciones del Estado - sino a la Guerra Fría. Su efecto en Colombia ha sido la violencia y todos la hemos padecido. En ese momento era muy grande la influencia de la Unión Soviética, y luego viene la de Cuba con semejante peso en América Latina. Ahí se asustaron los gringos e inventaron la Alianza para el Progreso. Entendieron, por lo menos, que el problema no era solamente matar gente, sino que había que hacer algo favorable a estos pueblos. Pero no llegaron a la verdadera médula de la reforma que había que hacer. Permanentemente denuncié estas realidades dentro de un trabajo político respetado.

“A decir verdad, en el gobierno de Lleras yo no tuve ninguna persecución. El problema era que uno siempre se tropezaba con una política hipócrita, pero de todas maneras con cierto ambiente de libertades. Por ejemplo, hay este detalle: a finales de su gobierno, los militares resolvieron atacar a Marquetalia, a los guerrilleros del sur del Tolima que estaban, como todos en esa época, sin usar armas ni cosa parecida, dedicados a labores propias de la agricultura. Nosotros consideramos que eso era el comienzo de una nueva política de violencia en Colombia. Y así se lo manifesté al ministro de gobierno, Fernando Londoño y Londoño. Le dije: ‘Mire Fernando, es que ustedes quieren volver al conflicto armado, a la violencia en Colombia?’. Me respondió: ‘No, de ninguna manera, cómo dice eso’. Entonces le informé que el ejército estaba atacando y me responde para sorpresa mía: ‘No, el gobierno no conoce eso y no está de acuerdo con lo que me cuenta’. Bueno, y resultó que era cierto. Eso fue una acción de los militares sin consultar a Lleras Camargo. Y tuvieron que suspender el ataque”.

El gobierno de Alberto Lleras finaliza, con base en informaciones de prensa, poniéndole precio a la cabeza de Manuel Marulanda Vélez, comandante de la guerrilla de Marquetalia; garantizando la alternatividad con el voto en las urnas al candidato del partido conservador, Guillermo León Valencia; y entregándole el poder y el país sin estado de sitio. De los 48 meses de su mandato, cuatro gobernó en estado de sitio, 36 en estado de sitio parcial en las regiones políticamente convulsionadas y ocho con plenas libertades democráticas.

Segunda Presidencia del Frente Nacional

Guillermo León Valencia 1962-1966

Pacificación a “Sangre y fuego”

En el gobierno de Guillermo León Valencia 1962-1966, que se llamó Gobierno de la Paz, nacen los movimientos guerrilleros vigentes aún hoy, 35 años después: las Farc y el ELN. También entra en escena el Frente Unido, movimiento político del sociólogo, padre Camilo Torres. Para Gilberto Vieira, el presidente Valencia tiene una gran responsabilidad histórica en la creación del movimiento guerrillero, por lo menos, por la persecución en las zonas del sur del Tolima, que estaban en paz hasta ese momento.

“Creo que el gobierno de Guillermo León Valencia fue el más malo de todos y el más débil. No porque me pasara nada a mí, sino porque se dejó convencer de Álvaro Gómez de acabar con Marquetalia, Riochiquito, El Pato y Guayabero a los que él, desde el Senado, llamó ‘repúblicas independientes’. Pedía acabarlas a sangre y fuego, como era la consigna de los conservadores, porque sus habitantes no aceptaban a las autoridades militares. A la vez los gringos, que controlaban el ejército -no hay que olvidarlo- estaban dando pasos para la aplicación de un plan especial elaborado por los estrategas norteamericanos contra los sectores que se alzaran en armas en América Latina. Todo esto por miedo a la revolución cubana. Se llamó el Plan Laso, Latin American Security Operation, plan que pudimos conocer porque nos lo proporcionó un oficial del ejército, un buen amigo nuestro. Y que comenzaba con el ataque a Marquetalia, ese pueblecito de antiguos guerrilleros comunistas que se habían dedicado a la colonización agrícola en un periodo que hubo de cierta distensión de las luchas armadas.

“En mayo de 1964 vino la gran ofensiva militar. Fue una acción realmente muy grande que movilizó a 16 mil hombres del ejército y a toda una flotilla de aviones de los Estados Unidos, enviada desde la zona del canal de Panamá, con pilotos norteamericanos. No olvidemos que todo esto lo publicó la revista Life, con fotografías espectaculares, y fue filmado por dos cinematografistas franceses, documental que conserva el Patrimonio Fílmico Nacional. El coronel Gustavo Matallana, el hoy tan conocido general Matallana, era el comandante de tropas. Este general es un caso muy interesante, un militar que fue un duro en la lucha contra la guerrilla y luego cambió de opinión. Sí, es muy curioso que luego de que se bajan el uniforme, cambien de modo de pensar. Y el señor Guillermo León Valencia apoyó todo eso: fue cuando empezó a decir que él era el presidente de la paz, que él había acabado con las ‘repúblicas independientes’; hizo la bufonería más ridícula para complacer a los militares. A mí me pareció todo ese gobierno un desastre. La Operación Marquetalia fue la más grande, devastadora y triste acción contra los campesinos, con violaciones a mujeres, torturas, asesinatos y destrucción de pueblos. La guerrilla acorralada, pero invencible, se internó en la selva donde empezó a ejercer su centro de operaciones”.

Las Farc

De organización de ‘autodefensa de masas’, el movimiento armado orientado por el PC y comandado por Manuel Marulanda Vélez pasó a guerrilla campesina en la lucha armada. Luego optó por el nombre de Bloque Sur y en la Segunda Conferencia Guerrillera del Bloque Sur, celebrada entre el 25 de abril al 5 de mayo de 1966, decidieron constituirse en Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc. Los escenarios donde se movía Manuel Marulanda Vélez -zona montañosa y selvática donde convergen los departamentos del Tolima, Huila y Valle del Cauca y cuyo epicentro era la población de Marquetalia- fueron visitados en varias ocasiones por el ideólogo y político Gilberto Vieira. Allí conoció a Marulanda Vélez.

