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La tercera relatoría del informe de la comisión histórica

Fue escrito con igual pretensión educativa abarcando el año 1957 al 58; textos ambos elaborados cuidadosamente con un criterio “colectivo y gran espíritu partidario”, bastante distante del individualismo egocéntrico de columnista estrella de la gran prensa colombiana que pretende “tirarle línea” ya no a la clase obrera, sino a la Clase Dominante en cuanto a la dirección pública, de la que ha carecido durante siglos.

1) Dimensiones políticas y culturales en el conflicto colombiano. Por Sergio de Zubiría.

2) Version final informes CHCV; comision historica (809 pag.)

En su reciente columna publicada en el portal Razón Publica. com, titulado “las diferentes formas de entender el conflicto armado en Colombia” , y que como un aporte a la discusión sobre el mentado informe ANNCOL presenta a continuación a sus lectores; el historiador Medina asume con su autoridad profesoral la tarea muy personal de hacer una tercera relatoría del Informe para la cual no fue invitado por la mesa de la Habana (ANNCOL desconoce la razón) criticando las dos relatorías encargadas de Pizarro y Moncayo, para presentar también sus consideraciones personales u opiniones sobre las coincidencias y diferencia de los 12 informes restantes presentados por los comisionados. Tan loable como difícil tarea.

Si el historiador Medina hubiera conservado algo de aquel espíritu comunista de aquellos años idos de buscar la lucha de clases como motor de la Historia, como lo estableció Marx y debió aprenderlo en sus largos años en la universidad moscovita, hubiera rápidamente llegado a los tres puntos, que le enseñó con ahínco a sus alumnos, los cuales están en la mayoría de los informes:

1- Que en Colombia la lucha iniciada a comienzos del Siglo 20 contra el Imperialismo Yanky (ningún tigre de papel) es inseparable de la lucha contra la oligarquía bipartidista: quienes lucharon, han luchado o siguen luchando desde el campo popular contra el bi 1) Dimensiones políticas y culturales en el conflicto colombiano. Por Sergio de Zubiría.

2- Version final informes CHCV; comision historica (809 pag.)partidismo hegemónico liberal-conservador, necesariamente (con necesidad histórica) se han encontrado con su gemelo siamés y sustentador, el Imperialismo Yanki.

3- Que por esta razón, las diferentes miradas de los comisionados, quienes entre otras cosas advirtieron que no estaban haciendo historia profesoral, sino dando su interpretación sobre las preguntas que les planteó la mesa de paz que los escogió, de una u otra manera y desde su particular disciplina profesional se han encontrado en todas partes con el punto anterior.

Bien sea desde el asunto agrario, o desde el continuismo represor del Estado de Sitio del Frente Nacional bipartidista, las reformas estructurales en la sociedad colombiana de todo tipo aplazadas, frustradas o detenidas, o desde el asunto de la modernización sin modernidad, las colonizaciones de los baldíos, el asunto del Estado y el surgimiento del paramilitarismo actual con el general norteamericano Yaranborough, o de la conformación del dominante bloque de Poder contrainsurgente actual con los nuevos desarrollos neoliberales que se han agregado al conflicto a lo largo de su desarrollo, o del narcotráfico y sus efectos deletéreos en toda la sociedad colombiana, o de la estrategia política “racional” de la subversión, ect; encuentran que una de las razones de “la complejidad y multicausalidad” del llamado conflicto interno colombiano (no solo armado como lo plantea Medina, sino histórico y social) está en el hecho histórico-social de que los EEUU como fuerza externa o trasnacional, muy pronto se hizo carne y habitó entre nosotros, convirtiéndose en fuerza interna.

Lo externo devino interno y así, cuando se habla de “conflicto interno colombiano”, como lo hace el gobierno Santos, hay que incluir a los EEUU dentro de lo interno, y por esta razón la mayoría de informes (incluidos Duncán y Torrijos quien lo creyera) al tratar sus temas particulares de sus informes deben hacer alusión al aspecto trasnacional que subyace en el trasfondo de todo el conflicto colombiano.

3- Que por más periodizaciones mentales que se hagan, y en la cual son expertos los historiadores colombianos quienes compiten en mostrar periodizaciones basadas en hechos o fechas baladíes, la mayoría de los informes por no decir casi todos, asimismo tropiezan con la realidad de que el llamado conflicto colombiano es un PROCESO (con mayúsculas) muy largo, abigarrado y continuo, que responde necesariamente a la pregunta de “cómo” nos ha sucedido todo esto a los colombianos.

El artículo de Medófilo Medina que más parece una “tusa” o en colombiano, un despecho por no haber sido llamado por la mesa de la Habana como comisionado, deja la sensación del viejo tango de la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.
A continuación el artículo en mención:


Las diferentes formas de entender el conflicto armado en Colombia

Por Medófilo Medina*

enlace

El informe de la “Comisión Histórica” demuestra que hay muchas interpretaciones acerca de nuestro conflicto. El ex presidente de la Asociación Colombiana de Historiadores hace un balance perceptivo de las diferencias –y de las concordancias-.

