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Todos debemos cambiar

En 1.781 durante la insurrección triunfante de los Comuneros, el imperio hispánico se vio obligado a negociar con los sublevados, pero enseguida traicionó el pacto que firmó; entregó a sus líderes a los matarifes para que los descuartizaran y condenó al destierro a las comunidades que apoyaron la revuelta. De esta manera, los colonialistas enviaron a estas gentes, al lugar más inhóspito y aislado que existía; que es allí donde Suramérica se junta con América Central, en la impenetrable selva del Darién; allí fue su sitio de confinamiento.

Ciento ochenta años después, al finalizar la guerra civil que en Colombia llamamos como La Violencia, el régimen dominante procedió de igual forma que los colonialistas, tras firmar un pacto de paz con las guerrillas triunfantes. Uno a uno fue eliminando a sus líderes, mientras a los combatientes los confinó en lugares apartados y agrestes, como las llanuras del Ariari y el territorio que ahora forma el Departamento de Arauca. El corazón de este pacto fue la constitución de un Frente Nacional, entre las dos facciones de la elite dominante, que excluyó a las fuerzas de izquierda existentes.

Desde entonces, han pasado 6 décadas y están a la vista de todos los resultados de aquel pacto elitista, que excluye,elimina y destierra a sus opositores, porque nos hundieron en un conflicto desfigurado, que afecta gravemente a la sociedad colombiana y a los pueblos vecinos.

Por fortuna, hoy en Colombia estamos intentando desarrollar una salida política al conflicto, El gobierno de Juan Manuel Santos nos invitó a dialogar, para buscarle fin al conflicto armado y aquí acudimos dispuestos a lograr una salida política.

Nos alienta la esperanza de la mayoría de los colombianos de ponerle fin al enfrentamiento fratricida. Nos alienta el decidido respaldo que recibe el proceso de paz, por parte de los pueblos y Estados vecinos, y de toda la comunidad internacional.

Desarrollar una solución política del conflicto, con transformaciones, verdad, justicia y soberanía, significa trazar unos nobles propósitos nacionales de largo plazo; que para lograrlos se necesita más fuerza que la que tenemos nosotros los elenos, por lo que necesitamos sumar fuerzas de las mayorías que quieren la paz.

“Unámonos alrededor de las coincidencias y dejemos a un lado lo que nos separa” es el gran legado unitario que nos dejó Camilo a los colombianos, y en este momento histórico, el principal propósito nacional es la búsqueda de la paz.

Resolver la diferencias que nos han separado por décadas, pensamos que comienza con la voluntad, que tengamos cada Parte para cambiar.

Asistimos a estas conversaciones, con la convicción que debemos cambiar lo que haya que cambiar, con tal que se abran las puertas a una democratización del país, que brinde a Colombia una vida digna como sociedad y como nación, que es el camino de la paz.

Las grandes empresas de comunicación difunden su mensaje sobre el cambio de esencia que debemos hacer la guerrilla; pero poco dicen del cambio que debe hacer el régimen, para que llegue la paz. Pensamos que estos cambios no deben ser solamente de apariencia, ni solamente de una de las Partes.

Nos preocupa que mientras cursa el proceso de paz, continúa la persecución abierta y encubierta, legal e ilegal contra la protesta social, la oposición de izquierda y contra todo aquel, que cuestione el modelo económico y el régimen imperantes.

Con Camilo decimos que son las clases gobernantes, quienes deciden cuál será el camino para que el pueblo acceda al poder. Ellas tienen la palabra.

Sería ingrato de nuestra parte no reconocer el aporte a este proceso de paz de los países Garantes: Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, Noruega y Venezuela. Así como del recién conformado Grupo de países de apoyo, acompañamiento y cooperación, integrado por: Alemania, Holanda, Italia, Suecia y Suiza. A sus pueblos y sus gobiernos les estaremos eternamente agradecidos.

En especial, reconocemos el apoyo que recibimos de Ecuador, del presidente Rafael Correa, del Canciller Guillaume Long, de los distintos partidos y sectores de la sociedad.

A todos les decimos, que pueden contar con nosotros y que no los defraudaremos.

Muchas gracias. cambiar a fondo, y para la muestra están los acuerdos firmados con los compañeros de las FARC; proceso del cual estamos dispuestos a aprender; a la vez que  amentamos el ambiente adverso, que existe para la implementación de estos acuerdos.