“A Manuel Marulanda lo conocí hace bastante tiempo en una conferencia de guerrilleros que se organizó en el sur del Tolima, todavía en la época de los gobiernos conservadores. Tratábamos de hacer una reunión de guerrilleros liberales y comunistas. Era un hombre muy serio, que meditaba mucho sus pasos, pero en ese momento no creí que se iba a convertir en el dirigente supremo de un movimiento guerrillero. Estaba joven, era un aserrador en la región de Chaparral. Era originario del Quindío, y le tocó ver las atrocidades de la política de “Sangre y fuego” conservadora, que afectó mucho a su familia y a él, por supuesto. Se unió al movimiento guerrillero liberal y desde entonces mostró su coraje y su astucia. Pero al cabo de un tiempo entró en divergencia con los dirigentes liberales de la guerrilla y creó su propio movimiento: ¡Ese joven campesino, violentado y rebelde, es el Marulanda de hoy!”

Jacobo Arenas, otro guerrillero legendario de las Farc, compañero de Marulanda Vélez, es el escritor del Diario de la Resistencia de Marquetalia y el orientador político del PC de las llamadas entonces Autodefensas Campesinas. Para Gilberto Vieira, Arenas fue otro de los camaradas más destacados, no sólo del PC sino de la guerrilla colombiana.

“La historia de Jacobo Arenas es muy interesante. En realidad, se llamaba Luis Morantes. Era un dirigente muy destacado, miembro de la dirección nacional del PC. Venía de Santander, oriundo de Bucaramanga. En Bogotá, igualmente, sobresalió en su trabajo político. Se le admiró por la forma decidida y clara de encarar los asuntos. Cuando se supo del ataque a Marquetalia y ante la necesidad de orientar políticamente a los campesinos, decidimos enviar a Luis Morantes. Se fue, allá se quedó y cambió su nombre por el de Jacobo Arenas. Se volvió un gran dirigente guerrillero. Le aprendió todas las estrategias y tácticas de guerrilla a Manuel Marulanda y se convirtió en su álter ego. Resultó un comandante muy importante. En realidad, era un dirigente del partido comunista mucho más ideólogo, más político que Marulanda. Siempre se preocupó por su preparación intelectual, por ejemplo, estuvo en un curso político -no militar- en Moscú. Por eso no había ninguna posibilidad de rivalidad en el mando y en el manejo de la guerrilla”.

Los secretos de cursos y entrenamientos

Siempre han sido un secreto bien guardado, y por lo tanto lleno de interrogantes y sospechas, los cursos políticos, pero sobre todo los militares y los entrenamientos a los guerrilleros. También la relación directa o indirecta de las Farc con el partido comunista, línea Moscú. Gilberto Vieira, cauteloso y discreto como siempre lo ha sido, revela algunas estrategias y niega cualquier injerencia de la antigua Unión Soviética en la lucha armada colombiana.

“El PC entendió, desde el principio, que no era posible dirigir la lucha guerrillera desde Bogotá. Ese era un problema de los dirigentes de la guerrilla. Y aunque nosotros políticamente la justificábamos, la verdad es que nunca pretendimos dirigirla. Como generalmente los guerrilleros estaban en la clandestinidad, nosotros hacíamos los cursos en regiones campesinas donde la organización comunista era fuerte. Participaban distintos dirigentes regionales del partido y los cursos eran eminentemente políticos. Se enseñaban las bases ideológicas del marxismo y en qué consistía la lucha popular en Colombia. El PC siempre sostuvo la tesis de que había que lograr una combinación de todas las formas de lucha, que existía la lucha armada pero que ésta no bastaba. Era necesario impulsar la lucha de masas, sindicales y reivindicativas, que ha sido y sigue siendo la política del PC. En Moscú había también, en esa época, lo que llamaban una escuela de cuadros. No era una escuela militar, era una escuela política. Se estudiaba marxismo y toda la experiencia soviética en los órdenes político, social y económico. Precisamente en uno de esos cursos estuvo Jacobo Arenas. Los cursos militares los hicieron ellos, los mismos guerrilleros, porque el PC no tenía ni esos objetivos, ni los conocimientos militares. De manera que los militares surgieron de la propia guerrilla. Entre otras cosas, los soviéticos eran tremendamente cuidadosos. Ellos no intervenían en luchas armadas de otros países, esa es la verdad. Incluso, en mi opinión, los dirigentes soviéticos nunca entendieron el sentido del movimiento guerrillero colombiano. Yo se los expliqué muchas veces y mi convicción es que no entendieron la importancia que tenía. Es más: no lo apoyaban. Por lo tanto, la estrategia militar, financiación y sostenimiento es lo más asombroso salen de la guerrilla. La guerrilla comunista crea sus propios medios”.

 Así como Gilberto Vieira propugna la necesidad de combinar las formas de lucha como estrategia política, así mismo es enfático en sostener que no se deben mezclar. De ahí que él nunca participara en entrenamientos militares. Y por su carácter político e intelectual, mucho menos podía, ni aún joven, pensar en empuñar un fusil.

“Nunca tuve esas aficiones, ni esas veleidades, ni esas capacidades. Yo comprendía que la lucha guerrillera exigía una dedicación total, absoluta y que había que disfrutar de muy buena salud, entre otras cosas, para estar en esa lucha tan complicada, y andar de un lado a otro y dormir o no dormir. De manera que nunca tuve la vana idea de pensar que yo podía, como persona, combinar la lucha política con la lucha guerrillera armada. Tajantemente había planteado que se debían combinar las formas de lucha, pero que no se debían mezclar. Y la persona que fuera dirigente político o sindical no podía dedicarse al mismo tiempo a la lucha armada. Eso lo conocían muy bien los dirigentes de la guerrilla comunista. Por eso nunca me invitaron a unirme a sus filas, lo que no significa que yo no los hubiera visitado. Peligroso como era, y lo sigue siendo, cuando iba tomaba todas las precauciones para que no me pudieran seguir y, con mucho tino y cuidado, allá llegaba en mula. No había otra forma de ir a esas regiones alzadas en armas”.

