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Por Fin de acuerdo

Como es natural, y por estar ubicados en orillas diferentes en cuanto al análisis del llamado “conflicto colombiano”, hemos tenido serias discrepancias con el profesor Gómez Buendía.

Pero, parece que la última encíclica del papa Francisco, así como el importante y serio informe de Human Rights Watch (HRW) sobre los bautizados “Falsos Positivos” por el presidente Santos, con el fin de enmascarar sus responsabilidades políticas cuando se desempeñaba como ministro de guerra de Uribe Vélez, han hecho reflexionar a una buen número de colombianos y extranjeros, defensores de la “legitimidad y la legalidad” de las llamadas “instituciones nacionales de Colombia”.

¡Muy bienvenidas sus reflexiones!

Que cada día se alejan más de las airadas y pendencieras declaraciones del nefasto trio Santos-Uribe-Ordoñez, muy al estilo del anterior ministro de defensa Pinzón, que solo tiene insultos y descalificaciones y soflamas grandilocuentes como esa de que “defenderá las Fuerzas Armadas hasta la tumba”. ¡Por favor Sr. Santos no nos haga reír! Que ya veremos donde quedan sus bravuconadas ante una corte internacional de derecho penal.

Muy distantes también del pragmatismo impregnado de la “Real Politic” del nuevo ministro de defensa Luis Carlos Villegas, quien se limitó a ofrecerle a los HEROICOS generales, altos mandos militares responsables de “la atrocidad más grande que se haya cometido hasta el momento en el hemisferio occidental”, un muy buena defensa, un juicio justo y un debido proceso.

No importan las discrepancias si hay razones objetivas y argumentaciones serias y reales que se puedan debatir y, si se garantiza (sin el riesgo de fusilamiento) que la discusión se dé.

Por esta razón sencilla la redacción de ANNCOL reproduce los argumentos éticos del profesor Gómez Buendía; sobre la barbarie eterna impuesta por el Bloque de Poder Contrainsurgente dominante en Colombia desde hace más de 200 años: 9 guerras civiles en el siglo XIX, la guerra de los mil días, la guerra difusa de la hegemonía conservadora, la revancha silenciosa de la hegemonía liberal, la guerra civil no declarada de la violencia liberal –conservadora, la dictadura anticomunista y corrupta del Rojaspinillismo, la dictadura bipartidista del estado permanente de sitio del Frente Nacional y la guerra contrainsurgente y el Terrorismo de Estado y paramilitar actual con sus exterminios políticos (UP etc.), la guerra química y ecocida de la War Drugs del Plan Colombia así y los terroríficos bombardeos ultra tecnológicos, con bombas de 250 kilos made in USA, violatorios de todo derecho de guerra…. ect.

A continuación el artículo del profesor Hernando Gómez Buendía para que los lectores de ANNCOL saquen sus propias conclusiones:

 

(…..) El infierno en Colombia

Nacion.com
Hernando Gómez Buendía

Jonathan Soto fue una de las 4.475 víctimas. Tenía 17 años y parece que andaba en malos pasos. Le ofrecieron un trabajo en Ocaña. Lo llevaron. Lo mataron. Le pusieron un vestido de las Farc. Lo registraron como baja en combate. Lo enterraron bajo un NN.

Una barbarie como las pipetas, las motosierras, los sicarios, los secuestros o las violaciones. Como la larga cadena de barbaries que son la historia de la humanidad: como los genocidios, la guerra química, las ciudades bombardeadas o los campos de concentración.

Quizá no es para tanto. Al fin y al cabo estamos ante no muchos muertos, de un único balazo, de sujetos “desechables”, de un exceso de celo en guerra justa, de que ya hay muchos soldados condenados.

O tal vez sí es para tanto, porque los hechos que intentamos esconder bajo el nombre anodino de falsos positivos, son un capítulo inédito y horrible en la historia terrible de la barbarie humana:

—Primero porque esta atrocidad no se propuso destruir o afectar al enemigo. Su víctima no fue el soldado extranjero, el guerrillero, el adversario político, el sospechoso, el de la raza inferior o la persona odiada. Fue un crimen de guerra por fuera de la guerra.

—Segundo, por la falta de motivo. En la guerra se mata para defenderse, vencer al enemigo, obtener información, difundir el terror o satisfacer un odio visceral. Repáselas Usted: a Jonathan no lo mataron por ninguna de estas causas.

—Tercero, por el cúmulo de infamias: concierto para delinquir, desaparición forzada, trata de personas, asesinato, falsificación de documentos y fraude.

—Cuarto, por la no-identidad de la víctima. Fue alguien escogido con cuidado que sin embargo no existe sino como cadáver para ponerle un informe. Alguien que sirve sólo si no es nadie.

—Quinto, por la identidad de los victimarios. No fueron hampones, guerrilleros, terroristas ni enfermos mentales: fueron 5.133 miembros de nuestra Fuerza Pública que han sido o están siendo investigados, más los generales y civiles al mando que no han sido sujetos a investigación penal ni a sanción política.

—Sexto, por lo hondo que apunta. El acto fue demasiado deliberado para ser fruto de un impulso, necesitó demasiados cómplices para ser un secreto y fue repetido demasiadas veces para tratarse de manzanas podridas o de casos aislados.

—Séptimo, por lo alto que apunta. Hay presidente, ministro, generales y comandantes en todas las brigadas que han sido —o que no han sido— investigados por sus doctrinas, sus directrices, sus órdenes o su ignorar lo que estaba sucediendo. Hay la huella palpable de una brutal cultura de cuartel. Y hubo un incentivo suficiente para que cerca de 5 mil agentes del Estado asesinaran a esos 4.475 jóvenes, con el único fin de ganar otra medalla y unos días de licencia.

—Octavo, porque debimos esperar 7 años para que una ONG extranjera viniera a recordarnos que los grandes culpables de esta atrocidad van en camino de quedar impunes.

¡Como duele Colombia!” (.......)

Escucha también la entrevista con el abogado Rodolfo Ríos sobre el reporte de HRW.

Por Dick Emanuelsson:

 

Medios

Entrevista con el abogado Rodolfo Ríos sobre el reporte de HRW. Por Dick Emanuelsson, ANNCOL.

Modificado por última vez en Sábado, 27 Junio 2015 12:28

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