…No es nada nuevo que Ingrid Betancourt utilice sus argucias para salir en primera plana ante los medios de información. Su figura cada vez que sale deja una estela de difunta, sufrimiento y mesura calculada. Mucho antes de su secuestro su historia política lo ha demostrado. Basta revisar sus actuaciones en el congreso.
Con su vestido negro, cara recién lavada, tono pausado logra llamar la atención por televisión sobre la demanda de $15.000 millones de pesos que propone entablar con su familia al Estado colombiano por una indemnización sobre su secuestro. Sus cálculos económicos y políticos van más allá. Recordemos la diplomacia internacional y el gobierno francés como metieron la mano en pro de su liberación, bajo el lenguaje almibarado de su sufrimiento. En la otra orilla, no olvidemos a la senadora Piedad Córdoba con su carácter humanitario y la voluntad política para gestionar su liberación. La senadora luchó hasta el final. El gobierno colombiano no escuchó y objetó por propiciar la traición y el engaño para su liberación, desconociendo el acuerdo propuesto por el movimiento insurgente FARC-EP.
Es visible como la familia a través de organizaciones francesas gestionó grandes sumas de dinero para su beneficio en el tema de su liberación que nunca fue considerado un escándalo. Se utilizó al gobierno francés y se sometió al pueblo colombiano. El estigma libérrimo, oscuro, intencionado para desprestigiar al pueblo colombiano no se hizo esperar. Internacionalmente sus reiteradas y cerriles declaraciones sobre su sufrimiento durante su secuestro fueron un cálculo más de los propósitos de esta damisela. Las fotografías desde la selva colombiana como eco de religiosa marianita del siglo XV inundaron de manera conmovedora a los espíritus sometidos. Se escucharon declaraciones a través de diplomáticos, plegarias, rezos, amores e intervenciones nacionales como parte del espectáculo. Hoy se palpa la clase y las intenciones de esta doncella. No hay diferencia entre una damisela de vuelo rápido y una doncella trepadora que sabe como subir. Ante esto, muchos vergonzosamente cayeron como péndulos.
El gobierno colombiano se sacude ante la moneda devuelta. Ellos como esta doncella revoletean como mariposas para tomar cada uno su lugar. Lo uno no es menos y más que lo otro. La cuentas se vienen. La victima pasa hacer victimario y viceversa, es el lenguaje estentóreo de una clase que no deja sus tentáculos para sacar provecho de sus gustos: El poder y el dinero. Amanecerá y veremos dijo un ciego y no vio nada. Aquí se palpa que gobierno existe y la clase política que siempre ha regido en Colombia.
Me pregunto: Sí, no hay conciliación de los 15.000 millones de pesos que pide esta doncella. ¿Cuál será su próximo cálculo? ¿Qué pensamientos pasan por los diplomáticos franceses, organizaciones y personajes que tanto ayudaron a la familia y a su damisela? ¿Doncella o sorcière? ¿Se diferencia algo con el nuevo gobierno de Santos?
Ahora me asalta una duda: -yo pensaba que las sorcières eran cosas del pasado...