Primero, en el campo, fueron las luchas por posesión de tierras; en la ciudad, las sindicales, por reivindicaciones salariales y sociales. Y en algún momento se planteó la toma del poder. Objetivo real o no, siempre ha estado en la mira de la guerrilla y también en la de los dirigentes comunistas.

“En esos momentos los planteamientos eran teóricos, porque éramos conscientes de que en Colombia no se había llegado a la madurez política revolucionaria como para considerarla realmente. La revolución cubana trajo un gran entusiasmo en términos generales y muchas ilusiones de repetir la hazaña de Fidel Castro y del Che Guevara. Entonces, se extendió la tesis en la izquierda, e incluso entre los comunistas, de que la única forma de lucha, la única, debía ser la armada. Con eso nunca estuvo de acuerdo el partido porque, repito, precisamente preconizaba que había que practicar todas las formas de lucha, la lucha de masas, no una lucha terrorista, ni mucho menos. Hoy hay que esperar, pacientemente, los resultados de las negociaciones de paz”.

Asaltos, secuestros y las distintas formas de apropiación de bienes que se conocen son, para Vieira, fuentes de financiación y sostenimiento de las Farc. Pero se reafirma en que no hubo financiación internacional. Tampoco del Partido Comunista Colombiano.

“Al comienzo de la guerrilla no hubo secuestros y, si los hubo, fueron completamente aislados. Había asaltos y ataques a Cajas Agrarias y otras entidades para coger dinero. Los secuestros comienzan con el M-19, el ‘eme’. Ese movimiento fue el gran maestro de los secuestros y como les fue tan bien, desgraciadamente, los imitaron en las Farc y en los grupos que han surgido y se mantienen, en el ELN y en el EPL, Ejército Popular de Liberación. Pero, repito, el gran maestro del secuestro fue el ‘eme’”.

Entre la dirección política del PC y el pensamiento político de las Farc se habló de discrepancias ideológicas e incluso disciplinarias que difícilmente se confirman. Gilberto Vieira hace algunos reconocimientos.

“Yo diría que las relaciones -sin rupturas o situaciones traumáticas- siempre son muy complicadas. Naturalmente que sí hubo divergencias, pero se resolvían, después de los debates normales. Recientemente hubo una diferencia de posiciones y criterios políticos, que puede servir de ejemplo (Vieira sostiene este diálogo en febrero de 1998): Las Farc boicotearon el debate electoral pasado y usaron métodos con los que nosotros no estamos de acuerdo, como el que la gente no pudiera votar en las regiones. Cada cual por su lado hizo el debate electoral, y la prueba es que nosotros aquí, en Bogotá, elegimos un concejal y en Arauca se logró un gran éxito electoral, de manera que ahí se ve claramente que el partido no apoya en un 100% a la guerrilla. Tampoco es cierto que el partido sea el ‘brazo político de la guerrilla’, que es lo que nos han endilgado siempre. Lo que pasa es que nosotros entendemos su importancia, eso sí, y la reconocemos públicamente.

“A mí me tocó, durante todo ese largo periodo parlamentario, una cantidad de debates con los ministros de Defensa sobre el problema de las Farc y del partido. Me acuerdo uno con el general Landazábal. Tronaba el general diciendo que los guerrilleros tenían que entregar las armas y le dije ‘vea general, no se haga ilusiones; los guerrilleros puede que dejen de luchar, pero no van a entregar las armas’. Entonces este Landazábal se pone bravo y me dice: ‘Pues que no entreguen las armas, pero que no las usen’. Menciono esto para significar que el partido puede tener un pensamiento, pero las decisiones en su terreno y en la guerra, las toman ellos. De todas maneras, veo que el desarrollo de las fuerzas revolucionarias del país es muy serio y creciente. Yo creo que el pueblo colombiano espera un proceso de paz que pueda llevar a unas reformas sociales que está clamando desde hace 50 años, y que son las que pueden traer un cambio revolucionario en Colombia. Pero lo que no se puede discutir es el crecimiento y el poderío del movimiento guerrillero. El dominio que tienen en una cantidad de regiones del país es muy grande, es algo increíble, sencillamente. Otra cosa es que uno pueda estar o no de acuerdo con los procedimientos de ellos. Claro, nosotros quisiéramos un cambio más sencillo, menos costoso en vidas y en todo lo demás, pero desgraciadamente las cosas son como son”.

El ELN

Igualmente, durante el gobierno de Guillermo León Valencia nace el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Y, simultáneamente, un sacerdote sociólogo de la Universidad de Lovaina y profesor y capellán de la Universidad Nacional de Colombia, el padre Camilo Torres, funda el Frente Unido. Se enfrenta al sistema político y a su propia Iglesia. Deja la sotana y toma el fusil en las montañas de Santander, donde actúa el ELN bajo la dirección de Fabio Vásquez Castaño.

