Freddy Bernal Rosales*
La reciente agresión yanqui, con la oligarquía criminal colombiana, tiene infinidad de connotaciones e implicaciones económicas, políticas, sociales y militares para los pueblos. Quien mejor, y más contundentemente, las ha explicado y enfrentado, ha sido nuestro Comandante Hugo Chávez.
Es necesario aclarar el ficticio enfrentamiento entre el narco-paramilitar Uribe, y el supuesto desentendido “estadista” Santos. Ambos son representantes de una política de dominación imperial, con el dominio local de oligarquías lacayas. Enemigos comunes a enfrentar organizadamente.
Uribe, hijo de un narcotraficante “ajusticiado” por otros narco-paramilitares, del Clan Ochoa, surge en política como expresión oligárquica, en la confrontación interna por el control y expansión del negocio fundamental de Colombia, la marihuana, el opio y la cocaína, con su economía colateral - armas e insumos químicos, entre otros -, para la producción de tan lucrativa “industria”, que junto a la energética, la militar y la financiera, son las más rentables del mundo, además íntimamente vinculadas éstas tres, al de las drogas; con el control de tierras, territorial de zonas de influencia en la producción petrolera y gas (Venezuela, Ecuador, Irak y Afganistán), el tráfico de armas y el sistema financiero mundial (lavado de dólares), controlado por los gringos.
Santos, también un cuadro político de la oligarquía colombiana, es uno de sus representantes más “legítimos”, con “tradición”, heredero aventajado de la familia (¿Clan?) Santos, a diferencia de Uribe. Con más de cien años en el dominio de la política dominante colombiana, la que ha mantenido al pueblo del hermano país en una de las pesadillas de explotación, expoliación territorial y violencia más terribles y prolongadas de la humanidad.
Como lo señalará el camarada Carlos Lanz, en www.aporrea.org, colocar a Santos como ajeno a los crímenes de Uribe es ignorar “la trayectoria y ejecutoria de Santos en el Plan Colombia y en el Plan de Seguridad Democrática… es el artífices (con la complicidad o anuencia de Uribe) de los “falsos positivos”, de la violación de la soberanía de países vecinos bajo la concepción de las operaciones extraterritoriales, del asesinato selectivos de dirigentes populares, de los acuerdos para instalar bases gringas en territorio colombiano”.
Santos presidente es el producto de esa inmensa maquinaria de terror e intereses con un sistema electoral fraudulento, no sólo de un pueblo aturdido.
Santos, no tan sanctus, el 7 de agosto será Presidente de Colombia.
Freddy Bernal Rosales
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