I-Un mandato concertado

Bajo el modesto título Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia este 10 de febrero un grupo de intelectuales entregó doce ensayos y dos relatorías que integran un informe donde se abordan cuatro temas puntuales: el origen del conflicto interno, las razones de su persistencia, sus impactos, y sus víctimas.

El 5 de agosto del año pasado las dos partes de la mesa de La Habana habían anunciado la convocatoria de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas (CHCV) para trabajar durante tres meses sobre aquellos cuatro puntos. Aunque el plazo inicial se prolongó, los comisionados debieron trabajar a marcha forzada.
La primera novedad de esta comisión es su origen concertado. En efecto, las varias comisiones que sobre la paz y la guerra se habían conformado en Colombia (desde aquella que la Junta Militar convocó en 1958 bajo el ostentoso nombre “Comisión Nacional Investigadora de las Causas y Situaciones Presentes de la Violencia en el Territorio Nacional”) se originaron por designación unilateral del gobierno.

Las opiniones expresan intereses contrapuestos, pero son controversias académicas sin muertos.

Cuando se anunció la CHCV, Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, ponderó la diversidad de las interpretaciones que se esperaban de su trabajo. Y al presentar resultados uno de los relatores, Eduardo Pizarro, señaló en tono efectista: “Llevamos cincuenta años matándonos por diferencias de opinión”. Habría que decir, y esto no es un detalle, que en la guerra las opiniones reflejan intereses.

De la lectura de los ensayos en efecto se desprende que las opiniones expresan intereses contrapuestos, pero son controversias académicas sin muertos. El lector se encuentra en la contribución al entendimiento ante una pluralidad de versiones y ese acopio de miradas es una virtud notable del Informe, pues la diversidad deshace la idea de una única versión oficial sobre el conflicto interno.

II-Diferencias de opinión

Las diferencias se hacen evidentes a lo largo de todos los ensayos. Por ejemplo, algunos de los ensayistas atribuyen el conflicto a factores objetivos como la concentración de la propiedad de la tierra, la exclusión de amplios sectores de la población del acceso a bienes y servicios, o la injerencia de Estados Unidos. En la otra orilla están quienes atribuyen el origen del conflicto a razones puramente subjetivas, y la versión más cruda al respecto es la del comisionado Jorge Giraldo.
Entre los objetivistas es notorio un sesgo: estiman que los análisis que acuden a las fechas más remotas están mejor provistos de “contexto histórico”. Pero en este caso la adoración a los ídolos de los orígenes impide responder con perspicacia la pregunta por los factores que han alimentado el desarrollo del conflicto.
Al leer los ensayos se advierte que quienes ponen el centro de gravedad en el contrapunto insurgencia–contrainsurgencia tienden a abundar en el origen del conflicto y se inclinan por lo que podría denominarse un “estiramiento cronológico” hacia atrás. En cambio quienes se enfocan en los comportamientos criminales de los actores acortan la cronología, tienden a ignorar los orígenes del conflicto mismo y se extienden sobre su persistencia e impactos.
Las relatorías elaboradas por Eduardo Pizarro y Víctor Manuel Moncayo muestran bien esos contrastes:

- El primero, más cuidadoso al dar cuenta de los aportes de los ensayistas, los glosa y comenta sin renunciar a introducir valoraciones de cosecha propia. Esto es legítimo, pero es objetable que hubiera acogido ciertos datos empíricos tratados de manera poco rigurosa.

Es el caso de la estadística sobre asesinatos políticos entre 1986 y 2002 que extrae del ensayo de Gustavo Duncan, quien a su vez lo toma acríticamente de Rodolfo Escobedo. En el caso de víctimas de la Unión Patriótica existen estadísticas pormenorizadas con nombres propios que no dejan dudas.

Igualmente toma Pizarro el grafico del comportamiento del gasto militar comparado en Colombia y el resto de América Latina usado por Jorge Giraldo quien para mostrar el supuesto “…sesgo anti militar de las políticas públicas colombianas” presenta tendencias que debe cubrir el período 1960 – 2013 según el título de la gráfica. Cuando la curva correspondiente al gasto militar colombiano se desprende hacia arriba corta el gráfico aunque falten 13 años de los estipulados en el título. Son abundantes las estadísticas sobre gasto militar de tal modo que no era difícil hacer ejercicios de contraste.

- Por su parte Moncayo se impuso un trabajo abrumador. A más de un breve lugar para reseñar los ensayos o para polemizar con algunos, dedica la mayor parte de su texto a una especie de teoría sobre el orden capitalista, el origen y desarrollo del Estado colombiano, y el largo plazo en la contraposición insurgencia/subversión.
En el capítulo IX de su relatoría, Moncayo sintetiza sus propios ensayos en una “tesis mayúscula” y trece tesis más. No invalido el esfuerzo intelectual del relator pero no pude entender la pertinencia de su escrito en el conjunto del informe de la CHCV.