“El ELN se crea cuatro o cinco meses después de la proclamación formal de las Farc. Tiene un origen distinto, porque viene por influencia directa de la revolución cubana. Sus orígenes se remontan a 1961 cuando jóvenes colombianos regresan de Cuba, de estudiar. Fidel Castro, en un arrebato de entusiasmo, dijo que daría miles de becas y se fueron muchos que, imbuidos del éxito de la revolución, volvieron con el ánimo de repetir lo que hicieron Fidel y el Che Guevara en la isla. En el comienzo, un estudiante llamado Antonio Larrota trató de hacer una guerrilla en el Valle del Cauca, pero resultó ser un joven sumamente incauto. Le dijeron que se uniera a un guerrillero que tenía el apodo de ‘Tijeras’ y ese tipo era un peligroso salteador. Así que cuando este muchacho va a buscarlo, lo mata. Después, de un grupo grande de la Universidad Nacional se formó un gran movimiento estudiantil que en realidad fue el que dio origen al ELN. En enero de 1965 Fabio Vázquez Castaño y Víctor Medina Morón se encargaron de la organización militar y del trabajo en las montañas santandereanas. Hay que reconocer que la única guerrilla que duró, fuera de las Farc, fue el ELN. Ha demostrado que es una fuerza importante, con influencias variadas y muy curiosas; la cubana es muy grande, pero también la influencia de un sector de la iglesia católica. No tuvo dirigentes comunistas, logró desarrollarse y mantenerse sin respaldo político grande y fuerte como sí lo tuvo las Farc del PC. Tampoco ha hecho un trabajo político, digamos nacional, sino en determinadas zonas, donde se ha fortalecido mucho. Intentaron un trabajo político en las ciudades y formaron un movimiento llamado A Luchar, que en un momento pareció fortalecerse, pero que se fue disolviendo y ya no juega ningún papel. Lo admirable es que, a pesar de todos estos altibajos, el ELN se mantiene”.

En el mundo causa conmoción una modalidad de secuestro que nace en Colombia: el secuestro aéreo. Aviones grandes y pequeños con pasajeros son desviados de sus itinerarios normales y, por lo general, llevados a Cuba. Los secuestros son en su mayoría perpetrados por el ELN. Gilberto Vieira, sin querer recabar en la violación de los derechos humanos a las poblaciones campesinas e indígenas de varias regiones del país, prefiere hacer el resumen del gobierno conservador del presidente Valencia con una anécdota.

“Del gobierno de Valencia sólo encuentro para destacar anécdotas, como la de gritarle en el banquete al presidente de Francia, el general Charles De Gaulle, cuando estuvo en Bogotá: ‘¡Viva España!’. La visita era un acercamiento de Francia a América Latina. Francamente creo que el general De Gaulle sí intentó una política independiente de Francia. No se sometió a los Estados Unidos y hasta ahora Francia no está en la Otan, Tratado del Atlántico Norte. ¡Esa es la herencia del general! Por lo tanto, en ese gobierno nosotros permanecimos haciendo crítica continua y acción continua. Y hubo acción, porque de todas maneras fomentábamos toda clase de movilizaciones, de huelgas. No solamente obreras, también estudiantiles. En esa época había una gran combatividad por parte de los estudiantes, cosa que no sucede ahora”.

El presidente Guillermo León Valencia termina su mandato con protestas estudiantiles, sindicales y de intelectuales por el comunicado del ELN que informa sobre la muerte -el l5 de febrero de 1966- del sacerdote guerrillero Camilo Torres en combate con el ejército de la V Brigada de Bucaramanga, bajo la comandancia del general Álvaro Valencia Tovar. Otro comunicado del Frente Sur da cuenta de que se han constituido como guerrilla con el nombre de Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc. En sus bases programáticas, al igual que el ELN, aparece como punto principal la reforma agraria efectiva. En las plazas públicas de Colombia se vuelven a agitar las banderas rojas: el fervor liberal renace para la campaña electoral de Carlos Lleras Restrepo, antiguo líder y caudillo de la lucha contra la Violencia. El presidente Valencia entrega el país en estado de sitio. Treinta y dos meses gobernó con garantías plenas constitucionales, es decir, solamente durante 16 meses estuvo el país en estado de sitio.

Tercera presidencia del Frente Nacional

Carlos Lleras Restrepo 1966-1970

Un hombre de Estado

Carlos Lleras recibe el país el 7 de agosto de 1966 en estado de sitio y lo mantiene así hasta diciembre de 1968. Hace reformas que venía reclamando la oposición: la agraria y la modernización del Estado. Crea institutos descentralizados, paralelos a los ministerios, para reforzar y agilizar la administración pública. En el campo internacional recibe en agosto de 1968 al Papa Pablo VI, un hecho que se convierte en acontecimiento mundial. En este mismo año crea la Junta del Acuerdo de Cartagena, el Pacto Andino, con el encuentro en el país de cinco jefes de estado. Al final de su mandato, el 19 de mayo de 1970 cuando se elige a Misael Pastrana Borrero nuevo presidente, afronta el levantamiento popular de la Alianza Nacional Popular, Anapo, movimiento que reclamaba el triunfo electoral para el general Gustavo Rojas Pinilla, quien había recobrado sus plenos derechos ciudadanos.

“Con Carlos Lleras nos conocimos jóvenes en el Concejo de Bogotá. Desde entonces se ganó el caudal electoral de la capital y mostró sus garras de líder en los recintos y en la plaza pública. Reconozco que era un hombre muy capaz, dominaba completamente los temas de economía y era caso excepcional en estos políticos, liberales o conservadores. Entendía el problema del campo y la necesidad de una reforma agraria que tenía clara, desde muy temprano, en su carrera política. Desde luego, ella estaba ligada a su politiquería, porque era un manzanillo liberal de tiempo completo. Sí, ni más ni menos. Era tan hábil que, siendo secretario de Hacienda de la gobernación de Cundinamarca, en el gobierno liberal de Olaya Herrera, dio un triple golpe político en Fusagasugá en el sector del Chocho, una inmensa hacienda de los Caballero. Primero, solucionó el problema de tierras, parcelándolas; segundo, se ganó el apoyo de toda la población y tercero, le quitó por completo la base a Gaitán, que ya tenía su fortín político con el Unir, su movimiento que trataba de consolidar como partido. Lleras entendió siempre el problema del latifundio. Es que prácticamente Colombia era un latifundio en manos, claro está, de algunos. Por eso se empecinó en hacer una reforma agraria. Ahora, ya de presidente, Carlos Lleras creó la Asociación de Usuarios Campesinos, ANUC, la organizó, la financió y la ayudó y es cuando intenta aclimatar una reforma agraria en Colombia, pero los sectores reaccionarios -conservadores y liberales- hacen su pacto en el Tolima con el Acuerdo de Chicoral, echando todo por tierra. Lo que él hizo en redistribución de tierras y en programas de desarrollo, se lo tumbó su sucesor Pastrana Borrero. Pero no solamente lo que había hecho Lleras, también lo que había hecho López Pumarejo. Esa gente no preveía semejante volcán que iba a explotar en el país”.