No venimos a estas conversaciones a pedir una revolución por decreto, si esperamos aportar a sintetizar entre todos, unos Cambios Básicos Urgentes, que abran la puerta a un camino hacia una Colombia en paz, democrática y soberana. Si esperamos, que el régimen se disponga a ceder de sus privilegios, para que haya una redistribución de la riqueza y del poder.

Creemos que un Diálogo Nacional es el mejor medio para llegar al entendimiento entre los colombianos y para lograrlo, está a disposición esta mesa de conversaciones; porque como decía el maestro Darío Echandía: “es mejor echar lengua, que echar bala”.

Consideramos que sería positiva la presencia en estas conversaciones, de los partidos opuestos a una solución política, porque todos somos colombianos y por tanto, todos estamos comprometidos en el logro de la paz.

Somos conscientes del daño que esta guerra causa a las naciones vecinas, por lo que una solución política del conflicto en Colombia, sería una contribución apreciable, para Terminar el conflicto armado exige reconocer, que el conflicto social y político continuará y que su trato debe hacerse de manera dialogada... como lo expresa la Agenda de conversaciones, que acá vamos a iniciar a discutir; que en su Punto Quinto dice que vamos a sacar la violencia de la lucha política.

El año anterior, en Colombia, mataron un líder social cada tres días, pero en lo que va de este año, han incrementado la persecución política y están asesinando a un líder popular cada dos días.

La Fiscalía sostiene que las fuerzas oscuras, no hacen estos crímenes de manera sistemática, ni con propósito político... pero la realidad demuestra que sólo matan a activistas de fuerzas alternativas y de izquierda.

No se va a detener este nuevo genocidio con medidas policiales, como colocar escoltas o aparatos de alerta a los miles de amenazados... lo que se requiere es voluntad, para optar por la solución política del conflicto.

Hace medio siglo, ya terminada la guerra civil llamada La Violencia, el dirigente de la derecha más dura, Gilberto Alzate Avendaño, tuvo valor civil para decir, que: “creamos los paramilitares, pero se nos salieron de las manos”... pero, hoy nadie de las elites dominantes asume responsabilidad por el accionar de estos grupos ni por la actividad ilegal de las fuerzas represivas estatales.

Nosotros estamos dispuestos a asumir responsabilidad por los hechos ocurridos durante el conflicto, y esperamos que los líderes de la otra Parte, hagan lo mismo. Sin esta asunción de responsabilidades no vamos a entregar la verdad completa a los millones de víctimas colombianas.

Los puntos 1, 2, 3 y 4 de la Agenda apuntan a una amplia participación de la sociedad en el proceso de paz, para lograr una democratización de la vida del país. Pero se requieren garantías, para que la gente se anime a participar y para que no sea victimizada por ello.

Un aporte que debe hacer esta mesa de conversaciones, es ir concretando progresivamente un Acuerdo Humanitario, que reduzca la intensidad del conflicto, por la vía de aliviar todos los dolores de esta guerra. En una progresión de acuerdos sucesivos, proyectados a materializar un cese bilateral del fuego.

El resultado de estas conversaciones depende de que cada parte nos movamos de las posiciones tradicionales que hemos mantenido, por lo que estos diálogos son para demostrar voluntad política de cambio.

El país ha visto que en la guerrilla estamos dispuestos a  hacer de América Latina y el Caribe una región de paz.

Al día siguiente de que fuera elegido el actual presidente de los Estados Unidos, el Papa Francisco dijo, que “Cristo habló de una sociedad donde los pobres, los débiles y los marginados sean quienes decidan”, y para que esto ocurra seguiremos organizando la presión social y seguiremos resistiendo a quienes se aferran a sus privilegios por medio de la violencia.

Es una verdad histórica que las elites dominantes no regalan nada y que todo hay que arrebatárselo con la movilización y la presión de las mayorías nacionales; por ello la solución política y la paz también debemos conquistarlas entre todos.

Por este motivo llamamos a las colombianas y a los colombianos a movilizarnos y a participar en el logro de la paz; a cuyo servicio se encuentra esta mesa de conversaciones.

Somos una expresión político-militar de la clase popular, de los empobrecidos y excluidos, del pueblo trabajador; de los campesinos, indígenas, afros, mujeres, LGTBI, jóvenes, migrantes, presos políticos, profesionales, medianos empresarios. Pero no por esto les quitamos su vocería indelegable; a ellos invitamos a estar movilizados en este momento histórico, para dejar atrás una historia de exclusiones violentas.

Pablo Beltrán

Jefe  de la Delegación de Diálogo del ELN

Quito 7 febrero 2017

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