III-Los errores del Frente Nacional

La valoración del Frente Nacional y su influencia sobre el origen del conflicto son motivos de especial controversia en el informe. Una vez más, Daniel Pécaut relanza su reclamo sobre la incapacidad de no pocos investigadores colombianos para captar las aperturas y matices democráticos del régimen bipartidista. Escribe Pécaut: “La representación del Frente Nacional como un sistema cerrado y puramente represivo se convierte en una vulgata que se repite indefinidamente”. Y en la reiteración de ese reclamo lo acompaña ahora María Emma Wills. Pero esta percepción me parece simplista y creo útil mostrarlo en dos puntos de importancia:
1. La frustración en el momento de aplicar la Ley 135 de 1961 o Ley de Tierras. Esta ley tenía elementos que habrían servido para descargar las tensiones en las zonas de colonización donde el problema agrario registraba manifestaciones más agudas.

Es notorio un sesgo: estiman que los análisis que acuden a las fechas más remotas están mejor provistos de “contexto histórico”. Y sin embargo el segundo gobierno del Frente Nacional, el de Guillermo León Valencia optó por la guerra en aquellas regiones. Recuérdese el grito de Álvaro Gómez contra las llamadas “repúblicas independientes”: Marquetalia, el Pato, Riochiquito y Guayabero fueron algunos de los escenarios de la agresión militar. ¿Quién hizo esas guerras? El sistema “aperturista” del Frente Nacional. Fue en esa zona entre Tolima, Cauca y Huila donde las autodefensas campesinas dieron origen al Bloque Sur y luego a las FARC entre 1964 y 1966. La guerra avanzó y la reforma agraria se ahogó.

2. En 1967, el presidente Lleras Restrepo, como respuesta al sabotaje de una visita del vicepresidente de Estados Unidos a un centro de experimentación agropecuaria, ordenó la toma de los predios de la Universidad Nacional, ilegalizó al Consejo Superior Estudiantil, eliminó la representación de los estudiantes en el Consejo Superior y estigmatizó a la Federación Universitaria Nacional (FUN).

Podría decirse que esta fue una represión sectorial es decir, que no comprometió al Frente Nacional. Pero fue una represión ejercida sobre los estudiantes, un sector juvenil entonces ilusionado por la revolución cubana. El resultado fue aislar a quienes insistían en mantener la organización amplia y la lucha política pacífica, mientras que los estudiantes radicalizados pudieron decir que se habían cerrado los caminos, optando en muchos acasos por engrosar las filas de la guerrilla, y en especial las del ELN. Mi generación los recuerda por sus nombres: estudiantes de economía, de medicina, de ingeniería, de sociología.
Dirá Pécaut que fueron unos pocos estudiantes. Pero esos pocos eran líderes que potenciaron la guerrilla y en cambio desanimaron al movimiento estudiantil pacífico. El movimiento desapareció como canal de movilización gremial y política y- exceptuando el canto del cisne que fue el “programa mínimo” de 1970- habría que esperar 40 años para que en 2011 volviera a expresarse contra el proyecto de reforma de la Ley 30 del gobierno Santos.

IV -Los temas comunes

Pero el informe no es solo la recopilación de doce o catorce miradas distintas. Por una parte se trata de dos grandes enfoques analíticos o matrices de representación, y por otra son varios los puntos donde existen coincidencias o una cierta similitud de diagnósticos.
Entre esos elementos comunes se destacan la tierra, las precariedades del Estado, las profundas desigualdades y la prolongada ausencia de una reforma social. También desde distintos puntos de vista se denuncia o se admite la responsabilidad del Estado en el surgimiento y persistencia del paramilitarismo y se analiza el impacto del narcotráfico sobre el conflicto interno y sus actores centrales.

Identificar los elementos comunes tiene sentido porque de allí podrían derivarse sugerencias particulares para tomar decisiones y adoptar políticas concretas. Cabe recordar que la Comisión no tuvo el encargo de formular recomendaciones pero si el de ofrecer insumos para la mesa de conversaciones.
Sin duda, los ensayos, resúmenes y apéndices que integran el paquete denominado Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia son en su conjunto un buen producto tanto por lo que ofrece tanto a los negociadores de La Habana como a sectores muy amplios de la opinión pública.

La buena influencia que ejerza este informe podrá dar frutos en la medida en que este acervo se ponga a disposición de la más amplia consulta en bibliotecas, en la educación básica y en la universidad, pues es material de trabajo ara periodistas, empresarios, líderes políticos y sociales.
*Cofundador de Razón Pública.

Modificado por última vez en Martes, 10 Marzo 2015 15:39

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