El sindicalismo

Con la reforma agraria y con los sectores campesinos más radicales surge otra ANUC, el ala izquierda que pretendía programas más ágiles, más revolucionarios para el campo, que los que adelantaba el gobierno del presidente Lleras. Sin embargo, Vieira reconoce que la ANUC dirigida desde el gobierno fue una organización amplia, campesina y de carácter sindical.

“En la Anuc rebelde, la llamada ala izquierda, entramos como oposición a hacer un trabajo sindical interesante. Se avanzó mucho en la lucha contra el latifundio a base, bien de invasiones, bien de negociaciones. El PC ya tenía una larga trayectoria de trabajo político con el campesinado y se logró con ellos un movimiento amplio. Se luchó siempre contra su explotación, lo mismo que contra la de los indígenas. Hay que reconocer que el movimiento indígena en sus diferentes etapas ha alcanzado logros sustantivos. Se organizó seriamente con la ayuda de fundaciones holandesas y de ahí surgió el Cric, Consejo Regional Indígena del Cauca, que ha llegado a conseguir espacios políticos importantes como los escaños en el Congreso de la República.

“Si bien es cierto que nuestro trabajo fuerte estaba en el campo, vale la pena recordar que el PC también estuvo siempre presente ante la masa obrera y trabajamos mucho en la orientación sindical, tanto en la preparación de cuadros como en las huelgas. El fenómeno de la politización de la clase obrera y su ascenso al poder como grupo de presión en la recomposición de un Estado moderno, realmente es difícil de explicar. La clase patronal, digamos, la clase capitalista en Colombia ha demostrado una gran capacidad para destruir sindicatos. Ha hecho un verdadero terrorismo antisindical entre los obreros. Entonces, la verdad es que no hay un movimiento sindical muy poderoso en Colombia, aun cuando sí hay algunas organizaciones fuertes. Están FECODE , Federación Colombiana de Educadores y la USO, Unión Sindical Obrera, para no citar más. Cómo será que hasta desaparecieron los sindicatos católicos. Reconozco que la gran capacidad para destruir sindicatos de la clase capitalista colombiana ha limitado la influencia del PC. Hay huelgas muy grandes de educadores, de empleados del Estado, pero en la industria privada muy poco, porque el movimiento obrero, los sindicatos, los obreros están absolutamente aplastados. Y cuando se quieren organizar y levantar como en las grandes huelgas de las azucareras, o los despiden o los asesinan. ¡Y no solamente a los comunistas militantes!

“En Colombia han asesinado a una cantidad enorme de dirigentes sindicales. Todo comenzó en el Valle del Cauca con los dirigentes de los sindicatos azucareros. Hoy existen remedos de sindicatos manejados por el patrón. El Estado no ha entendido que tiene que garantizar el trabajo y el bienestar de los trabajadores. Por ejemplo, el Ministerio del Trabajo ha sido un cómplice absoluto de la política de destrucción de sindicatos y de asesinatos de dirigentes sindicales. Esa es una de las situaciones más graves que hay en Colombia: la complicidad del Estado con el terrorismo contra los trabajadores, contra la izquierda. Y no me refiero sólo a los gobiernos del Frente Nacional. Digamos que el gobierno de Turbay Ayala fue terrible. Tampoco excluyo el de López Michelsen, al que se le logró organizar una huelga general de protesta en 1977. Fue la más grande, que yo recuerde. Pero es increíble la inconsecuencia de los dirigentes liberales: López Michelsen se presentaba como un hombre de avanzada con el MRL y después, en su gobierno, fue todo lo contrario”.

Algo más que anécdotas

Recordar es vivir. Lo confirma Gilberto Vieira quien, en su exilio voluntario en la cumbre de su vida recuerda, sin apasionamientos, los peligros por los que atravesó, gracias a la persecución de los militares y a la debilidad de los gobernantes. En el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, soportó un encarcelamiento de cincuenta días, mientras su familia tenía que actuar en circunstancias dolorosas para evitar su envío a una colonia penal. Hoy, Vieira lo refiere a manera de anécdota.

“Es muy curioso. Personalmente mis relaciones con Carlos Lleras no eran buenas, ni malas, eran muy débiles. En 1968, cuando él era presidente, me metieron preso y conmigo a mucha gente del partido y de la izquierda en general, por otra presunción: una acción de las Farc en el Huila, muy fuerte, en contra del ejército, coincidió con otra del ELN en Santander, también contra el ejército. Entonces los militares se indignaron y asustaron mucho, diciendo ‘esta gente se ha unido para atacarnos’. Le exigieron entonces a Lleras Restrepo, según supimos, ‘o usted toma medidas contra los comunistas, o las vamos a tomar nosotros los militares directamente’. Bueno, entonces Lleras resolvió aplicarnos el artículo 28 de la Constitución de la época. Me retuvieron con una cantidad de camaradas y de gente liberal de izquierda y gracias a mi mamá, la pobre vieja que se había ido a visitar a Lleras para que no nos mandaran al destierro, consiguió que no me fueran enviaran a Orocué, pues ese era el plan. Mi mamá, que estoy seguro fue acompañada de Cecilia, no le pidió que me dejaran libre, sino que no me fueran a mandar a Orocué; y le contó una historia de esas de las familias, según la cual, en la época de la Regeneración de Núñez, a un pariente, un señor Uribe, lo habían mandado allá, se había enfermado y muerto. Que dizque Lleras la oyó cuidadosamente, no dijo nada, pero el hecho fue que no nos mandaron a Orocué. Y esto, a decir verdad, era algo que ya tenían resuelto. Sí. Cómo sería que, a Germán Zea, que era ministro de Gobierno, un periodista le preguntó que si nos iban a mandar siempre a Orocué y Zea le dijo, ‘cómo así?, ¿es qué no están ya allá?’. Así fue, ya era una orden dada. Pero lo más simpático de todo es cuando, años después del carcelazo, recibo una llamada telefónica de Carlos Lleras. Me dice: ‘Mira Gilberto, tú sabes que a mí me quemaron la casa, mis libros y mis archivos y yo estoy escribiendo mis memorias, entonces quiero que tú me ayudes sobre el período de López Pumarejo, de cómo fue la creación de la central sindical, cómo fue el apoyo de López a los sindicatos’. Le acepté la invitación a su casa, estuvimos toda una mañana conversando, le di todos los datos que quería y al despedirme le recordé que me había tenido preso 50 días y Lleras por toda respuesta me dice ‘¿Tanto tiempo?’ ¡Típico de él!”

Y como todas las retenciones, dolorosas, Vieira recuerda que los instalaron en un salón, mezclados con los detectives, en las instalaciones del DAS. Que la comida se la llevaba Cecilia y que sólo podía recibir visitas los domingos. Se refiere también a las reacciones de la guerrilla y de la prensa liberal.

“La guerrilla protestaba, lo que era peor porque en ese momento no tenía la fuerza que tiene ahora. Es que el crecimiento de la guerrilla en los últimos años es algo asombroso. Bueno, reconozco que el periódico que tuvo una buena actitud fue El Espectador, evidentemente. Denunció el hecho y nos defendió. Tengo deudas de gratitud con este diario, pues siempre se ceñía a la verdad y se atrevía a denunciar. Pero El Tiempo, como siempre, apoyaba lo que le decían los servicios secretos. Tradicionalmente, El Tiempo juega un papel muy serio. Como decía en su época Juan Lozano: el papel de gran desorientador en la política. Los señores de El Tiempo se han acostumbrado a que ellos manejan el país y de algún modo es cierto porque el periódico se ha mantenido estable, los liberales lo leen y le creen. Y esto llevó a crear toda una escuela que manipula y tergiversa hasta llegar a los medios de ahora, cuyo periodismo es espantoso. La información es del gran capital de los grupos económicos. Antes no era así, porque el mismo Tiempo era factor de poder, pero no más. El Espectador era mucho más independiente. La gran influencia de opinión estaba en los medios impresos. La radio tenía algunos noticieros al mediodía y por la noche, la televisión salía al aire con un programa de opinión y un noticiero. Era otra cosa el periodismo, así el monopolio se concentrara en Bogotá. La evolución de los medios con las nuevas tecnologías ha sido lamentablemente grave”.

La Anapo

Al general Gustavo Rojas Pinilla se le desterró, volvió al país y el Senado lo juzgó y lo condenó. Se le dio por cárcel el mar, en la Fragata Capitán Tono de la Armada Nacional anclada en aguas territoriales. Fue declarado indigno y perdió todos sus derechos. Al término de su corta condena recobró la libertad y sus plenos derechos ciudadanos. Con su hija María Eugenia Rojas crea la Anapo, un movimiento formado con antiguos dirigentes de su dictadura y con disidentes de todas las tendencias políticas que no compartían el sistema del Frente Nacional.

“Con Rojas Pinilla surge una nueva situación. Decide fundar un partido dirigido por él, la Anapo, atado al sistema del monopolio paritario liberal-conservador, porque había la Anapo liberal y la Anapo conservadora. Así, el general lanza su candidatura presidencial. Se inscribe como conservador, porque el candidato sólo podía ser o liberal o conservador. Nosotros no apoyamos esa candidatura, no íbamos a prestarnos a semejante cosa. Hubo en el partido quienes proponían que se votara, pero en su conjunto no se aceptó. Lo que pasa es que la Anapo fue recogiendo el descontento popular, muy grande, por cierto, contra los gobiernos de la época y se formó como un gran movimiento que resultó importantísimo. Rojas se inscribe y obtiene semejante votación: ¡gana las elecciones!”

El presidente Carlos Lleras afrontó al término de su periodo, cuando se elegía su sucesor y último presidente del Frente Nacional, el 19 de abril de 1970, y los días subsiguientes, un conato de rebelión ciudadana que hizo tambalear la estabilidad democrática del Frente Nacional. El casi empate electoral de los candidatos, el oficialista Misael Pastrana Borrero y el de la oposición, el general Gustavo Rojas Pinilla, llevó a los seguidores del general a denunciar fraude y a reclamar su presidencia, con manifestaciones callejeras, exaltaciones de ánimo y amenazas de toma del poder. Lleras decretó toque de queda, estado de sitio y con ayuda diplomática, la Nunciatura Apostólica, consiguió que la Anapo aceptara al presidente electo, Misael Pastrana.

“Carlos Lleras no podía de ninguna manera darle el triunfo al general Rojas. Primero por lo que fue, dictador, y segundo por lo que representaba el propio Lleras, el bipartidismo, la oligarquía, en fin, el sistema. Pero repito, fue un hombre de carácter y actuó en el momento de la crisis generada por la Anapo con decisión, con capacidad de gobernante. Como se ve, ¡Lleras fue un tipo a quien no se le puede desconocer su capacidad, pero tampoco su arbitrariedad!”

El presidente Carlos Lleras Restrepo termina su periodo presidencial con huelgas, despidos y encarcelamientos a obreros de fábricas y a estudiantes de todas las universidades del país. El ejército los allana, y se producen cierres o clausuras como el de la Universidad Nacional con tomas del ejército. Algunos personajes denunciados reiterativamente en la mayoría de los gobiernos, por la persecución a campesinos, vuelven a ser acusados: el coronel Gustavo Matallana, comandante de Brigada del Tolima, de sembrar el terror con la detención de más de quinientos campesinos; el terrateniente del Cesar, Alberto Marulanda Grillo, de despojar de tierras a más de ochocientas familias campesinas y en Planas en el Vichada, latifundistas y ejército son acusados del exterminio de los indígenas Guahibos, hecho que merece toda la atención de la prensa. Marchas de estudiantes y de trabajadores de la cultura por atropellos a gente del teatro, llevan a Lleras el 20 de julio a decretar estado de sitio. En los 48 meses de gobierno, 32 fueron en estado de sitio, siete en estado de sitio parcial en las regiones convulsionadas políticamente y nueve con garantías plenas constitucionales.

 

Cuarta presidencia del Frente Nacional

Misael Pastrana Borrero 1970 - 1974

Último mandato

El presidente conservador, Misael Pastrana Borrero, asciende a la jefatura del Estado el 7 de agosto de 1970 con el país en estado de sitio y con un nuevo escenario político: la aparición del Movimiento 19 de abril, M-19. Pastrana crea el Sistema de Ahorro y Vivienda, UPAC. Con un documento llamado Acuerdo de Chicoral, suprime la Reforma Agraria emprendida por su antecesor Lleras Restrepo. En vista del fracaso agrario, ANUC anuncia la recuperación de tierras. Los distintos grupos guerrilleros asaltan pueblos, realizan secuestros y proclaman en sus arengas la toma del poder. Organizaciones defensoras de derechos humanos nacionales e internacionales denuncian persecución a la izquierda y a los intelectuales y por sus encarcelamientos piden la libertad. Entre ellos figuran los cinematografistas Carlos Álvarez, Julia de Álvarez y Gabriela Samper.

“Pastrana fue un tipo bastante anodino, aun cuando fue muy hábil en el manejo burocrático. Gobernó completamente al servicio de los capitalistas y de los gringos. Subió a la Presidencia representando a la clase empresarial, a la oligarquía. Realmente yo no tuve problemas de persecución directa con él pero tampoco podía aceptar su política excluyente, el manejo económico y financiero, el Upac, en fin, todo lo que impuso su gestión. ¡Eso de acabar con lo poco que hizo su antecesor en materia agraria, es imperdonable! Tampoco podía aceptar la persecución, encarcelamiento y sojuzgamiento de la izquierda. Los atropellos a los intelectuales ¡son inolvidables!”

La Anapo, fortalecida en el gobierno del presidente Pastrana, lanza candidatos para las corporaciones públicas y para la próxima Presidencia de la República. El partido comunista hace alianzas.

“La Anapo continuó en su trabajo proselitista. Entonces, ya crecida, tuvo una tendencia de izquierda, revolucionaria, que fue la que los comunistas apoyamos. Cuando definitivamente se separó del ala derecha, nosotros resolvimos, con todas las izquierdas, respaldar la candidatura de Hernando Echeverry Mejía. Lamentablemente la votación no fue alta. Nosotros continuamos manteniendo algunas relaciones, algunos entendimientos electorales. Nos acercamos a María Eugenia Rojas, la hija del general, que era la verdadera líder. Nos reuníamos en su casa a conversar. Resultó un fenómeno político y, como mujer, una persona muy agradable. Surgió desde la dictadura de su padre y trató de imitar a Evita Perón. Si hubiera sido candidata, hubiéramos llamado a votar por ella. Es una mujer muy hábil y tiene una actitud muy democrática. Sus hijos están demostrando gran capacidad política, han resultado, en general, buena gente. Pero la Anapo de repente se fue esfumando, hasta que se esfumó definitivamente”.

Las alianzas

A raíz de lo que Vieira y los anapistas llaman el robo de las elecciones al general Rojas, surge otro grupo guerrillero, el “eme”, creado por Jaime Bateman y dirigentes de todas las tendencias de la Anapo; también del PC. El “eme” se suma a los dos grupos existentes, las Farc y el ELN. Gilberto Vieira los analiza y explica por qué no fueron posibles las alianzas entre los grupos guerrilleros, a pesar de tener como telón de fondo el comunismo. Moscú y Cuba marcaron las pautas. Años más tarde, en la década de los ochenta, se creó la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, entre los distintos grupos alzados en armas.

“A Cuba siempre le ha interesado más el ELN. Obedece a la teoría de que en América no resultaba el proyecto de una revolución dirigida por comunistas. Tenía que ser otro partido, que no fuera el comunista, el que liderara la política hasta llegar al poder. Tiempo después esa teoría pareció confirmarse en Nicaragua. Por eso los cubanos no le prestaron atención a las Farc. Con el PCC, es bueno decirlo, las relaciones con Cuba, en general, siempre han sido buenas. Nosotros hemos evitado la ruptura, hemos sido comprensivos con la política cubana. Pero la verdad es que no ha habido ninguna posición de ellos hacia las Farc. Por el contrario, con el ELN sí tuvieron contacto permanente, también con el ‘eme’ y le ayudaron mucho. Nosotros hemos valorado el movimiento guerrillero, en general, como un fenómeno muy importante. Desde luego, creemos que los más fuertes, los más importantes, son las Farc, y los más conscientes políticamente. Así que en sus orígenes tan distintos radican las diferencias de carácter histórico. Lo mismo pasa con el ‘eme’. Su origen, a pesar de que tenía en sus filas a dirigentes que habían estado en el PC e incluso en las Farc, está en la Anapo con disidentes de varios movimientos de izquierda, incluso con exmilitares. Nosotros no estábamos de acuerdo con la táctica del ‘eme’, con los actos espectaculares. El ‘eme’ surge con la idea de hacer la lucha armada guerrillera en las ciudades. Nosotros no éramos partidarios de esa tesis porque considerábamos que en las ciudades estaba concentrado el gran poder militar del Estado y que esas luchas iban a ser aplastadas muy fácil, cosa que no sucedería en el campo. Esa fue la diferencia con el ‘eme’. Pensábamos que la lucha guerrillera en Colombia era de origen agrario y que se debía desarrollar más en el campo. Esa fue una época en que se intentaba incrementar la lucha guerrillera en toda la América Latina. Surgieron organizaciones como los Tupamaros en el sur del Continente y el ‘eme’ aparece imitándolos. Secuestros políticos al principio, que después se volvieron método de financiación. Ahora, no niego que fueron muy audaces y con una gran imaginación. Por ejemplo, el robo de la espada de Bolívar fue un acto propagandístico muy bueno. A Jaime Bateman Cayón lo conocí y lo traté mucho cuando estaba en la Juco, Juventud Comunista. Él también estuvo en las Farc, era como secretario de Jacobo Arenas. En una de mis visitas al sur del Tolima, Jacobo lo tenía manejando un mimeógrafo, sacando una propaganda. Hasta en eso era muy hábil, porque tenía inventiva, creatividad pero a la vez era práctico. La última vez que lo vi fue en Panamá, en una reunión oficial del PC con el ‘eme’. Ahora, mirando en retrospectiva, encuentro algo terrible: a todos los muchachos dirigentes del ‘eme’ que participaron en esa entrevista, los mataron y este amigo Bateman pereció en un accidente aéreo, llegando a Panamá. Es curioso, siempre tuvimos divergencias, sin embargo, en ese momento nos entendimos bien. Yo creo que la desaparición de Bateman fue muy cercana a nuestro encuentro, así que él no tuvo tiempo de aplicar lo que acordamos. Lástima, eran temas muy buenos. Es que era un tipo muy inteligente, muy talentoso, muy simpático y con una gran imaginación. Las cosas buenas que hizo el ‘eme’ son obra de él. Me acuerdo que tenía un problema en una pierna y, siendo todavía un dirigente de la Juventud Comunista, se planteó mandarlo a Moscú. En esa época, los soviéticos nos ofrecían tratamientos médicos y estuvo como seis u ocho meses. Lo mejoraron e hizo cursos de lo que llamábamos marxismo-leninismo”.

Salvador Allende

Un acontecimiento internacional de primer orden ocurrió en el gobierno del presidente Pastrana Borrero, la vista oficial del presidente de Chile, Salvador Allende, en agosto de 1971. La figura del presidente inmolado, el frustrado modelo socialista para América Latina y su vista a Colombia, las analiza Gilberto Vieira.

“A Pastrana tengo que abonarle su decisión de invitar y recibir al presidente Allende y luego la actitud democrática que reveló ante los acontecimientos de expatriación, asilo y atención a los colombianos, chilenos y latinoamericanos que se albergaron y exiliaron en la Embajada de Colombia en Santiago, y su posterior traslado a Bogotá. Colombia no dudó en actuar eficaz y oportunamente ante la emergencia diplomática y política que se presentaba y en facilitar aviones militares para evacuar a cerca de quinientas personas que habían ocupado la embajada. Tuve la oportunidad de dialogar con el presidente Allende en su país, en la Casa de la Moneda durante una vista del partido a su país y volví a verlo en Bogotá, en circunstancias muy especiales pues me solicitaron, me ordenaron prácticamente, que fuera a hablar con él. Resulta que el presidente Pastrana me había invitado al banquete que le ofrecía en Palacio. Yo dije: ‘No le jalo’. Y no fui porque estaba en la oposición. Sentaba un precedente, porque es que nuestra clase dirigente política hace oposición, pero cuando los invitan a Palacio a manteles, allá corren. Entonces organizaron las cosas para que me entrevistara con él en la residencia del embajador Hernán Gutiérrez Leyton, donde se hospedaba con la señora Hortensia. De Allende recuerdo su interés por América Latina y por la necesidad de que sus países respondieran al socialismo por las vías democráticas. El gobierno de Allende había creado muchas esperanzas y expectativas en los grupos de izquierda en América Latina y en Colombia, por supuesto. Nosotros pensábamos que Chile iba a llegar al socialismo de una forma nueva, sin necesidad de una revolución armada. Aunque ese modelo de todas maneras no se podía aplicar aquí porque Chile tenía una historia distinta, una tradición de respeto de los militares a las instituciones, es el pueblo más politizado del continente, mucho más que el colombiano. Por eso resultó todo un fenómeno el golpe de Estado, no estaba previsto, ni se consideraba, de acuerdo con su tradición democrática. Acerca del golpe, recuerdo lo que recuerda todo el mundo: el dramatismo tan espantoso cuando los militares bombardeaban la Moneda, la despedida de Allende Y, desgraciadamente, las ilusiones de gente de izquierda, pidiendo una respuesta armada del pueblo, pero el pueblo no estaba armado”.

El presidente Misael Pastrana Borrero termina su gobierno y, con él, el periodo del Frente Nacional. Recibe felicitaciones de la Sociedad de Agricultores de Colombia por la magnífica obra cumplida en el desarrollo económico, social y político. Indígenas de distintos resguardos del país continúan denunciando persecución y desalojo de sus tierras. Otro tanto hace la ANUC  en juntas y asambleas que convocan los campesinos para defender sus derechos. El “eme” se toma la Quinta de Bolívar y roba la espada del Libertador. Después de diecinueve meses de cárcel, liberan a los cinematografistas. En Antioquia caen, en diferentes combates, los hermanos Manuel y Antonio Vásquez Castaño y el sacerdote español Domingo Laín, del ELN. Los habitantes de los barrios orientales de Bogotá protestan en la calle por la construcción de la Avenida de los Cerros, las manifestaciones son repelidas con la fuerza pública, hay desalojos y las protestas pacíficas se vuelven violentas y trágicas. En todas las universidades del país se agudizan las protestas, hay cierres y encarcelamientos de los líderes estudiantiles. El candidato liberal Alfonso López Michelsen gana las elecciones presidenciales, para un gobierno de transición, mientras se desmonta el Frente Nacional. Promete gobernar con la Constitución en la mano y con el brazo armado del ejército para hacerla respetar. El presidente Pastrana, en sus 48 meses de mandato, gobernó 39 meses en estado de sitio y nueve con libertades constitucionales plenas.

 Fuente Imagen Internet : Gilberto Viera Habla con Turbay Ayala . Enero de 1963